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lunes, 7 de enero de 2013

“Así será 2013”

 

Por Ignacio Ramonet

(Le Monde Diplomatique, Enero 2013, Nº 207)


Después de haber sobrevivido –el pasado 21 de diciembre– al anunciado fin del mundo, nos queda ahora tratar de prever –con razonamientos prudentes pero más cartesianos– nuestro futuro inmediato, basándonos en los principios de la geopolítica, una disciplina que permite comprender el juego general de las potencias y evaluar los principales riesgos y peligros. Para anticipar, como en unos tableros de ajedrez, los movimientos de cada potencial adversario.
 
Si contemplamos, en este principio de año, un mapa del planeta, inmediatamente observamos varios puntos con luces rojas encendidas. Cuatro de ellos presentan altos niveles de peligro: Europa, América Latina, Oriente Próximo y Asia.
 
En la Unión Europea (UE), el año 2013 será el peor desde que empezó la crisis. La austeridad como credo único y los hachazos al Estado de bienestar continuarán porque así lo exige Alemania que, por primera vez en la historia, domina Europa y la dirige con mano de hierro. Berlín no aceptará ningún cambio hasta los comicios del próximo 22 de septiembre en los que la canciller Angela Merkel podría ser elegida para un tercer mandato.
 
En España, las tensiones políticas aumentarán a medida que la Generalitat de Catalunya vaya precisando los términos de la consulta a los catalanes sobre el futuro de esa comunidad autónoma. Proceso que, desde Euskadi, los nacionalistas vascos seguirán con el mayor interés. En cuanto a la situación de la economía, ya pésima, va a depender de lo que ocurra... en Italia en las próximas elecciones (el 24 de febrero). Y de las reacciones de los mercados ante una eventual victoria de los amigos del conservador Mario Monti (que cuenta con el apoyo de Berlín y del Vaticano) o del candidato de centroizquierda Pier Luigi Bersani, mejor colocado en las encuestas. También dependerá de las condiciones (sin duda brutales) que exigirá Bruselas por el rescate que Mariano Rajoy acabará pidiendo. Sin hablar de las protestas que siguen extendiéndose como reguero de gasolina y que acabarán por dar con algún fósforo encendido... Podrían producirse explosiones en cualquiera de las sociedades de la Europa del sur (Grecia, Portugal, Italia, España) exasperadas por los matraqueos sociales permanentes. La UE no saldrá del túnel en 2013, y todo podría empeorar si, además, los mercados decidieran cebarse (como los neoliberales les están incitando a hacerlo) (1) con la Francia del muy moderado socialista François Hollande.

En América Latina, el año 2013 también está lleno de desafíos. En primer lugar en Venezuela, país que desde 1999 representa un papel motor en los cambios progresistas de todo el subcontinente. La imprevista recaída del presidente Hugo Chávez –reelegido el pasado 7 de octubre– crea incertidumbre. Aunque el dirigente se está restableciendo de su nueva operación contra el cáncer, no pueden descartarse nuevas elecciones presidenciales en febrero próximo. Designado por Chávez, el candidato de la revolución bolivariana sería el actual vicepresidente (equivalente a primer ministro) Nicolás Maduro, un líder muy sólido con todas las cualidades, humanas y políticas, para imponerse.
 
También habrá elecciones, el 17 de febrero, en Ecuador: la reelección del presidente Rafael Correa, otro dirigente latinoamericano fundamental, ofrece pocas dudas. Importantes comicios asimismo, el 10 de noviembre, en Honduras donde, el 28 de junio de 2009, fue derrocado Manuel Zelaya. Su sucesor, Porfirio Lobo, no puede postularse para un segundo mandato consecutivo. En cambio, el Tribunal Supremo Electoral ha autorizado la inscripción del partido Libertad y Refundación (LIBRE), liderado por el ex presidente Zelaya, que presenta, como candidata, a su esposa y ex primera dama, Xiomara Castro. Importantes elecciones igualmente en Chile, el 17 de noviembre. Aquí, la impopularidad actual del presidente conservador Sebastián Piñera ofrece posibilidades de victoria a la socialista Michelle Bachelet.
 
La atención internacional también se fijará en Cuba. Por dos razones. Porque continúan en La Habana las conversaciones entre el Gobierno colombiano y los insurgentes de las FARC para tratar de poner fin al último conflicto armado de América Latina. Y porque se esperan decisiones de Washington. En los comicios estadounidenses del pasado 6 de noviembre, Barack Obama ganó en Florida; obtuvo el 75% del voto hispano y –muy importante– el 53% del voto cubano. Unos resultados que le dan al Presidente, en su último mandato, un amplio margen de maniobra para avanzar hacia el fin del bloqueo económico y comercial de la isla.
 
Donde nada parece avanzar es, una vez más, en el Cercano Oriente. Ahí se encuentra el actual foco perturbador del mundo. Las revueltas de la “primavera árabe” consiguieron derrocar a varios dictadores locales: Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto, Gadafi en Libia y Saleh en Yemen. Pero las elecciones libres permitieron que partidos islamistas de corte reaccionario (Hermanos Musulmanes) acaparasen el poder. Ahora quieren, como lo estamos viendo en Egipto, conservarlo a toda costa. Para consternación de la población laica que, por haber sido la primera en sublevarse, se niega a aceptar esa nueva forma de autoritarismo. Idéntico problema en Túnez.
 
Después de haber seguido con interés las explosiones de libertad de la primavera 2011 en esta región, las sociedades europeas se están de nuevo desinteresando de lo que allí ocurre. Por demasiado complicado. Un ejemplo: la inextricable guerra civil en Siria. Ahí, lo que está claro es que las grandes potencias occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia), aliadas a Arabia Saudí, Qatar y Turquía, han decidido apoyar (con dinero, armas e instructores) a la insurgencia islamista suní. Ésta, en los diferentes frentes, no cesa de ganar terreno. ¿Cuánto tiempo resistirá el Gobierno de Bachar El Asad? Su suerte parece echada. Rusia y China, sus aliados diplomáticos, no darán luz verde en la ONU a un ataque de la OTAN como en Libia en 2011. Pero tanto Moscú como Pekín consideran que la situación del régimen de Damasco es militarmente irreversible, y han empezado a negociar con Washington una salida al conflicto que preserve sus intereses.
 
