martes, 13 de septiembre de 2011

Filosofía aquí y ahora I. José Pablo Feinmann. Encuentro 4: La Filosofía corta la cabeza de Luis XVI


Sumario

1 ¿Qué es un filósofo idealista?
2 ¿Qué es el Iluminismo?
3 ¿Cuál es el rol del intelectual revolucionario?
4 ¿Es este el mejor de los mundos posibles?

1 ¿Qué es un filósofo idealista?

Habíamos visto que la Filosofía no era la historia de lo que llamábamos antes “los héroes de la Filosofía”, sino que la Filosofía es la historia de los desarrollos históricos de los cuales los filósofos forman parte y Descartes, concretamente, surge en la Filosofía como aquel que expresa la subjetividad capitalista, al sujeto capitalista, al hombre del capital. Y que para esto tiene que darse todo un proceso histórico en el cual el descubrimiento de América, Copérnico, Galileo, Giordano Bruno cuestionan el orden de la teología medioeval. Surge así el ergo sum cartesiano, el “pienso, luego existo”, que es partir del sujeto como punto indubitable del conocimiento de la realidad.

Este partir del sujeto como punto inicial para el conocimiento de la realidad es lo que llamamos las filosofías idealistas. Las filosofías idealistas son aquellas que parten del yo para conocer la realidad. Vimos todos los problemas que se le causaban a Descartes para demostrar la existencia de la realidad externa. Como Descartes se había preguntado si todo lo que existía, todo lo que él veía allí afuera, realmente era real, había imaginado la existencia de un genio maligno que lo engañaba. Pero, había dicho que ese genio maligno no puede existir porque Dios es absolutamente bueno y si yo veo todas esas cosas allí afuera debo confiar en la veracidad divina. Dios no habrá de engañarme. Pero para esto tenía que demostrar –seguimos repasando- la existencia de Dios y para demostrar la existencia de Dios Descartes dice: Dios existe porque Dios es perfecto, y la idea de la perfección está en mí. Y si la idea de la perfección está en mí no la puedo haber puesto yo que soy un ser imperfecto, la tiene que haber puesto un ser perfecto y ese ser perfecto es Dios. 

Ahora vamos a pasar de Descartes a un pensador que se las trae. Miren, yo voy a ser sincero con ustedes, Immanuel Kant no es un filósofo fácil, vivió toda su vida en la ciudad de Königsberg, escribió “La crítica de la razón pura” que es su obra fundamental junto con “La crítica de la razón práctica” y “La crítica del juicio”; la escribió en muy poco tiempo con un enorme descuido por el estilo y un enorme descuido por la claridad. En realidad las dos cosas van juntas: allí donde hay una mala escritura no puede haber una clara exposición. Una clara exposición de las ideas requiere una clara escritura también. Cuando uno entiende y quiere hacerse entender, tiene que saber cómo hacerse entender. En este sentido, el estudio de la Filosofía cuando se aplica a la docencia tiene dos partes fundamentales: una es que uno entienda y la otra es que uno sepa cómo transmitir ese conocimiento. Pero esto a Kant no le importó mucho, ergo la Filosofía kantiana no tiene la transparencia de la Filosofía cartesiana. En general, la Filosofía cartesiana se caracterizaba por ser clara y distinta como Descartes lo decía. Kant es un filósofo oscuro.

Yo no voy a tratar la improbable misión de simplificarlo. Les voy a contar una anécdota para aclarar esto. Parece que cierto día Einstein, el físico, iba caminando por ahí y se le acerca un tipo y lo encuentra. Hola Einstein –le dice- ya que lo encuentro quería preguntarle si me puede explicar la teoría de la relatividad. Einstein que ese día estaba de evidente buen humor le dice sí, como no, le voy a explicar la teoría de la relatividad. ¡Caramba! –dice el tipo- tampoco la entendí ahora: ¿me la podría explicar de nuevo? Se la explica por cuarta vez, tampoco la entiende. Quinta vez, tampoco. Y así se la sigue explicando y el tipo no la entiendo, no la entiendo. Hasta que al final llega un momento que el tipo le dice: ah, sí, ahora la entendí. Y Einstein lo mira y le dice: bueno, pero esto ya no es la teoría de la relatividad. Entonces yo puedo simplificar Kant hasta cierto punto pero no lo voy a simplificar, lo que voy a tratar de hacer es explicarlo claramente, con la mayor claridad que me sea posible, pero es un pensamiento difícil.
Sin embargo lo vamos a unir a lo que vimos en Descartes. Dijimos que Descartes inaugura lo que llamamos filosofías idealistas. Dijimos que las filosofías idealistas son las que parten del sujeto en su tarea de reconocimiento de la realidad. Ustedes síganme bien porque no quiero interrumpir este pensamiento en este momento. En el idealismo, el sujeto es aquel que constituye al objeto.

