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miércoles, 9 de enero de 2013

MALVINAS El colonialismo del siglo XXI



A 180 años de la usurpación, Gran Bretaña se niega a cumplir las resoluciones de la ONU amparándose en el principio de autodeterminación de los pueblos, cuya aplicación en el caso Malvinas supone su absoluta descaracterización.

Por Soledad Guarnaccia

En ocasión de los ciento ochenta años de la usurpación de las Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña, Cristina Kirchner remitió a David Cameron una carta en la que demanda poner fin al colonialismo y reitera el reclamo de diálogo conforme lo estipulan desde 1965 una decena de resoluciones de Naciones Unidas. En su respuesta, el gobierno británico expresó nuevamente su negativa a negociar, acusó a la Argentina de pretensiones colonialistas que suponen "borrar de la historia a los isleños" y pidió respetar el resultado del referéndum que se celebrará en el mes de marzo. Todo ello en nombre de una supuesta defensa del principio de autodeterminación de los pueblos. ¿Por qué, sin embargo, la aplicación de este principio en el caso Malvinas supondría su absoluta descaracterización?

En 1960 Naciones Unidas proclamó la necesidad de poner fin al colonialismo a través de la célebre Resolución 1514, que especifica los principios que deben regir los procesos de descolonización: el principio de autodeterminación de los pueblos, que consagra el derecho de los mismos a instituir sus propios gobiernos, y el de integridad territorial, que prescribe que ningún Estado puede constituirse violando el territorio de un Estado preexistente.


La cuestión Malvinas se inscribió como un caso singular de descolonización. A diferencia de Gran Bretaña, que en 1964 arguyó ante el Comité de Descolonización que debía regir el principio de autodeterminación, la Argentina -en una pieza diplomática de altísimo nivel a cargo de José María Ruda- sostuvo que Malvinas poseía un carácter específico dentro de los procesos de descolonización y que por tanto debía aplicarse el principio de integridad territorial.

 Básicamente, a diferencia de las naciones asiáticas y africanas que luchaban por su independencia, en Malvinas no se verificaba una población subyugada por un poder colonial (situación que ameritaría que rigiera el principio de autodeterminación). En cambio, su situación consistía, y consiste aún, en que parte del territorio argentino fue ocupado violenta e ilegalmente por el Reino Unido, que expulsó e impidió el retorno a las islas de las autoridades y pobladores argentinos existentes. Si Malvinas aún hoy constituye uno de los dieciséis casos de colonialismo es porque su territorio, y no su población, se encuentra en manos de un poder colonialista.

En 1965, la ONU se pronunció sobre la cuestión Malvinas a través de la Resolución 2065, que reconoce la existencia de un litigio que involucra a la Argentina y al Reino Unido. La Resolución insta a las partes a negociar, teniendo en cuenta los intereses, no así los deseos de los isleños, descartando de este modo la figura de la “autodeterminación” para la cuestión Malvinas. De haber sido éste el caso, la Resolución habría reconocido los deseos de los habitantes y éstos últimos habrían sido considerados como parte en la negociación, junto con Argentina y el Reino Unido.

Pero no fue el caso y por eso la pregunta del referéndum que los isleños planean realizar en marzo de este año (“¿Desea usted que las Islas Falckland conserven su status político como un territorio de ultramar del Reino Unido?”), incluye el verbo “desear”, que supone una atribución sólo reconocida por el Reino Unido. A su vez, dado que los isleños son considerados -desde 1983- ciudadanos británicos, el referendum supone un verdadero disparate jurídico-político en el que los británicos se instituirán como jueces de un litigio en el que son parte. Sólo una nación con innegable tradición colonialista podría asignarse semejantes potestades. Más aún, el texto que acompañará el referendum expresa que la situación política actual es de "autonomía interna" pero que el Reino Unido es responsable de la defensa y la representación exterior, dos atributos inalienables de todo sujeto político que se precie de ejercer la autodeterminación política.

Naciones Unidas ha validado en una decena de veces la Resolución 2065. Lo hizo antes y después de la guerra. Fundamentalmente, porque los resultados de un hecho basado en el uso de la fuerza no deciden una cuestión de derecho. Por ello, el Reino Unido tuvo que resignar, por ejemplo, su presencia en Hong Kong.

Todo lo dicho hasta aquí no implica desconocer que la guerra de Malvinas significó un gran retroceso en las negociaciones para recuperar la soberanía de las islas y que los militares que la decidieron, los mismos que trataron a su propia población como una colonia, merecen la condena y la reprobación pública.

Tampoco implica “borrar de la historia a los isleños”. Ni pretende convertirlos compulsivamente en argentinos. Argentina reclama el territorio, o algo todavía más básico: la reapertura del diálogo. Lo que no acepta es que el principio de autodeterminación sea aplicable al caso Malvinas.

