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jueves, 6 de marzo de 2014

Una lucha contra la hegemonía creciente del agronegocio - por François Houtart









Del 10 al 14 de febrero se reunieron en Brasilia 15.000 campesinos para celebrar 30 años de lucha. El lema era: Una Reforma agraria popular.

1.            El contexto
 
De hecho, la situación es intolerable: en 2010, 175 millones de ha improductivas (por especulación) y casi 4 millones de familias campesinas sin tierra; una constitución inaplicada y una ley agraria casi sin efecto; 2013 ha sido el peor año: 100 unidades repartidas y 5.000 familias reubicadas, cuando cerca de 100,000 esperan en campamentos del MST una asignación de tierras[1].
 
No se trata solamente de una lucha contra los latifundistas tradicionales, sino también contra las transnacionales del agronegocio (30 millones de ha compradas en los 20 últimos años) y el capital financiero. Desde los 90, el modelo se transformó en agro-exportador, basado sobre monocultivos. En los últimos 20 años, la producción de alimentos disminuyó de 20 a 35 %, cuando la caña de azúcar aumentaba de 122 % (para el etanol) y el precio de los alimentos subió; el Mato Groso, gran productor de soja transgénica, importa el 90 % de la alimentación de otros estados; 6 millones de personas fueron desplazadas (700,000 en el estado de São Paulo); se utiliza la mayor proporción mundial de tóxicos (5 kg por habitante); en 2013 se importaron 16 millones de toneladas de fertilizantes; en el mismo año se exportaron 18 millones de toneladas de maíz a los EEUU (para el etanol). Entre 2003 y 2010, las grandes propiedades pasaron de 95 a 127,000 y su superficie de 182 millones a 265 millones de ha.
 
No hubo en Brasil una reforma agraria “clásica”, promovida por la burguesía industrial (como en Corea del Sur, p.ej.) por el origen externo del capital. Se pasó directamente del latifundio al agronegocio exportador con superexplotación de los campesinos. Los efectos (externalidades) se traducen en la destrucción ambiental (especialmente la Amazonia), la supresión de empleos y la migración rural. Esta “modernización conservadora” se realiza bajo el liderazgo de un grupo de 450,000 empresas que poseen 300 millones de ha y controlan la producción de commodities, frente a 4,2 millones de obreros rurales, 4,8 millones de pequeños campesinos (produciendo 70 % de la alimentación) y 3,8 millones sin tierras. Cuando 15,000 campesinos cantan la Internacional en el gimnasio de Brasilia, esto significa que la lucha de clases no es un concepto obsoleto.
 
Las reformas de Lula permitieron a millones de pobres salir de la miseria. Pueden comer gracias a los subsidios del Estado. El Gobierno PT de Dilma, en coalición con partidos conservadores, sufre las presiones de los “ruralistas” con alto poder político y apoyo de los media. El agronegocio prevalece en la política agraria. En estas circunstancias ¿cómo definir una estrategia? Es el desafío del MST.
 
2.            Las estrategias
 
La estrategia del MST se adaptó en función del contexto socioeconómico del país y de su coyuntura política. Desde su fundación, en 1984, el movimiento se fijó como objetivo una nueva repartición de las tierras. La estrategia consistió en preparar grupos de campesinos sin tierra para ocupar propiedades vacías de grandes terratenientes. Se les reunía en asentamientos, viviendo bajo tiendas de plástico, organizados por grupos de 12 familias, administrando colectivamente servicios comunes, las escuelas primarias y los centros de salud. La solidaridad nacional e internacional los ayudaba. Esta situación podía durar meses. En el momento adecuado, tomaban posesión de las tierras, para organizar la producción agrícola en cooperativas y construir sus casas.
 
El origen cristiano de varios de los líderes influyó la orientación del movimiento, como lo recordó en el Congreso una religiosa francesa cercana del MST desde su inicio. La Comisión de la Pastoral de la Tierra de la Conferencia Episcopal acompañó sus luchas. Sin embargo, el MST siempre afirmó su autonomía. Con la introducción del capitalismo agrario, su análisis en términos de clases se profundizó y el aporte del pensamiento marxista fue importante en la formación de los líderes.
 
Durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, el modelo neoliberal se profundizó. Cuando el MST recibió el premio Rey Balduino[2] en 2001, el gobierno acusó a Bélgica de financiar un movimiento terrorista. El príncipe Felipe (actual Rey), que tenía que presidir una misión económica en Brasil, fue declarado persona non grata. El MST apoyó la constitución del PT que, en 2002, permitió la elección de Lula. La lucha contra el hambre desembocó en políticas sociales de ayuda (menos de 5 % de la renta nacional), pero no en una transformación de las estructuras sociales del campo. Al contrario, el modelo agro-exportador se acentuó con el aumento del capital externo, el desarrollo de multinacionales brasileñas y la expansión del capital financiero (en 8 años, el pago de los intereses de la deuda interna a los bancos fue de 320,000 millones de USD aproximadamente). Lula realizó el “consenso brasileño” gracias a esta política.
 
Con Dilma (2010), el modelo agro-exportador se reforzó. Leyes laborales y ambientales más favorables a la “agricultura moderna” fueron votadas y la reforma agraria casi bloqueada. Se siguieron los pagos de la deuda externa. Durante tres años la Presidenta no recibió el MST, que en la víspera del Congreso, envió una carta con 10 propuestas. La presidenta acordó una audiencia, donde dos de las propuestas fueron aceptadas: una aceleración de programas existentes de establecimiento familiar sobre tierras recuperadas (para 36,000 de los 100,000 en espera) y de formación técnica. La decepción fue evidente. En un momento donde varios indicadores económicos manifiestan la fragilidad del modelo brasileño y, por ende, del consenso social, eso podría significar un peligro político para el gobierno.
 
3.            El futuro de las luchas
 
Para el MST, está claro que no se trata solamente trasformar la situación agraria. Frente a 24 millones de jóvenes sin empleo, a 14 millones de trabajadores analfabetos, a la degradación rápida de la naturaleza, es una lucha contra un modelo que ha llegado a sus límites. No basta cambiar las reglas. Es una lucha de clases, que no puede contentarse con eliminar la pobreza, sino la desigualdad; y que en el campo no se limita a una reforma agraria clásica, sino que incluye el fin de los monopolios de las semillas, la reconstrucción de la biodiversidad, la regulación del agua y la reforestación. Desde el exterior, el capital internacional domina el modelo agroexportador y la explotación minera; en el interior, la burguesía controla el banco central y el aparato judicial. Es por ante esto que se necesita una alianza entre todas las fuerzas para actuar contra la hegemonía del capital.
 
Al principio, el MST tenía bastante esperanza en la acción política del PT. Sin embargo, la decepción fue cada día más grande, y no solamente porque el partido ha tenido que gobernar en alianzas. El apoyo crítico se transformó en ataques frontales. El movimiento se encontraba en una situación ambigua: por una parte, no existía alternativas políticas inmediatas y por otra parte, la mayoría de sus miembros apoyaban a Lula y a Dilma, en función de los programas de lucha contra la pobreza. El MST decidió aprovechar todos los espacios de acción, fuera o dentro del gobierno, y afirmó su autonomía en el campo político.
 
Se preparó un programa detallado. En su núcleo, una agricultura ecológica y familiar, con la democratización de la tierra, nuevas matrices tecnológicas, soberanía de las semillas y relaciones con la industria. Luego, una racionalización del uso de los recursos naturales, del agua, de la energía, de las infraestructuras. Después, creación de condiciones dignas de trabajo y de vida y desarrollos educacionales y culturales a diferentes niveles. Finalmente, cambios de la estructura del estado y en particular de los organismos para la agricultura. Semejante programa no es socialista (se prevé, por ejemplo, una compensación financiera para las tierras expropiadas) porque, dice el MST, las condiciones de tal pasaje no existen todavía y se debe preparar con más tiempo.
 
Desde un punto de vista práctico, eso significa retomar las ocupaciones de tierras, como se hizo desde junio de 2013, a pesar de la preparación de una ley, calificando de terrorismo el cierre de carreteras y de calles.[3] Un segundo elemento es la presión sobre el Gobierno, para obtener medidas concretas y cambios institucionales. De ahí, la carta a la presidenta Dilma y sus 10 puntos concretizando el programa. La alianza con otras fuerzas de resistencia constituye el tercer aspecto de la estrategia, no solamente con los otros movimientos campesinos y con los sindicatos obreros, sino también con las nuevas protestas urbanas. Finalmente, la formación de los miembros y de los líderes es el último pilar de la estrategia del futuro.
 
- François Houtart es Profesor en el Instituto de Altos Estudios Nacionales de Quito (Ecuador).


[1] Las cifras del artículo provienen de: El Programa del MST, septiembre 2013.
[2] Premio bisanual para iniciativas de desarrollo en el Sur.
[3] En previsión a la copa del mundo.
 