Frente al “eje chií” (Hezbolá libanés, Siria, Irán), Estados Unidos ha constituido en esa región un amplio “eje suní” (desde Turquía y Arabia Saudí hasta Marruecos pasando por El Cairo, Trípoli y Túnez). Objetivo: derrocar a Bachar El Asad –y despojar así a Teherán de su gran aliado regional– antes de la próxima primavera. ¿Por qué? Porque el 14 de junio tienen lugar, en Irán, las elecciones presidenciales (2). A las cuales Mahmud Ahmadinejad, el actual mandatario, no puede presentarse pues la Constitución no permite ejercer más de dos mandatos. O sea que, durante el próximo semestre, Irán se hallará immerso en violentas pugnas electorales entre los partidarios de una línea dura frente a Wa­s­hington y los que defienden la vía de la negociación.
 
Frente a esa situación iraní de cierto desgobierno, Israel en cambio estará en orden de marcha para un eventual ataque contra las instalaciones nucleares persas (3). En el Estado judío, en efecto, las elecciones generales del 22 de enero verán probablemente la victoria de la coalición ultraconservadora que reforzará al primer ministro Benjamín Netanyahu, partidario de bombardear cuanto antes Irán.
 
Ese ataque no puede llevarse a cabo sin la participación militar de Estados Unidos. ¿Lo aceptará Washington? Es poco probable. Barack Obama, que toma posesión el 21 de enero, se siente más seguro después de su reelección. Sabe que la inmensa mayoría de la opinión pública estadounidense (4) no desea más guerras. El frente de Afganistán sigue abierto. El de Siria también. Y otro podría abrirse en el norte de Malí. El nuevo secretario de Estado, John Kerry, tendrá la delicada misión de calmar al aliado israelí.
 
Entretanto Obama mira hacia Asia, zona prioritaria desde que Washington decidió la reorientación estratégica de su política exterior. Estados Unidos trata de frenar allí la expansión de China cercándola de bases militares y apoyándose en sus socios tradicionales: Japón, ­Corea del Sur, Taiwán. Es significativo que el primer viaje de Barack Obama, depués de su ­reelección el pasado 6 de noviembre, haya sido a Birmania, Camboya y Tailandia, tres ­Estados de la Asociación de ­Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN). Una organización que reúne a los aliados de Wa­shington en la región y la mayoría de cuyos miembros tienen problemas de límites marítimos con Pekín.
 
Los mares de China, que designará a Xi Jinping presidente en marzo próximo, se han convertido en las zonas de mayor potencial de conflicto armado del área Asia-Pacífico. Las tensiones de Pekín con Tokio, a propósito de la soberanía de las islas Senkaku (Diaoyú para los chinos), podrían agravarse después de la victoria electoral, el pasado 16 de diciembre, del Partido Liberal-Demócrata (PLD) cuyo líder y nuevo primer ministro, Shinzo Abe, es un “halcón” nacionalista, conocido por sus críticas hacia China. También la disputa con Vietnam sobre la propiedad de las islas Spratley está subiendo peligrosamente de tono. Sobre todo después de que las autoridades vietnamitas colocaran oficialmente, en junio pasado, el archipiélago bajo su soberanía.
 
China está modernizando a toda marcha su Armada. El pasado 25 de septiembre lanzó su primer portaaviones, el Liaoning, con la intención de intimidar a sus vecinos. Pekín soporta cada vez menos la presencia militar de Estados Unidos en Asia. Entre los dos gigantes, se está instalando una peligrosa “desconfianza estratégica” (5) que, sin lugar a dudas, va a marcar la política internacional del siglo XXI.

(1) Léase el dossier “France and the euro. The time-bomb at the heart of  Europe”, The Economist, Londres, 17 de noviembre de 2012.
(2) En Irán, el presidente no es el jefe de Estado. El jefe de Estado es el Guía Supremo, elegido de por vida, y cuya función ejerce actualmente Alí Jamenei.
(3) Léase, Ignacio Ramonet, “El año de todos los peligros”, Le Monde diplomatique en español, febrero 2012.
(4) The New York Times, Nueva York, 12 de noviembre de 2012.
(5) Léase Wang Jisi y Kenneth G. Lieberthal, “Adressing U.S.-China Strategic Distrust”, Broo­kings Institution, 30 de marzo de 2012. www.brookings.edu/research/papers/2012/03/30-us-china-lieberthal
 
Tomado de aquí.
 
 
 

miércoles, 2 de enero de 2013

Enrique Dussell: ‘Ahora, la transmodernidad’

 
Yamandú Acosta y Alejandro Casas
Radio Nacional de Venezuela
Adital
Entrevista a Enrique Dussel, fundador de la filosofía de la liberación

En este diálogo con Brecha, el fundador de la filosofía de la liberación habla de todo: la concepción de pueblo y movimientos sociales, la necesidad de apartarse de las miradas políticas eurocentristas (y de la vigencia de la teoría de la dependencia), la exigencia de crear cuadros políticos en América Latina, el nacimiento (creado a partir de la ecología) de otras categorías que superarían a la posmodernidad.

¿En qué situación se encuentra la filosofía de la liberación latinoamericana, de la cual usted es uno de los máximos exponentes?

Es un movimiento que ha surgido en América Latina que expresa nuestra realidad y que intenta hacer filosofía en América Latina, pensar la realidad latinoamericana. Estamos, pienso, en el fin de la etapa poscolonial, y el tema de la liberación está en el fondo del proceso de las masas, del pueblo y de la cultura latinoamericana. Estamos viviendo un momento en el que se va a producir la segunda independencia. Y la filosofía de la liberación expresa eso.

¿Cuál sería el contenido de la liberación, cuáles serían el sujeto y las dimensiones de la filosofía de la liberación?

Creo que es la única herencia viviente del 68. La escuela de Fráncfort tuvo en ese momento la oportunidad de dar una voz novedosa, porque fue ahí que Marcuse y los demás fueron comprendidos por primera vez por Europa y el mundo. Creo que lo mismo acontece con nosotros, vamos tomando conciencia de ese proceso.