Los que por medio de la fuerza ocupan desde hace ciento ochenta años un territorio, no pueden decidir con derecho sobre su ley. Convalidarlo sería tan impropio como pensar que David Cameron es el Franz Fanon del siglo XXI.


Tomado de aquí.

 


 

jueves, 24 de noviembre de 2011

Filosofía aquí y ahora IV. José Pablo Feinmann. Encuentro 3: Los movimientos de independencia


Sumario

1 El tren del “progreso”
2 Bartolomé de Las Casas y la refutación del colonialismo
3 La independencia de España y el papel de Inglaterra
4 Los proyectos de nación

1 El tren del “progreso”

En el programa anterior habíamos visto que en la historia se postulaba un tren del “progreso” que estaba encarnado por las naciones metropolitanas y que todas las oligarquías de América Latina se separaron de España para subir a ese tren del progreso que encarnaban Gran Bretaña y Francia, pero sobre todo Gran Bretaña.

Ahora, ese tren del progreso no existía, no había un solo tren. Había un tren para las naciones hiperdesarrolladas y las naciones hiperdesarrolladas metieron a todas las naciones periféricas en otro tren. ¿Por qué otro tren? Porque las condenaron a una economía unilateral, al monocultivo. Entonces cada país se sometió a un producto típico: Argentina al trigo, Bolivia al estaño, Chile al cobre, Centroamérica al azúcar. Y todo eso el imperio inglés lo hizo mantener y las oligarquías de América Latina lo hicieron con mucho gusto porque era muy fácil extraer lo que ya estaba, lo que ya se tenía. En cambio le resultaba muy difícil desarrollar una industria propia que era lo que tenía Inglaterra.

Entonces Inglaterra se asume como taller del mundo: yo soy la industria, ustedes sean el monocultivo. Y es así como el desarrollo fue asimétrico por completo porque una industria siempre tiene un valor agregado que la hace valer mucho más que a las materias primas. Esto fue lo que determinó el subdesarrollo y el atraso de América Latina. 

Ahora bien, quiero dejar claro esto: no es que el capitalismo británico haya sido malvado y los de acá hayan sido ingenuos –o también malvados-. Es el capitalismo. El capitalismo es así. Si ustedes van a ver la película “Wall Street” van a ver que el protagonista dice: la codicia es buena porque la codicia es el alma de la economía. Entonces, no es una lucha de buenos y malos, es una lucha en la cual los intereses toman una determinada relación pero en esa relación de intereses América Latina terminó confinada al monocultivo y al atraso porque no pudo desarrollar una industria propia. Desearon fervorosamente salir de la órbita española porque deseaban entrar en la órbita del progreso histórico. “Hay progreso histórico si ustedes se unen a las potencias que encarnan ese progreso histórico”.

Y España dejó de encarnarlo. España lo encarnó en la conquista de América pero fue una encarnación de un movimiento que despertó al sistema capitalista a través de una brutalidad enorme que fue llevada adelante con la espada y la justificación de lo evangélico. A esto, muy meritoriamente se opuso un clérigo español, Bartolomé de Las Casas, que se apiadó tremendamente de los indios masacrados por la conquista de América. Yo no quiero asustarlos, no quiero asustar a nadie, pero la conquista de América fue una masacre de los pueblos originarios. Yo diría que hubo por lo menos 40 millones de muertos en América Latina y fue el arrasamiento de los pueblos originarios de los cuales no quedó casi nada.

Bartolomé de Las Casas nos deja su documentación y su palabra adolorida, dice: ¿con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas? Clarísimo lo de Bartolomé: ¡¿con qué autoridad?! Esto la monarquía española lo diría claramente: porque nosotros somos occidente, porque nosotros somos los países de la civilización, por eso hemos venido acá y hemos hecho estas atrocidades Sr. Fraile Bartolomé de Las Casas, que usted está denunciando inútilmente porque la vamos a seguir haciendo. Lo cierto es que la siguieron haciendo y Bartolomé de Las Casas pasa a la historia como un testimoniante que fue sensible al horror de la masacre de los pueblos originarios, pero que no la pudo impedir. Porque mal puede impedir un buen fraile todo un proceso histórico que se basa en la masacre de esos pueblos para lograr la extracción del metálico, del oro que hay en esa tierra que se ha conquistado.


