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viernes, 1 de agosto de 2014

¿Argentina en default? - por Julio C. Gambina

Llegó el día D en materia de deuda y conflicto con los buitres y la Justicia de EEUU, y se discute si Argentina entró en default o no, y qué consecuencias tiene ello para la sociedad.
Argentina había depositado a fines de junio 539 millones de dólares en el Banco Mellon de Nueva York. El destino era acreditar esos fondos en las cuentas individuales de los bonistas de la legislación estadounidense ingresados a los canjes 2005 y 2010. Con el depósito se manifestaba la voluntad de pago del gobierno.
Los dineros siguen en el Banco, por ahora sin acreditarlos a los bonistas, ni reintegrarlos a la Argentina, y ni siquiera embargados por la Justicia para cancelar deuda con los buitres según la sentencia de Griesa.
No se trata de desconocer la sentencia de Griesa, como algunos creen. El gobierno teme a la cláusula RUFO, que vence a fin del 2014 y señala que si hay mejor oferta a bonistas no ingresados al canje, los demás tendrán derecho a esas mismas condiciones de oferta.
En el gobierno se estima un costo entre 120.000 a 500.000 millones de dólares si prosperara la demanda del 92,4% de tenedores de títulos ingresados a los canjes del 2005 y 2010.
Por eso, el Ministro Kicillof solo ofrece idénticas condiciones de pago a los buitres en las negociaciones con el mediador designado por el Juez.
Obviamente, los buitres, con una sentencia judicial en firme que indica pago del 100% y al contado presionan para hacerla efectiva y rechazan la oferta de la Argentina.
En el medio y tal como trascendió, la banca privada que actúa en la Argentina ofreció depositar una garantía de pago, o comprar la totalidad de los bonos de la sentencia Griesa, para facilitar la liberación de los fondos acreditados en el Mellon. Hablaron de una acción patriótica, aunque está ligada a sus propias tenencias de bonos y a la valorización de sus acciones en el mercado de capitales. Tienen intereses concretos en que no se empaste la situación económica del país.
Queda claro que cada cual atiende su juego.
El Juez se ampara en el aval de su sentencia, la confirmación en la Cámara de Apelaciones y en la Corte Suprema de EEUU.
Los buitres en la sentencia y la posibilidad de lograr su objetivo de cobrar todo con ganancias superlativas.
Los bancos privados intentando morigerar el impacto del descalce del país con el sistema mundial por el default selectivo ya declarado por impresentables consultoras al servicio de la especulación y la usura del sistema financiero global.
El gobierno intentando llegar a fin de año para superar la RUFO y arreglar, aun con mayores costos el pago a los buitres.

Especulación financiera y nueva arquitectura

Los buitres son la carroña del sistema financiero, es verdad, pero amparadas en normas de funcionamiento del orden capitalista contemporáneo que estimula y alienta la desenfrenada especulación.
Es más, los Estados del capitalismo desarrollado no escatiman esfuerzos económicos para sostener un sistema infectado de operaciones tóxicas, como se las denominó en 2007.
Entre comienzos del 2012 a fines del 2013, la FED emitió mensualmente 85.000 millones de dólares para sostener la crisis de los bancos y empresas y desde comienzos del 2014 viene bajando todos los meses la emisión a los 25.000 millones actuales.
La cifra era gigantesca y lo sigue siendo. Es una emisión monetaria que alimenta la inflación en todo el mundo, pues la dominación global de EEUU le permite exportar el efecto monetario de una expansión sin respaldo.
Por todo ello el tema de fondo es la necesidad de una Nueva Arquitectura Financiera.
¿Es posible avanzar en ese sentido en el orden capitalista?
Parece que no, ya que las propuestas en ese sentido no prosperaron. Es una de las razones que explican la proliferación de una nueva institucionalidad de carácter regional.
La más reciente es el Banco de los BRICS y su Fondo para contingencias de los países miembros. Es el camino ensayado y no culminado del Banco del Sur y otras iniciativas que adornan documentos de cumbres presidenciales múltiples en la región, e incluso sostenidas en la Comisión de Finanzas de la UNASUR.
El problema radica en la subsistencia del orden global, al que se subordina la  nueva institucionalidad, que solo intenta ocupar un lugar en el orden capitalista sin denunciarlo, y menos, confrontarlo.





sábado, 28 de junio de 2014

Pérez Esquivel a Griesa: es justo no pagar una deuda ilegítima e inmoral


Al Sr. Thomas Griesa
Juez del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, EE.UU.
 
