miércoles, 20 de febrero de 2008

Todos los australes son Sur y su gente

Sobre tu cabeza

ha nacido un sol.

Sobre tu retazo

un siempre naciente.

Amor de cajón

tus besos urgentes.

Lo siempre es tu casa

y espacios prudentes.

Al canto: canción;

al beso: tu vientre.


En tu clavelina de verde poniente,

todos los australes son Sur y su gente.

Nada de que el mar besa traicionero.

Siempre en tu lugar de viejo velero.

Te amo desde acá, salto de mi agujero.


Miro y si mirarte fuera un pecado,

condenado estoy al infierno alado,

de tus rebeldías, todas inconclusas,

se figuran formas de bellas difusas.

Nada ha atravesado la docta armonía,

tus seguridades y tus lejanías,

te envuelven en llamas de tu sacristía.

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