2 Bartolomé de Las Casas y la refutación del colonialismo

Es notable lo que ocurre con Fray Bartolomé de Las Casas, porque si uno piensa en todos los clérigos que había en América Latina durante el proceso sanguinario de la conquista española lógicamente uno se pregunta por qué uno sólo tuvo un corazón sensible para decir: ¡Paren la matanza! Y largar frases como: “La matanza tiene como fin último, el oro y las riquezas”. Detengámonos en esta frase porque esta frase es extraordinaria. No la decimos nosotros porque queremos mostrar que hemos sido los buenos y los que hemos sido expoliados; lo dice Bartolomé de Las Casas que era español, que era cura, y dice: las matanzas tenían como fin llevarse el oro y las riquezas. Entraron los conquistadores como lobos, como tigres, como leones, cruelísimos, e impusieron días de hambre y de muerte a todos los indígenas. 

Para nosotros, Fray Bartolomé de Las Casas, y para todo el pensamiento anticolonialista, es un ejemplo excepcional. Porque todo aquello que el pensamiento de la derecha dice, que la conquista de América fue progresiva y que integró a América al progreso de la humanidad, lo que está diciendo un hombre de Dios -Fray Bartolomé de Las Casas- es: esto no integra nada a la humanidad, lo que se está produciendo aquí es una matanza inclemente que se genera para llevarse las riquezas de América al centro del mundo, a España. Y están buscando también los tesoros del Perú. (Los tesoros del Perú eran un mito a los cuales los conquistadores querían llegar porque se hablaba de una región en la cual estaba acumulado todo el oro de América Latina, de este continente)

Ahora, es Bartolomé de Las Casas el que dice que este continente fue saqueado injustamente, injuriado, vejado en nombre de la codicia de la razón occidental, encarnada –en este caso- por los aventureros que fueron los conquistadores españoles. Tampoco queremos pelearnos con España, pero España tiene que asumir que esto fue así. Nosotros no podemos decir otra cosa. Hubo un genocidio para llevarse las riquezas de América Latina a la monarquía española que no supo mucho qué hacer con ellas porque terminaron desarrollando las industrias británicas. Porque, finalmente, a través de los piratas y los robos a los galeones fue Inglaterra la que terminó quedándose con las riquezas de América Latina.

Esa conquista se trató de una guerra tiránica. En realidad, los conquistadores que llegaron fueron tiránicos y los curas que llegaron con ellos ayudaron muchísimo a ese genocidio. Esto se va a repetir, se repitió en la Argentina. Pero a ese genocidio el cura viene para evangelizar al indio. Si el indio no acepta la evangelización lo que no está aceptando es que el alma entre en él. Si el alma no entra en él, al no entrar el alma de Jesús, el conquistador lo puede matar sin ningún remordimiento de conciencia.

Entonces, el pensamiento de de Las Casas está refutando la esencia del colonialismo porque la esencia del colonialismo, su bandera dice: con nosotros llega el progreso, llega la civilización, con nosotros América es incorporada al mundo. Y esto es lo que va a decir todo el pensamiento de la derecha: es una bendición, así entró América al mundo. La tierra americana pasa a ser del conquistador. El conquistador se queda con la tierra y mata a los pueblos originarios a los cuales pertenecía la tierra.

Es frente a esta situación -que España establece con la conquista- que se rebelan las revoluciones latinoamericanas ya en el siglo XIX. ¿Contra qué se rebelan? Contra los descendientes de aquellos conquistadores que arrasaron con los pueblos originarios. Los que se van a rebelar son los criollos, los criollos que quieren salir de la órbita española para comerciar con las grandes potencias imperiales. Lo hacían a través del contrabando, lo venían haciendo, pero ahora si se hace esta revolución –que tiene como única finalidad echar al colonizador español y lograr una libertad de comercio y no estar sujetos al monopolio de comerciar sólo con Cádiz- podrán comerciar con todo el mundo.

3 La independencia de España y el papel de Inglaterra

El pensamiento de José Carlos Mariátegui es muy preciso en señalar que las revoluciones de América Latina no fueron revoluciones en el sentido de cambiar el orden social imperante. Lo que cambiaron fue la burocracia española, a la burocracia española la echaron y pusieron a los criollos a gobernar estos territorios, pero no hubo un cambio en la tenencia de la tierra, por dar un ejemplo. Lo que hubo fue la expulsión de la burocracia hispánica para reemplazarla por los criollos que tomaban las riendas de su propio destino.

Esto ocurrió en toda América Latina y permitió que estos territorios se entregaran al comercio libremente (porque antes Inglaterra lo hacía por contrabando). El 25 de mayo de 1810 en la Argentina, en el Río de la Plata habían anclados buques ingleses que festejaron la revolución con cañonazos. Sabían lo que hacían. Iban a entrar, ya no como guerreros como en las torpes invasiones inglesas en 1806-1807, sino que iban a entrar, sobre todo, a través del sistema bancario y a través de las mercancías. Es la lucidez de George Canning que va a decir: bueno, basta de torpezas. Nosotros no tenemos que ser guerreros en América Latina, no tenemos que ir a conquistar esos territorios, los podemos conquistar de otra manera. Los podemos conquistar con la economía. 