Usted ha trabajado con manuscritos todavía inéditos de Marx, ha intentado una relectura de Marx desde América Latina y ha producido una trilogía de textos donde analiza lo que llama "los cuatro borradores de El capital”. ¿Cuáles han sido los principales aportes de su trabajo?

Estando en México, el marxismo era algo así como el lenguaje de la discusión de la izquierda, y me di cuenta de que había que entrarle al tema a fondo y descubrir cómo hacer para, de una vez por todas, captar filosóficamente el pensamiento marxista. Me pareció más económico, en el sentido de ahorrar tiempo, intentar releer a Marx mismo y no todas las interpretaciones de Marx. Empezamos a leerlo sistemáticamente y me di cuenta de que Marx era ya hegeliano. Estudiamos los tres tomos de las cuatro versiones de El capital, cuestión que nadie tenía muy clara. Marx escribió cuatro veces ese texto. A partir de ahí empezamos a construir otros desarrollos desde la filosofía de la liberación.

¿Usted sostiene la vigencia actual de la teoría de la dependencia?

Correcto. Existen capitales globales nacionales y transferencias del plusvalor de un capital global nacional a otro, y esto hace a la extracción de riquezas del centro respecto a la periferia. El concepto de periferia es de Marx, el concepto de subdesarrollo es de Marx y la transferencia del plusvalor es de Marx. Ninguno de los teóricos de la dependencia se expresó con suma precisión sobre el tema a partir de Marx. Sigo pensando que el fondo del problema es la globalización, una globalización extractiva del plusvalor de los países menos desarrollados, en el mejor de los casos a partir de la competencia, pero casi todos los mecanismos son los del monopolio. Hay extracción del plusvalor por medio de un interés en la deuda, hay extracción porque hay monopolio de la venta de productos manufacturados, porque hay monopolios de las compras de materia prima. Casi todo es por medio del monopolio. No hay ni siquiera competencia. Es fácil de encontrar que eso es robo y transferencia. A los economistas se les escapa completamente el Marx filósofo, y a muchas lecturas de filósofos, como a Althusser, se les escapa el Marx económico.

Usted sostiene la centralidad del trabajo vivo en Marx, y sostiene también que El capital es una ética, ¿cómo se podría fundamentar esa visión?

El trabajo vivo es la subjetividad misma del trabajador como punto de partida, el trabajo vivo no tiene valor. Esto muestra que el trabajo vivo, que es la subjetividad, va a ser subsumida en el capital y se va a transformar en una mediación en el proceso de trabajo para la producción del producto. El ser humano se transforma en una mediación; el sujeto se transforma en una cosa y la cosa se transforma en un sujeto. Y eso es la inversión fetichista y eso es un problema ético. Y en el fondo hay una injusticia. Y dice Marx: "El trabajo es impago, y si es impago no se paga, y si no se paga es un robo”, y eso es un problema ético. En el fondo él dice: "Habría que ser muy animales para dar la espalda a los sufrimientos de la humanidad”. A El capital le he dedicado mi vida porque uno no puede darle la espalda a los sufrimientos de la humanidad. Detrás de El capital hay una actitud ética de develar el mal que es la causa de la pobreza que parte de la acumulación del capital. En realidad, en el primer tomo, que era el comienzo del desarrollo de su sistema, ya llegó al tema que le interesó a muchos: la pobreza es proporcional a la riqueza, y eso es una injusticia.

PUEBLO, CLASE, AMÉRICA LATINA

Usted plantea que la categoría "pueblo” es una categoría política que no niega la teoría de clase. ¿Cómo caracteriza al pueblo y a la clase?

Después de muchos años, creo que ya se va entendiendo que el pueblo, como decía Gramsci, es el bloque social de los oprimidos, y yo le agrego de los excluidos. Es un bloque social que se transforma en actor político, pero es un bloque social que puede estar disperso, y como está disperso consiente a aquellos que lo oprimen. Sin conciencia continúa la realización de la historia.

En los momentos coyunturales en que esos movimientos sociales descubren la opresión que van sufriendo, surge este fenómeno. Yo lo podría aplicar al proceso de emancipación, y se da una coyuntura que une a muchos movimientos, hasta los comerciantes que no pueden comerciar por estar oprimidos por los monopolios, los esclavos por la esclavitud, los campesinos, los indígenas… Es lo que está pasando en América Latina, en Bolivia por ejemplo, donde los distintos movimientos sociales van articulando sus demandas para constituir un proyecto hegemónico que unifica a los pueblos y los transforma en actor colectivo. Luego de logrado el objetivo, el pueblo puede volver a desarticularse, y lo que había sido el grupo hegemónico en el proceso de liberación puede transformarse en la siguiente etapa en un grupo de dominación, como fueron los criollos o como en la Unión Soviética los bolcheviques que se transformaron también en el Partido Comunista, que fue un grupo que dominó a la revolución contra el zarismo. La categoría pueblo no se opone a la de clase porque la clase obrera puede ser uno de los actores de ese proceso. Funcionaría como clase obrera, pero ya cuando se transforme en un sindicato, por ejemplo, en el movimiento social, empieza a ser también movimiento social en otro sentido de la expresión. Todavía no tenemos una teoría de los movimientos sociales porque hay algunos que son clase y otros que no, como los de determinación del sujeto: los viejos, la raza, el género son movimientos sociales distintos a los de clase. Todos unidos constituyen pueblo como actor colectivo, pero no es una sustancia que atraviesa la historia de manera homogénea sino que van cambiando sus componentes, tienen otras tradiciones internas y a veces se inmovilizan por esas contradicciones. El pueblo es el actor colectivo y no el individuo liberal como mero ciudadano.

Podríamos decir entonces que su política cumple dos objetivos: releer el análisis de Marx desde la economía política hasta el campo de la política y contribuir con un marco teórico para pensar los gobiernos de izquierda y las luchas sociales en América Latina de esta última década.

