domingo, 19 de abril de 2020

Nota sobre la noción de “espíritu” en una charla de café




Marcelo Fernandez Farias

Segúna la RAE (sic) “espíritu” puede definirse como: 1) ser inmaterial y dotado de razón, 2) alma racional y/o 3) principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo. Posiblemente la noción de “espíritu” sea una de las nociones más controvertidas[1]


[1] Al decir “controvertidas” nos referimos a “polémicas” o bien a “discutibles”. También podríamos decir que la noción de “espíritu” es idealista o surrealista o religiosa o esencialista o material. Se sabe perfectamente que las palabras nunca indican lo que parecen indicar. Al fin, los sujetos humanos y no humanos escapan a las palabras. No por eso vamos a dejar de usar palabras. Solamente diremos que es bueno tener en cuenta que hay, allí, en el mundo, en el Universo, un exceso de realidad. (¿Se puede establecer un orden? ¿Hay patrones que se repiten de manera tal que nos habilitan a formular reglas? ¿O es todo un sinfín de fragmentos, pequeños relatos, microhistorias, corpúsculos sin conexión?) Creemos que la vida tiene un orden, un sentido, una lógica. Se lo damos y está allí (¿o está allí y lo descubrimos?). Con esa estructura más o menos frágil nos movemos en la vida. Claro que no faltará el que diga que vivimos en una Matrix. Que todo lo que creemos que existe es en realidad un programa de computadora universal generando “escenarios terrestres”. Que las calles, los árboles, las acequias y todo lo demás son “hologramas concretos”. Que la física cuántica explica lo incierto de la relación observador-observado. (Y tal vez las personas que creen en esto no están tan equivocadas). Nosotros pensamos más bien en cosas “materiales” y, sin embargo, nos encanta encontrarles su lado metafísico. Por ejemplo, creemos que existe un sistema-mundo moderno/colonial (Wallerstein, Dussel, Grosfoguel), que existe el capitalismo, los aparatos ideológicos y represivos del Estado, los bares, las bebidas espirituosas, los cigarros, los libros y los manteles. También intuimos la existencia de un Dios-Capital, templos financieros, estampitas con formas de billetes y sacerdotes con formas de empresarixs, economistxs y banquerxs. (Detalle: los fieles de los bares, por cierto, ya son otra cosa. Van religiosamente a esos lugares con malos libros bajo el brazo y exigen bebidas baratas y ceniceros oxidados. Se sientan en pequeñas mesas cubiertas por manteles manchados y arrugados y empiezan a hablar sobre el primer tema que les viene a la mente. Aunque parece que, en algún momento del amanecer, abandonan ese templo, esa es efectivamente una idea metafísica. Los fieles de los bares jamás se han ido de ninguno de sus lugares predilectos. Es por ese motivo que los bares siempre están llenos, haya o no personas. Y las bebidas se consumen, haya o no bocas)
Pero volviendo al tema que aquí nos convoca, existe la idea del espíritu como entidad trascendente del ser humano. El cuerpo, la materia, es sólo un vehículo circunstancial que queda en la Tierra cuando finaliza una ronda terrestre. El espíritu puede moverse por varias dimensiones, transitar por el Universo, conocer diversos planetas, charlar con Dios. Una propuesta muy actual es aquella que se centra en el individuo, en su percepción de la vida, en su mundo interior, en su psiquis. Se trataría de la forma en que el ser humano ve el mundo. Del tipo de conciencia que permite una interpretación más plena de la propia personalidad, de la propia especie, del mundo y el Universo. Esta perspectiva propone múltiples ejercicios y maneras de vivir en donde una persona puede lograr este avance de conciencia: formas de respiración, meditación, formas de alimentación, cierto tipo de vinculación con la información, etc. Sin embargo, y aunque algunas sugerencias de este modo de ver las cosas y encarar la vida pueden ser atinadas, nos parece que se deja de lado a las estructuras a la hora de analizar cómo se organiza una ideología, un cuerpo, un tipo de conciencia, una estructura psíquica, un cerebro, etc. No cabe duda sobre el hecho de que nacemos en una sociedad fuertemente estructurada. Que, desde pequeños, nos imponen una lengua, una religión y en la escuela nos enseñan los conocimientos supuestamente válidos para el tipo de sociedad en que nos toca vivir. Vamos a diversas instituciones que, con sus sistemas de reglas, van configurando un tipo de ser humano, de personalidad, de manera de actuar. La educación formal y las religiones estructuran la cuestión ideológica. La policía, los militares, los servicios apuntalan la lógica represiva (Althusser). Luego, las instancias de poder están difuminadas por todos los estratos de la sociedad y, a partir de ellas, también se establecen formas de relacionamiento social (Foucault). Por eso, el “individuo”, lejos de vivir un ámbito de libertad mental y físico, más bien se encuentra estructurado por todas estas instancias que indican una forma de “orden”. Entonces, parece que de lo que se trata es de pensar dialécticamente la manera en que un ser colectivo deviene individual y un ser individual deviene colectivo o, mejor dicho, la forma en que una conciencia puede reflexionar sobra la manera en que su esfera individual es a su vez colectiva y viceversa. Ni la estructura es “determinante en última instancia” ni el individuo puede autoconfigurarse en una suerte de libertad absoluta.