La economía del imperio ha sido el arma más poderosa que ha tenido el imperio de su lado para estos territorios. Estos territorios no son inocentes porque fueron sus clases más acomodadas las que aceptaron lo que Tulio Halperín Donghi –a quien nadie puede acusar de marxista, de izquierdista, o de pequeño idiota latinoamericano- llama “el pacto neocolonial” en su “Historia de América Latina”. Efectivamente, se estable un pacto neocolonial. ¿Cuál es el pacto neocolonial que se establece en América Latina? Inglaterra va a ser el taller del mundo, nos va a proveer de mercancías, de todo lo que nosotros necesitemos que sea elaborado a través de la industria. Y los países de América Latina van a tener que entregar en el intercambio con Inglaterra los productos de su tierra, los productos originarios de su territorio. Argentina entregó su trigo y su ganado. El azúcar fue fundamental en la zona del Caribe. 

Y hay una muy buena película que usted puede comprar ya inmediatamente o alquilar en su videoclub que es “Queimada” de Guillo Pontecorvo, película en la cual Marlon Brando hace a “Walker” –un agente inglés- que llega a esa isla y les dice: ustedes lo que tienen que hacer es liquidar a todos aquellos que se opongan al proyecto que los va a enriquecer. Y esos burgueses le preguntan: ¿cuál es el proyecto que nos va a enriquecer? Comerciar solamente con nosotros –dice el inglés. Vendernos el azúcar solamente a nosotros y nosotros les vamos a dar todo lo que necesiten. Les vamos a fabricar hasta las tacitas para tomar el té. Porque Inglaterra –esto lo había dicho ya Adam Smith en “La riqueza de las naciones”- tiene que funcionar como el taller del mundo y tiene que tener al mundo como su comprador, como su cliente. Y ese cliente, a la vez, tiene que entregarle a Inglaterra las materias primas para que el imperio pueda llevar adelante sus industrias.

Lo que ocurrió con esto –y lo que va a ocurrir-es que una industria siempre tiene valor agregado mientras que un producto primario es primario justamente porque no tiene valor agregado, se lo entrega tal como se lo saca de la tierra. Por eso nuestras oligarquías latinoamericanas fueron infinitamente cómodas, fueron algo así como el amo hegeliano que –dice Hegel- “se evapora en el goce” mientras el esclavo es el que trabaja. Entonces entregaron los productos primarios de América Latina, e Inglaterra les entregó todo lo que necesitaban igual que en el sur de los Estados Unidos. El sur le entregaba algodón a Inglaterra y en el sur hasta los manteles eran hechos en Inglaterra.

Esta relación profundamente desigual explota en el crack del ’29 y ahí es donde los países de América Latina se dan cuenta que tomaron un camino equivocado, que el tren de la modernidad no era para ellos.

4 Los proyectos de nación

El hecho de que los países de América Latina quedaran confinados a la producción de un solo producto, es decir al monocultivo, establecía una relación de profunda desigualdad entre América Latina y los centros metropolitanos de la economía. Entonces, se careció en América Latina de un proyecto nacional que integrara a los países a través de economías regionales, autónomas, que produjeran auténticamente distintos productos que no fueran importados sino que sirvieran para el desarrollo interno de cada país. No hubo mercado interno. Y mercado interno tiene otro nombre, tiene el nombre de nación. Donde hay un mercado interno hay una nación. Donde hay una nación hay una patria. Donde hay una patria es necesario un Estado. 

Entonces, en toda América Latina lo que hubo fueron oligarquías que vivieron gozando de la abundancia fácil de los productos primarios, pero no construyeron un país. Construyeron centros urbanos de goce de esas oligarquías. Un país se podría haber construido con el desarrollo integral del país. Es decir, no sometiéndose a un único producto sino desarrollando todos aquellos que el país pudiera desarrollar con lo cual se habría podido crear el mercado interno, se habría podido dar trabajo, no habría sido “necesario” matar a tanta gente sino que se la habría integrado a una economía que podríamos llamar de integración. Pero para integrar económicamente a un país hace falta un mercado interno y una producción para ese mercado interno.

Hubo quienes se opusieron siempre a esta fácil economía de mandar a Europa lo primero que tenemos. A ver, ¿qué crece aquí? Aquí crece maíz, mandamos maíz. Hay azúcar, mandamos azúcar. No, no, no. Hubo pensadores, hubo políticos que plantearon otra cosa. Por ejemplo, Salvador Allende nacionaliza el cobre. Esta es una medida fundamental que indignó a Nixon y a la CIA. Apenas Salvador Allende nacionaliza el cobre, Nixon, Kissinger, el diario El Tribuno (que fue uno de los principales diarios que colaboró en la caída de Allende), la ITT y la Pepsicola y el Chase Manhattan Bank dicen: este es un gobierno al que hay que tirarlo abajo. Porque cómo se atreve a nacionalizar el cobre. El cobre no es de Chile, el cobre es para entregarlo a los países que dominan el mercado mundial. 