2 ¿Qué es el Iluminismo?

¿Qué pasa con Kant? Kant es un filósofo que viene después de Descartes, por supuesto, pero después en qué sentido: en un sentido histórico fundamental. Nosotros dijimos que Descartes cuando dice “pienso, luego existo” le corta la cabeza a Luis XVI. Habíamos dicho que 13 siglos de Edad Media no habían acelerado la Historia en absoluto porque el hombre esperaba que todo lo hiciera Dios y no hacía nada, salvo esperar el cumplimiento de la promesa divina y el reino de los cielos. Pero con Descartes, al poner Descartes la centralidad en la praxis del hombre, la Historia se acelera, la burguesía toma la Historia entre sus manos y la burguesía llega, en muy corto período de tiempo –si tenemos en cuenta que en 1637 es el “Discurso del método” y en 1789 la Revolución francesa - al asalto al poder. 

En 1789, en efecto, con la toma de la Bastilla y el decapitamiento de Luis XVI, la clase capitalista se adueña del poder. Esto va paralelo al avance del conocimiento en Filosofía. Si la burguesía se adueñó del poder, Kant tiene otra relación con la realidad externa. La realidad externa no es como para Descartes algo que pertenecía todavía a la monarquía. La realidad externa, en Kant, que es un filósofo del iluminismo, es ya algo que está por ser atrapado, dominado, tomado, por la clase social hegemónica que es la burguesía. Ergo: el objeto kantiano no va a ser ajeno al sujeto. Kant no va a recurrir a ninguna veracidad divina. El sujeto kantiano constituye al objeto, lo hace suyo, lo crea.
 
El Iluminismo es una Filosofía que parte de la Razón como la luz, las luces de la Razón. Para un iluminista la razón es aquel poder que es capaz de organizar toda la realidad. Si nosotros nos remitimos aquí, a nuestro país, Mariano Moreno y Juan José Castelli eran iluministas. Y al ser iluministas ellos pensaban que su racionalidad podía darle a la realidad un orden que no tenía. En este sentido, la razón iluminista es totalmente revolucionaria -e incluso vamos a hablar en algún momento de las vanguardias iluministas revolucionarias del siglo XX-. Pero estamos en este momento: pensemos en Moreno y pensemos en Castelli. Moreno y Castelli qué dicen: este virreinato no es lo que nosotros queremos. Esta realidad exterior organizada como un virreinato que depende de la metrópoli no es lo que nuestra racionalidad quiere. Las luces de nuestra razón, que guían nuestro accionar, nos dicen que la realidad debe moldearse de otra manera. Debe moldearse de acuerdo a lo que nuestra razón determina. Esto, Moreno, que había traducido el “Contrato Social” de Rousseau, lo toma de los iluministas franceses. Los iluministas franceses son D’alambert, Diderot, Rousseau y Volaire. Ellos escriben La Enciclopedia y es ahí donde vemos que la razón iluminista comienza a hacerse una con las masas y con la burguesía revolucionaria; y la razón iluminista qué es lo que dice: la sociedad tal como está organizada, hegemonizada por un rey que dice gobernar por derecho divino, que acumula a toda la monarquía en Versalles y pretende imponernos esa realidad… nuestra razón nos dice que esa realidad hay que ordenarla de nuevo. Esto tiene que ser claro –entendámoslo bien- aquí la razón ordena la realidad. La realidad esa que yo veo, con un rey que dice gobernar por derecho divino y todos sabemos que nadie gobierna por derecho divino, porque el hombre se adueñó de la Historia; y como el hombre se adueñó de la Historia que nadie me venga a decir que gobierna por derecho divino porque aquí los lazos con Dios los cortamos. Los cortó Descartes en 1637, así que los revolucionarios franceses hacían la revolución francesa en nombre de los derechos del hombre y los derechos del hombre no admitían ningún liderazgo de reyes que dijeran gobernar por derecho divino.