 
Tomado de aquí
 
 
 
 
 
 

sábado, 1 de febrero de 2014

Opiniones desde Brasil: ¿dos miradas diferentes? "Imagen positiva" para el PT y 30 años de luchas del MST


 Se terminó el ciclo del PT?
Emir Sader


La cantaleta regresa a cada elección en Brasil.  En 2006, ni era necesario, porque el ciclo del PT en el gobierno habría sido interrumpido ya en sus inicios, si se cumplían las previsiones de la oposición que recurrió a una campaña mediática de denuncias de corrupción en contra del PT y a la asfixia de recursos para el gobierno desde el Congreso.  Lula no lograría reelegirse, la izquierda brasileña sería derrotada por décadas.
Pero no contaban con la astucia del gobierno de Lula, que ya podía contabilizar los resultados de su política que priorizaba lo social, y pudo así derrotar de nuevo a la oposición en 2006.  En 2010, aquellos que teorizaban que el éxito del gobierno se debía al carisma de Lula, pronosticaban que éste no lograría elegir a su sucesora.
La elección de Dilma permitió demostrar que el esquema del gobierno iba más allá del “lulismo”, manteniendo e intensificando el modelo económico-social heredado de Lula.  En estas elecciones el desaliento de parte de los candidatos de la oposición llama a un supuesto “fin del ciclo del PT”, al que también apresuradamente apelaron los críticos de fuera de Brasil durante las manifestaciones de junio del 2013.  Esto es lo que alienta a la oposición a tener alguna esperanza para impedir la victoria del PT por cuarta vez consecutiva, la que aparenta ser la más fácil de todas.
El coro neoliberal en la mídia dice que el modelo de crecimiento económico inducido por el consumo y por la distribución de la renta, se habría agotado.  Recurre al terrorismo para que la tasa de interés siga subiendo, argumentando un supuesto descontrol inflacionario.  Propone el abandono del modelo económico y el retorno a la centralidad del ajuste fiscal, que llevó a Brasil a una profunda y prolongada recesión que el gobierno de Cardoso dejó como herencia a Lula.
Los brasileños conocen lo que es un “fin de ciclo”, con el corto ciclo del PSDB de Cardoso, a pesar de sus amenazas de que se mantendría por 20 años en el poder. En aquel momento estaba claro que el modelo económico neoliberal de Cardoso se había agotado.  Cuando logró reelegirse en 2008, vino otra crisis, que condujo al gobierno a elevar la tasa de interés al 49%, en un intento desesperado por frenar la fuga de capitales.  Pero no impidió la recesión, que solo fue superada en el gobierno Lula.
El apoyo al gobierno de Cardoso bajó a su nivel mínimo, él no logro elegir a su sucesor y posteriormente su partido solo conoció derrotas electorales.  Su partido no tiene nada que proponer hoy, salvo el retorno del mismo equipo económico que en la década de los 90 condujo el país al atolladero por tres ocasiones, en medio de la profundización de la desigualdad y la exclusión social.  En estas elecciones, el PSDB corre el riesgo de, además de ver a Dilma reelegirse en primera vuelta, llegar en tercer lugar, colocando al partido en una crisis terminal.  El final del gobierno de Cardoso si representó el fin de un ciclo.
Dilma mantiene un alto respaldo popular, es la favorita para relegirse este año, los índices sociales son todavía mejores que los de Lula, cuando la economía crecía mas, Lula sigue siendo el líder político más grande de Brasil, el PT tiene buenas posibilidades de hacer su mejor elección, también para gobernadores estaduales y para el Parlamento.
Los problemas que el gobierno de Dilma enfrenta solo pueden ser superados no abandonando el modelo que ha permitido al país crecer y distribuir renta, simultáneamente, como nunca antes en su historia, sino profundizando este modelo que permita quebrar el poder del capital especulativo, dar un rol todavía más activo del Estado en la economía, y  extender  y profundizar las políticas sociales.  Y no por su abandono, y el retorno de paquetes de ajuste prometidos por los candidatos de oposición, con las duras consecuencias que los brasileños conocen.
No hay fin de ciclo del PT en Brasil.  Dilma y Lula tienen la popularidad que le faltó a Cardoso.  El país no ha entrado en recesión, como con el PSDB, con la exclusión social que ha caracterizado al gobierno de Cardoso.  La mayoría de la población claramente prefiere la continuidad del gobierno del PT a las propuestas regresivas de la oposición.  Brasil se prepara para su segunda década de gobiernos posneoliberales.
- Emir Sader, sociólogo y cientista político brasileño, es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas da Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).
Tomado de aquí