Reciba el fraterno saludo de Paz y Bien.
 
Más que dirigirme a usted como juez que interviene en una causa que desde hace tiempo tiene en vilo a nuestro pueblo, quiero hacerlo como persona. Quiero poder aportar más libremente a la reflexión sobre la situación que se ha generado en la República Argentina, por las pretensiones de un grupo de financistas poseedores de unos pocos bonos de la deuda externa.  Ellos  buscan cobrar el 100 % de los mismos, de manera que tendrá un grave impacto sobre la vida del pueblo argentino, habiéndolos comprado por centavos y sin jamás haber invertido para su bien.
 
Espero, Sr. Griesa, que Ud. comprende la situación que vive nuestro pueblo y las consecuencias sociales, económicas y políticas que tiene el pago de esta deuda inmoral e injusta para las personas y comunidades más necesitadas.
 
Debe tener presente que los bonos cuyo pago hoy se discute, están manchados con la sangre de las víctimas de la dictadura militar. Forman parte de una deuda contraída a espaldas del pueblo y que nunca llegó a sus manos.  Son parte del endeudamiento que después fue impuesto en los años ´90, incluso renunciando a la soberanía y cediendo jurisdicción de manera inconstitucional a tribunales extranjeros como el suyo, supuestamente para saldar las deudas anteriores.
 
Por eso  afirmamos que es una deuda ilegítima, inmoral e injusta. Detrás de los números existen rostros que nos cuestionan e interpelan, de niños, jóvenes, hombres y mujeres víctimas de la injusticia social y estructural, el empobrecimiento, la miseria y exclusión social que afectan a millones de seres humanos en nuestro país como también en América Latina y el mundo.
 
Estoy seguro que Ud. no ignora esto ni tampoco, el peso de la especulación financiera en la generación de estas situaciones. Más que una deuda externa, es ya una deuda eterna, matemáticamente impagable por más que se intenta con un alto costo en vidas humanas  y sacrificando el desarrollo del país.  Nunca puede ser justo que se privilegia el capital financiero por sobre la vida de los pueblos.
 
Es por esto también que junto a muchos otros, desde hace años venimos luchando contra el pago de estas deudas ilegítimas, exigiendo una auditoria official de las mismas, la aplicación de las leyes argentinas, la anulación de la cesión de jurisdicción y que no se continúan estas prácticas inaceptables con los nuevos bonos, contratos y tratados que se siguen firmando.
 
Sr. Griesa, no quiero poner en duda su acción como juez, pero si me preocupa la justicia ciega. Usted bien sabe que no toda ley es justa y que muchas veces se confunde lo legal con lo justo, o no se tenga en cuenta la situación de los pueblos y se los trate como algo abstracto y lejano.  Ud. debe conocer la obra de Henry Thoreau, cuando señala que si bien hay que obedecer la ley, igualmente es necesario resistir la ley injusta hasta lograr su transformación.  Me parece una reflexión pertinente con relación a estos poderosos financistas, que para sus políticas de verdadera rapiña, buscan respaldo donde no lo deberían encontrarlo. 
 
Esto no deja a un lado las omisiones y los errores cometidos por los sucesivos gobiernos de la Argentina, el Parlamento y nuestro Poder Judicial, en asumir el tratamiento de esos bonos y de toda la deuda.  Pese a reconocer, desde tiempos de la dictadura hace ya más de treinta años, la ilegitimidad e ilicitud de gran parte de la deuda generada, ninguno ha realizado lo necesario – incluyendo por ejemplo auditarla - para separar lo legítimo de lo ilegítimo, lo legal de lo ilegal, para evitar que al pueblo argentino se le siga exigiendo el tremendo costo de pagar lo que no se debe. 
 
No sé si Ud. está al tanto de que existe en nuestro país, una decisión judicial del año 2000, que establece la fraudulencia y arbitrariedad de la deuda que dio origen a los bonos hoy en posesión de los fondos especulativos que buscan obtener lo que en justicia, no les corresponde.  Existen además denuncias cuya investigación judicial está aún abierta, con relación a esos mismos bonos.  
 
De acuerdo a las leyes de nuestra república y el derecho internacional, son deudas verdaderamente nulas. Los Principios Rectores sobre la Deuda y los Derechos Humanos nos recuerdan que es responsabilidad de cada prestador y prestatario, investigar y no pagar las deudas contraídas de manera injusta.
 