Entonces, esa realidad –dicen los iluministas franceses, los racionalistas franceses- hay que cambiarla porque nuestra razón nos lo está diciendo. Esa realidad no se compadece… esa realidad no está de acuerdo con lo que nosotros pensamos. O sea, ¿qué es un iluminista?, un iluminista es alguien que está tan seguro de lo que su razón le dice que se siente validado para imponer su razón a los hechos y modelar la realidad de acuerdo a lo que su razón le dice. Eso es el Iluminismo: la Diosa Razón, como dicen los revolucionarios franceses. La Diosa Razón es la que crea la realidad porque se subleva contra la realidad, la razón es revolucionaria. Cuando la realidad no está de acuerdo con la razón, la razón revoluciona modifica esa realidad hasta que esa realidad se relacione con ella como un espejo, le devuelva lo que ella cree que la realidad debe ser. Esto tiene mucho que ver con la filosofía kantiana y si ustedes entendieron esto no les va a ser tan difícil entender a Kant.  

3 ¿Cuál es el rol del intelectual revolucionario?

El rol del intelectual revolucionario lo estamos viendo. Los pensadores que impulsaron la revolución francesa, los llamados enciclopedistas, eran filósofos revolucionarios que vieron que el sentido de su época era que una nueva clase social –o al menos una clase social distinta a la que tenía el poder político (porque el poder económico ya estaba en manos de la burguesía)-, capitalista, debía tomar el poder político que todavía estaba en manos de la nobleza. Entonces estos intelectuales escriben un texto que es “La Enciclopedia” donde las brillantes plumas de los iluministas se unen para explicar lo que está pasando. En tanto lo explican, lo aclaran, inciden en los revolucionarios porque los revolucionarios, siempre que la realidad es puesta en ideas, no sólo luchan sino que saben por qué luchan. 

Aquí, en 1845, cuando los unitarios de Montevideo que luchaban contra Rosas leen el Facundo de Sarmiento dicen una frase notable: ahora sabemos por qué luchamos. Mientras que la frase que dice Rosas es justamente la contraria: así es como se me ataca. Ya verán que nadie me defiende de este modo.
 
Entonces, el rol del intelectual es saber que participa de la Historia, saber que la Historia cambia, percibir esos cambios y hundirse en ellos como un elemento más; pero como el elemento de la comprensión, como el momento de la intelección del cambio. Porque todo proceso debe pensarse a sí mismo y se piensa a sí mismo en todos aquellos que participan de él, pero el intelectual revolucionario es el que tiene un protagonismo fundamental en esto porque es el que está capacitado para pensarlo con más rigor. El rigor es tal porque forma parte de la historia de ese movimiento revolucionario.

Por ejemplo, Voltaire escribe un libro muy encantador que es “Cándido o el optimismo”. Aquí lo que hace Voltaire es poner a un personaje al que llama Dr. Panglos y en él encarna una concepción del filósofo Leibniz acerca de el mejor de los mundos posibles. Leibniz había razonado muy simplemente del siguiente modo: Dios se había puesto a elegir mundos, de todos los mundos posibles Dios eligió el mejor para nosotros. O sea que éste, con todas las imperfecciones que tiene, es el mejor de los mundos posibles que Dios eligió para nosotros. Esta es la filosofía panglosiana del Dr. Panglos que tiende a la justificación absoluta de todo lo existente. De aquí que se diga de aquellos que tienden a justificar las situaciones de hecho, aún cuando sean atroces, que son panglosianos. Ahora, con esto Voltaire intentaba decir que se vivía en el peor de los mundos posibles y esto lo dice el personaje Cándido. Cándido le dice a Panglos: sin embargo, el mal se ha enseñoreado de la Tierra. ¿Cómo es esto que me dice usted que vivimos en el mejor de los mundos posibles? Panglos siempre le da un ejemplo que de tal cosa –que era horrible- había resultado otra que no era tan mala y de ésta había resultado otra que era horrible, pero había resultado otra que no era tan mala. Es decir que daba toda una justificación de lo existente ante la cual Cándido quedaba desarmado, pero el lector de Voltaire se daba cuenta de que Panglos era un personaje muy miserable destinado a justificar lo injustificable. Hay cosas que no tienen justificación posible.

