jueves, 19 de enero de 2012

La Aventura del Pensamiento: Aristóteles. Con Fernando Savater


Aristóteles nació en el 384 a.C. en Estagira en lo que entonces era Macedonia. Fue discípulo de Platón y preceptor de Alejandro Magno. Entendió al hombre como un animal racional y político. Y creyó firmemente que solo lo individual, lo particular es real.


¿Cómo están amigos? Bienvenidos. Hoy vamos a hablar de la única figura de talla semejante a la de Platón que hay en la historia de la filosofía: Aristóteles.

Aristóteles fue discípulo de Platón del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates, pero se alejó en parte muy sustancial de la doctrina de su maestro. En una ocasión cuentan que dijo “soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”, por eso tenía que romper y separarse de la obra de su maestro. Alguien ha comentado que todos los hombres somos platónicos o aristotélicos. Platón es la doctrina de las ideas, es la búsqueda de un mundo en el que los universales eternos, inmortales, etc. se conservan y proyectan su influjo conceptual sobre el mundo de la materia. En cambio Aristóteles es un realista, Aristóteles no cree en otro mundo ideal sino que cree que los conceptos –las llamadas ideas- están realmente en nuestro mundo. Es decir, lo que existe son individuos, cosas, objetos y a partir de esos individuos y objetos, buscando sus semejanzas, nuestra cabeza, nuestra mente, es la que busca el concepto y la que crea el concepto. El concepto no está en otro lugar ideal sino que está en nuestra capacidad de pensar sobre la diversidad del mundo. Vemos cosas diferentes, cosas distintas y las agrupamos de acuerdo a clases en un concepto, pero ese concepto es una producción nuestra, es una proyección de nuestra capacidad intelectual.

El hombre es un animal racional y político. Para Aristóteles, los dos rasgos son fundamentales. Nos distinguimos por la razón porque somos capaces de pensar y reflexionar sobre lo que hacemos y, sobre todo, de asombrarnos, que es el comienzo de la filosofía. El principio de la filosofía es el asombro ante el mundo, el preguntarnos por qué. Y luego somos animales políticos, es decir, tenemos que vivir en la polis, tenemos que vivir en comunidad con los demás. No hay seres humanos que puedan vivir solos porque todos tenemos lenguaje, somos seres simbólicos, y por lo tanto un ser que tiene un lenguaje que él no ha inventado necesita de los otros seres para compartir ese mundo de símbolos con ellos.


Aristóteles nació en Estagira en el año 384 a.C. y murió en Calsis, en el año 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte Macedonia. Durante 20 años fue discípulo de Platón en la famosa Academia de Atenas. Mientras Platón vivió fue fiel a sus enseñanzas. Luego desarrolló su propia filosofía en abierta disidencia respecto del platonismo. 

En el año 343 a.C. Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro. Cuando Alejandro ascendió al trono Macedonio, Aristóteles volvió a Atenas y fundó una escuela alquilando un terreno junto al santuario dedicado a Apolo Liceo. De ahí tomó su nombre la escuela aristotélica: el Liceo. Allí Aristóteles se dedicó a investigar y enseñar Lógica, Física, Biología, Ética, Política y otras disciplinas. Además fundó, con la ayuda económica de Alejandro, una gran biblioteca y un curioso zoológico. En el terreno arrendado había un jardín con senderos. A Aristóteles le gustaba pasear por este lugar mientras daba sus clases de la mañana, dedicada a los discípulos más avanzados.

Como en griego “paseo” o “lugar de paseo” se dice “peripatos”, los asistentes a esas clases fueron llamados “peripatéticos”. Los apuntes correspondientes a las clases que impartía Aristóteles por la mañana son lo que se ha llamado “Escritos esotéricos”, y son los que conservamos. De los otros llamados “Exotéricos” sólo nos han llegado unos pocos fragmentos. 

Al morir Alejandro de Macedonia en el 323 a.C., Aristóteles abandonó Atenas dejando en la conducción de su Liceo a su discípulo Teofrasto y se instaló en Calsis donde residió hasta su muerte. Sólo una parte de la obra aristotélica ha llegado hasta nosotros. Los escritos conservados ocupaban antiguamente 106 rollos de papiro. Pero la producción escrita total, según el catálogo alejandrino, llenaba unos 550 rollos. Lo que conocemos de su obra atestigua su enorme capacidad de asombro y deseo de saber. Su interés se desplegó rigurosamente por los más diversos ámbitos. Pero hay que advertir que los escritos que se conservan son en su mayor parte manuscritos o apuntes de clases, ello explica su estilo pedagógico y a menudo árido. Sabemos que también escribió diálogos cuya fuerza y claridad fueron elogiados pero que se han perdido.

