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viernes, 1 de agosto de 2014

¿Argentina en default? - por Julio C. Gambina

Llegó el día D en materia de deuda y conflicto con los buitres y la Justicia de EEUU, y se discute si Argentina entró en default o no, y qué consecuencias tiene ello para la sociedad.
Argentina había depositado a fines de junio 539 millones de dólares en el Banco Mellon de Nueva York. El destino era acreditar esos fondos en las cuentas individuales de los bonistas de la legislación estadounidense ingresados a los canjes 2005 y 2010. Con el depósito se manifestaba la voluntad de pago del gobierno.
Los dineros siguen en el Banco, por ahora sin acreditarlos a los bonistas, ni reintegrarlos a la Argentina, y ni siquiera embargados por la Justicia para cancelar deuda con los buitres según la sentencia de Griesa.
No se trata de desconocer la sentencia de Griesa, como algunos creen. El gobierno teme a la cláusula RUFO, que vence a fin del 2014 y señala que si hay mejor oferta a bonistas no ingresados al canje, los demás tendrán derecho a esas mismas condiciones de oferta.
En el gobierno se estima un costo entre 120.000 a 500.000 millones de dólares si prosperara la demanda del 92,4% de tenedores de títulos ingresados a los canjes del 2005 y 2010.
Por eso, el Ministro Kicillof solo ofrece idénticas condiciones de pago a los buitres en las negociaciones con el mediador designado por el Juez.
Obviamente, los buitres, con una sentencia judicial en firme que indica pago del 100% y al contado presionan para hacerla efectiva y rechazan la oferta de la Argentina.
En el medio y tal como trascendió, la banca privada que actúa en la Argentina ofreció depositar una garantía de pago, o comprar la totalidad de los bonos de la sentencia Griesa, para facilitar la liberación de los fondos acreditados en el Mellon. Hablaron de una acción patriótica, aunque está ligada a sus propias tenencias de bonos y a la valorización de sus acciones en el mercado de capitales. Tienen intereses concretos en que no se empaste la situación económica del país.
Queda claro que cada cual atiende su juego.
El Juez se ampara en el aval de su sentencia, la confirmación en la Cámara de Apelaciones y en la Corte Suprema de EEUU.
Los buitres en la sentencia y la posibilidad de lograr su objetivo de cobrar todo con ganancias superlativas.
Los bancos privados intentando morigerar el impacto del descalce del país con el sistema mundial por el default selectivo ya declarado por impresentables consultoras al servicio de la especulación y la usura del sistema financiero global.
El gobierno intentando llegar a fin de año para superar la RUFO y arreglar, aun con mayores costos el pago a los buitres.

Especulación financiera y nueva arquitectura

Los buitres son la carroña del sistema financiero, es verdad, pero amparadas en normas de funcionamiento del orden capitalista contemporáneo que estimula y alienta la desenfrenada especulación.
Es más, los Estados del capitalismo desarrollado no escatiman esfuerzos económicos para sostener un sistema infectado de operaciones tóxicas, como se las denominó en 2007.
Entre comienzos del 2012 a fines del 2013, la FED emitió mensualmente 85.000 millones de dólares para sostener la crisis de los bancos y empresas y desde comienzos del 2014 viene bajando todos los meses la emisión a los 25.000 millones actuales.
La cifra era gigantesca y lo sigue siendo. Es una emisión monetaria que alimenta la inflación en todo el mundo, pues la dominación global de EEUU le permite exportar el efecto monetario de una expansión sin respaldo.
Por todo ello el tema de fondo es la necesidad de una Nueva Arquitectura Financiera.
¿Es posible avanzar en ese sentido en el orden capitalista?
Parece que no, ya que las propuestas en ese sentido no prosperaron. Es una de las razones que explican la proliferación de una nueva institucionalidad de carácter regional.
La más reciente es el Banco de los BRICS y su Fondo para contingencias de los países miembros. Es el camino ensayado y no culminado del Banco del Sur y otras iniciativas que adornan documentos de cumbres presidenciales múltiples en la región, e incluso sostenidas en la Comisión de Finanzas de la UNASUR.
El problema radica en la subsistencia del orden global, al que se subordina la  nueva institucionalidad, que solo intenta ocupar un lugar en el orden capitalista sin denunciarlo, y menos, confrontarlo.