“Cuando nos dormimos, ¿dónde va el espíritu?” –podríamos preguntarnos parafraseando el título del último disco de Billie Eilish-. ¿Es posible que exista un espíritu plenamente sabio viviendo trabajosamente en un cuerpo humano? Dejemos estas interrogantes para más al verano. Supongamos que existe un Dios inmanente como planteaba Spinoza –según dicen los que saben-. Y que, no solamente los seres humanos tienen un espíritu, sino que los seres no humanos también lo tienen. ¿Serán todos esos espíritus parte de este Dios inmanente? Muy probablemente sí. Los espíritus serían una manifestación más de este Dios. ¿Y si pensáramos esta cuestión a partir de la Pachamama? ¿No es la Pachamama una forma de Dios(a) inmanente? Esta espiritualidad andina tiene relación con el abajo, con la tierra, con el cielo. Es, efectivamente, el espíritu del agua, de la semilla, de la tierra, del Sol, de la siembra y la cosecha. Es también la sumatoria de la totalidad de los espíritus de cada uno de los seres que habitan este Planeta. La Pachamama son los ríos, el mar, los animales no humanxs, los vegetales, los minerales. Además, al tratarse de una forma de totalidad viva y en movimiento, hay que incluir también la contemplación de los astros –estrellas, planetas, el Sol y la Luna- que conviven en este Pluriverso con el Planeta. Siguiendo este razonamiento, y en el marco de la pandemia de coronavirus en curso, también podríamos preguntarnos: ¿existe un espíritu en cada virus?, ¿son ellos también una manifestación de un Dios inmanente, de la Pachamama, etc.?, ¿es posible superar el egocentrismo y el antropocentrismo a la hora de visualizar la reacción de la Tierra ante la debacle ecológica actual? La inmanencia y la totalidad establecen una situación en donde juzgar es prácticamente imposible. El hecho de encontrar una manifestación de Dios en cada uno de los seres del Pluriverso solo nos puede conducir al silencio y la contemplación.
Ahora, pensemos en la no existencia del espíritu. La no existencia del alma. En la actualidad, la mayoría de los fenómenos son explicados por la Ciencia. La Teoría del Big Bang nos demuestra el origen del Universo y Darwin el origen de las especies. El genoma humano explica nuestro recorrido ancestral, nuestras potenciales enfermedades, etc. Los avances en la medicina ha extendido la esperanza de vida en esta Tierra. La tecnología ha ocupado prácticamente cada uno de los espacios en nuestra vida, para lo mejor y lo peor. La proliferación de mercancías y servicios nos mantiene en la esfera del consumo en un mundo posmoderno. Existen múltiples formas de distracción, de entretenimiento, de pasatiempos, en una sociedad más bien pragmática, concreta, resultadista. ¿Puede la Ciencia “sin espíritu” brindar las respuestas necesarias para esta época? ¿Podrá ocupar efectivamente los espacios del imaginario social brindando formas de creencia que le den un sentido a la existencia? Posiblemente, en un aspecto, se haya logrado. Pero también es verdad que, como decía Goethe, “gris es la teoría y verde el árbol de la vida”.
Como sea, no buscamos respuestas definitivas. Más bien se trata de matar el tiempo mientras la cuarentena pasa, mientras el coronavirus pasa. Porque hay preguntas e inquietudes que posiblemente nos acompañen toda la vida y nunca accederemos a una respuesta que nos convenza, que nos satisfaga. Más bien se trataría, en este caso, de mantenernos en las preguntas. Ya que el Pluriverso es infinito y, nosotros, solo un breve suspiro en la interminable manifestación de la vida.                  

miércoles, 20 de marzo de 2019

La Madre Tierra como principio de vida



En 2017-2018 participé de la 2da cohorte de la Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación "Geopolítica y descolonización del saber". Al finalizar la diplo presentamos un trabajo monográfico en conjunto con dos compañeras. Y me pareció bien compartir aquí aquella parte que escribí en ese trabajo que acaso funciona como un esquema para luego profundizar. 



