lunes, 12 de septiembre de 2011

Filosofía aquí y ahora I. José Pablo Feinmann. Encuentro 3: Colón descubre América; Descartes, la subjetividad


Sumario
1 ¿Qué es el humanismo?
2 Descartes demuestra la existencia del pensamiento, pero ¿cómo demuestra le existencia de la realidad externa?
3 El sujeto cartesiano, ¿un sujeto transparente?
4 El dualismo entre el sujeto y el objeto, ¿es un dualismo insuperable?

1 ¿Qué es el humanismo?

Tenemos dos grandes descubrimiento: Colón descubre América y Descartes descubre la subjetividad. No siempre estas cosas se relacionan, en realidad, yo ya lo dije y lo vuelvo a decir: la historia de la Filosofía se estudia mal, la Filosofía se estudia mal. ¿Por qué? Porque la Filosofía se estudia como si los filósofos fueran unos tipos distraídos que andan por ahí pensando cosas que nadie entiende. En cambio los filósofos son seres muy terrenales, metidos en grandes procesos históricos que ellos integran y dinamizan con su pensamiento. Entonces la relación de Descartes y el descubrimiento de América no es frecuente que ustedes la encuentren en los libros de filosofía porque van a decir: para qué vamos a poner el descubrimiento de América en un libro de filosofía, si un libro de Filosofía no es un libro de Historia, y un libro de Historia no tiene que ser un libro de Filosofía

Pero no, Descartes y Cristóbal Colón tienen mucho que ver porque Cristóbal Colón descubre América para el capitalismo, como lo habíamos visto. No es que descubre América porque América no existía, América existía, pero no existía para los ojos mercantilistas del capitalismo. El capitalismo descubre América con Colón e incorpora a América al mundo europeo que era el mundo por ese momento. Entonces se establece así un sistema mundo.

Ahora, este sistema mundo requiere a un protagonista y el protagonista es el hombre. Es el hombre el que sale a buscar nuevos mundos. Porque el hombre medioeval no hubiera buscado nunca nuevos mundos porque el mundo era un lugar de pasaje, un lugar de llanto, un mero camino hacia el reino de los cielos. Pero el hombre de la modernidad sale a buscar nuevos mundos, éste es el hombre capitalista. Este hombre necesita tener una subjetividad, necesita pensarse a sí mismo, necesita saber quién es él, cuál es su relación con la realidad exterior. Y aquí aparece Descartes que, como lo dijimos, parte de una concepción de la Filosofía como duda. Descartes ha demostrado la existencia del pensamiento pero no demostró la existencia de las cosas externas. 

Lo que ha hecho hasta ahora Descartes es poner al Hombre en la centralidad. El hombre es el centro. Ese hombre es el sujeto capitalista de la Historia y con esto nace el humanismo. El humanismo nace cuando el hombre ocupa la centralidad y desplaza a Dios de la centralidad. Este humanismo lo llamamos humanismo porque parte del hombre. ¿De dónde parte Descartes? Parte de la subjetividad, pero es la subjetividad del hombre. El humanismo –vamos a definirlo así- es una concepción que hace del hombre el punto de partida epistemológico fundamental. Epistemológico se refiere a todo aquello que sea el pensamiento científico de la realidad. Entonces, el humanismo es esa concepción que parte del hombre como sujeto, del hombre como sujeto centrado a partir del cual es posible conocer todo lo otro que hay en el mundo.

El nuevo problema que encarna Descartes y el problema que realmente lo va a angustiar seriamente es un problema que podemos disfrutar planteándolo. Veámoslo así: este señor, este señor René Descartes, en Holanda junto a una estufa, tranquilo, protegido por la monarquía holandesa, sin miedo a la Inquisición, descubre que el centro del pensamiento es la subjetividad. Está seguro de eso. Yo estoy seguro –dice Descartes- de que mi pensamiento es el origen de todo posible filosofar. ¿Y la realidad externa? Fíjense ustedes que para el sentido común esto es casi risible, un buen hombre, laborioso, campesino, le diría a Descartes: no sé por qué usted se plantea estas cosas: es tan evidente que mi vaca está ahí, que mi carruaje está ahí, que mi azada está ahí… Ah no –dice Descartes- pero yo soy un filósofo, yo tengo que dar cuenta, yo tengo que justificar metodológicamente, epistemológicamente, filosóficamente, que la realidad externa existe.