4 ¿Es este el mejor de los mundos posibles?

Marx dice que la Filosofía tiene que estar al servicio de tornar explícita la ignominia. Entonces va a decir una frase notable, realmente notable: hay que hacer la ignominia más ignominiosa pensándola, haciéndola conocer. Una vez que toman conciencia de su ignominia, su ignominia se les vuelve más ignominiosa porque la conciencia de la ignominia hace intolerable la ignominia. Es decir, yo puedo pasarme mi vida entera hundido en una situación de indignidad. Si en algún momento no tomo conciencia de ella, puedo seguir así eternamente. Ahora, en ese momento, en el momento exacto en que tomo conciencia de mi indignidad, ahí hay un quiebre, hay una ruptura, ahí yo paso a ser otro. Ahí me miro desde otro lugar y me digo a mí mismo: esto no puede ser. Cuando digo esto no puede ser estoy revolucionando mi situación particular.

A la vez, lo que logra Voltaire con su Cándido –que es una breve novelita que la lee mucha gente- es lograr la irritabilidad de las masas. Convengamos en que si hay masas irritables son las masas de la Revolución francesa. La Revolución francesa no es sólo la toma de la Bastilla, también es el Terror, es Robespierre, es Saint-Just, la guillotina, un proceso tremendamente complejo. Pero, el principio revolucionario de los ideólogos era irritar a las masas llevándolas al conocimiento de la situación de indignidad en que vivían. En la medida en que tomaban conciencia de esa situación de indignidad, la irritabilidad crecía y la rebelión estaba más cercana. La rebelión es imposible cuando no existe la conciencia de la indignidad. Lo que hace imposible la conciencia de la indignidad es creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Algunos viven en el mejor de los mundos posibles… digamos que hay una relación de cierta incomodidad, que para que algunos vivan en el mejor de los mundos posibles, otros tienen que vivir en el peor de los mundos posibles. Esta tremenda injusticia que subyace al sistema social –casi único en estos momentos-, esta situación tiene que llevarse a la conciencia de aquel que padece la indignidad. 

Yo diría que gran parte de la tarea de la Filosofía es revelarle… o conseguir que aquel que está sumergido en el oprobio durante su existencia, tome -en algún punto- conciencia de este oprobio. En la medida en que toma conciencia de este oprobio, la decisión de cambiar empieza ahí. En la medida en que no la toma, va a seguir siendo una mera cosa de un aparato que lo explota. Todo eso tiende a que el individuo no se encuentre con su propia subjetividad, que no llegue a ese momento en que se diga: pero ¿esta es la vida que yo quiero vivir, esto soy yo, esto es lo que soñé para mí? ¿Esto es lo que yo soñé de joven? ¿Hasta qué punto no estoy traicionando mis sueños de juventud? Porque yo pensé algo cuando era joven, después lo fui pensando cada vez menos, después entregué esto, después entregué aquello y ahora estoy aquí: entregado. Idiotizado. Viendo estupideces todo el día. Obedeciendo órdenes durante el día, comiendo mal, viendo estupideces y durmiendo mal. Esto tiene que cambiar. Ese momento exacto es el de la conciencia crítica. La conciencia crítica es ese momento en el cual el individuo descubre su yo, su yo verdadero, íntimo, el yo desde el cual él se permite cuestionar su propia vida y el mundo que lo rodea.

Y esto es muy alentador. La Filosofía debe ayudar a que estas cosas ocurran. Son muy valiosas.


Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.


            

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