Nos interesa encuadrar este trabajo en el marco referencial que nos ofrece Nelson Maldonado-Torres (2008) cuando explica qué es el giro decolonial, la actitud des-colonial y la razón des-colonial. Establecer luego que este “giro” puede pensarse desde lo que Boaventura de Sousa Santos (2011) llama “Epistemologías del Sur”. Vamos a retomar algunas nociones sobre la Madre Tierra, la Pachamama, ampliando el tema desde las indicaciones de las clases de María Luisa Rubinelli (2017) y Enrique Tellez (2018).   

            El proceso de descolonización se ha dado a nivel mundial. Maldonado-Torres explica que este proceso puede verse en EEUU desde las comunidades de chicanas/os, puertorriqueños/as y migrantes de América Latina. En América Latina afrodescendientes e indígenas lideran este proceso tanto en Ecuador como en Bolivia y Brasil. También en Europa puede observarse en países tales como Francia, Alemania, Rusia. Otro tanto sucede en Cataluña o Palestina. Por eso, “el concepto de giro des-colonial en su expresión más básica busca poner en el centro del debate la cuestión de la colonización como componente constitutivo de la modernidad, y la descolonización como un sinnúmero indefinido de estrategias y formas contestatarias que plantean un cambio radical en las formas hegemónicas actuales de poder, ser y conocer” (Maldonado-Torres: 2008, 66). La actitud des-colonial y la razón des-colonial son formas de razón y emoción que se desprenden de este giro. Se trata de un tipo de actitud a partir del “horror o espanto ante la muerte” viabilizada por un sistema-mundo moderno/colonial que establece, a partir de la racialización y el capitalismo, procesos de etnocidios, ecocidios, femicidios, etc. No se trataría entonces de “hallar la verdad sobre un mundo” o el “asombro ante la naturaleza o lo usual” sino de “determinar los problemas de un mundo que se le aparece [al sujeto] como perverso y de hallar las vías posibles para su superación” (Idem, 67). 

            La razón des-colonial, por su parte, desde una serie de indicaciones que pueden encontrarse en Aimé Césaire y su Discurso sobre el colonialismo, es una especie de razón en donde los esclavos, los oprimidos, los grupos subalternos, toman conciencia de que los amos, los opresores, los grupos hegemónicos, mienten. Ante la mentira de la “civilización occidental”, ante las mentiras de los procesos de colonización, ante la mentira de la “Teoría del derrame”, ante la mentira de una historia lineal en donde Occidente es el fin deseable de toda civilización, etc.; la razón des-colonial busca alternativas teóricas y prácticas a estos modelos e imposiciones. Ante esta situación, y pensando desde conceptos vertidos por De Sousa Santos y Roda (2012), es posible plantear que esta razón des-colonial va más allá del “pensamiento abismal”. Que la “sociología de las ausencias” que impone la monocultura universal puede superarse desde una “sociología de las emergencias” que debe incluir al giro decolonial. Que es posible construir una “ecología de saberes” desde una epistemología de la solidaridad, desde diálogos de complementariedad que vayan hacia una construcción intercultural, en primer término, desde las periferias (Asia, África y América Latina).

            En una monografía titulada “Eurocentrismo y ontología indígena. La Pachamama[1] quisimos indicar una serie de problemas y alternativas a esos problemas desde categorías de la Filosofía de la Liberación y el giro decolonial. Nos interesa hacer un breve resumen aquí para luego agregar nuevos elementos a la discusión. En la primera parte de este trabajo abordamos el problema del eurocentrismo. Planteamos que el eurocentrismo nace conjuntamente con la modernidad y el capitalismo. También que es una ideología dominante que buscó –con bastante éxito- universalizarse. Desde el “mito de la modernidad” expuesto por Enrique Dussel y la categoría de “colonialidad del poder” expresada por Aníbal Quijano pudimos explicar, groso modo, en qué consiste el eurocentrismo y la forma en que ha operado en América Latina provocando un proceso de colonización que dura hasta nuestros días. “Epistemicidios” de por medio, la idea de Europa como “centro y fin de la historia”, el ego conquiro que se impone en América, la forma lineal de entender la historia, la distinción entre sujeto y objeto y el dominio sobre la naturaleza, la clasificación social a partir de la racialización del mundo, etc. son los elementos más salientes de esta construcción ideológica[2]. También utilizamos algunos argumentos de Bárbara Aguer y Ramón Grosfoguel para esta primera parte del trabajo. En la segunda parte nos adentramos en el tema de la “ontología indígena” (antes que ontología, tal vez la mejor expresión hubiera sido “fundamento”) y la Pachamama. Allí pudimos hablar sobre la “dualidad” tanto en la filosofía mesoamericana como la andina, los mitos cosmogónicos, Coatlicue y Pachamama, las divinidades femeninas (la Tierra, la Luna, la mujer, el agua), los “hombres de maíz”, los incas y sus interpretaciones de la vida, los pueblos periféricos al Incario y sus creencias, la relación entre el Sol y los seres humanos, el ritual de corpachada a la Madre Tierra, la importancia del calendario ritual y el alimento en las cosmovisiones indígenas, el tema del “valor ecológico”. Para esto nos fue de gran ayuda los trabajos de Luis Alberto Reyes, Matías Ahumada, Mario Vilca y Enrique Téllez. En esta monografía concluimos que, ante la (i)lógica del “dominio sobre la naturaleza” que la modernidad ha llevado al extremo provocando varias calamidades, el amor hacia la Madre Tierra que profesan y explican los pueblos originarios resulta profundamente necesario. 