2 Descartes demuestra la existencia del pensamiento, pero ¿cómo demuestra le existencia de la realidad externa?

Descartes dice: ya que yo veo todas esas cosas allá afuera, esas cosas tienen que existir, porque si yo las viera y no existieran, Dios me estaría engañando. Entonces, tienen que existir porque Dios es infinitamente bueno, es infinitamente veraz, es incapaz de todo engaño y si yo veo todo lo que está allí afuera es que Dios no me está engañando sino que todo eso que está allí afuera está. Ahora, Descartes introduce aquí una figura muy simpática que es la del genio maligno (le maligne genie, en francés). Descartes escribía todo en francés. Esta digresión es muy importante porque Descartes escribía en francés -no escribía en latín- porque quería hacerse entender, quería llegar para que la gente lo entendiera, quería llegar al pueblo en última instancia. Entonces dice podría haber un genio maligno que me engañara y todo lo que está allí afuera no existiera. Yo estaría viendo todo eso y eso no existe porque el genio maligno me está engañando. Sin embargo, dice, la veracidad de Dios tiene que ser más fuerte que el poder del genio maligno. Yo no puedo dudar de la veracidad divina. Así Descartes llega a la siguiente conclusión: todo aquello que yo veo que está allí afuera, es decir la res extensa, la cosa externa, tiene que existir porque si no existiera Dios me estaría engañando y yo creo en la veracidad divina. Ahora bien, metodológicamente, como vemos, Descartes se ha traicionado porque para demostrar la existencia exterior de las cosas no se ha remitido a su fundamento primero: el pensamiento; sino que se ha remitido al viejo fundamento de la teología medioeval, a Dios. Entonces estamos de nuevo en la teología medioeval y para demostrar la existencia de la realidad externa Descartes recurre a Dios.

Recuerdo un chiste muy lindo que se contaba en mis viejos años de estudiante en la calle Viamonte. En la calle Viamonte estaba la Facultad de Filosofía y ése era un ámbito mítico donde circulaban personajes como Oscar Masotta, León Rozitchner, Eliseo Verón, Sebreli… y a veces yo. Bueno, había un chiste que salía en una revista que era el siguiente: era una broma a la filosofía idealista; en el primer cuadrito de la historietita salía un filósofo y había un florero dibujado en el aire y el filósofo decía: ese florero está ahí porque yo lo pienso, como yo pienso ese florero ese florero está ahí. Segundo cuadrito, el florero y el filósofo; el filósofo dice: si yo dejara de pensar que ese florero está ahí… tercer cuadrito, el florero sólo, y se escucha la voz del filósofo: ese florero dejaría de existir. Cuando en realidad el chiste era que el que dejó de existir fue el filósofo. Este es un chiste típico del materialismo filosófico, el que propone la primacía de la materia por sobre la subjetividad.

Nosotros éramos muy jovencitos y estábamos estudiando a Descartes en 1966. En 1966 se da el golpe cavernícola del general Juan Carlos Onganía. A Onganía le habían dicho que en las facultades residía el monstruo marxista, entonces Onganía decidió extirparlo. Para extirparlo hizo lo de siempre: mandó los camiones de asalto y la policía con los palos -había salido un chiste de Quino por esa época que llamaba al palo de la policía “el palo de abollar ideologías”-. Entonces la policía entra en las facultades, era la primera vez que se violaba la autonomía universitaria, la policía de Onganía entra en Ciencias Económicas, Ciencias Sociales, pegan muy duramente, hay profesores que salen ensangrentados. Nosotros estábamos en Filosofía y la cosa fue más calma, pero lo divertido fue que estábamos planteándonos cómo demostrar la veracidad de la realidad exterior, estábamos estudiando a Descartes y nos preguntábamos: ¿cómo demostrar que la realidad externa realmente existe? En ese momento entra la policía y hace una doble fila y nos hicieron pasar por el medio y nos dieron palos de arriba a abajo y ahí nos dimos cuenta que existía la realidad externa. La realidad externa existía, nos molía a palos y era fascista.