Sí, por ejemplo hacer algo esencial, que es formar cuadros en los partidos políticos, algo que nadie hace. Hoy no hay ningún país en el mundo que tenga escuela de cuadros. Y eso supone tener una cierta teoría para dar a la juventud que quiera empezar a hacer política, y que implique cómo, siendo honesto, ser estratégicamente inteligente y vencer en beneficio de un pueblo y no en el de la egolatría o de hacerse rico o famoso. Hay que triunfar en la política en el sentido de que hay que poner un cierto proyecto, pero que sea en favor del pueblo. Y en ese caso el político se disuelve en la tarea, pero hay que darle una teoría, si no el político se inicia en el modo de hacer política de los viejos, y no tenemos salida. La humanidad entera afronta una crisis muy grave de toma de decisiones fundamentales, la principal a nivel ecológico, y no las toma porque hay una imposibilidad económica pero también teórica.

PODER "OBEDENCIAL”

Usted reivindica la categoría del poder obediencial, ¿cómo se incluye en su teoría política?

Fue una expresión de Evo Morales, y yo digo que esta expresión supera la concepción del poder de toda la modernidad. Es muy del indígena, porque ellos definen su manera en la base, discuten algo y luego nombran al que debe hacerlo, y el que debe hacerlo debe hacer lo que se ha dispuesto y si no lo hace después lo agarran por no haber cumplido. El que ejerce el poder lo hace por obediencia, y esa es una concepción distinta y positiva del poder que me cambia todas las definiciones desde Hobbes por lo menos. Entonces hay que tomarse en serio esas expresiones y construir filosóficamente el contenido y defenderlo de todos los ataques y mezclar sus potencias. Sin embargo, el poder obediencial es el poder que ejerce el elegido del aparato representativo, pero en el nivel de la participación el poder es ejecutivo. En el caso del pueblo mismo cuando participa, en ese caso se obedece a sí mismo. Pero al poder participativo también hay que organizarlo. Me he dado cuenta de que en los últimos años he pensado mucho en cómo reformar, mejorar, fiscalizar el poder representativo. En el poder participativo el que manda, que es el pueblo, mandata, pero como pueblo, no como representante. Hay todo un tema con los medios de comunicación; esta ley que los argentinos han sacado es la primera en el mundo y es fundamental. Una parte de la comunicación está en manos de las comunidades, otra en manos del Estado y una tercera en las manos del capital privado. Tres partes; dos son para generar una opinión pública crítica. Con el monopolio de los medios de comunicación el pueblo queda alienado, queda confundido, queda inhabilitado. Y ahí tenemos un callejón sin salida.

En ese sentido, uno podría pensar las tensiones que se generan en América Latina entre los movimientos sociales y los partidos políticos de corte progresista.

Muchos partidos políticos son maquinarias electorales y no escuelas de política. Y la maquinaria electoral tiene electos, y el electo tiene sueños, a veces excesivos. Y el electo se corrompe. De pronto un obrero que ha luchado toda su vida con buena voluntad es elegido diputado y gana 15 mil dólares por mes, entonces empieza la distribución de los cargos y los partidos se corrompen. Y claro que los movimientos sociales son críticos; ellos son los que tienen que ejercer la crítica. La primera es que una institución representativa no puede fijarse los salarios a sí misma. En México los jueces de la Suprema Corte de Justicia se fijan el salario. Y ganan 35 mil dólares por mes. ¿Cómo ese juez va a ser justo si ya se fijó el salario? Están todos corrompidos. Los movimientos sociales no pueden aceptar eso.

Su producción intelectual supone una crítica al eurocentrismo en las ciencias sociales, en las ciencias humanas, en la filosofía. Y más que una respuesta implica una construcción alternativa a esa perspectiva eurocéntrica, donde usted incorpora muchos elementos del análisis histórico y una relectura de los procesos históricos.

La Europa moderna desde el siglo XVIII, desde el punto de vista de las ciencias y las ciencias sociales, ha hecho grandes avances e invenciones y no vamos a desacreditar eso. Sería un crimen no asumirlo. Pero dentro de esa interpretación de las ciencias sociales, de la historia, de la sociología, de la política, de la filosofía, se ha inmiscuido esa cierta centralidad que toda cultura tiene. Toda cultura es de alguna manera inevitablemente etnocéntrica. Pero el etnocentrismo europeo es el primer etnocentrismo mundial, porque los chinos son etnocéntricos pero nunca habían sido dominadores del mundo. En cambio el etnocentrismo europeo se impuso a todos y lo incorporamos nosotros; nosotros mismos somos profundamente eurocéntricos, es decir que nos negamos a nosotros mismos. Y al negarnos, desaparecemos.

Usted dice incluso que la propia democracia no es un invento griego…

No es griego y menos europeo y menos liberal. Debemos advertir, y como una cebolla ir sacando las capas, que el eurocentrismo lo tenemos metido a niveles que no sospechamos. Esto es fundamental para irnos descubriendo diferentes y crear nuestras propias tradiciones y posibilidades. Los propios europeos tienen que redefinirse y descubrir su etnocentrismo, sobre todo en estos momentos en los que Europa ha dejado de ser hegemónica. La filosofía de la liberación tiene como punto de partida pensar desde lo propio. Y el instrumento que tiene, como el psicoanálisis, es mirarse en la historia y preguntarse cuándo surgieron aquellos traumas que hacen que yo tenga esta enfermedad. La historia es para mí como el psicoanálisis, porque permite hacer la historia de nuestros traumas y encontrar el origen de nuestra propia invisibilidad, no imbecilidad, sino invisibilidad.

Usted plantea una crítica a la postura posmoderna y plantea la concepción de la transmodernidad, ¿cómo la caracterizaría?

La transmodernidad dice que lo que viene no es moderno, no será ni una modernidad ni muchas modernidades. Va a ser otra edad diferente. ¿Cuándo? En 100 años o en 200, no sé, pero vamos hacia otra cosa. Ecológicamente la Tierra no da más. Y el capitalismo va a ser superado más por la ecología que por los movimientos sociales. Vamos a una edad distinta, ¿pero cómo se va a construir eso? Se va a construir desde la experiencia de las culturas no modernas –lo cual no significa atrasadas– en aquello en lo que la propia modernidad despreció. El hombre moderno no lo puede hacer, lo que están haciendo los aymaras en Bolivia no lo puede hacer ningún moderno. Desde esa exterioridad se desarrolla ahora un proyecto a un pluriverso futuro. Tenemos que ver ahora cómo el mundo árabe, el mundo chino, América Latina, están desarrollando novedades en diálogo con la modernidad. Los posmodernos son una escapatoria de la modernidad, son una crítica de la modernidad desde la modernidad. Yo le decía a Vattimo: "¿Tú crees que en Kenia hay una situación posmoderna? Es un mundo completamente distinto. Nunca pasa lo que a ti te pasa en Torino”. Hay que partir de esa exterioridad de Kenia en diálogo con la modernidad, y va a salir algo nuevo.