Esta deuda es una herencia no querida y pesada que arrastra una carga grande de dolor y sacrificios.  Se ha transformado en un mecanismo que lleva en si la dominación y el sometimiento de todo un pueblo.
 
El país quiere y debe cumplir con  sus responsabilidades y obligaciones.  Por eso es necesario aplicar la ley pero siempre, sobre la base de distinguir entre lo legal y lo legítimo, la ley y la justicia. Es necesario además reconocer que según el derecho, tiene prioridad la “deuda interna con el pueblo”: la lucha contra el hambre, la pobreza y marginalidad de grandes sectores sociales, los desafíos de la educación y salud, que no se mueran los niños de hambre y enfermedades evitables y poder alcanzar una vida digna sin que le roben la esperanza a nuestros jóvenes.
 
Estoy seguro, Sr. Griesa, que Ud. comprende lo valioso de la oportunidad que tiene para velar por la justicia, y no solo las leyes que algunos tienen más poder que otros para imponer.  Es necesario cambiar las leyes en EE.UU., en nuestro país y en muchos otros, para evitar situaciones de esta naturaleza. Mientras tanto, esperamos igual que prime la justicia y que los derechos de quienes no han sido escuchados todavía en los tribunales, tengan la prioridad que merecen.
 
Gracias por permitirme estas reflexiones. Si en algo pueda contribuir, profundizar sobre cualquier de los elementos señalados, estoy a su disposición.
 
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz y Presidente,
Diálogo 2000 – Jubileo Sur Argentina y el Servicio Paz y Justicia SERPAJ
 
-Buenos Aires, 26 de junio de 2014

Tomado de aquí


miércoles, 19 de marzo de 2014

Argentina busca "normalizar" su inserción mundial - por Julio C. Gambina

 
Creo que estas son preguntas necesarias y fundamentales para el momento actual de nuestras economía-política: "¿Por qué quedar prisionero de la inversión externa y reproducir el modelo productivo extractivo para la exportación o el desarrollo fabril de armaduría dependiente de insumos externos, también para la inserción exportadora? ¿Puede construirse otro modelo productivo en el agro y en la industria? ¿Es posible modificar el patrón de consumo estimulado por la producción monopolista actual?" 
 
 
Luego de idas y vueltas se confirmó que el Club de París habilita la discusión para cancelar deuda pública impaga por unos 9.000 millones de dólares desde fines de mayo próximo. 
 
Vale recordar que la puntada inicial fue dada a comienzos de año, por el Ministro de Economía que acercó en enero una propuesta de pago en viaje relámpago a París. 
 
El paquete de “negociación” incluye que el FMI revise las cuentas de la Argentina. 
 
Todo indica que se está en caminos de “normalización” de la inserción internacional de la Argentina con el sistema mundial del capitalismo. El Club de París incluye a las principales potencias del capitalismo y a los organismos internacionales. 
 
Lo curioso del caso es que se trata de una deuda mayoritariamente asumida en tiempos de la dictadura genocida y que por lo tanto, bien podría catalogarse de “odiosa”. 
 
Muchos cuestionan la posibilidad de auditar la deuda por las sucesivas renovaciones realizadas en tiempos constitucionales, de hecho, cada turno presidencial desde 1983 renegoció y convalidó deudas. Ocurrió con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner y con Fernández. 
 
Si bien el argumento de la imposibilidad de auditar toda la deuda es discutible, no hay duda que esta parte de las acreencias es pasible de ser denunciada, claro que si se la investiga con procesos de auditorías contables, incluso de carácter internacional siguiendo el ejemplo del antecedente ecuatoriano.
 
El Club, Repsol y el CIADI...
 
No existen dudas que el gobierno argentino busca re-establecer lazos de inserción con el mundo capitalista, lo que supone terminar el proceso de cesación de pagos iniciado en diciembre del 2001, para lo que resta culminar el arreglo con el Club de París y con el 7% de los tenedores de títulos que no ingresaron a los canjes de deuda del 2005 y sus reaperturas del 2010 y 2013, algunos de los cuales se procesan en conflictivos juicios en EEUU. Entre ambos conceptos puede alcanzarse un valor de 15.000 millones de dólares.
 
