martes, 18 de octubre de 2011

Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 6: Sartre, el hombre y las cosas



1 ¿El filósofo más grande?
2 ¿En qué sentido puede hablarse del olvido de Sartre?
3 ¿Quién fue Sartre?
4 ¿Cómo entiende Sartre a la conciencia?


1 ¿El filósofo más grande?

En este encuentro vamos a hablar de algo que es enormemente placentero para mí y de lo que nunca creí poder hablar por televisión. Fue mi maestro. Hoy es mi intelectual faro –como se dice. Hubiera querido ser él, trato de imitarlo. Si Heidegger es el filósofo más importante del siglo XX, él es el más grande. También es el más olvidado en estos momentos tristes de la historia del pensamiento. Me refiero al filósofo francés Jean Paul Sartre que nació en 1905 y que hizo de la Filosofía un arma de compromiso con las luchas sociales y políticas de su tiempo, y de la literatura también.

Creo que fue más grande filósofo que literato aunque no hay que desconocer que una novela como “La náusea” (1938) es una novela excepcional, una de las grandes obras del siglo XX. Su teatro también es muy importante, se sigue representando. Sus artículos, todos sus compromisos a lo largo de su vida, el compromiso con la resistencia francesa, el compromiso con la posguerra, el compromiso con la lucha de Francia con Argelia, su maoísmo de la vejez: Sartre tenía 67 años y salía a vender por las calles de París un periódico maoísta que editaban unos jóvenes que estaban con él. Él los vendía y les decía a los pibes: qué lástima, me duelen mucho las rodillas, pero voy a salir a venderlo igual. Y la gente se encontraba en la calle con Jean Paul Sartre que le decía: ¿quiere comprar el periódico maoísta?

Creo también que hoy estaría dando clases de filosofía por televisión. Creo que la necesidad de Sartre de transmitir lo que él sabía lo llevaba a transmitirlo por todos los medios posibles porque se daba cuenta de que era muy importante llevarle, a la mayor cantidad posible de gente, la certeza de que el hombre vino a este mundo para ser libre. Para ser libre. En consecuencia publicó novelas, escribió obras de teatro, publicó grandes ensayos filosóficos, viajó, se equivocó, y acertó muchísimo.

Y es también –algo inusual entre los filósofos- un escritor excepcional, un estilista maravilloso. Un gran escritor que ganó el premio nobel a comienzos de la década del 60 y como era Jean Paul Sartre lo rechazó. Vamos a empezar a hablar de su filosofía, porque hoy hay un olvido de Sartre. ¿Por qué Sartre está olvidado? Porque Sartre les dice a los señores filósofos, académicos de hoy: miren, la Filosofía no es para apoltronarse en las universidades. La Filosofía es para sacarla a la calle. La Filosofía tiene que comprometerse con el barro de la historia. Yo acabo de sacar un libro de 800 y pico de páginas que se llama “La Filosofía y el barro de la historia” y es un título sartreano. La Filosofía está para ensuciarse, no está para los papers académicos, para los Congresos Internacionales donde los filósofos viajan en clase business –por ejemplo-, y cobran sueldos muy buenos en las universidades del primer mundo y acá siguen linealmente lo que viene de las universidades del primer mundo.

Sartre era un creador constante, era un fanático de las anfetaminas, las combinaba con cerveza lo cual no es muy saludable. Era un autodestructivo profundo. Pero su formación fue absolutamente rigurosa, fue –creo- el filósofo francés que más rigurosamente se formó. En 1933 viaja a Berlín para estudiar la filosofía de Edmund Husserl: la fenomenología. Y ahí también estudia muy profundamente “Ser y tiempo”. No se enteró para nada de lo que pasaba en Alemania en 1933, él era muy joven y estaba totalmente devorado por sus lecturas. Introduce la fenomenología en Francia con un texto excepcional de 1938 que se llama “La trascendencia del ego”. Este es el texto que introduce la fenomenología en Francia aunque es bien cierto que hubo unos cursos muy famosos de Alexandre Kojève, un filósofo ruso, que comenzó a dar unos cursos sobre Hegel y la dialéctica del amo y el esclavo. A esos cursos asistieron personajes como: Jacques Lacan, Raymond Queneau, Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, y Sartre consiguió los apuntes. De modo que Kojève marcó a toda esa generación francesa y marcó también a Sartre.


2 ¿En qué sentido puede hablarse del olvido de Sartre?