sábado, 7 de junio de 2014

A propósito del G-77 + China


El G77 surge en 1964, para coordinar en el seno de la ONU y en sus diferentes instancias la actividad e iniciativa de 77 países subdesarrollados, atrasados o dependientes; países del Sur del Mundo. Con el tiempo la adhesión llegó a 133 miembros aunque se mantiene el nombre genérico adoptado en el comienzo. Desde entonces transcurrieron 50 años y el mundo cambió sustancialmente, especialmente en aspectos económicos y políticos. Los años 60´ y los 70´ constituyen el momento más elevado de la articulación de propuestas e iniciativas del Sur del mundo, inclusive con la sanción en 1974 por la ONU de la Carta de los Deberes y Derechos de las Naciones, más conocida como Nuevo Orden Económico Mundial. Carta a la que se opusieron muy pocos países capitalistas desarrollados, los del Norte, con EEUU a la cabeza. Se consolidaba allí el punto más alto de la ofensiva del Sur para contrarrestar el poder de los países del Norte, que lanzaron en simultáneo la contraofensiva reaccionaria del Neoliberalismo con el golpe de Estado en Chile (1973) y que vía Terrorismo de Estado se extendió desde Sudamérica al mundo, cuando Thatcher y Reagan lo establecieron en sus respectivos países, en Inglaterra en 1979 y en EEUU en 1980, para luego instalar el neoliberalismo en escala global hasta nuestros días con la crisis mundial del capitalismo y el ajuste europeo de las políticas de austeridad.

Los años 60 y 70, primeros momentos del G77 fueron importantes en la prédica por la lucha anticolonial, antiimperialista, anticapitalista y por un nuevo orden mundial. Fueron años de avance de la articulación del SUR, con cambios políticos muy importantes en Asia, África y América Latina. La ofensiva del capital en los 80 modificó sustancialmente el escenario y debilitó la respuesta desde el Sur, con algunos países que intentaron soluciones autónomas desde sus posiciones relativas de “fortaleza”, especialmente de quienes sustentaban cierta ventaja asociada a las tenencias de petróleo. La crisis de la deuda en los 80 es resultado directo de la especulación y triangulación del excedente generado por el alza de los precios del petróleo y muchos países del Sur fueron víctimas de la crisis del endeudamiento externo, condicionando su desarrollo futuro, en algunos casos hasta el presente.

La ilusión del desarrollo capitalista en el Sur llevó a debilitar el movimiento de países del Sur y algunos se integraron al bloque del Norte, casos de México y Chile incorporados a la OCDE. La ilusión del desarrollo se agigantó con la caída del muro de Berlín (1989) y la desarticulación de la URSS (1991), especialmente con las concepciones de “fin de la historia” y su consecuente triunfo del capitalismo en el este de Europa. La ilusión del desarrollo capitalista se instaló en varios países y debilitó la articulación anticolonial, antiimperialista y anticapitalista, que era hegemónica en los 60´ y 70´. En los 80´ y 90´ se habilita la ilusión del desarrollo capitalista, agigantado con la concepción de países “emergentes”, calificativo que surge para expresar a los territorios en capacidad de ofrecer alta rentabilidad al capital con límites a su rentabilidad en el Norte, especialmente con la crisis estallada en 2007/08. La ilusión del desarrollo capitalista se generalizó en contraposición de la perspectiva de liberación al inicio del G77.

Nuevas expectativas por el cambio y sede boliviana

A comienzos del Siglo XXI emergen nuevamente expectativas de cambio político, especialmente en América Latina, con resistencias populares extendidas que suponen nuevas experiencias de gobiernos que critican el modelo neoliberal hegemónico hasta entonces y avanzan en nuevos procesos, algunos incluso de carácter anticolonial, anticapitalista y antiimperialista. El cónclave de Santa Cruz será ocasión ideal para mostrar los logros del gobierno plurinacional de Bolivia, como ejemplo visible de los cambios operados en Nuestramérica.

Entre otras experiencias regionales, sobresalen los cambios constitucionales que recogen el ideario del “vivir bien” o el “buen vivir”, caso de Bolivia o Ecuador; la participación popular en la gestión política, recogida por las constituciones de Venezuela, Bolivia o Ecuador; los derechos de la naturaleza y la pacha mama reconocidos en los textos constitucionales; la demanda por una nueva arquitectura financiera que surge desde la UNASUR y el ALBA-TCP, y como ella la perspectiva de una integración alternativa al modelo de integración subordinada que sostenía el ALCA o la difusión de TLC o Tratados bilaterales en defensa de la inversión. Esas experiencias de integración favorecen el surgimiento de la CELAC, que excluye deliberadamente a EEUU y a Canadá. El ALBA-TCP, es quizá el instituto de integración más avanzado, que incluye articulación energética, financiera y comercial con pagos en monedas locales, el SUCRE.