Pero también, Argentina empezó a reconocer los fallos del CIADI sumando nuevas deudas a soportar por las finanzas públicas. Insistimos en que Argentina es el país con mayores demandas ante este ámbito del Banco Mundial, del cual ya se retiraron Bolivia, Ecuador y Venezuela y que Brasil jamás suscribió. Los procesos en curso ante el CIADI constituyen una hipoteca difícil de estimar para las finanzas públicas argentinas.
 
En ese camino de “normalización” es que se justifica el acuerdo propuesto a Repsol, que esta semana defendió el gobierno ante el Senado, para cancelar la deuda por la expropiación parcial de YPF. El pago será en bonos con valor nominal por 6.000 millones de dólares, con vencimientos sucesivos hasta el año 2033 y que pueden valorizarse y costar al fisco en todo el periodo de circulación unos 11.000 millones de dólares.
 
Es evidente que esta danza de millones de dólares por deudas viejas o nuevas, odiosas o reales, que bien vendría investigar y auditar, incluso favoreciendo los procesos legales en curso en la justicia de nuestro país, tienen como sentido “normalizar” la inserción de Argentina en el capitalismo mundial.
 
¿Para qué? La explicación alude a las restricciones externas, o sea, al ingreso de capitales foráneos para el funcionamiento del orden capitalista local, o si se quiere al saldo positivo del ingreso y salida de capitales. 
 
En el 2013 se aceleró la pérdida de divisas, la llamada fuga de capitales, ejemplificada en la caída de más de 12.000 millones de dólares de reservas internacionales. La fuga no significa necesariamente una situación delictiva, sino opciones de búsqueda de rentabilidad de las inversiones de capital en el exterior. Es lo que argumentó Repsol para explicar la remisión de utilidades al exterior por 13.000 millones de dólares en una década. Fueron fondos relocalizados para inversiones en diversos territorios, especialmente en África.
 
La fuga de capitales viene de larga data, aceleradas desde el 2011 y que intentó frenarse con la devaluación de enero pasado, algo que cuesta asumir como política deliberada en ámbitos gubernamentales. Un interrogante de la coyuntura remite a si se frenó el drenaje de divisas, si se puede revertir la situación y por lo tanto si se puede considerar estable la paridad cambiaria o requerirá nuevas adecuaciones en el corto o mediano plazo de este mismo año.
 
Se argumenta que el país necesita ampliar sus inversiones para mejorar la productividad y con ella el ciclo virtuoso de la producción, es decir el consumo y la inversión. Pura lógica de funcionamiento del orden capitalista, que requiere de inversores con disposición a valorizar sus capitales, o sea a producir plusvalor y obtener ganancias como resultados.
 
El problema son los límites a la inversión, situación clara respecto de la inversión pública, que sostuvo en estos años la tasa general de inversión y hace evidente la escasa disposición a invertir del capital local, algo que se explicita en los discursos oficiales que sugieren con recurrencia a los empresarios que inviertan en la ampliación de la producción local, con escasísimo resultado.
 
Por todo ello es que la intencionalidad gubernamental pasa por atraer inversores del exterior, en el camino que sugiere la asociación entre YPF y Chevron. Pero también habilitar el camino de obtención de nueva deuda, lo cual requiere terminar con la cesación de pagos como exigencia del sistema financiero mundial.
 
¿Es posible transitar otro camino, otra política económica?
 
No se trata de una pregunta retórica. La respuesta dividió aguas políticas en el movimiento popular que resistió las políticas menemistas (1991/1999) y las de la Alianza (1999/2001), y antes la de la dictadura (1976/1983). 
 
Una porción del movimiento popular y del pensamiento crítico de los 70´ y los 90´ considera que las políticas de la última década (2003/2013) son el límite de lo posible y acreditan como éxito la disminución de los indicadores sociales tales como se manifestaban en la crisis del 2001. Algunos de ellos se animan a suscitar la necesidad de relanzar un imaginario de nueva ronda de reformas que pueda entusiasmar y contribuir a constituir sujetos políticos y sociales que sostengan un proyecto político para la transformación. 
 
El límite que se les presenta a unos y a otros es el propio orden capitalista, bajo políticas ortodoxas o de austeridad, (como en Europa u otros países que en nuestra región sustentan políticas de libre comercio); o neo-desarrollistas, (sea EEUU y su intervencionismo estatal, tanto como países con políticas críticas al neoliberalismo en América Latina). La heterodoxia argentina choca también con el capitalismo real, que exige condiciones para sostener un ciclo de inversiones que asegure rentabilidad adecuada al tiempo histórico de crisis capitalista. Es la alta rentabilidad ofrecida lo que hizo emergentes a China, India o Brasil, ante las bajas rentabilidades ofrecidas en el capitalismo desarrollado, con tasas de interés tendiendo a cero. Se puede escamotear el índice de precios ante cierto punto, tal como ocurrió entre 2007 y 2013, pero no se puede hacer eternamente. 
 
