"En medio de esta lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano." Rodolfo Walsh
martes, 6 de octubre de 2009
Mis ojos
¿qué haría sin mis ojos?
¿qué haría sin el sol y sin ti?
¿qué haría por las noches sino verte?
Me fui de a poco a tu espacio,
a tu laguna azul, a tu desprecio.
Me fui acostumbrando a tu inocencia,
y luego a tu cariño y tu tanga y tu todo.
Me fui viéndote volver a la mentira,
o tal vez, al sueño,
o tal vez al silencio.
Me fui queriéndote de veras,
por todo lo que hemos pasado,
y todo lo que pasaremos,
y, al final de cuentas, todo lo que fuimos.
¿qué haría sin el sol y sin ti?
¿qué haría por las noches sino verte?
Me fui de a poco a tu espacio,
a tu laguna azul, a tu desprecio.
Me fui acostumbrando a tu inocencia,
y luego a tu cariño y tu tanga y tu todo.
Me fui viéndote volver a la mentira,
o tal vez, al sueño,
o tal vez al silencio.
Me fui queriéndote de veras,
por todo lo que hemos pasado,
y todo lo que pasaremos,
y, al final de cuentas, todo lo que fuimos.
Mírame
Ven sabia sal
adivina qué cárcel lleva tu impronta
cómo condicionas a los que te condicionan
qué reja autoimpuesta te abarca
qué sacrificio se te hace trabajo voluntario
¿qué te espera?
Vuela
entrega la siembra
devuélvele el cielo
sé cien esperas
mírame.
adivina qué cárcel lleva tu impronta
cómo condicionas a los que te condicionan
qué reja autoimpuesta te abarca
qué sacrificio se te hace trabajo voluntario
¿qué te espera?
Vuela
entrega la siembra
devuélvele el cielo
sé cien esperas
mírame.
Mil veces libre sin policías
Otra ingenuidad
que consiste en dormir
plácidamente
cuando las luces invaden mi casa
y es otro yo el que escribe
me despoja de mi voluntad
y me acompaña.
Me ha sembrado de dudas en un primer momento
luego parece que todo se aclara
ha adoptado el código como lamento
se ha construido al margen del Sol.
Es compañía
eterno retorno
de todas las almas que en Tierra pululan
son tantos los tiempos que se juzgan
y tan poco tiempo
que te invito a pasar
hombre a la vista
a este encuentro frugal con tu conciencia
y desnudo de tanto siglo y siglo
no hay secreto real, ni mirada aterida,
no hay sabor a metal
ni dura algarabía
que impida que tú seas tú
mil veces libre sin policías.
que consiste en dormir
plácidamente
cuando las luces invaden mi casa
y es otro yo el que escribe
me despoja de mi voluntad
y me acompaña.
Me ha sembrado de dudas en un primer momento
luego parece que todo se aclara
ha adoptado el código como lamento
se ha construido al margen del Sol.
Es compañía
eterno retorno
de todas las almas que en Tierra pululan
son tantos los tiempos que se juzgan
y tan poco tiempo
que te invito a pasar
hombre a la vista
a este encuentro frugal con tu conciencia
y desnudo de tanto siglo y siglo
no hay secreto real, ni mirada aterida,
no hay sabor a metal
ni dura algarabía
que impida que tú seas tú
mil veces libre sin policías.
menos andar que acalambra
Envidia de campo santo
¿quién posee mi palabra?
se da en todos y en nada
lo que te digo se olvida
ha sido muerte encendida
la pasión de la ayahuasca
-más agua al repingado-
menos andar que acalambra.
Hermano sol si te canto
he de robar tus palabras
no es por mí que estoy penando
más bien por otros yo canto
al cielo que han señalado
no se llega caminando.
En sal esperan la vuelta
del santo de los templarios
han preparado una cena
y diez cantores invitaron;
dicen que será honroso
si uno es el convidado.
Hojas madres prepararon
de ésas que iluminan el llanto
las pusieron una a una
en camino se embalaron
le dieron parte del enfermo
al santo… no lo llamaron.