 3 El sujeto cartesiano, ¿un sujeto transparente?

Aparte de los bastones de la policía de “abollar ideologías”, la subjetividad como principio fundante de la Filosofía y como elemento a partir del cual se podía probar la existencia de la realidad externa, el cogito cartesiano (el “pienso, luego soy”) va a recibir varios palazos a lo largo de la historia. Pero hay uno, sobre todo, que en Buenos Aires es muy conocido que proviene de la cualidad neurótica de esta ciudad portuaria llena, precisamente, de neuróticos; y donde hay muchos neuróticos hay muchos psicoanalistas. Y donde hay muchos psicoanalistas hay muchos neuróticos a la vez. Ahora comienzan a haber muchos psicofármacos, quizás esto reduzca a los neuróticos y a los psicoanalistas… bueno, no importa. 

Paso al tema al que quería ir. El tema al que quiero ir es Freud. Sigmund Freud es un hombre que dijo una frase muy adecuada: “un cigarro a veces es un cigarro”. Porque siempre que uno ve un cigarro dice: oh, eso es un pene. No, no, a veces un cigarro es un cigarro, aún en Buenos Aires. El golpe que el psicoanálisis le da al sujeto cartesiano se puede explicar así: Freud le diría a Descartes: mire, Renato, hay algo que usted no tuvo en cuenta. Usted, Renato –le preguntaría Freud- ¿se come las uñas? Sí – le diría Descartes. ¿Usted a veces hace actos que no puede controlar? Uy, sí, sí – respondería Descartes. ¿Usted sueña cosas, sueña con su padre, con su madre? Sí, sí – volvería a responder. Bueno, usted es un neurótico – le diría Freud. Hay cosas en su sujeto transparente, traslúcido, indubitable de todo conocimiento; hay cosas que ese sujeto ignora. El inconsciente es todo aquello que no pasa por la conciencia – le diría Freud- que no se entiende desde la conciencia y que no puede ser ni conocido ni controlado por la conciencia. Su conciencia, Descartes, no es tan tranparente, sino que está herida, su sujeto está dividido, porque hay en él una opacidad que lo lleva a hacer actos que no quiere hacer, lo lleva a tener conductas repetitivas que no quiere tener, lo lleva a soñar cosas que le revelan o le ocultan otras cosas. Entonces Freud le enseñaría a Descartes la primera gran herida del narcisismo del cogito que es la existencia del inconsciente.

Yo quería anunciar lo anterior para dejarlo planteado: la gran herida del cogito cartesiano va a ser esa. Esta planteado en muchos libros de Freud, quizás en algunos más que en otros. Es bueno recurrir a ciertos libros de Freud para descubrir la forma brillante en que don Sigmund ha trabajado el inconsciente que hiere al cogito cartesiano. 

Ahora, el problema en el que habíamos dejado a Descartes era cómo se demostraba la existencia de la realidad externa. Ahí Descartes recurre a la veracidad divina. Pero para recurrir a la veracidad divina hay que demostrar que Dios existe. Pero cómo sé que Dios existe… éste es todo un problema. Esto es lo que se llama “la prueba ontológica”. La prueba ontológica es la prueba acerca del ser de Dios, es decir que Dios tiene un ser y que ese ser expresa su existencia. Hay un punto que yo voy a analizar acerca de cómo Descartes demuestra la existencia de Dios y que es el punto más genuinamente cartesiano porque él va a decir: dado que la imagen de Dios está en mí y dado que en mí la imagen de Dios es la imagen de un ser perfecto, existe en mí la idea de la perfección. Si la idea de la perfección existe en mí que soy un ser imperfecto, quiere decir que alguien que es perfecto la puso ahí. Existe en mí la idea de la perfección, yo no soy perfecto, por eso alguien que es perfecto la puso en mí y ése es Dios.

Sin embargo, ustedes observen que esta demostración que hace Descartes de la existencia de Dios está hecha a partir de la subjetividad también. Porque no demuestra la existencia de Dios dejando de lado la subjetividad sino que la demuestra partiendo otra vez del cogito, ¿por qué? Porque Descartes dice: dado que existe en mi subjetividad, en mi pensamiento, en mi cogito, la idea de la perfección, debe existir un ser perfecto. Es decir que demuestra la existencia del ser perfecto porque existe en la conciencia la idea de la perfección. Está bien, es como haber tirado la toalla –dentro del pensamiento de Descartes-, es una aflojada, pero es una aflojada hasta cierto punto porque demuestra la existencia de Dios ya que en su pensamiento existe la idea de la perfección. Es desde el pensamiento que demuestra la existencia de Dios. 