En el presente la ofensiva del Norte agiganta las desigualdades entre Norte y Sur del mundo. Pero también la ilusión del desarrollo capitalista en el Sur agiganta las diferencias entre algunos países del Sur, receptores de inversiones externas y una gran parte del Sur que profundiza su atraso y subdesarrollo si no intenta una lógica alternativa al desarrollo, que es parte de la experiencia que Bolivia y otros países sustentan, por ejemplo, en el programa de seguridad con soberanía alimentaria; de soberanía energética expresada en las nacionalizaciones de los hidrocarburos del 2006 y el proceso de autonomía e independencia que permite en Bolivia que su pueblo “coma más y mejor” tal como lo expresan documentos del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural.

El Sur del mundo necesita independizar su crecimiento y desarrollo de la demanda mundial de tierras y recursos naturales provenientes del Norte, y pretender un desarrollo autónomo, independiente, en la búsqueda de la cooperación Sur – Sur, retomando el espíritu originario del G77 y aprendiendo de medio siglo de nuestra historia. Se necesita promover una mayor articulación del Sur en defensa del medio ambiente, para un desarrollo en armonía con la naturaleza, en defensa de los bienes comunes, tal como concluyó la Cumbre Popular de la Tierra que sesionó en Cochabamba, Bolivia, en abril del 2009. Es importante sumar y comprometer a todos los países del G77+China en este propósito, alejando la ilusión del desarrollo capitalista y desafiarnos a pensar un mundo anticolonial, anticapitalista y antiimperialista, por el socialismo. Es la ocasión para pensar la agenda post 2015, más allá de los Objetivos del Milenio, que el capitalismo hegemónico impide su realización y materialización. La experiencia del ALBA-TCP indica que es posible otra experiencia de cooperación Sur – Sur y necesitamos habilitar una agenda para los próximos 50 años que asuma el programa de la liberación social y la articulación soberana en materia de alimentos, energía o la finanzas.

En estos cincuenta años, el Grupo de los 77, más allá de valoraciones específicas de países o grupo de países en su seno, se ha convertido en un actor importante en las relaciones económicas internacionales, y en un iniciador principal de ideas, conceptos e iniciativas relacionadas con el desarrollo y la cooperación internacional. Es la ocasión para que desde Bolivia surjan nuevos ejes y propuestas para la liberación nacional y social desde una perspectiva integradora desde el Sur, para una cooperación internacional articulada desde nuestro Sur.

Las reuniones previas marcan el camino hacia acuerdos posibles que interesa potenciar, tal como la importancia de elaborar una agenda de desarrollo post-2015 que satisfaga a los países del G77+China; la erradicación de la pobreza, como el mayor desafío que enfrenta el mundo hoy; la cuestión del endeudamiento de los países más empobrecidos; la situación del empleo y los ingresos populares; el cuidado del  medio ambiente y la materialización de las resoluciones abordadas en las cumbres oficiales y populares, caso de Río+20 y otras; la situación especial de las mujeres y los niños.

Especial atención merece la Agenda de Desarrollo Post-2015, para abordar los desafíos que enfrentan los países en desarrollo, como el acceso universal a los servicios modernos de energía; garantizar la seguridad alimentaria con soberanía, y la nutrición; el empleo pleno, productivo y el trabajo digno para todas y todos, con puestos de trabajo cualificados y la formación; la situación de la agricultura familiar y comunitaria en un marco de desarrollo rural para satisfacer necesidades populares, junto a la creación de capacidad productiva rural y promoviendo ciudades sostenibles y asentamientos urbanos con desarrollo de infraestructura suficiente y adecuada para el hábitat popular y la armonía con la Naturaleza.

Se trata de pensar en un programa que aúne las aspiraciones del Sur, en momentos de crisis del capitalismo para relanzar con más fuerza el proyecto imaginado hace 50 años por el G77, pero en las nuevas condiciones de luchas emancipadoras de los pueblos del Sur del mundo.

Crisis alimentaria, Soberanía y agenda post 2015

Al momento de asumir la presidencia del G77+China, Evo Morales señaló 10 tareas fundamentales para un nuevo mundo. Entre ellas, señaló el propósito de “Erradicar el hambre de los países del sur con soberanía alimentaria”. Vale destacar la cuestión de la “soberanía alimentaria” propuesta por el titular del gobierno boliviano, ya que en general, en la terminología usual se alude a la “seguridad alimentaria”.