Según Cicerón, los diálogos aristotélicos –hoy extraviados- eran un río de oro por su elocuencia y su lenguaje elegante y preciso. También compuso himnos y poemas de los que sólo se conservan fragmentos. Aristóteles acometió la primera sistematización o clasificación de las ciencias en la Antigüedad. Dividió el pensar discursivo en 3 clases: estarían las ciencias productivas, las ciencias prácticas y las ciencias teóricas. Las ciencias productivas apuntan a la producción de objetos bellos y útiles. Las ciencias prácticas se ocupan de la acción humana y ahí encontramos a la Ética y a la Política. Y las ciencias teóricas son las que se ocupan del conocimiento por el conocimiento mismo. En esas ciencias teóricas Aristóteles ubica a la Física, a la Matemática y a la filosofía primera que luego se dio en llamar Metafísica. 


En cuanto a la Lógica -Aristóteles que fue su gran organizador- no la considera específicamente una ciencia sino más bien una preparación para las ciencias, un instrumento, un órganon, que servía para conocer las formas válidas y las formas inválidas de pensamiento. La filosofía aristotélica se opuso a la enseñanza platónica por entender que ésta, con su teoría de las ideas, duplicaba innecesariamente los entes, ya que explicaba los entes reales por otros ideales. Y que además la noción de una participación de las cosas particulares en las ideas era poco satisfactoria. 

Para Aristóteles, las ideas son entidades ficticias, sólo existen los individuos. Los individuos son las sustancias que sostienen todos los atributos que predicamos de ellos. Y las ideas universales no son más que abstracciones que el entendimiento realiza a partir de los individuos. Tanto Platón como Aristóteles creen que hay algo como la esencia de las cosas. Platón lo llama “idea” o “eidos”. Aristóteles lo llama a veces “forma”, a veces “género”, a veces “esencia” o –en griego- “ousía”. Los dos apuntan a “eso” universal y creen que la filosofía tiene que apuntar a eso. Pero la diferencia es que Platón pone esa esencia en un plano trascendente y Aristóteles la ubica en un plano inmanente. Lo universal está así en lo particular. Esta concepción de lo individual y particular se refleja en el profundo interés aristotélico por el conocimiento empírico de la naturaleza.


A Platón no le interesaba especialmente una reflexión empírica sobre la naturaleza. En uno de sus diálogos Sócrates hace explícita profesión de este desinterés diciendo que lo que le interesa son las ciudades, los hombres y que no le interesa saber cómo está hecho el Universo, la materia, todo aquello que le había interesado a los presocráticos antes de llegar Sócrates y Platón al mundo de la filosofía. Aristóteles es un científico –es lo que llamaríamos nosotros hoy un científico, igualmente él no distingue entre lo que nosotros llamamos ciencia y filosofía porque para él todo es un continuo de conocimiento, todo es un continuo de reflexión sobre la realidad-. Pero él es un científico, es decir él estudia a los animales y estudia las partes de los animales, estudia botánica, era médico –o el equivalente a un médico de profesión- es decir, él es un empirista. Y estudia desde un punto de vista de la observación y de los experimentos al alcance de su época pero a la vez es un gran teorizador. La obra de Aristóteles es una especie de monumental enciclopedia de todos los saberes de su época. Todavía los saberes no se habían separado. Es decir la física, la psicología –es decir la teoría del alma, de la psique-, la política y una cosa misteriosa que no tenía nombre que él llama ciencia, conocimiento (pero el organizador de la obra de Aristóteles, Teofrasto, su seguidor, en el Liceo que es la institución intelectual que fundó Aristóteles; Teofrasto cuando organiza la obra de Aristóteles coge unos cuantos libros y los pone después de la Física y los llama Meta tafisicá, “los que vienen después de la Física”. La palabra metafísica es lo que viene después de la Física, lo que para nosotros tiene también un sonido importante respecto a la condición misma de la metafísica).

Pues para Aristóteles, el gran científico, el gran investigador, todo es realidad. Lo físico, lo psicológico, lo político y lo metafísico. Él intentó abarcar todos esos mundos porque todos están conectados, todos están conectados con la misma inquietud humana de asombrarse ante lo real, de buscar una explicación, de definir, de precisar, de convertir en concepto al mundo para habitarlo mejor.


Según Aristóteles nuestros conocimientos primero parten de los sentidos, de la experiencia y una vez que los hemos captado en nuestro conocimiento sensible, nuestra inteligencia puede realizar una tarea de abstracción siempre desde esos datos sensibles. Puesto que el pensamiento de Aristóteles partía de la observación su primer problema fue el del cambio. El pensamiento anterior había opuesto el cambio al ser. En cambio Aristóteles acuñó la visión del ser en potencia que no es un “no ser” ni tampoco un ser pleno, lo que en la terminología aristotélica se denomina “ser en acto”.