¿La transmodernidad supone una superación al capitalismo y una revolución?

Esa sociedad futura supera el capitalismo. Va a tener otros puntos de partida, para empezar un respeto por la naturaleza que la modernidad no tuvo. 

[Fuente: http://www.rnv.gob.ve/noticias/index.php?act=ST&f=17&t=142236]

Tomado de aquí.

 

martes, 27 de diciembre de 2011

Entrevista de Walter Martínez a Atilio Borón en Dossier

Atilio Borón en Dossier -Telesur from Brancaleone on Vimeo.

Filosofía aquí y ahora IV. José Pablo Feinmann. Encuentro 11: El marxismo en América Latina I


Filosofía aquí y ahora IV - José Pablo Feinmann

Sumario

1 El problema colonial
2 ¿Quién lamenta los estragos?
3 La trágica impotencia
4 Las leyes de la historia y la necesariedad


1 El problema colonial

Este es nuestro encuentro número 11 de “Filosofía aquí y ahora IV” en el que vamos a tratar el marxismo en América Latina para lo cual vamos a hacer un análisis del pensamiento de Marx acerca del problema colonial.

Voy a decir que Marx en realidad, en mi concepto, no se ha lucido en el análisis del problema colonial pero estaba bastante condicionado por su formación hegeliana para no lucirse en esta cuestión, sino para entenderla más bien equivocadamente.

Hay en Hegel una concepción dialéctica de la historia que afirma que la historia tiene un devenir necesario, universal, inmanente, dialéctico. Es decir que la historia marcha necesariamente en una dirección. A esto se le llama teleología, telos quiere decir “fin” y logía, estudio: estudio de los fines es lo teleológico. Teleológico es el camino necesario que la dialéctica tiene que recorrer para que la historia se cumpla.

La historia, cuando toma Marx esta dialéctica, crea a los propios sepultureros de aquellos movimientos históricos que la han encarnado en determinado momento. Esto, en Hegel, estaba. Hegel había afirmado que había determinados momentos históricos que devenían en lo que Hegel llamaba “positivos”; positivos en el sentido de no tener ya un posible desarrollo. La dialéctica justamente funciona a través de la negatividad. La dialéctica siempre niega para pasar a un nuevo momento.

Cuando Marx toma esta idea de la dialéctica hegeliana, la toma del siguiente modo (basándose en la Revolución Francesa): el feudalismo fue negado por la burguesía. Fue necesaria, para que la historia continuara, la burguesía en tanto que la clase más revolucionaria de la historia humana –para Marx, lo dice en “El Capital” y lo dice en “El manifiesto comunista” de 1848-. Pero la burguesía al derrotar al feudalismo crea a su propio sepulturero que es el proletariado industrial.

Entonces este es el movimiento dialéctico necesario, interno de la historia. La historia tiene necesariamente este movimiento –dice Marx. Así como la burguesía enterró al feudalismo, va a ser el proletariado industrial –que es el fruto del desarrollo de la burguesía- el que entierre a la burguesía por el movimiento dialéctico de la historia que va de negación en negación. O sea, la burguesía niega al feudalismo y el proletariado niega a la burguesía. Y, en quién deposita Marx esta exquisita tarea de derrotar a la burguesía y llevar a la humanidad hacia una sociedad igualitaria y sin clases: en el proletariado.

Así que el proletariado tiene que universalizarse, esta es la trampa de Marx. El proletariado tiene que universalizarse. Ahora, ustedes observen que si el proletariado tiene que universalizarse primero tiene que universalizarse la burguesía. Es decir, toda expansión de la burguesía va a ser bien vista por Marx. No le va a preocupar porque en tanto la burguesía se expanda, de ella, de sus entrañas, va a salir su sepulturero que es el proletariado industrial. Así Engels en 1848 habla de la conquista de México por Estados Unidos. Un texto que a nosotros ahora nos sorprende, pero tenemos que comprender que para Engels la historia debía surgir de la planetarización de la burguesía. Entonces, Engels dice que es extraordinario, es positivo que Estados Unidos conquiste a los perezosos mexicanos, porque Estados Unidos va a llevar a México modernas relaciones de producción capitalista y de estas modernas relaciones de producción capitalista van a surgir los proletarios modernos que van a derrotar a la burguesía y van a instaurar la dictadura del proletariado que va a conducir a la sociedad sin clases.

Esta es la dialéctica tal como la veía Marx. En esta dialéctica de Marx la burguesía juega un papel fundamental: sin burguesía no hay proletariado revolucionario. Entonces Marx tiene que apoyar todas las conquistas de la burguesía porque necesita a la burguesía para que surja de ella el proletariado redentor que Marx necesita. En consecuencia Marx es un impulsor de la burguesía en India, en China, en México –menos en Irlanda aunque, ojo, lo vamos a ver, Irlanda es una colonia blanca y ahí Marx ve bien el problema.

2 ¿Quién lamenta los estragos?