La seguridad alimentaria parte de una concepción de resolución del problema desde arriba, en general a cargo del Estado y sin cuestionar el modelo productivo del agro negocio que hoy impera en el sistema mundial. El concepto apela a las políticas públicas para asegurar alimentación a la población, sin cuestionar el modo de producción ni los principales beneficiarios del modelo, por caso las trasnacionales de la alimentación o la biotecnología. Mientras que la soberanía alimentaria es producto de la lucha de los pueblos, los trabajadores, los campesinos, los indígenas. Es una categoría creada por el movimiento popular campesino a fines del siglo XX, cuando la Vía Campesina despliega su lucha contra la incorporación de la Agricultura en las negociaciones de la OMC. No sólo significa que los pueblos deciden qué comer, sino cómo se produce y quién lo produce. También implica la lucha por la tierra (reforma agraria popular), el agua, o las semillas.

Privilegiar la “soberanía alimentaria” no niega en la coyuntura resolver la “seguridad alimentaria”. La soberanía alimentaria se asocia al Vivir Bien, es una cosmovisión de carácter civilizatorio, mientras que la seguridad alimentaria puede favorecer el vivir mejor (propio del orden capitalista). Por eso creemos que la discusión debería centrarse en el tema de la soberanía alimentaria (sin descuidar la seguridad que, como dijimos, también es importante), sobre todo hoy cuando lo que existe es la destrucción del campo en el ámbito mundial y la imposición de un determinado patrón de consumo que tiene consecuencias serias en materia sanitaria.

Es un eje central asegurar en el ámbito nacional, regional e internacional, la seguridad alimentaria con soberanía y el desarrollo agrícola familiar y comunitario como parte integrante de la agenda internacional de desarrollo. Ello supone una financiación sostenida y una mayor inversión dirigida a aumentar la producción mundial de alimentos. Vale destacar en este sentido  la importancia del Año Internacional de la Quinua en 2013. La biodiversidad de la quinua y el valor nutricional hacen que sea esencial para la seguridad alimentaria y la nutrición y para la erradicación de la pobreza, así como por la promoción de los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas de los Andes, lo que contribuye a la consecución de la seguridad alimentaria con soberanía, la nutrición y la erradicación de la pobreza. Se trata de profundizar la sensibilización sobre la producción de Quinua de su contribución al desarrollo social, económico y ambiental, y para compartir las buenas prácticas en la ejecución de las actividades del año, tal como se indica en el plan maestro de actividades para el Año, titulado "Un futuro sembrado hace miles de años", como parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

El G77+China necesita enfatizar en las múltiples y complejas causas de la crisis alimentaria que se producen en las diferentes regiones del mundo, afectando a los países en desarrollo, especialmente aquellos que son importadores netos de alimentos, y sus consecuencias para la seguridad alimentaria con soberanía y la nutrición, que requieren una respuesta global y coordinada en el corto, mediano y largo plazo de los gobiernos nacionales y la comunidad internacional. Las causas profundas de la inseguridad alimentaria y la ausencia de soberanía alimentaria hay que fundamentarlas en la pobreza y la inequidad. En definitiva, los precios internacionales de los alimentos son establecidos en mercados mundiales influidos por la especulación y el carácter dominante de las corporaciones transnacionales de los principales países capitalistas del Norte desarrollado. Esos mercados dominados por los monopolios transnacionales son los responsables de la volatilidad de los precios de los alimentos y representan un serio desafío a la lucha contra la pobreza y el hambre y para los esfuerzos de países en desarrollo para lograr la seguridad alimentaria con soberanía y la nutrición.

La seguridad alimentaria con soberanía y la nutrición son dimensiones esenciales del desarrollo sostenible. Los países en desarrollo son vulnerables a los impactos adversos del cambio climático que amenaza aún más la seguridad de los alimentos. El logro de la seguridad alimentaria y el cambio hacia una agricultura sostenible, incluyendo el aumento de la producción de alimentos y la inversión agrícola, el aumento de la capacidad productiva y la mejora de la gestión agrícola y el desarrollo y el apoyo a la agricultura familiar y los pequeños propietarios agrícolas en países en desarrollo, son temas cruciales a sostener desde el G77+China. Al remitir a la Agricultura, se la entiende en sentido ampliado, incluyendo la producción agropecuaria, la pesca y la silvicultura, en tanto un sector de mucha importancia en muchos países en desarrollo y fundamental para la supervivencia de millones de personas. Es preocupante la situación de países que se han convertido en importadores netos de alimentos producto de las prácticas de liberalización de la economía que afectaron producciones locales, especialmente de alimentos.