            María Luisa Rubinelli (2017) nos plantea la necesidad de una “hermenéutica crítica” que dé cuenta de las tensiones producidas por una serie de conflictos contemporáneos que se dirigen hacia la negación de la dignidad humana. Este trabajo hermenéutico debe abrirse a diferentes perspectivas culturales teniendo en cuenta que cada grupo humano tiene diversas cosmovisiones éticas, epistemológicas, filosóficas, etc.[3] Cuando nuestra autora piensa lo humano y lo no humano nos dice: “La vida entera, de los humanos como del universo está tan íntimamente interrelacionada que no es posible pensar (imaginar) que pueda ser mantenida sin participación e implicación activa de humanos y no humanos. La Pachamama nos cría, nos hospeda y nosotros la cultivamos, criando y cuidando nuevas vidas” (Rubinelli: 2017, 2-3). En Bolivia y Ecuador se han dado los avances legislativos y constitucionales más interesantes en torno al cuidado de la Madre Tierra. En Bolivia se encuentra la Ley de Derechos de la Madre Tierra y la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien[4], en Ecuador existen Planes Nacionales del Buen Vivir desde 2007.

            Tomemos como ejemplo la Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra promulgada el 21 de diciembre de 2010 en Bolivia. En su artículo 1º (objeto) nos dice: “La presente ley tiene por objeto reconocer los derechos de la Madre Tierra, así como las obligaciones y deberes del Estado Plurinacional y de la sociedad para garantizar el respeto de estos derechos.” En su segundo artículo (principios) se enumeran seis principios: 1) armonía, 2) bien colectivo, 3) garantía de regeneración de la Madre Tierra, 4) respeto y defensa de los Derechos de la Madre Tierra, 5) no mercantilización y 6) interculturalidad. En el capítulo II titulado “Madre Tierra, definición y carácter”, el tercer artículo nos dice que “la Madre Tierra es el sistema viviente dinámico conformado por la comunidad indivisible de todos los sistemas de vida y los seres vivos, interrelacionados, interdependientes y complementarios, que comparten un destino común. La Madre Tierra es considerada sagrada, desde las cosmovisiones de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos.” En el capítulo III “Derechos de la Madre Tierra” se establecen los siguientes derechos: 1) a la vida, 2) a la diversidad de la vida, 3) al agua, 4) al aire limpio, 5) al equilibrio, 6) a la restauración y 7) a vivir libre de contaminación. En el cuarto y último capítulo titulado “Obligaciones del Estado y deberes de la sociedad”, en el artículo 8 se enumeran 7 obligaciones siendo la primera: “Desarrollar políticas públicas y acciones sistemáticas de prevención, alerta temprana, protección, precaución, para evitar que las actividades humanas conduzcan a la extinción de poblaciones de seres, la alteración de los ciclos y procesos que garantizan la vida o la destrucción de sistemas de vida, que incluyen los sistemas culturales que son parte de la Madre Tierra”. Para finalizar, el artículo nueve define los deberes de las personas y el diez establece la creación de la Defensoría de la Madre Tierra[5].  