Vemos que esto ha ocurrido en todas las épocas. Desde el comienzo la caída del gobierno de Allende es planeada por este tipo de medidas proteccionistas. Siempre se han enfrentado el proteccionismo y el librecambio. ¿Qué es el proteccionismo? El proteccionismo es decir: miren señores, no nos manden máquinas de coser porque la vamos a fabricar nosotros. Eso es proteccionismo económico, y nosotros fabricamos nuestras máquinas de coser en lugar de que nos las envíen los ingleses. Pero se eligió el liberalismo, y el liberalismo qué es: miren, mándennos sus máquinas de coser, estamos abiertos a todo lo que nos quieran mandar y nosotros les enviamos lo que ustedes quieran. ¿Ustedes quieren que seamos monocultivistas? Bueno, para eso somos libres, elegimos libremente ser monocultivistas y ustedes libremente mándennos todos los productos manufacturados que nosotros podríamos hacer si fuéramos proteccionistas, pero ¿cómo vamos a ser proteccionistas? Lo fue el Paraguay, pero porque tuvo un dictador, Francisco Solano López, y cerró el Paraguay. Claro, es cierto, en el Paraguay hubo astilleros, hubo un desarrollo capitalista profundo, independiente, autónomo, por eso tuvimos que arrasar al Paraguay con 600.000 paraguayos muertos (en la Guerra de la Triple Alianza). Y esas cosas hay que hacerlas en nombre del “progreso de la historia”.

Incluso el mismísimo Marx va a decir: “¿qué importan los horrores, si los frutos son placeres? No mató a miles de seres de seres, Tamerlán en su reinado.” Con lo cual está diciendo no importa los costos humanos que impliquen la penetración imperialista en los países coloniales. Porque el mismo Marx apoya el desarrollo burgués porque dialécticamente, hegelianamente, cree que de ese desarrollo burgués va a surgir el proletariado industrial que va a llevar a estos países a la liberación. Pero aquí se equivocaba muy seriamente.

En cambio, las oligarquías criollas no necesitaban de esa dialéctica. Las oligarquías criollas de todos los países de América Latina dijeron “librecambio”. Librecambio porque con el librecambio nosotros enviamos la materia prima e Inglaterra nos manda los productos manufacturados. En cambio un Estado proteccionista habría defendido la economía nacional y habría llevado a la economía nacional a fabricar autónomamente, internamente, aquellos productos que un mercado interno habría reclamado. Esto no se hizo y los países de América Latina se constituyeron en exterioridad, es decir, dándole la manija central al imperio y sometiéndose al único producto que cada uno de ellos lograba producir. Así América Latina quedó condenada al atraso industrial y ese ha sido su destino tan oscuro en el aspecto económico. Por ende, fue un continente subalterno ante las grandes potencias. 

Vamos a desarrollar más estos temas, porque no son fáciles, pero lo vamos a hacer. Hasta luego.



Podés descargar este capítulo de aquí.
   
       

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Filosofía aquí y ahora IV. José Pablo Feinmann. Encuentro 1: La filosofía latinoamericana






Sumario

1 Centro y periferia
2 La razón en cuestión
3 Colonialismo e imperialismo
4 ¿Un pensamiento periférico?

1 Centro y periferia

Hola, esta es la cuarta entrega, el cuarto ciclo de “Filosofía aquí y ahora”. El cuarto sorprendente ciclo porque cuando empezamos esto –que lo empezamos lógicamente en su primer ciclo- no pensábamos que íbamos a llegar ni siquiera a la terminación del primero porque es muy raro hacer Filosofía en televisión. Esa fue la apuesta difícil que hicimos. Y estamos ya en nuestro cuarto ciclo o sea que estamos sorprendidos pero contentos.
Este cuarto ciclo se diferencia de los anteriores porque aquí nos vamos a ocupar de un tema específico que nos concierne profundamente. Nos vamos a ocupar de América Latina, el continente en el cual todos nosotros vivimos, malvivimos, sufrimos o gozamos. O sea, el título de esta cuarta entrega es: “América Latina: Filosofía y Colonialismo”. 