¿quién posee mi palabra?
se da en todos y en nada
lo que te digo se olvida
ha sido muerte encendida
la pasión de la ayahuasca
-más agua al repingado-
menos andar que acalambra.
Hermano sol si te canto
he de robar tus palabras
no es por mí que estoy penando
más bien por otros yo canto
al cielo que han señalado
no se llega caminando.
En sal esperan la vuelta
del santo de los templarios
han preparado una cena
y diez cantores invitaron;
dicen que será honroso
si uno es el convidado.
Hojas madres prepararon
de ésas que iluminan el llanto
las pusieron una a una
en camino se embalaron
le dieron parte del enfermo
al santo… no lo llamaron.
Melchor
Melchor Melchor
el hijo abocado atribulado
tributo justo oleaginoso
canción. subrepticio.
Melchor Melchor
ermita adulador
jaciloscópico tico lo propio
santo. miente velas.
el hijo abocado atribulado
tributo justo oleaginoso
canción. subrepticio.
Melchor Melchor
ermita adulador
jaciloscópico tico lo propio
santo. miente velas.
viernes, 2 de octubre de 2009
Me alejé a mí
Me alejé de los vicios
me alejé de los excesos
me alejé…
y caí en otros.
Otros matizados, como todo al principio,
sutil, infantil, titubeante,
pero exceso al final de cuentas…
Si por lo menos pudiera disfrutarlos como antaño.
Si no se hubieran convertido en una carga.
Tú sabes
tu cuerpo lo sabe y te lo recuerda
tu intimidad te sugiere
tu conciencia te señala.
“Es sólo hoy”
“La última vez”
“Mañana lo dejo”
“Me tomará menos tiempo”
Entonces tomo la lapicera una vez más y escribo:
Me alejé de los vicios…
Martí y Lavalle
Siempre es Martí el que vuelve a mi memoria. Y no sé, realmente no lo sé, tal vez por sonido; Latinoamérica es lo que mejor suena.
Latinoamérica y el Caribe. Será que tantas veces fuimos golpeados que, de puro aprender, una parte de este subcontinente ya es invencible. Esa parte vivirá, más allá del lector y el escribiente, con aires de infinito. Parece una burla del destino, un detalle feroz de la naturaleza, una afrenta a lo dado, esos reductos comunales que aún nos sobreviven. Allí se ve, todo tan tierra, los eternos parajes del desierto lavallino. Allí se ve todo -cuenta Gómez- y se alcanza el puesto con los ojos propios y el corazón ajeno.
Había explicado una y mil veces, con palabras que sólo ella entendía, eso que le pasaba a su campo. Ya sin agua por las inmensas compuertas, todo seco había quedado y hasta los caracoles, burlescos, habitaban al costado del camino. Se había retirado todo para aquel lugar, y los chivos y gallinas, matuchos algunos, bichos de esos pagos, se habían asentado a compartir la vida. El algarrobo, árbol de la vida, se hacía fuerte entre la indiada, dando algarroba para comer y convidar; patay para el camino y el espíritu.
Él recordaba su tierra más bien con pena. Veía en ella esa sublevación y ese cansancio propio de la falta de madurez. Observaba, a vuelo de pájaro, que todo lo seco provocaba muerte. Añoraba viejas épocas de lagunas y pájaros, añoraba la pesca y la canoa. Había sido otro tiempo aquel que se vivía.
Ellos vivían juntos, de igual modo, cada uno enamorado de lo que al otro le faltaba. Y no se extrañaban tanto, no se extrañaban mucho, ya que en ese campo lavallino siempre hay algo para hacer, algo para pensar, algo para recordar.
Latinoamérica y el Caribe. Será que tantas veces fuimos golpeados que, de puro aprender, una parte de este subcontinente ya es invencible. Esa parte vivirá, más allá del lector y el escribiente, con aires de infinito. Parece una burla del destino, un detalle feroz de la naturaleza, una afrenta a lo dado, esos reductos comunales que aún nos sobreviven. Allí se ve, todo tan tierra, los eternos parajes del desierto lavallino. Allí se ve todo -cuenta Gómez- y se alcanza el puesto con los ojos propios y el corazón ajeno.