Un problema lo constituyen los subsidios agrícolas y otras distorsiones al comercio de los países desarrollados, que han perjudicado gravemente el sector agrícola en los países en desarrollo, y limita la capacidad de este sector clave para contribuir significativamente a la erradicación de la pobreza, el desarrollo rural y sostenible, sostenido, inclusivo y equitativo del crecimiento económico. Eliminación de esas subvenciones es una parte fundamental de los esfuerzos mundiales para promover la agricultura, el desarrollo rural y la erradicación de la pobreza y el hambre. Es preocupante en ese sentido el acceso al mercado para los países en desarrollo, de los productos agrícolas en sentido amplio.

En fin, desde Bolivia y con la experiencia del cambio político regional, el G77+China puede retomar el camino originario por la emancipación de los pueblos contra la dominación imperialista que surge de la articulación de las transnacionales, los principales estados del capitalismo mundial y las organizaciones multilaterales del sistema mundial capitalista.

La Paz, 30 de abril de 2014


Tomado de aquí



miércoles, 19 de marzo de 2014

Argentina busca "normalizar" su inserción mundial - por Julio C. Gambina

 
Creo que estas son preguntas necesarias y fundamentales para el momento actual de nuestras economía-política: "¿Por qué quedar prisionero de la inversión externa y reproducir el modelo productivo extractivo para la exportación o el desarrollo fabril de armaduría dependiente de insumos externos, también para la inserción exportadora? ¿Puede construirse otro modelo productivo en el agro y en la industria? ¿Es posible modificar el patrón de consumo estimulado por la producción monopolista actual?" 
 
 
Luego de idas y vueltas se confirmó que el Club de París habilita la discusión para cancelar deuda pública impaga por unos 9.000 millones de dólares desde fines de mayo próximo. 
 
Vale recordar que la puntada inicial fue dada a comienzos de año, por el Ministro de Economía que acercó en enero una propuesta de pago en viaje relámpago a París. 
 
El paquete de “negociación” incluye que el FMI revise las cuentas de la Argentina. 
 
Todo indica que se está en caminos de “normalización” de la inserción internacional de la Argentina con el sistema mundial del capitalismo. El Club de París incluye a las principales potencias del capitalismo y a los organismos internacionales. 
 
Lo curioso del caso es que se trata de una deuda mayoritariamente asumida en tiempos de la dictadura genocida y que por lo tanto, bien podría catalogarse de “odiosa”. 
 
Muchos cuestionan la posibilidad de auditar la deuda por las sucesivas renovaciones realizadas en tiempos constitucionales, de hecho, cada turno presidencial desde 1983 renegoció y convalidó deudas. Ocurrió con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner y con Fernández. 
 
Si bien el argumento de la imposibilidad de auditar toda la deuda es discutible, no hay duda que esta parte de las acreencias es pasible de ser denunciada, claro que si se la investiga con procesos de auditorías contables, incluso de carácter internacional siguiendo el ejemplo del antecedente ecuatoriano.
 
El Club, Repsol y el CIADI...
 
No existen dudas que el gobierno argentino busca re-establecer lazos de inserción con el mundo capitalista, lo que supone terminar el proceso de cesación de pagos iniciado en diciembre del 2001, para lo que resta culminar el arreglo con el Club de París y con el 7% de los tenedores de títulos que no ingresaron a los canjes de deuda del 2005 y sus reaperturas del 2010 y 2013, algunos de los cuales se procesan en conflictivos juicios en EEUU. Entre ambos conceptos puede alcanzarse un valor de 15.000 millones de dólares.
 
Pero también, Argentina empezó a reconocer los fallos del CIADI sumando nuevas deudas a soportar por las finanzas públicas. Insistimos en que Argentina es el país con mayores demandas ante este ámbito del Banco Mundial, del cual ya se retiraron Bolivia, Ecuador y Venezuela y que Brasil jamás suscribió. Los procesos en curso ante el CIADI constituyen una hipoteca difícil de estimar para las finanzas públicas argentinas.
 
En ese camino de “normalización” es que se justifica el acuerdo propuesto a Repsol, que esta semana defendió el gobierno ante el Senado, para cancelar la deuda por la expropiación parcial de YPF. El pago será en bonos con valor nominal por 6.000 millones de dólares, con vencimientos sucesivos hasta el año 2033 y que pueden valorizarse y costar al fisco en todo el periodo de circulación unos 11.000 millones de dólares.
 