Para analizar la cuestión de la Filosofía y el colonialismo tenemos que ver un poco cómo fue posible el colonialismo, cómo surge el colonialismo. En verdad, para empezar y decirlo claro: vamos a hablar de la modernidad capitalista. La modernidad capitalista tiene un surgimiento fáctico, un surgimiento en los hechos. El surgimiento que tiene en los hechos parte del llamado “Descubrimiento de América” en 1492. Los que defienden los derechos de los pueblos aborígenes de América Latina tienen su propia historia y no aceptan el “ser descubiertos” por los europeos, sino que ya existían antes y no necesitaban ser descubiertos por nadie. Pero, sin embargo, el concepto de “descubrimiento” desde un punto de vista es exacto porque América Latina es “descubierta” por la gula del capitalismo.

El capitalismo es un sistema que desde su surgimiento ha intentado siempre globalizarse. El concepto de globalización es de los últimos tiempos (digamos dos décadas tiene, más o menos) pero si nosotros pensamos adónde iba Colón, Colón iba a globalizar el mundo, establecer un sistema-mundo. El capitalismo finalmente establece un sistema-mundo en tanto sistema de circulación de mercancías y sistema de búsqueda de materias primas para fabricar esas mercancías.

Lo que se establece aquí es un juego entre los poderosos que son los que conquistan y los que extraen la riqueza y los que entregan la riqueza, los que son saqueados. Entonces nosotros hemos llamado, desde hace mucho tiempo, a los poderosos, el centro, los que habitan la centralidad. Y a los continentes que han sido saqueados por la voracidad del capitalismo europeo los hemos llamado la periferia, la marginalidad o la subalternidad.
En realidad hay un pensador cubano –Fernández Retamar- muy conocido, que habla de los países del centro del mundo como países subdesarrollantes. O sea que habría países subdesarrollados y países subdesarrollantes, porque los países subdesarrollantes son eso es que existen los subdesarrollados. No estamos planteando aquí ninguna teoría del monstruo externo y de la inocencia total de los países que han sido saqueados. En los países que han sido saqueados siempre hubo clases aliadas –poderosísimas- al saqueador externo.
Ahora, la búsqueda que tiene que emprender América Latina es la búsqueda de una sustantividad. La búsqueda de una identidad. La llegada del colonizador europeo es una llegada típica del colonialismo porque llega con la espada para matar a quienes se opongan y llega con la cruz del catolicismo para evangelizar y conquistar las almas de aquellos que también quieran entregárseles en la modalidad de entregar su alma, ser fieles católicos y no morir. Entonces, la cruz y la espada están en el comienzo.

2 La razón en cuestión

Esto que vengo diciendo sobre la comunión entre la cruz y la espada es típico de todo colonialismo. Todo el colonialismo capitalista se ha caracterizado por colonizar en nombre de valores. Y, ahí, desde el comienzo se coloniza en nombre de la religión, en nombre –nada menos que- de Dios. Es decir, llega la cruz con la espada. En realidad la gran justificación de la conquista de América para extraer todo el oro y las riquezas de América es que se llega para evangelizar a los indios, para darles un alma (porque naturalmente no tienen un alma). Entonces los conquistadores, por medio de los clérigos, les van a dar un alma.

Luego, cuando la religión pierda su poder, va a ser reemplazada por la razón. Entonces lo que el colonialismo -a partir de Descartes que publica el “Discurso del método” en 1637- hace es poner a la racionalidad en el centro de la historia. Pero pone a la razón en el hombre. El hombre es el que tiene el poder de la racionalidad, el hombre es el que piensa y el hombre es el que encarna la razón. Ahora, como la filosofía europea ha sido el arma y la expresión reflexiva de los intereses históricos y económicos europeos, esta razón va a ser la razón europea. Entonces todo territorio en el cual entre el poder político y económico europeo va a ser un territorio conquistado por la racionalidad. Un ejemplo: si Francia en 1830 entra en Argelia, Argelia tiene la dicha de ser conquistada por la racionalidad francesa que es una parte de la racionalidad de la modernidad occidental capitalista.

Ahora bien, hay muchos filósofos que en el siglo XX han cuestionado a esta racionalidad y lo podemos hacer nosotros hoy mismo, desde aquí, desde ahora. ¿Adónde nos está llevando la racionalidad occidental? Este mundo es el mundo que construyó la racionalidad occidental. En este momento se enfrenta con otra civilización que no fue construida por la racionalidad occidental, con el Islam –digamos. Pero lo que enfrenta a la civilización del Islam es la civilización occidental. La civilización occidental hoy está peleando en Irak y está encarnada en el poder de los Estados Unidos que representan al occidente racional, al occidente portador de valores civilizatorios. 