Podemos ver un poco del olvido de Sartre en un pequeño e intrascendente episodio que me pasó y que voy a contar brevemente. Hace un par de años se publicaron en Alemania dos novelas mías y salió una crítica con el afán de elogiar al autor de las novelas que era yo y decía “el Umberto Eco argentino”. Yo me sentí mal. ¿Qué Umberto Eco argentino? Si me dicen algo, díganme “el Sartre argentino”. (Aparte nunca me creería el Sartre argentino porque no tengo, honestamente, ni el 10% del talento que tenía Sartre) Pero si uno busca algo quiere ser Sartre, no Umberto Eco. Pero también eso revela el olvido de Sartre. Cuando tuvieron que pensar en un tipo que escribía ensayos, novelas y teatro, pensaron en Umberto Eco y se olvidaron de Sartre que fue el filósofo que dio entidad a ese personaje filosófico que abarca todos los géneros, que está en todas las situaciones, que se compromete políticamente, etc.


Sartre estuvo en la resistencia francesa, estuvo brevemente en un campo de concentración y publica su obra cumbre hasta ese momento: “El ser y la Nada” en 1943. Esa obra llega a la Argentina traducida medianamente por Miguel Ángel Virasoro en 3 tomos y acá la cosa explota, el existencialismo arrasa. En Francia, y en Argentina que es un país muy inquieto. En Francia fue el movimiento filosófico de moda de la posguerra y Sartre era su gran estrella. Como dice Gilles Deleuze en un artículo que se llama “Fue mi maestro” –muy lindo artículo de Deleuze en donde reconoce que fue su maestro-, “Sartre revolucionó todo”, salíamos de la guerra, todo era terrible, sombrío, y empezó a revolucionar todo, a agitar todas las aguas, sacó “Les temps modernes” (1945) una revista mítica, excepcional. Comenzó a polemizar con todos. Escribió “Reflexiones sobre la cuestión judía”, uno de cuyos párrafos dice –y escuchen bien el estilo de Sartre- “si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría”. Este estilo contundente, compacto, que golpea, era el estilo de Jean Paul Sartre. Están las cabs existencialistas, los sótanos, la cantante Juliette Greco para la cual Sartre escribe una canción, forma una pareja abierta con la escritora Simone de Beauvoir –la autora del “Segundo sexo”-.

Y aquí en la Argentina lo reciben muy creativamente Oscar Masotta, la gente de la revista Contorno y Juan José Sebreli –en ese momento muy joven y todavía sin haber adherido a López Murphy-. Sebreli luego escribiría su “Buenos Aires vida cotidiana y alienación”. Estaba David Viñas –yo también tendría que decir que David Viñas fue uno de mis maestros porque David Viñas es un sartreano. Él escribe “Literatura argentina y realidad política” que es un fundamental ensayo argentino sobre literatura, y escribe “Los dueños de la tierra”, “Dar la cara” que son dos excelente novelas de David que a mí me gustan mucho-. Lo que decía Sartre era tenido muy en cuenta.

Por ejemplo en “La batalla de Argelia”, la película de Guillo Pontecorvo, se muestra el general Matié que es el general Masu en realidad, el represor de los insurgentes argelinos, que los periodistas se le acercan y este general les dice a los periodistas: ¿y qué está pasando en París? Y le dicen: Sartre sacó otro artículo contra usted. Y el tipo dice: me pregunto por qué los Sartre están siempre en la vereda de enfrente. Y un periodista le pregunta: ¿usted lo admira? El tipo le responde: no sé, pero me gustaría tenerlo conmigo. La frase es muy interesante porque ser Sartre es estar siempre en la vereda de enfrente. Esta es una frase de Eduardo Grüner que también es un sartreano, que es un tipo bárbaro, que piensa bien, que escribe bien, Grüner es un apasionado sartreano. Y Grüner dice: “ser Sartre es estar siempre en la vereda de enfrente”. Eso es ser Sartre. Ser Sartre es ser un tipo que está siempre contra el poder, no por un capricho sino que considera que la Filosofía debe ser el ejercicio de la libertad. La filosofía de Sartre es la filosofía de la libertad del sujeto. El sujeto es libre y el sujeto al ser libre siempre puede cambiar la historia. Por eso uno ama a Sartre porque Sartre dice esto: el hombre vive alienado, pero antes de alienarse fue libre. Es posible la alienación porque antes existió la libertad. Lo que hay que hacer es volverla a conquistar.


 3 ¿Quién fue Sartre?

Después de “El ser y la Nada”, Sartre publica otras obras a las que llama “Situaciones”. En esos libros copila los trabajos que publica en la revista “Tiempos modernos” y en otros medios. Pero la obra que le sigue a “El ser y la Nada” es una obra cuya historia merece contarse y define al personaje que era Sartre.