Es evidente que esta danza de millones de dólares por deudas viejas o nuevas, odiosas o reales, que bien vendría investigar y auditar, incluso favoreciendo los procesos legales en curso en la justicia de nuestro país, tienen como sentido “normalizar” la inserción de Argentina en el capitalismo mundial.
 
¿Para qué? La explicación alude a las restricciones externas, o sea, al ingreso de capitales foráneos para el funcionamiento del orden capitalista local, o si se quiere al saldo positivo del ingreso y salida de capitales. 
 
En el 2013 se aceleró la pérdida de divisas, la llamada fuga de capitales, ejemplificada en la caída de más de 12.000 millones de dólares de reservas internacionales. La fuga no significa necesariamente una situación delictiva, sino opciones de búsqueda de rentabilidad de las inversiones de capital en el exterior. Es lo que argumentó Repsol para explicar la remisión de utilidades al exterior por 13.000 millones de dólares en una década. Fueron fondos relocalizados para inversiones en diversos territorios, especialmente en África.
 
La fuga de capitales viene de larga data, aceleradas desde el 2011 y que intentó frenarse con la devaluación de enero pasado, algo que cuesta asumir como política deliberada en ámbitos gubernamentales. Un interrogante de la coyuntura remite a si se frenó el drenaje de divisas, si se puede revertir la situación y por lo tanto si se puede considerar estable la paridad cambiaria o requerirá nuevas adecuaciones en el corto o mediano plazo de este mismo año.
 
Se argumenta que el país necesita ampliar sus inversiones para mejorar la productividad y con ella el ciclo virtuoso de la producción, es decir el consumo y la inversión. Pura lógica de funcionamiento del orden capitalista, que requiere de inversores con disposición a valorizar sus capitales, o sea a producir plusvalor y obtener ganancias como resultados.
 
El problema son los límites a la inversión, situación clara respecto de la inversión pública, que sostuvo en estos años la tasa general de inversión y hace evidente la escasa disposición a invertir del capital local, algo que se explicita en los discursos oficiales que sugieren con recurrencia a los empresarios que inviertan en la ampliación de la producción local, con escasísimo resultado.
 
Por todo ello es que la intencionalidad gubernamental pasa por atraer inversores del exterior, en el camino que sugiere la asociación entre YPF y Chevron. Pero también habilitar el camino de obtención de nueva deuda, lo cual requiere terminar con la cesación de pagos como exigencia del sistema financiero mundial.
 
¿Es posible transitar otro camino, otra política económica?
 
No se trata de una pregunta retórica. La respuesta dividió aguas políticas en el movimiento popular que resistió las políticas menemistas (1991/1999) y las de la Alianza (1999/2001), y antes la de la dictadura (1976/1983). 
 
Una porción del movimiento popular y del pensamiento crítico de los 70´ y los 90´ considera que las políticas de la última década (2003/2013) son el límite de lo posible y acreditan como éxito la disminución de los indicadores sociales tales como se manifestaban en la crisis del 2001. Algunos de ellos se animan a suscitar la necesidad de relanzar un imaginario de nueva ronda de reformas que pueda entusiasmar y contribuir a constituir sujetos políticos y sociales que sostengan un proyecto político para la transformación. 
 
El límite que se les presenta a unos y a otros es el propio orden capitalista, bajo políticas ortodoxas o de austeridad, (como en Europa u otros países que en nuestra región sustentan políticas de libre comercio); o neo-desarrollistas, (sea EEUU y su intervencionismo estatal, tanto como países con políticas críticas al neoliberalismo en América Latina). La heterodoxia argentina choca también con el capitalismo real, que exige condiciones para sostener un ciclo de inversiones que asegure rentabilidad adecuada al tiempo histórico de crisis capitalista. Es la alta rentabilidad ofrecida lo que hizo emergentes a China, India o Brasil, ante las bajas rentabilidades ofrecidas en el capitalismo desarrollado, con tasas de interés tendiendo a cero. Se puede escamotear el índice de precios ante cierto punto, tal como ocurrió entre 2007 y 2013, pero no se puede hacer eternamente. 
 