Hay muchos filósofos que están diciendo que esta racionalidad occidental, instrumental, codiciosa, nos está llevando a un apocalipsis ya visible. ¿Dónde comienza esto? El principal filósofo que ha hecho una crítica a la razón occidental fue Martin Heidegger. Ése es uno de los motivos de su presencia tan contundente –y en mi opinión abusiva- en las academias norteamericanas y en todo el mundo (también en la nuestra). Pero el segundo Heidegger, es decir el Heidegger que sigue al Heidegger de “Ser y tiempo”… hay un Heidegger que escribe “Ser y tiempo” en 1927 y luego Heidegger hace una voltereta y comienza con otro trabajo que consiste en la crítica a la modernidad capitalista. Pero no al estilo de Marx: la modernidad capitalista es injusta porque es expoliadora, porque es explotadora, por la lucha de clases; todo eso a Heidegger no le importa. Lo que Heidegger dice es que la modernidad capitalista está devastando la Tierra, está arrasando la Tierra a través de la técnica. Todo el segundo Heidegger es una crítica a la técnica en tanto devastadora del mundo en que vivimos.


3 Colonialismo e imperialismo

En un reportaje que Heidegger dio a Der Spiegel (1966) y pidió que se publicara después de su muerte, termina diciendo: “Esto en lo que el hombre hoy vive ya no es la Tierra”. La expresión es muy válida y los ecologistas se han agarrado legítimamente de esta expresión porque que esto en lo que hoy vivimos ya no sea la Tierra quiere decir que la Tierra está siendo devastada. Y si la Tierra está siendo devastada, el planeta está siendo devastado y entonces tenemos que Estados Unidos se retira del Protocolo de Kioto, y se van a deshelar los polos, y el calentamiento global y la tala del Amazonas, etc. El capitalismo es tan voraz que no se detiene ante nada. Por eso está esa leyenda que dice que antes de salvar a la Tierra van a salvar a los bancos. Porque para salvar a los bancos ahí van corriendo pero la Tierra la están destruyendo. Va a llegar el momento del gran tsunami y ahí se van a dar cuenta de todas las calamidades que hicieron (si es que no están viviendo en otro planeta. Porque uno no se explica cómo están destruyendo tanto éste, si no tienen otro adonde rajarse cuando éste se destruya).

El colonialismo no se detiene porque ¿qué es lo que ocurre? Un país que necesita tantos elementos energéticos no los puede encontrar en su propio territorio, entonces tiene que ir a buscarlos afuera. Esto siempre fue así. Cuando Inglaterra necesitaba materias primas baratas, se las dio América Latina y en gran medida la Argentina que fue llamada “el granero del mundo” porque le daba a Inglaterra las vacas, las mieses y el ganado.
Pero, en este momento, lo que está haciendo Estados Unidos para asegurarse aquellos productos energéticos por los cuales sus industrias pueden funcionar, el país puede funcionar -fundamentalmente el elemento del petróleo-; ha consistido no ya en lo que hacía el imperialismo. Lo que hacía el Imperialismo era conquistar con la economía. Hay una concepción en donde a partir del siglo XIX los ingleses dicen no hay que entrar más en los países, lo que tenemos que hacer es dominarlos con la economía. Y efectivamente, dominan a los países a través de la economía, con los préstamos, la deuda externa, el endeudamiento de los países laterales, subalternos, periféricos. Pero Estados Unidos está variando esta modalidad, está uniendo el imperialismo con el colonialismo porque si algo caracterizaba al imperialismo era no quedarse en los países que sometía (porque los sometía con la economía, como dije). Esta “guerra contra el terror” que desarrolla Estados Unidos lo ha llevado a instalarse en los territorios que quiere, no sólo combatir, sino que quiere extraer toda la riqueza esencial para mantener sus industrias funcionando. Y también la guerra se hace para que la industria armamentística (que es una industria fundamental en los Estados Unidos) pueda continuar funcionando porque ésa es la máquina que tiene que funcionar.
 
Entonces van, invaden Irak, lo matan a Saddam, se instalan en Irak y ahí se quedan. Ahora quedarse en el país que se ha conquistado es gravísimo porque siempre surge una resistencia nacional que va desgastando al ejército colonizador. Pero, habíamos dicho que la razón occidental no se detiene ante nada. Que el occidente racional, la modernidad capitalista no se va a detener, y sigue instrumentando los mismos valores que se instrumentaron durante la conquista de América. Porque Estados Unidos lo que está diciendo es que cuando llegan sus soldados a Irak, llega a Irak la libertad, la democracia y el republicanismo. Es decir que ellos les están haciendo un enorme favor a los iraquíes porque les están llevando la posibilidad de un orden democrático que van a instalar en ese país sometido por dictaduras desde tiempos difíciles de recordar.