Era esencialmente feo, era petizo, tenía un ojo desviado, era pelado casi, no tenía mayores encantos personales. Era, sin embargo, un gran mujeriego. Esto no tiene mayor importancia pero es parte de lo que él era y de su relación con Simone de Beauvoir (que era una relación abierta). Durante muchos años su relación fue un ejemplo de relación, la relación de dos personas intelectualmente brillantes que se respetaban –y posiblemente se amaran-, pero que se daban libertad la una a la otra. Entonces Sartre le decía: Simone, esta noche voy a salir con una alumna. Y Simone le decía: salí, yo voy a salir con un alumno. Esto en la década del ’50 (década del ’50, si hay década de moralina acentuada es la década del ’50). Sartre y Simone eran una pareja emblemática de la libertad de la pareja.

Luego de “El ser y la Nada” y de distintos trabajos que va publicando, algunos fundamentales como “Materialismo y revolución”, lo que publica Sartre es el prólogo a las obras completas del poeta homosexual Jean Genet. Ahora bien, lo que tiene de curioso este prólogo es que las obras de Jean Genet están recopiladas en dos tomos. Digamos que esos dos tomos tienen unas 400 páginas, el prólogo de Sartre tiene 800 más o menos. O sea que el prólogo de Sartre a la obra completa de Jean Genet es más largo que toda la obra del poeta. Este era Sartre. Y el “Saint Genet, comediante y mártir” es un monumento de la cultura del siglo XX.

Hay otra anécdota con el director norteamericano John Huston que va a Francia a filmar la película Freud –que va a protagonizar Montgomery Clift- y, bueno, a quién va a llamar, llama a Jean Paul Sartre. Sartre lo va a ver y John Huston le dice: mecieur, necesito un guión cinematográfico. Sartre había escrito algunos guiones cinematográficos, algunos se habían filmado. Entonces Sartre le dice: muy bien, dentro de 3 días yo le voy a traer el guión cinematográfico que usted me pide. Yo hice un montón de guiones cinematográficos, la verdad casi 40. Cobre no todos. 15 se filmaron y unos cuantos conseguí cobrarlos. Un guión cinematográfico tiene 120, 130 páginas. Sartre le lleva a John Huston un guión de 700 páginas para hacer la película sobre Freud. Huston cuando ve el guión dice: este hombre no tiene la más mínima idea de lo que es el cine. Le había llevado una obra monumental sobre Freud en 3 días, 4 días. Entonces Huston empieza a hablar con Sartre y le dice: yo no puedo filmar esto, voy a sacar una película de 25 horas. Sartre sigue hablando con él y de pronto le duele una muela entonces le dice a Huston: Mr. Huston, ¿no puede llamar a un dentista? Huston, atónito, llama a la gente del hotel, viene un dentista, le saca una muela, mientras él sigue hablando con Huston. El dentista se va, él sigue hablando con Huston y se va a su casa. Entonces Huston dice: por supuesto, qué era una muela para Sartre. Para Sartre todo era pensar, una muela no era nada.

Luego del “Saint Genet” que es esta obra gigantesca, genial, que trata el tema de la bastardía que yo usé muchísimo para el guión de Eva Perón, porque Eva Perón fue una bastarda, y en el guión de Eva Perón ella dice todo el tiempo: “quiero completarme a mí misma, quiero darme el ser. No quiero ser más una bastarda.” Bueno, ese es el análisis que hace Sartre en el “Saint Genet”. El concepto de bastardía es fundamental en Sartre porque el ser nunca llega a completarse en el existente. Entonces “todos somos bastardos”.

Hacia fines de la década del ’50 publica la “Crítica de la razón dialéctica” que es, para mí, su obra más excepcional y luego sufre una tremenda agresión por parte de todo el movimiento estructuralista, posestructuralista. Escribe el prólogo al libro de Fanon que tuvo enorme importancia aquí en la Argentina para los sectores de la lucha armada, esto es muy importante. Y, finalmente, escribe su último libro, un inmenso trabajo sobre Gustav Flaubert que se llama “El idiota de la familia”, que llega casi a las 2000 páginas y no llega ni a “Madame Bobary” –la obra cumbre de Flaubert. Sartre escribe 2000 páginas sobre Flaubert, y la interrumpe porque no da más y no llegó a “Madame Bobary”. Así era Sartre, un desbordado genial.


4 ¿Cómo entiende Sartre a la conciencia?
El problema con Jean Paul Sartre, desde el comienzo, es que muchos creían ser existencialistas y ser sartrianos porque habían leído sus novelas, porque habían leído “La náusea”, “Los caminos de la libertad”; habían leído las obras de teatro: “Las moscas” (1943), “A puerta cerrada” (1944)… muchas obras de teatro escribió, “El diablo y Dios” (1951) –estoy olvidando muchas. O habían leído una pequeña conferencia de Sartre que se llamaba “El existencialismo es un humanismo” (1945 y 1949). Estaban todos contentos, “somos todos existencialistas”, “somos todos sartrianos”, pero no sabían nada de Sartre porque para conocer a Sartre había que leer su filosofía, y la filosofía de Sartre es muy difícil. Así que estaba lleno de existencialistas que no sabían un pito sobre su maestro, sobre la figura que los iluminaba.