30 años del MST y el odio de los medios de comunicación
Altamiro Borges

La semana pasada, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, MST, celebró 30 años de lucha.  Los medios de comunicación "privados" -en los dos sentidos de la palabra- simplemente omitieron este importante acontecimiento histórico.  Algunos periódicos, como el oligárquico Estadão, que nació vendiendo anuncios de trabajo esclavo en el siglo pasado y siempre ha sido un enemigo acérrimo de las movilizaciones sociales, incluso publicó un editorial con sus viejos ataques contra el MST.  Los medios impresos alternativos, con sus escasos recursos -el gobierno prefiere colocar sus anuncios en los medios de comunicación de los grandes agricultores - destacaron la larga y exitosa trayectoria de este movimiento social y plantearon con seriedad sus retos a futuro.
Vale destacar la entrevista a João Pedro Stédile realizada por los periodistas Igor Carvalho y Glauco Faria, de la Revista Fórum Digital.  Los autores señalan que hay varias razones para celebrar el aniversario.  "Con presencia en 23 estados además del Distrito Federal, y más de 900 asentamientos que albergan a 150 mil familias, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra cumplió 30 años en esta semana.  Creado en enero de 1984, en un encuentro nacional que reunió a 80 trabajadores del campo en Cascavel (Paraná), el movimiento realizó a lo largo de su historia más de 2500 ocupaciones, creo 2000 escuelas en los asentamientos y entre otros logros se destaca el acceso al crédito para la producción."
En la entrevista, el miembro de la coordinación nacional del MST da una visión general del movimiento y señala los retos a futuro de la lucha por la reforma agraria en Brasil.  João Pedro Stédile afirma que es necesario actualizar esta bandera de lucha, como resultado de los cambios en el campo, en los últimos años.  "El capital está adoptando un modelo de explotación de la agricultura llamado agronegocio.  En este modelo, hay una nueva alianza entre las clases dominantes, que agrupa a los grandes propietarios de tierras, empresas transnacionales y medios de comunicación burgueses.  Ellos utilizan todos sus instrumentos, como el Poder Judicial y el Congreso, para defender su propuesta, desmoralizar la reforma agraria y toda la lucha social en el campo".
"Hubo un cambio, en los últimos años, en nuestro programa agrario y creamos lo que llamamos la propuesta de reforma agraria popular.  En el período anterior, dominado por el capital industrial, existía la posibilidad de una reforma agraria de tipo clásico, que representaba la democratización de la propiedad de la tierra e integrar a los campesinos en el proceso.  Pero ahora, la economía mundial está dirigida por el capital financiero e internacional.  En el campo, este modelo implementó el  agronegocio, que excluye y expulsa a los campesinos y la mano de obra del campo.  Ahora, no sólo basta con distribuir la tierra, porque el proceso en curso es de concentración de la propiedad de la tierra y la desnacionalización".
Stédile también critica el ritmo actual de las expropiaciones de la tierra.  "En el gobierno de Dilma, este proceso está totalmente paralizado, como resultado de una correlación de fuerzas más adversas, por la base social y política que conforman el gobierno, y una impresionante incompetencia operativa de los sectores que constituyen el gobierno".  Para él, la lucha por la tierra pasa hoy, más que nunca, por profundos cambios políticos en el país.  Él aboga por la urgencia de la reforma política, el fin del financiamiento privado de las campañas electorales y el fin del monopolio de los medios de comunicación.  Sin superar esos obstáculos, entre otros, la reforma agraria no avanzará en el país.
La próxima semana, más de 15 mil líderes sin tierra se reunirán en Brasilia en un congreso que definirá los pasos a seguir en la lucha por la reforma agraria y el cambio político en el país.  Los medios de comunicación "privados", que hasta ahora tiene un silencio casi absoluto por los 30 años del MST, hasta podrían informar sobre el encuentro.  Pero tienden a seguir la línea reaccionaria del editorial del Estadão publicado el pasado martes (21).  Para el periódico, que no oculta sus vínculos con los grandes agricultores, el movimiento "se enfrenta a una grave crisis de identidad" y tiende a desaparecer.  El editorial elogia el agronegocio, "la gallina de los huevos de oro de la economía nacional", y condena el "sesgo ideológico", socialista del MST.
En la práctica, el texto confirma la tesis de Stédile, de que la reforma agraria en el país sólo avanzará con el fin del latifundio en los medios de comunicación. (Traducción ALAI)
- Altamiro Borges, periodista brasileño, es Presidente del Centro de Estudos da Mídia Barão de Itararé
Tomado de aquí

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