La lógica del mercado capitalista solo acepta un determinado nivel de intervención estatal, especialmente si existe organización y lucha social desplegada en las calles. Por eso, las desmovilizaciones masivas de la sociedad son funcionales a la demanda de “normalización” capitalista, y al mismo tiempo, convoca a sostener la capacidad de movilización, de resistencia y de demanda por mejoras sociales de los sectores más perjudicados en el orden económico.
 
Podríamos recordar a Hugo Chávez cuando señaló a fines del 2004 que no debían esperarse soluciones para los pueblos del mundo bajo la lógica del orden capitalista, que recordemos, se somete a la lógica de la ganancia y la acumulación. De ahí surge la convocatoria a pensar nuevamente el socialismo en el Siglo XXI. Se legitima así el pensamiento crítico anti capitalista y se habilita a discutir un nuevo orden de relaciones sociales en la economía, retomando la agenda sustentada en el Manifiesto Comunista para el Siglo XIX y más fundada en El Capital.
 
Es cierto que ante este debate, muchos acusan a la propuesta de utópica, ante los límites concretos para afirmar y desarrollar el anticapitalismo como propuesta a construir en la sociedad actual, sea en Venezuela o en cualquier país. Conspiran las experiencias fallidas (URSS y Europa del Este) y aquellas en curso, entre ellas la cubana, que tiene el límite del criminal bloqueo estadounidense y una situación de época mediada por la ofensiva capitalista desplegada desde la crisis de mediados de los 70´. La articulación integrada de un bloque socialista está limitado desde la desaparición de la URSS y el bloque soviético, e incluso las articulaciones con pretensión alternativa, el “tercer mundo”, atraviesa por los límites de sus diferentes posiciones en la situación actual, donde el imaginario cambio si se es “emergente” o receptor de inversiones externas, o si se está en situación de extrema vulnerabilidad, como ocurre en la periferia del sur del mundo.
 
Este es el marco de la discusión en nuestro país, en la región y en el mundo, que puede condenarnos al límite de lo posible o abordar el camino de la crítica de la realidad, por muy dura que esta sea, es decir, la crítica del capitalismo, lo que exige ir más allá y proponer un rumbo alternativo. Es el camino de Cuba y el que esbozan propuestas que aun requieren de mayores contenidos y sobre todo de una densidad social consciente suficiente para disputar sentido común en el movimiento popular y en la sociedad.
 
¿Por qué quedar prisionero de la inversión externa y reproducir el modelo productivo extractivo para la exportación o el desarrollo fabril de armaduría dependiente de insumos externos, también para la inserción exportadora? ¿Puede construirse otro modelo productivo en el agro y en la industria? ¿Es posible modificar el patrón de consumo estimulado por la producción monopolista actual? 
 
Se puede contestar a esos interrogantes por la afirmativa, pero requiere de un profundo debate sobre el diagnóstico de situación de la coyuntura para pensar más allá del capitalismo, límite de lo posible para una parte del activismo social y político. Un activismo contenido en un imaginario de reformas que la transnacionalización apenas permite bajo ciertas circunstancias históricas, aquellas que generó a sociedad argentina movilizada a fines del ciclo regresivo de los 90´.
 
Cuando me interrogan sobre las medidas concretas acudo a la extensa programática difundida por el movimiento obrero, campesino, de mujeres, en defensa del medio ambiente o la relación metabólica adecuada entre los seres humanos y la naturaleza, o la armonía entre la producción humana con la naturaleza, e incluso sectores de pequeños y medianos productores y empresarios, de cooperativas y el movimiento de autogestión; a los que sumo la demanda por la des-mercantilización de la educación, la salud, la vivienda, la transporte, la energía. Son todas propuestas a asumir socialmente para disputar políticamente el orden capitalista y construir el otro orden posible, el socialismo.
 
Claro que no es sencillo, pero es lo que muchos nos proponemos ante una realidad que bajo la lógica de lo posible termina promoviendo la concentración y centralización del capital para la valorización y la explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza.
 

Buenos Aires, 15 de marzo de 2014
 
 
Tomado de aquí
 
 
 
 

miércoles, 9 de octubre de 2013

El mayor deudor del mundo - por Julio C. Gambina

 
 
El gobierno de EEUU está en problemas. Empezó el mes de octubre y su año fiscal sin presupuesto aprobado, lo que supuso mandar a sus casas, con vacaciones anticipadas a 800.000 trabajadores estatales. Aunque se decidió pagar esos salarios, la incertidumbre de la interna política en el poder gubernamental de EEUU se traslada a los trabajadores y su familia.
 