Es tan fuerte el pensamiento dialéctico de Marx que justifica hasta los horrores del progreso. Y ojo, el pensamiento colonial de Marx forma un corpus muy importante en su pensamiento, no son 2 o 3 artículos sueltos. Pero, cuando termina el artículo de “La dominación británica en la India” (1853), para justificar los estragos que Inglaterra ha hecho en la India, cita a Goethe y el texto de Goethe es: “¿quién lamenta los estragos si los frutos son placeres? ¿No mató a miles de seres Tamerlán en su reinado?” O sea, hay aquí una justificación de la barbarie en tanto progreso. Si la barbarie implica un progreso, justificada está.
O sea, a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra es un instrumento del progreso. Un instrumento inconciente, porque la burguesía cree que está triunfando -según Marx-, la burguesía cree que está triunfando y dominando el mundo. Pero en realidad la burguesía está creando la obra maestra que la va a destruir y que es el proletariado. Esto no pasó así, lo sabemos. Pero no vamos a dejar de reconocer que hay otros textos de Marx sobre el colonialismo que implican un reconocimiento mayor. Por ejemplo: “Para ser libre en su casa John Bull necesita esclavizar a los pueblos que están fuera de la frontera de su estado” (Karl Marx). Analicemos esta frase: para ser libre en su casa John Bull (o sea, Inglaterra) necesita esclavizar a todos los otros pueblos que están fuera de su casa: esto es el colonialismo, esto es el imperialismo. Esto recuerda una gran frase de Jean Paul Sartre en el prólogo a Fanon donde dice: “Europa se ha hecho a sí misma fabricando esclavos y monstruos”.

Ahora, en el pensamiento de Marx, también quienes intentan defenderlo con toda buena fe, porque hay muchos que tienen una relación pasional con Marx -yo la tuve en algún momento, lo que pasa es que ya no tengo relación pasional con ningún filósofo-, y tratan de defender a Marx diciendo: pero está la cuestión irlandesa, Marx entendió bien la cuestión irlandesa. Sí, Marx entendió bien la cuestión irlandesa, pero tengamos en cuenta que Irlanda era una colonia blanca y Marx entonces dice: “La liberación de Inglaterra depende de la liberación de Irlanda”, porque se da cuenta que Inglaterra al explotar a Irlanda compra a su proletariado  interno, pero no ve que en la explotación colonial ocurre lo mismo: es por la explotación colonial que Inglaterra puede comprar a su proletariado interno.

En la cuestión irlandesa sí lo ve y esto no lo aplicó al resto del mundo, lo aplicó a la cuestión irlandesa. En todos los otros esquemas de Marx, incluso en el texto terrible que escribe sobre Bolívar, Marx aplica el esquema dialéctico: la burguesía tiene que planetarizarse para que surja el proletariado. Entonces ahí sí la revolución es posible.

Al final de su vida hay una carta de la populista rusa Vera Zasulich que mueve un poco a Marx porque le dice: nosotros aquí en la comuna rural rusa ya tenemos el socialismo, qué tenemos que hacer, esperar 50 años de horror de la burguesía para realizar la revolución. Y Marx se siente algo confundido y le dice que no hay que tomar “El Capital” como una teoría necesaria del desarrollo de la historia. No hay una fatalidad histórica -dice Marx. Pero, en realidad, la carta a Vera Zasulich es una carta, mientras que todos los textos de Marx son un corpus, incluso en “El Capital” mismo Marx cita estos textos avalándolos en su obra mayor, en su obra más trascendente.

En suma, hay cosas que Marx no vio. La expasión colonial resultó retrograda, resulto infamante para todos los países en los que penetró. No implicó progreso, implicó un atraso catastrófico. Entonces, por otro lado, lo que esencialmente no vio fue que la teoría de la dictadura del proletariado a través del Estado iba a generar dictaduras sanguinarias como por ejemplo la de Stalin. Y terminó por no ver -afortunado él que no lo vio, desdichados nosotros que lo vimos- que después de la Guerra Fría la que se impone es la burguesía neoliberal que es absolutamente despiadada. Pero la burguesía neoliberal -y con esto cierro- no ha triunfado porque un movimiento triunfa cuando soluciona los problemas que le había planteado su opositor. Y el neoliberalismo no ha solucionado ni el problema de la desigualdad, ni el problema del hambre, ni el problema de la explotación; al contrario, los ha agrabado enormemente. O sea, Marx todavía tiene vigencia.

3 La trágica impotencia

Contrariamente a don José Carlos Mariátegui de quien habíamos rescatado el nacionalismo peruano que late en las páginas de su libro “7 ensayos...”, los marxistas argentinos trasladan mecánicamente los esquemas de Marx, sobre todo los del “Manifiesto comunista” y algunos otros -no tanto los de “El Capital” porque les costaba más leer “El Capital”, algunos sí han leído “El Capital”.

Quien más inteligente ha sido en trasladar estos equemas de Marx, y que, sin duda, no le niego que haya leído “El Capital”, fue Milcíades Peña con libros muy valiosos y que por algo uno ha polemizado con ellos. Pero, en Peña, se da la perfecta traslación del pensamiento de Marx a la realidad argentina del siglo XIX. Y esto se puede ver en un libro como “La era de Mitre” (1968), un muy buen libro de Milcíades Peña -esté uno o no de acuerdo- donde él plantea que la única opción que tenía la Argentina era atraso con apoyo popular o progreso con oligarquía e imperialismo. Con oligarquía e imperialismo el avance, el progresismo, era inevitable pero se hacía a expensas de recibir el capital británico. Hay una célebre frase de Mitre que dice: brindo por el capital británico y el esfuerzo argentino.

Ahora, hay un movimiento popular en todo el interior argentino que es el movimiento federal que en determinado momento llega a tener un gran poder en las figuras de Felipe Varela, Justo José de Urquiza y el Paraguay (Milcíades Peña valora enormemente el Paraguay porque dice que es el único intento autónomo que hubo en América Latina). Este movimiento de resistencia de el interior mediterraneo, Urquiza y el Paraguay fracasa por varias causas. Una es que Urquiza traiciona en la Batalla de Pavón y los caudillos federales son barridos a sangre y fuego, luego de la Batalla de Pavón, en una guerra de policía que Mitre declara a las provincias. Y la oligarquía argentina se entrega así a la vida fácil de entregarle el trigo y las vacas al capital británico. O sea que esta oligarquía no le entrega al país ningún futuro, porque ya lo hemos dicho otras veces y lo vamos a decir ahora: un país tiene futuro cuando crea un mercado interno y una industria para ese mercado interno.

