sábado, 19 de enero de 2013

1891. Washington. La otra América (*)



José Martí lleva diez años viviendo en los Estados Unidos. Es mucho lo que admira en este país múltiple y vigoroso, donde nada nuevo da miedo; pero también denuncia, en sus artículos, las ambiciones imperiales de la joven nación, la elevación de la codicia a la categoría de derecho divino y el atroz racismo que extermina indios, humilla negros y desprecia latinos.

Al sur del río Bravo, dice Martí, hay otra América, nuestra América, tierra que balbucea, que no reconoce su completo rostro en el espejo europeo ni en el norteamericano. Es la patria hispanoamericana, dice, que reclama a Cuba para completarse con ella, mientras que en el norte la reclaman para devorarla. Los intereses de una y otra América no coinciden. ¿Conviene a Hispanoamérica –pregunta Martí- la unión política y económica con los Estados Unidos? Y contesta: Dos cóndores, o dos corderos, se unen sin tanto peligro como un cóndor y un cordero. El año pasado se celebró en Washington la primera conferencia panamericana y ahora asiste Martí, como delegado del Uruguay, a la continuación del diálogo. Quien dice unión económica dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve… El pueblo que quiere morir vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno… El pueblo que quiera ser libre, distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos…

Martí ha consagrado su vida a esa otra América: quiere resucitarla en todo lo que le mataron desde la conquista en adelante, y quiere revelarla y rebelarla, porque su escondida y traicionada identidad no será revelada mientras no se desate.

-          ¿Qué falta podrá echarme en cara mi gran madre América?

Hijo de europeos pero hijo de América, cubano patriota de la patria grande, Martí siente que corre por sus venas la sangre de los malheridos pueblos que nacieron de semillas de palma o de maíz y que llamaban a la Vía Láctea camino de las almas  y a la luna sol de noche o sol dormido. Por eso escribe, contestando a Sarmiento, enamorado de lo ajeno: No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.


(*) Eduardo Galeano, Memoria del fuego 2, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2010, pp. 285, 286.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...