Esta noción le permitió explicar el cambio como un paso del ser en potencia al ser en acto. La semilla se transforma y da lugar al árbol porque la semilla es ya el árbol pero sólo en potencia y, con el tiempo, si las circunstancias le son propicias, va actualizándose. Para explicar el cambio a que todas las cosas del mundo están sometidas hay que pensar que en cada caso hay algo que cambia. Aristóteles llamó “ousía” a ese “algo”. La palabra griega ousía designaba el verdadero valor de una propiedad puesta en garantía en una transacción comercial. La ousía de un terreno era lo que ese terreno auténticamente valía, lo que objetivamente representaba, su realidad.

La palabra fue traducida luego por los romanos como “substantia” es decir lo que está por debajo, lo que sostiene. Lo sostenido por la substancia, explica Aristóteles en su Metafísica, son los accidentes. Una silla puede ser más vieja o más nueva, más clara o más oscura, pero seguirá siendo lo que es. 


Además de la Metafísica, Aristóteles aporta una ciencia digamos, un área de conocimiento nuevo que es la ética. Ética es a la vez el ethos, el carácter y también la costumbre. La palabra ética juega con ese equivalente que en la lengua griega solamente una letra distingue a carácter de costumbre. Aristóteles se pregunta cuál es la finalidad que debe buscar el ser humano en el mundo. Todo lo que hacemos es instrumental, sirve para conseguir tal o cual fin. Pero después de todos esos fines qué hay. Más allá de todos esos fines parciales, en nuestra vida qué es lo que podemos llegar a aspirar. Aristóteles dice la felicidad. La felicidad es lo que los seres humanos buscamos. Y la ética no es ni mucho menos -lo que después ha llegado a ser a partir de visiones penitenciarias- una búsqueda del deber, de la obligación del sacrificio, no. Para Aristóteles la ética es una reflexión sobre la acción humana en busca de la libertad. Y, para ello, lo que dice Aristóteles es que tenemos que intentar desarrollar las virtudes, es decir los hábitos que nos dan fuerzas, que nos ayudan a vivir mejor. Porque no olvidemos que la palabra virtud –una palabra latina- viene de “vir”, la fuerza viril, la excelencia, incluso la fuerza del guerrero. De modo que la virtud es lo que nos da fuerza frente a la debilidad que es el vicio, la virtud es lo que aumenta nuestra fuerza y por lo tanto nuestra capacidad de alcanzar nuestra felicidad.

¿Dónde situar las virtudes? Evidentemente hay que situarlas, piensa Aristóteles, en el mundo de la acción humana. En la acción humana tan malo es ir demasiado lejos como no hacer lo suficiente. Tan malo es ser tan valiente que nos convertimos en temerarios y morimos en la primera de las empresas que acometemos, como ser cobarde y pusilánime y no atreverse a hacer lo que debe ser hecho. Por lo tanto Aristóteles cree que las virtudes están en una especie de justo término medio entre el exceso y el defecto en un área determinada de acción. ¿Cómo podemos aprender cuál es ese término medio? Para Aristóteles no se basa exclusivamente en una definición de tipo teórico, tenemos que verlo en la práctica puesto que la ética tiene que relacionarse con la práctica, tenemos que buscar el modelo de nuestras acciones en la práctica. Hay que fijarse en los excelentes, en los magníficos, es decir, cuando yo me pregunto qué es verdaderamente el coraje, debo pensar a quién quisiera yo tener a mi lado en un momento de peligro. Esa persona en la que pienso es la que me puede indicar qué es el coraje porque esa persona será un valiente. 

Si yo pienso: ¿qué es la generosidad? ¿A quién recurriría yo si estuviera en un apuro, si necesitara alguien que me apoyase, que me acompañase, que me prestara dinero, lo que fuese? Esa persona en la que pienso es el generoso. Él es el que puede enseñarme en qué consiste la generosidad. Es decir, la reflexión sobre la acción y la virtud no es meramente teórica sino que busca modelos en la vida práctica.


No se trata de ver en qué consiste la virtud al estilo socrático-platónico de preguntar qué es la virtud en sí, sino encontrar la manera de hacernos virtuosos. Y para ello, además del buen ejemplo, es muy importante el hábito, la práctica. Porque la formación del carácter, el ethos, se realiza a partir del hábito. La ética aristotélica es una ciencia de la prudencia y de la convivencia que muestra el carácter eminentemente práctico del filósofo. Para Aristóteles, la política es el prototipo de toda capacidad humana ya que su objetivo es la vida feliz y digna de los ciudadanos. 

La finalidad del Estado es la promoción de la virtud y la felicidad de los ciudadanos. En este sentido, la política es la continuación y culminación de la ética. La política es la ciencia del bien más deseable y de los medios para obtenerlo. Ese bien más deseable es la vida noble y feliz. 