            Habíamos retomado la categoría de “valor ecológico” en Enrique Téllez en nuestra monografía sobre la Pachamama que mencionáramos más arriba. Ahora nos gustaría dar un pantallazo general sobre una nueva propuesta de nuestro autor. Téllez nos dice que en un primer momento –positivo- las instituciones se constituyen a partir del orden material, formal y de factibilidad. El orden material a su vez tiene tres componentes: orden ecológico, económico y cultural. “El orden ecológico se refiere a la condición de existencia misma de la humanidad; como la agricultura o la pesca, porque tratan directamente de la producción, reproducción y el aumento cualitativo de la vida humana, en términos del metabolismo entre lo humano y lo natural” (Téllez: 2018, 1). En un segundo momento -crítico negativo- las instituciones se “desgastan”, se fetichizan, cuestión que obliga a su transformación. Por ese motivo se plantean tres transformaciones: 1) ecológicas: la “vida perpetua”, 2) económicas: el “Reino de la libertad” y 3) culturales: el pluriverso transmoderno. En el marco de las transformaciones ecológicas, y basándose en el postulado kantiano de la “Paz perpetua”, Téllez propone el postulado de la “Vida perpetua” entendido como el “fin de toda muerte” en un plano estrictamente material. Un postulado ecológico podría ser: “Actúa ecológicamente de tal manera que el contenido de tus actos sean la permanencia de la vida en medio de la abundancia, desde el horizonte de la carencia cero” (Téllez: 2018, 4).  

            Para finaliza, planteamos la necesidad de continuar construyendo alternativas al sistema-mundo moderno/colonial desde el conocimiento de las tradiciones de América Latina y sus pueblos originarios. Otro tanto harán movimientos de afros, feministas, desocupados, precarizados, etc. Desde una actitud des-colonial y una razón des-colonial, utilizando una hermenéutica crítica que nos ayude a visibilizar el “valor ecológico” y a defender la “vida perpetua”, podremos brindar otros modos de ver e interpretar el mundo. Se trata de un diálogo entre diversos movimientos latinoamericanos además de un diálogo entre las periferias del mundo (África, Asia y América Latina). Aunque este proceso ya se está dando, queda aún mucho camino por recorrer para alcanzar –para decirlo con Dussel- “Una Nueva Edad mundial en la historia de la filosofía” (Dussel: 2015). 

            
Bibliografía

De Sousa Santos, Boaventura (2011),  “Epistemologías del Sur”. Utopía y Praxis Latinoamericana / Año 16. Nº 54 (Julio-Septiembre, 2011) Pp. 17 – 39. Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social. CESA – FCES – Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela.
Dussel, Enrique (2006), “20 tesis de política”. Siglo XXI, México. 
------------------- (2015), “Filosofías del Sur. Descolonización y transmodernidad”. Ediciones Akal, México.
Estermann, Josef (2006), “Filosofía andina. Sabiduría indígena para un mundo nuevo”. 2da edición. La Paz: ISEAT.
Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra. Disponible en web: http://www.bdlaw.com/assets/htmldocuments/Bolivia%20Law%2071-2010.pdf
Maldonado-Torres, Nelson (2008), “La descolonización y el giro des-colonial”. Tabula Rasa, núm. 9, julio-diciembre, 2008, pp. 61-72. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia.
Roda, Héctor Federico (2012), “Justicia cognitiva global. Reflexiones desde la epistemología latinoamericana”, Revista digital Año 1, Nº 1.
Rubinelli, María Luisa (2017), “Construcciones de sentidos de lo humano y lo no humano desde las fronteras”. Clase 9, Módulo III. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.
Téllez, Enrique (2018), “Transformación institucional ecológica, económica, cultural”. Clase 16, Módulo V. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.
Vilca, Mario (2017), “Políticas ctónicas y pensar ch’ixi: un abordaje del espacio surandino”. Clase 8, Módulo III. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.



[1] Monografía presentada en el marco de la Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL. Febrero de 2017.
[2] En la clase 8 de Mario Vilca (2017) puede encontrarse, en un párrafo apretado aunque bien indicativo e interesante, algunos de estos elementos.
[3] A propósito de nuestro tema y de la importancia de esta apertura cultural, es muy interesante el libro de Josef Estermann (2006) “Filosofía andina” en donde se trabaja la dimensión “relacional”, de “complentariedad” y de “reciprocidad” en aquellas culturas. La idea de una “pachasofía” nos ayuda a enriquecer nuestros abordajes.
[4] El Vivir bien “significa vivir… en armonía y equilibrio con la Madre Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos de dominación. Es Vivir Bien entre nosotros… con lo que nos rodea… y consigo mismo” (Rubinelli: 2017, 7).
[5] Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra. Disponible en web: http://www.bdlaw.com/assets/htmldocuments/Bolivia%20Law%2071-2010.pdf. A partir de estos ejemplos podemos pensar, desde una Política de la Liberación, la categoría de “poder obediencial” planteada por Enrique Dussel desde Evo Morales y el “mandar obedeciendo” zapatista (Dussel: 2006, 34-39) 

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