Entonces, cuando se pusieron a hacer el esfuerzo de leer “La trascendencia del ego” o “El ser y la Nada”, se asustaron mucho, dijeron: no entiendo nada de esto. No dejaron de ser sartreanos, seguían hablando de las novelas, pero es un autor que en sus textos filosóficos requiere enorme esfuerzo para ser aprehendido. Así que vamos a ponernos muy serios y a tratar de trasmitirlo.

“La trascendencia del ego” es un libro de 1938 y, tal como lo indica su título, habla de la trascendencia de la conciencia. Sartre es un filósofo de la conciencia, es un fenomenólogo, es un filósofo que parte de la intencionalidad de la conciencia. ¿Esto qué quiere decir? Lo había aprendido en Husserl, el creador de la fenomenología. Esto quiere decir que la conciencia nunca reposa en sí, no es el sujeto kantiano, sino que la conciencia siempre está intencionando sobre el mundo. No tenemos una subjetividad en nosotros mismos sino que nuestra subjetividad, nuestra conciencia intenciona sobre el mundo, es pura intencionalidad, está arrojada sobre el mundo. Vamos a ver un ejemplo que da Sartre. Sartre dice: cuando yo corro un tranvía para alcanzarlo, soy conciencia corriendo tranvía, no soy otra cosa. Conciencia corriendo tranvía. Porque la conciencia es conciencia de sí cuando es conciencia (de) mundo. Sólo puedo ser conciencia de sí porque tengo conciencia (de) mundo. La conciencia y el mundo son correlativos. Esto es fundamental. No hay una conciencia por un lado y un mundo por otro, hay conciencia-mundo. Cuando yo corro el tranvía hay conciencia-tranvía. Si en el momento de correr el tranvía yo digo: “yo estoy corriendo el tranvía”, lo perdí al tranvía. Porque ahí aparece el momento del “yo” que es el momento de la reflexión –dice Sartre. Nadie puede decir “yo estoy corriendo el tranvía” porque “yo” es un momento derivado. “Yo” es un momento en el cual uno toma conciencia de que uno es un “yo”, pero cuando uno corre al tranvía no está conciente de “yo estoy corriendo al tranvía”, es correr al tranvía que quiero alcanzar: es conciencia corriendo tranvía.

Cuando aparece el “yo” es por la reflexión: Ah, yo estoy corriendo al tranvía. Pero si digo “yo estoy corriendo al tranvía” seguramente me detengo y el tranvía se va. La conciencia es correlativa con el mundo. Hay conciencia de sí porque hay conciencia de mundo. Esto quiere decir que la conciencia está en riesgo en el mundo, gran frase de Sartre. La conciencia no es un lugar tranquilito como era en las filosofías idealistas, la conciencia se juega en el mundo porque está arrojada al mundo. No existe ningún otro lado más que arrojada al mundo, entre las cosas, entre los hombres, en riesgo, en peligro. Esa es la concepción de la intencionalidad de la conciencia.

Esta conciencia tiene un puro compromiso con el afuera. No hay un “adentro”. Sartre a las filosofías del “adentro” las llama “filosofías digestivas”. La filosofía sartreana no es una filosofía digestiva, es -si me lo permiten- una filosofía intencional. Es esta intencionalidad de la conciencia que consiste en arrojar a la conciencia hacia el mundo lo que va a definir a la conciencia. Pero, ¿dónde encuentra su unidad la conciencia? La conciencia encuentra su unidad en las objetividades del mundo, en las cosas del mundo. Entonces no estoy “yo” por un lado, el sujeto del idealismo filosófico que va a constituir al objeto para ese sujeto. Ustedes recuerden que Kant decía: “sólo hay objetos para un sujeto”, y el sujeto gnoseológico kantiano era el sujeto que reinaba sobre la realidad, que constituía la realidad. Bueno, la conciencia sartreana nada de eso, está arrojada al mundo, no constituye ese mundo. Esa ahí arrojada, pero arrojada también hacia sus proyectos porque el hombre es proyecto en Sartre, es puro proyecto. Y está arrojado al mundo porque es un ser proyectante.

Entonces, esa conciencia que está en el mundo está en peligro, entre las cosas y entre los hombres.

En los próximos encuentros vamos a seguir con Sartre para placer de todos nosotros, eso espero, y no dudo que así va a ser.


Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.


        

                    

1 comentario:

  1. grande Sartre, Feinmann y el dueño del blog

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