Preguntemos: ¿qué podía hacer Ángel Vicente Peñaloza?, ¿qué podía hacer Felipe Varela?, ¿qué podía hacer Juan Facundo Quiroga? ¡Podían hacer muchas cosas! Pocos países de América Latina tuvieron tanta riqueza en el interior (está muy bien dicho el interior, porque este país miró siempre para afuera. La gente de las provincias no quiere que le digan el interior, pero el interior es mirar para adentro). Entonces, lo que hace la oligarquía de Buenos Aires es arrasar con toda la política que le oponían los caudillos federales, y este fue un movimiento tremendamente sanguinario con 2000 gauchos asesinados al frente de asesinos como Ambrosio Sandes, Irrazabal, etc. etc.

Milcíades Peña lo que postula es que la derrota de las montoneras federales era inevitable. Y lo postula porque está siguiendo los esquemas de Marx. Lo que ocurre es que el error de Milcíades Peña era creer que la burguesía de Buenos Aires era la burguesía en la que Marx pensaba. Pero Marx pensaba en otro tipo de burguesía, una burguesía dinámica, creadora, industrial, que iba a generar proletarios. La burguesía argentina no generó nada, vivió de la abundancia fácil. Milcíades Peña va a decir que hay una trágica impotencia de las montoneras federales. Aunque Felipe Varela se hubiera instalado en el fuerte de Buenos Aires, no hubiera podido hacer otra cosa más que la que hizo Mitre. Su derrota a manos de la oligarquía era inevitable. No hay nada inevitable en la historia, pero digamos que Milcíades, aferrado a la necesariedad dialéctica de Marx, cree -aunque lo odie a Mitre y lo deteste- y lo justifica, diciendo que Mitre es la necesariedad histórica porque implica la relación de la burguesía argentina con el imperio británico.

Entonces, este factor capitalista, para Peña, va a ser progresivo, mucho más progresivo de lo que pudieran imponer las montoneras del interior. Tampoco piensa en una posible conciliación entre las montoneras y Buenos Aires que hubiera dado otro país. Pero, sin embargo, Marx -habrá pensado Peña- habría aplaudido el arrasamiento de la barbarie gaucha a manos de la civilización de la elite cultural de Buenos Aires. No olvidemos: “¿quién lamenta los estragos si los frutos son placeres? ¿No mató a miles de seres Tamerlán en su reinado?” ¿No mató a miles de seres el general Mitre en su reinado? O a Domingo Faustino Sarmiento que, en “Mi Defensa”, dice: “ahora verán ustedes al militar, al asesino”. Estoy hablando del gran autor de “Facundo”. Pero el gran autor de “Facundo” celebró que hayan puesto la cabeza de Ángel Vicente Peñaloza en una pica. La crueldad de Buenos Aires en su campaña punitiva después de la Batalla de Pavón fue escalofriante, y el arrasamiento del Paraguay fue un genocidio: 600.000 muertos.

4 Las leyes de la historia y la necesariedad 

 
Nosotros estamos hablando de Argentina, pero ojo, todo esto es para América Latina, todo esto ocurrió en América Latina. Las oligarquías nativas eliminaron a todos los elementos de mestizaje y a todos los pueblos originarios para establecer sus relaciones productivas con el imperio británico y así ocurrió. Así ocurrió la desunión de toda América Latina porque fue un gran triunfo de la diplomacia británica y las oligarquías nativas.

En una novela que publiqué en 1990 “La astucia de la razón” hago un encuentro ficcional entre Karl Marx y Felipe Varela, cómo es la cosa: una hora antes de la batalla de Pozo de Vargas Marx aparece en el campamento de Varela. Y Varela le dice: don Marx, que alegría, que bueno tenerlo por aquí. No crea -dice Marx-, porque vengo a decirle que por favor no presente batalla, porque el triunfo de la civilización que representan los Taboada por estar unidos a Buenos Aires es inevitable. Usted, en la batalla que va a dar, don Varela, va a ser derrotado. Y Varela le dice: ¿y por qué voy a ser derrotado? Porque hay leyes de la historia -le dice Marx- y las leyes de la historia dicen que ese ejército que usted tiene en frente, al representar a Buenos Aires, representa el progreso. Porque Buenos Aires representa el progreso en este país. Y si nos matan a nosotros, a los gauchos -dice Varela- quienes van a venir a reemplazarnos, a pelear contra Mitre por ejemplo. Ah, no, no -dice Marx- cuando a ustedes los derroten la burguesía de Buenos Aires va a instaurar su poder por todo Buenos Aires y ahí va a surgir los proletarios revolucionarios que van a liquidar a esa burguesía. Aha -dice Varela-  usted va a ver que a sus proletarios revolucionarios le van a decir lo mismo, le van a decir “no peleen, es inutil, no peleen”. Y se dan un abrazo, es muy emotivo el encuentro y Marx se va y Varela le dice: ¿cómo, no se queda a ver la batalla? No -dice Marx- ya sé el resultado.

Esto lo que muestra es que había en Marx una concepción determinista en este aspecto. La dialéctica lo traicionó porque la dialéctica le hizo ver el necesario triunfo histórico de la burguesía. La dialéctica le hizo ver que la burguesía debía triunfar en todas partes para que surgiera el proletariado revolucionario que iba a liberar a los hombre en todo el mundo.

Para Marx entonces, Felipe Varela representaba un orden arcaico, un orden precapitalista, mientras que Mitre al estar aliado a la Europa capitalista representaba el rostro más progresivo en la República Argentina. De modo que Marx, igual que Milcíades Peña, aunque con dolor diciendo qué pena que mataron a todos los caudillos, cómo fue arrasado el interior... y Peña se conduele con lo que pasó en el Paraguay, pero con el mismo esquema de Marx: qué pena lo que ha hecho Inglaterra en la India, pero no hay más remedio porque la historia tiene que avanzar así, así avanza la dialéctica. Hay una necesariedad. Cuidado entonces con las necesariedades en la historia.

Walter Benjamin en sus “Tesis sobre filosofía de la historia” -texto hermético pero excepcional- dice: “nada perjudicó más a la clase obrera alemana que pensar que nadaba a favor de la corriente”. No se nada nunca a favor de la corriente, al contrario, la corriente hay que hacerla. No hay corriente, la corriente tiene que ser construida militantemente por los pueblos de América Latina. Y quizás estamos viendo algo de eso, ojala estemos viendo algo de eso. Pero no hay corriente en la historia, nada está determinado, nada está escrito, lo único que es real es que los pueblos son los que escriben su propia historia y también los enemigos de los pueblos escriben su historia. Por eso, muchas veces, masacran a los pueblos.