La lógica del mercado capitalista solo acepta un determinado nivel de intervención estatal, especialmente si existe organización y lucha social desplegada en las calles. Por eso, las desmovilizaciones masivas de la sociedad son funcionales a la demanda de “normalización” capitalista, y al mismo tiempo, convoca a sostener la capacidad de movilización, de resistencia y de demanda por mejoras sociales de los sectores más perjudicados en el orden económico.
 
Podríamos recordar a Hugo Chávez cuando señaló a fines del 2004 que no debían esperarse soluciones para los pueblos del mundo bajo la lógica del orden capitalista, que recordemos, se somete a la lógica de la ganancia y la acumulación. De ahí surge la convocatoria a pensar nuevamente el socialismo en el Siglo XXI. Se legitima así el pensamiento crítico anti capitalista y se habilita a discutir un nuevo orden de relaciones sociales en la economía, retomando la agenda sustentada en el Manifiesto Comunista para el Siglo XIX y más fundada en El Capital.
 
Es cierto que ante este debate, muchos acusan a la propuesta de utópica, ante los límites concretos para afirmar y desarrollar el anticapitalismo como propuesta a construir en la sociedad actual, sea en Venezuela o en cualquier país. Conspiran las experiencias fallidas (URSS y Europa del Este) y aquellas en curso, entre ellas la cubana, que tiene el límite del criminal bloqueo estadounidense y una situación de época mediada por la ofensiva capitalista desplegada desde la crisis de mediados de los 70´. La articulación integrada de un bloque socialista está limitado desde la desaparición de la URSS y el bloque soviético, e incluso las articulaciones con pretensión alternativa, el “tercer mundo”, atraviesa por los límites de sus diferentes posiciones en la situación actual, donde el imaginario cambio si se es “emergente” o receptor de inversiones externas, o si se está en situación de extrema vulnerabilidad, como ocurre en la periferia del sur del mundo.
 
Este es el marco de la discusión en nuestro país, en la región y en el mundo, que puede condenarnos al límite de lo posible o abordar el camino de la crítica de la realidad, por muy dura que esta sea, es decir, la crítica del capitalismo, lo que exige ir más allá y proponer un rumbo alternativo. Es el camino de Cuba y el que esbozan propuestas que aun requieren de mayores contenidos y sobre todo de una densidad social consciente suficiente para disputar sentido común en el movimiento popular y en la sociedad.
 
¿Por qué quedar prisionero de la inversión externa y reproducir el modelo productivo extractivo para la exportación o el desarrollo fabril de armaduría dependiente de insumos externos, también para la inserción exportadora? ¿Puede construirse otro modelo productivo en el agro y en la industria? ¿Es posible modificar el patrón de consumo estimulado por la producción monopolista actual? 
 
Se puede contestar a esos interrogantes por la afirmativa, pero requiere de un profundo debate sobre el diagnóstico de situación de la coyuntura para pensar más allá del capitalismo, límite de lo posible para una parte del activismo social y político. Un activismo contenido en un imaginario de reformas que la transnacionalización apenas permite bajo ciertas circunstancias históricas, aquellas que generó a sociedad argentina movilizada a fines del ciclo regresivo de los 90´.
 
Cuando me interrogan sobre las medidas concretas acudo a la extensa programática difundida por el movimiento obrero, campesino, de mujeres, en defensa del medio ambiente o la relación metabólica adecuada entre los seres humanos y la naturaleza, o la armonía entre la producción humana con la naturaleza, e incluso sectores de pequeños y medianos productores y empresarios, de cooperativas y el movimiento de autogestión; a los que sumo la demanda por la des-mercantilización de la educación, la salud, la vivienda, la transporte, la energía. Son todas propuestas a asumir socialmente para disputar políticamente el orden capitalista y construir el otro orden posible, el socialismo.
 
Claro que no es sencillo, pero es lo que muchos nos proponemos ante una realidad que bajo la lógica de lo posible termina promoviendo la concentración y centralización del capital para la valorización y la explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza.
 

Buenos Aires, 15 de marzo de 2014
 
 
Tomado de aquí
 
 
 
 
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