La discusión es por unos 40.000 millones de dólares de un presupuesto que reitera por cuatro años consecutivos un déficit fiscal de 1,5 billones de dólares, lo que explica una deuda pública estadounidense de 16,7 billones de dólares, sobrepasando el límite de endeudamiento permitido.
 
El Departamento del Tesoro de EEUU informó que el stock de deuda alcanza a 16.747.468.940.509, y el máximo autorizado por el Congreso eran 16.699.421.095.673 dólares. El gobierno ha tomado más de 48.000 millones de dólares de deuda pública que lo aprobado por el Congreso estadounidense.
 
Podemos afirmar que este es el problema financiero en EEUU. Siendo la primera potencia mundial del capitalismo es un Estado fallido, sin recursos propios y que necesita del financiamiento del mundo. El plazo para obtener la autorización parlamentaria de extensión de su capacidad de endeudamiento vence el 17 de octubre.
 
El gobierno de Obama cuenta con esa extensión y también en que el mundo seguirá confiando en el dólar y en el Tesoro de los EEUU y por lo tanto seguirán demandando bonos públicos con la garantía de cancelación “Made in USA”.
 
No en vano, la Reserva Federal de EEUU emite todos los meses 85.000 millones de dólares para el salvataje de su economía, el epicentro de la crisis mundial. Son dólares que inundan el mercado mundial y alimentan un nuevo ciclo de la burbuja financiera que siempre estalla para perjuicio de sectores subalternos, en EEUU y en el mundo.
 
Las negociaciones argentinas en Washington
 
Mientras esto ocurre en la potencia imperialista, la Argentina mantiene abierta negociaciones en Washington con impacto en la propia deuda pública local.
 
Por un lado, la Corte Suprema estadounidense no asume tratar la apelación realizada por el gobierno argentino contra el fallo de cancelación al 100% presentado por deudores externos, aprobado en primera y segunda instancia en Nueva York. El juicio es por unos 1.300 millones de dólares y constituirá antecedente para otras demandas por unos 10.000 millones de dólares y consecuencias de incremento de acreencias sobre el universo de acreedores ingresados a los canjes de deuda del 2005 y 2010.
 
Por otro lado y desde el CIADI se demanda al país por el cumplimiento de sentencias que alcanzan los 500 millones de dólares. Son acciones realizadas por transnacionales que se sintieron afectadas por el cambio de política cambiaria a comienzo del 2002.
 
Por si esto fuera poco, desde Washington, el FMI presiona para evaluar cambios en los mecanismos de medición del INDEC, según el acuerdo oportunamente suscripto por el organismo y el gobierno local.
 
¿Qué lecciones se pueden sacar sobre esta situación?
 
Está claro el papel hegemónico de EEUU y su capacidad para transferir la crisis al sistema mundial. EEUU se hizo potencia a la salida de la segunda guerra, como gran prestamista del mundo. Desde entonces protagonizó el apogeo de la dominación mundial inundando de bases y programas militares el planeta, invasiones y operaciones secretas y abiertas mediante, socializando el financiamiento del accionar terrorista.
 
Nuestro interrogante es si el mundo debe continuar financiando el terrorismo de Estado, y más aún, si se debe sostener la institucionalidad que habilita el poder global de EEUU. Claro que remitimos al orden financiero mundial y al papel de los organismos donde EEUU decide, caso del FMI y el Banco Mundial con sus agencias y anexos, caso del CIADI.
 
La Argentina debe salir del CIADI, tal como lo hicieron países de Nuestramérica, caso de Venezuela, Bolivia o Ecuador, e incluso considerar el hecho que Brasil nunca adhirió al protocolo por el CIADI. Ecuador está organizando una Comisión Internacional para considerar la denuncia de los tratados bilaterales que atan a ese país a la presión de las transnacionales sobre la “seguridad jurídica” de sus inversiones. Es el camino que ya fue exitoso de auditoría e investigación de la deuda pública para determinar porciones de ilegitimidad.
 
Mientras EEUU cierra su gobierno por disputas políticas en su interior y se negocian autorizaciones para ampliar el endeudamiento público, los países con pretensión autónoma debieran desvincularse de una institucionalidad que alimenta la degradación estadounidense, que en su desesperación solo atinan a incrementar su papel de gendarme mundial a costa de una deuda cuyo costo se descarga sobre los pobres de EEUU y del mundo.
 
Buenos Aires, 8 de octubre de 2013
 
Julio C. Gambina Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP,  Ciudad de Buenos Aires. www.juliogambina.blogspot.com
 
Tomado de aquí
 
 
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