O sea que el imperialismo norteamericano, el colonialismo norteamericano que va y se queda ahí sigue instrumentando valores, es decir: somos la democracia, somos la libertad, venimos a librarlos de los dictadores por eso hemos desplazado a Saddam y ustedes tienen la suerte de que nosotros estemos aquí, porque nosotros somos el progreso, somos la modernidad, y ustedes son el atraso, ustedes se han quedado en el siglo XIII y necesitan que nosotros vengamos para modernizarlos. Entretanto, mientras están tan entretenidos con los territorios islámicos –porque también están pensando hacer algo con Irán-, América Latina está como disfrutando de un recreo. El imperio está muy concentrado en determinado lugar del mundo y está debilitado porque ahí no le va bien, entonces en América Latina han comenzado algunos procesos que será interesante analizar. Y los vamos a ir analizando porque esto es para analizar América Latina, la Filosofía y el colonialismo.


4 ¿Un pensamiento periférico?

Esta concentración que tiene el imperio bélico-comunicacional norteamericano (en algún momento voy a aclarar porque le digo bélico-comunicacional: porque es un imperio que se basa en gran parte en lo mediático. La comunicación como una gran herramienta de colonización mental en los países en donde quiere penetrar) lo lleva ahora a Irak, está en territorio islámico porque tiene el aval de vengar el 11 de septiembre, lo de las Torres Gemelas, el nine-eleven –como le dicen ellos-  y también de impedir un atentado nuevo.

Entre tanto en América Latina han surgido preocupaciones para el imperio porque han surgido gobiernos populistas que es algo que los liberales amantes del mercado detestan. Porque el populismo implica ante todo el intervencionismo del Estado en el mercado, y el mercado para el neoliberalismo debe ser libre. La mano de la política no puede entrar en el mercado. Esto ya implica que hay una manera distinta de estar pensando en el continente latinoamericano frente a los intereses de las clases poderosas, del establishment, que siempre ha tenido relaciones más que aceitadas con el imperio, con Estados Unidos. O sea que el hecho de que se le dé una primacía a la política frente a la economía en lugar de someter la política a la economía (como se hizo durante el gobierno de Carlos Menem en el cual la política desapareció para que la economía se hiciera su “banquete asiático”), esta primera década del siglo XXI, es un esbozo de un pensamiento diferenciado al pensamiento hegemónico de las grandes potencias.  

Entonces, el pensamiento diferenciado que implican estos procesos de América Latina en estos momentos nos tiene que llevar a preguntarnos si es posible un pensamiento autónomo, enfrentado o distinto o diferenciado del pensamiento del imperio. Nosotros creemos que sí, sino incluso no estaríamos haciendo esto. Creemos –y espero que no lo tomen como una enorme jactancia- que estar haciendo esto implica que existan pequeños micro-emprendimientos de ir logrando un pensamiento situado. El pensamiento situado es el pensamiento de lo local que no es el antónimo de global. Nosotros vamos a decir que la globalización se realiza en América Latina pero toma la forma de la “glocalización”. Es decir que América Latina no se aparta de una concepción globalizada de la historia, esa globalización que dan sobre todo los medios de comunicación –se han globalizado y el mundo es un papelito en donde estamos en cualquier lugar en cualquier momento.
Esto enfurecía mucho a Heidegger que decía: el tiempo ya no existe, lo único que existe es la rapidez. Es un concepto muy fascinante: no hay más tiempo, hay rapidez. Ustedes habrán observado que en ambientes como el cine o la televisión o en cualquier oficina cuando alguien dice ¿para cuándo querés esto?, el otro contesta: para ayer -como indicando la rapidez de lo que quiere. Pero “para ayer” es decir “no lo quiero”, en realidad está diciendo un disparate. Porque “ayer” pasó, “ayer” no es. O sea, lo quiero para una temporalidad que ya murió. Esto que lo piensen los piolas que dicen para ayer. 

Ahora, América Latina tiene que expresar que participa de la ontología que es el planeta. Es decir que hay un SER del planeta, este planeta ES. Pero América Latina tiene que SER de un modo distinto a como el imperio es. Tiene que ser su propio rostro, su propia historia, su propio voluntarismo, su propia capacidad de pensarse y buscarse a sí misma. La tarea de buscarse a uno mismo no es fácil en uno mismo. Pocas personas se buscan a sí mismas. Generalmente las personas viven buscando enajenarse para no reflexionar sobre sí mismas, sobre la vida que llevan, etc. etc. 

Sobre todo pensemos lo difícil que es para un continente pensarse a sí mismo. Pero lo que nosotros debemos decir es que si América Latina no desarrolla un exhaustivo pensamiento acerca de su historia y de su proyecto actual diferenciándolo del proyecto imperial, del proyecto de las naciones hegemónicas, va a quedar sometida al proyecto imperial.
O sea, la tarea actual es pensarnos a nosotros mismos en búsqueda de nuestra propia libertad. 

Hemos terminado por hoy y nos vamos a ver, sin duda nos vamos a ver. Chau. Hasta luego.


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