Había explicado una y mil veces, con palabras que sólo ella entendía, eso que le pasaba a su campo. Ya sin agua por las inmensas compuertas, todo seco había quedado y hasta los caracoles, burlescos, habitaban al costado del camino. Se había retirado todo para aquel lugar, y los chivos y gallinas, matuchos algunos, bichos de esos pagos, se habían asentado a compartir la vida. El algarrobo, árbol de la vida, se hacía fuerte entre la indiada, dando algarroba para comer y convidar; patay para el camino y el espíritu.
Él recordaba su tierra más bien con pena. Veía en ella esa sublevación y ese cansancio propio de la falta de madurez. Observaba, a vuelo de pájaro, que todo lo seco provocaba muerte. Añoraba viejas épocas de lagunas y pájaros, añoraba la pesca y la canoa. Había sido otro tiempo aquel que se vivía.
Ellos vivían juntos, de igual modo, cada uno enamorado de lo que al otro le faltaba. Y no se extrañaban tanto, no se extrañaban mucho, ya que en ese campo lavallino siempre hay algo para hacer, algo para pensar, algo para recordar.
Manantiales
¿Por qué me niegas?
¿Por qué te alejas?
Si has hecho de mi piedra nueva
rodante del camino alado
me has hecho juglar salado
de los tibios secadales
me has hecho amor, manantiales,
me has mostrado mi quebranto.
¿Por qué me dejas al aire?
Es sol lo que en ti adolece
el viento nuevo anunciante
escuchas sí, pero en partes
te falta entregarlo todo
hombría, mar, manantiales.
Te falta salir pelado
del pozo de los anales.
¿Quién te espera?
Quién te acompaña traidor,
quién escucha tu quebranto,
quién le da alas al llanto,
quién escoge tu aparcía,
quién ha vuelto en sintonía,
de corazones en mano.
Te falta mucho que andar
y al andar ir caminando.
Luna azul
Se había echo la Luna azul. Había demostrado que siendo llena podía generar tanta energía como quisiera. Se estaba haciendo presente en el firmamento y en la historia. Decía que su soplido podía cambiar el curso de los ríos, renovar la savia de los árboles y hacer caminar a todo un mundo. Podía soplar tan fuerte que no había molinos que soportaran su ímpetu. Podía darle a los hombres y las mujeres un espejo en donde mirarse y reconocerse. Era una exigencia de esa época, momento de reconocimiento de plegarias y oscuridades.
Las sombras se hacían presentes. Pero se hacían presentes porque existía la luz. La luminosidad generaba las sombras. La luna llena es la salvadora de la época del Katún. Como toda salvadora sólo reconoce y marca ‘falencias’ o ‘procesos de aprendizaje’ que deben ser recorridos por los seres vivos de este planeta. Todo el camino es un camino de amor en el reconocer. Volver a conocer lo existente, existencia que ha cambiado y que vive en sí misma.
Las sombras se hacían presentes. Pero se hacían presentes porque existía la luz. La luminosidad generaba las sombras. La luna llena es la salvadora de la época del Katún. Como toda salvadora sólo reconoce y marca ‘falencias’ o ‘procesos de aprendizaje’ que deben ser recorridos por los seres vivos de este planeta. Todo el camino es un camino de amor en el reconocer. Volver a conocer lo existente, existencia que ha cambiado y que vive en sí misma.
La vida y la muerte
Toda la vida había esperado la explicación de la muerte,
y ella, la muerte, supina, apareció sin apuro,
seca en su semblante, muda en su voz,
sólo tomó aquello que le correspondía y se fue.
Nada pudo saber sobre sus misterios.
Nada pudo averiguar sobre la vida que divisó en sus ojos.
y ella, la muerte, supina, apareció sin apuro,
seca en su semblante, muda en su voz,
sólo tomó aquello que le correspondía y se fue.