Los sofistas predicaban que los principios de la vida social son meramente convencionales y contrarios a la naturaleza. Aristóteles sostuvo en cambio que el hombre es, por su propia naturaleza, un animal político destinado a vivir con otros hombres en el ámbito de la polis. Los sofistas afirmaban también que el Estado surge artificialmente de un contrato que restringe la libertad de cada uno en defensa de sus intereses mutuos. Aristóteles mostró que nadie es libre ni plenamente humano fuera de la comunidad política y que ella no se organiza no sólo en torno de necesidades comunes sino también por objetivos compartidos entre sus integrantes.  

Todos estos temas fueron redactados de forma provisional y fragmentaria por Aristóteles en 8 capítulos que fueron revisados y ajustados una y otra vez por el filósofo hasta que finalmente los agrupó en un tratado conocido con el nombre de “Política”. Este carácter práctico también se refleja en su Física que explica el movimiento mediante su teoría de las 4 causas y sus nociones de acto y potencia. 

Según Aristóteles la realidad es un organismo profundamente dinámico. Todo lo que hay está en movimiento y debe ser comprendido desde su causa eficiente que es el origen, desde su causa material que es aquello de lo que está hecho, desde su causa formal que es su valoración y distinción y desde su causa final que es el fin hacia el que tiende.
Todo proceso natural es, pues, comprensible para el hombre que tenga la suficiente paciencia de preguntarse ordenadamente por su causa. A la vez todo tiene –como dijimos antes- potencialidades que van actualizándose tal como la semilla que es ya árbol potencialmente, pero que debe ir haciéndose paulatinamente árbol en acto. Y así el Universo se presenta como un espectáculo en el que optimistamente todo va siendo lo que debe ser. 

Además, debe haber algo que sea un primer motor no movido. Eso sería para Aristóteles Dios. Dios como acto puro, primer motor que mueve sin distancia a todo lo demás. Plenitud sin carencia alguna. Aristóteles lo definía como vida feliz y perfecta, goce infinito, pensar que se piensa a sí mismo. El hombre puede tener sólo un atisbo de esa plenitud gozosa en la medida en que participar de la inteligencia contemplativa.


Como ocurre en el caso de Platón, es imposible exagerar la influencia que Aristóteles ha tenido en los siglos posteriores. Literalmente podemos decir que intelectualmente vivimos de él porque además aportó una serie de instrumentos mentales que seguimos utilizando. Cuando hablamos de sustancia, de accidente, de potencia, de acto, cuando hablamos de mecanismos lógicos y repasamos los silogismos, las conclusiones que se sacan de unas premisas, todo eso nos lo ha brindado Aristóteles. Una extraordinaria caja de herramientas mentales que seguimos utilizando, que primero se dieron en su discurso en griego, después se tradujo al latín, después a cada una de nuestras lenguas y hoy manejamos esos términos como si fuera algo dado, como si fueran términos comunes cuando todos ellos aparecen en la obra de Aristóteles. Porque además Aristóteles tenía el genio de la definición, era capaz de brindar definiciones precisas y montar y desmontar las piezas del gran rompecabezas mental pasando del análisis –es decir la separación de las piezas- a la síntesis –la reconstrucción de los diversos elementos de un razonamiento, de un planteamiento discursivo, etc.

Por supuesto, todavía todo eso sigue vigente. Inevitablemente han cambiado muchas cosas. La lógica ya no es meramente la lógica aristotélica como lo fue durante siglos y siglos, sino que hoy ya tenemos otro tipo de lógica, lógicas más formales basadas en principios diferentes, pero la base lógica todavía, lo que entendemos por razonamiento lógico –los profanos- es y deriva de lo que planteó Aristóteles.

La ciencia ha avanzado enormemente y ni la astronomía ni la física responden a lo que planteó este filósofo, pero el vocabulario, los temas, las intuiciones aristotélicas yo creo que todavía siguen vigentes. Una prueba de hasta qué punto él podía ser un científico minucioso y exacto: en uno de sus muchos libros, evidentemente hay errores como en los de cualquiera, él dice que hay unos peces que hacen nidos. Durante mucho tiempo esto se consideró uno de sus errores que incluso un genio como Aristóteles podía cometer. Y recientemente, a comienzos del siglo XX, en unas pequeñas islas en el mar de las Jonias, se encontró un tipo de pez que era desconocido y que efectivamente hacía con su boca unos nidos semejantes a los que describía Aristóteles. De modo que hasta ese punto todavía Aristóteles puede dar una sorpresa. 

En el campo conceptual, ese magisterio continúa hasta hoy intacto.

Bueno, hasta aquí hemos llegado hoy, hemos repasado esta obra fundamental de la filosofía. El próximo día continuaremos un paso más, un filósofo más, sobre esta discusión reflexiva sobre el pensamiento occidental.  



Podés descargar este capítulo de aquí.




           

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