4 El dualismo entre el sujeto y el objeto, ¿es un dualismo insuperable?

Sartre va a demostrar que no hay una conciencia por un lado y un mundo por otro, que la conciencia es intencional, que la conciencia está toda ella arrojada sobre el mundo. Que no es que exista conciencia aquí y el mundo ahí. Hay conciencia (de) mundo, eso es lo que hay. El mundo le es inalienable a la conciencia. No hay una conciencia que no sea, a la vez, conciencia (de) mundo. Esto es lo que Sartre y los fenomenólogos van a llamar intencionalidad de la conciencia. La conciencia no existe reposando en sí. Sartre tiene una hermosa imagen que es “como conteniendo el aliento”. La conciencia no está conteniendo el aliento, la conciencia está como vomitada, expectorada sobre el mundo, está toda ella arrojada sobre el mundo. Cuando yo corro detrás de un colectivo, no hay conciencia de estar corriendo detrás de un colectivo, la única conciencia que hay es conciencia-colectivo. Si yo tomara conciencia de que estoy corriendo el colectivo lo perdería porque sería un momento en el cual me bloquearía.

Ahora, volviendo a Descartes –pero no olvidemos esto sobre lo cual vamos a volver: las filosofías fenomenológicas son aquellas que hacen a la conciencia un acto de pura intencionalidad. La conciencia se arroja sobre el mundo. No hay un mundo ahí y una conciencia acá. Hay conciencia-mundo-. Me interesa volver al rol del filósofo en Descartes. Descartes en el final del Discurso del método tiene un muy lindo texto, termina con un texto cálido, dice: quienes lean esto y les guste, yo no quiero para mí fortuna ni grandes empleos, sólo deseo que me dejen disfrutar de mi ocio. En realidad, el rol del filósofo es que lo dejen disfrutar de su ocio que es un ocio creativo, no es un ocio de tirarse panza arriba a escuchar cds, sino que es un ocio que le permite pensar. La concepción que tiene Descartes del filósofo es la de un hombre que necesita serenidad para pensar. De esa serenidad van a salir sus obras. El filósofo no transforma al mundo con la espada ni con las bombas ni con la metralla, lo transforma con el pensamiento si pone su pensamiento al servicio de la transformación del mundo. Ya vamos a ver que ésta es la tesis 11 de Marx y es la que justamente propone algo revolucionario para la filosofía que es no sólo pensar el mundo sino que también transformarlo. Descartes, que no se lo proponía, que sólo quería que lo dejaran pensar tranquilo y que le dieran el patrimonio de su ocio y sobre todo no pedía ningún empleo -porque los empleos le quitan tiempo al filósofo-. Quería usar su ocio para la libertad del pensamiento

Esto nos lleva a revisar la imagen del filósofo como un ser distraído, que anda por las nubes, no, todas esas son macanas. Los filósofos son los seres más atentos a la realidad que existen. Además los filósofos son aquellos pocos seres que todavía tienen tiempo para pensar el mundo porque hoy, por ejemplo, ya nadie tiene tiempo para pensar el mundo, las personas apenas si tienen tiempo para cumplir sus tareas cotidianas: levantarse, desayunar, trabajar, comer y dormir. El filósofo se hace tiempo todavía para pensar la realidad o sea que quizás el filósofo, a quien se lo tiene como el tipo que está voleado en medio de las ideas, sea el personaje que todavía puede pensar este mundo y descubrir todo tipo de aristas: sus aristas irritativas, sus aristas bellas, sus aristas injustas, sus aristas intolerables, sus aristas ignominiosas; marco éstas porque son la mayoría de las que constituyen nuestro mundo.

Hanna Arendt había propuesto una imagen del filósofo como el tipo distraído para justificar a Martín Heidegger que había sido el maestro y el amante de su juventud y había dicho que Heidegger había caído en el nacional socialismo como Tales o Anaximandro –no recuerdo exactamente, pero creo que fue Tales de Mileto- había caído en un pozo por mirar las estrellas. Bueno, es una torpe justificación de lo que le pasó a Heidegger. Él se hizo nacional socialista con total conciencia y lucidez, y los filósofos no andan mirando las estrellas ni se caen en los pozos. Cuando miran las estrellas lo hacen para tener una concepción del Universo y esa concepción del Universo los lleva siempre, inexorablemente, a tener una concepción de la vida y comprometerse con ella.

Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.

                              

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