Nada pudo saber sobre sus misterios.
Nada pudo averiguar sobre la vida que divisó en sus ojos.
domingo, 27 de septiembre de 2009
La tierra se hace hombre
En donde los relojes se abren,
desnudan el tiempo en la guarida,
se abre la canción,
es fatal,
se describe la muerte de tantas formas,
con tanta gracia y placer…
pero se hace seguido y pronto,
¿qué placer encuentras en la carne?
¿cuánta sangre vale tu silencio?
Tanto amor de madre hay en el mundo,
he visto caricias, palmadas, abrazos,
he visto a toda muerte caricia,
a todas las hadas bajar a tu lado,
he visto tanta y ¡tanta! dignidad en el monte
un sin fin de números tapados, o sea, hermanos,
hermanas, un vendaval de palabras bellas;
yo he visto a la nada juntar lo poco y hacerlo cielo…
he visto al sufrimiento silenciado en boca ajena,
morder los labios, cruzar la palabra aliento;
pero es tan rebelde la dignidad absoluta,
tan llena de fuerza ancestral,
¡tan campesina mierda!,
digamos lo que es: la tierra se hace hombre.
desnudan el tiempo en la guarida,
se abre la canción,
es fatal,
se describe la muerte de tantas formas,
con tanta gracia y placer…
pero se hace seguido y pronto,
¿qué placer encuentras en la carne?
¿cuánta sangre vale tu silencio?
Tanto amor de madre hay en el mundo,
he visto caricias, palmadas, abrazos,
he visto a toda muerte caricia,
a todas las hadas bajar a tu lado,
he visto tanta y ¡tanta! dignidad en el monte
un sin fin de números tapados, o sea, hermanos,
hermanas, un vendaval de palabras bellas;
yo he visto a la nada juntar lo poco y hacerlo cielo…
he visto al sufrimiento silenciado en boca ajena,
morder los labios, cruzar la palabra aliento;
pero es tan rebelde la dignidad absoluta,
tan llena de fuerza ancestral,
¡tan campesina mierda!,
digamos lo que es: la tierra se hace hombre.
La malinche
La malinche se reconoció mito y se echó a volar. Todos los hombres la maldijeron sin ver la empresa que su corazón había realizado. Se cubrió de estrellas el cielo y toda la galaxia y sus alrededores se vistieron de fiesta. Se había conocido al hijo del nuevo cielo. El mimbre era un móvil utilizado como espíritu colectivo y material sagrado. Era la nueva vida la que empezaba.
La entelequia
Se posa sobre mí el ave primera
la que vio a Dios hacer el mundo
se ha hecho de estaño y de madera
la estructura que guarda la paciencia
se escribe con letra muerta tu condena
se hace con mala escuela la promesa
se ha posicionado dios y santo /el proxeneta/
Estriba en el límite del polvo
el hombre creador
la suerte esquiva
la madre del progenitor primero
la carta arrepentida del marino
el llanto simulado del camino
el que se hace de olvidos
el que se esconde del vidrio
el indomable.
la que vio a Dios hacer el mundo
se ha hecho de estaño y de madera
la estructura que guarda la paciencia
se escribe con letra muerta tu condena
se hace con mala escuela la promesa
se ha posicionado dios y santo /el proxeneta/
Estriba en el límite del polvo
el hombre creador
la suerte esquiva
la madre del progenitor primero
la carta arrepentida del marino
el llanto simulado del camino
el que se hace de olvidos
el que se esconde del vidrio
el indomable.
La elección ya es una injusticia
El método es la cárcel en donde los hombres valientes mueren. Tu voluntad, aún la más sana, es la cárcel de tu hermano. La elección ya es una injusticia. El movimiento es inobservancia. Está todo vendido al mejor postor. Por eso tus límites son tus cadenas y adonde vayas las llevarás. Tu techo es el espanto y la cadencia tu juego. Tu mirada sola es propia de los tiempos solos.
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