Por eso, la lucha por la libertad de los pueblos es la lucha contra los opresores de los pueblos. Esa lucha no está garantizada, no implica un triunfo ya necesario, sino que siempre tiene que hacerse. Ahí, mejor que los mártires son los luchadores. Mejor que los muertos son los vivos. Son necesarios los que quieran vivir para cambiar el mundo, antes que esa idea de “yo quiero dar la vida para cambiar el mundo”. ¡Guarda! Mejor digamos “yo quiero vivir para cambiar el mundo”. Es una óptica nueva pero mucho más positiva porque exalta el valor de la vida y niega la glorificación de la muerte que tanto daño hizo, al menos, en este país.

Chau.









 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Filosofía aquí y ahora IV. José Pablo Feinmann. Encuentro 7: José Carlos Mariátegui: regionalismo y centralismo


Sumario

1 Pensamiento y militancia
2 “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”
3 El proceso de liberación de las colonias
4 La cuestión agraria

1 Pensamiento y militancia

Este es el encuentro número 7 de nuestro 4º ciclo de “Filosofía aquí y ahora”. El título de nuestro 4º ciclo es “América Latina. Filosofía y colonialismo”. Y el tema de este 4º encuentro es “José Carlos Mariátegui” que es el gran filósofo marxista peruano que a la vez es el más grande filósofo marxista de América Latina. Lo cual les voy a decir -en una tremenda agresión a los filósofos marxistas de América Latina- que no se necesita un mérito muy extraordinario para serlo, porque en general no han hecho más que repetir las fórmulas más elementales del padre del llamado socialismo científico, es decir de Karl Marx. 

Pero, en cambio, José Carlos Mariátegui fue mucho más allá. José Carlos Mariátegui hizo la actitud esencial de un intelectual. ¿Cuál es la actitud esencial de un intelectual? Crear. Si un intelectual es marxista, no tiene que tomar la letra del marxismo como un dogma, eso lo puede hacer el cura de una parroquia que está leyendo la biblia y ahí está la palabra divina a la cual él se va a someter. Pero un intelectual no se somete nunca porque sino no es un intelectual. Un intelectual vive en estado de creatividad y esto es lo que José Carlos Mariátegui hizo frente al marxismo.

El libro en el cual se condensa todo este saber, toda esta osadía intelectual de José Carlos Mariátegui es un libro célebre que todos los marxistas de América Latina han leído pero no han tomado su ejemplo. El libro es “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana” de 1928. Ahí Mariátegui consolida su obra más importante.

Mariátegui fue un hombre de un pensamiento vigoroso pero de una salud endeble. Este es un caso típico y atípico, digamos. Podríamos decir que Nietzsche fue un tipo así, de un pensamiento vigoroso y una salud endeble. Mariátegui, desde muy niño, tiene problemas muy graves, tiene un problema en la pierna que le causa –bueno, le causa lo que causan este tipo de problemas- una disminución frente a la mirada del otro. La mirada del otro es lo que te hace un rengo. Porque objetivamente, es cierto, uno puede carecer de una pierna, pero carece de una pierna porque los otros lo miran. Esta es la tragedia. Los otros lo miran y el que carece de un miembro a la vista se da cuenta que lo primero que el otro ve en él es lo que él no tiene. En el caso de Mariátegui, una pierna.

Como todo intelectual marxista, José Carlos Mariátegui es un intelectual comprometido, es un intelectual que publica sus ideas por medio de la prensa. En realidad, si ustedes quieren conocer mi opinión, yo creo que así debe ser. Que un intelectual no se puede andar escondiendo en ninguna torre de marfil, que no se puede andar escondiendo en ninguna institución –como la universidad, por ejemplo. Sino que realmente tiene que dar su palabra, tiene que dar su opinión, porque para algo ha tenido estudios avanzados. Cuando se tienen estudios avanzados hay una comprensión que suele ser más profunda y más organizativa de la realidad. Esto es lo que hace Mariátegui. 

Ahora, esto tiene sus riesgos. El riesgo frecuente que tienen los intelectuales es el de ser considerados ideólogos por el poder. Y, para el poder, el ideólogo es muchas veces el causante de todo porque es el que pone –y estas son las palabras del poder- las semillas de la insurrección o de la subversión en la cabeza de la gente. Por eso el presidente Leguía tenía dos caminos: o lo mataba o lo mandaba a Europa. Como no podía matarlo dada la coyuntura política y la importancia que había tomado Mariátegui, lo manda a Europa. Se puede interpretar esto como un exilio o como una expulsión del país. Mariátegui se va a Europa y aprovecha mucho este viaje porque Europa seguía siendo –en ese momento- el centro de la actividad intelectual. Participa de muchos congresos socialistas y conoce a personalidades excepcionales como Togliatti –que va a ser el presidente del Partido Comunista- y Antonio Gramsci. O sea, Mariátegui encuentra la fuente importante de pensadores a los cuales él no sólo admiraba sino que tenía mucho para aprender de ellos.

2 “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”

El tema más apasionante que trata Mariátegui en sus “7 ensayos…” es el de las revoluciones de América Latina. En este sentido su pensamiento es muy original. Esas revoluciones –dice Mariátegui- no fueron revoluciones. Lo que esas revoluciones constituyeron fue salir de la órbita hispánica que realmente monopolizaba el comercio de las colonias de América Latina. Al monopolizar el comercio de las colonias de América Latina, estas colonias quedaban fuera del libre comercio de la modernidad del occidente capitalista. Entonces, para Mariátegui era comprensible que las clases que dominaban a todos estos países quisieran entrar en relación con los países que hegemonizaban este desarrollo occidental capitalista –que eran fundamentalmente Gran Bretaña y Francia. España, además, ya no podía abastecer a las colonias. España era una monarquía en decadencia, una monarquía que podía ser comparada con el “amo hegeliano”, una monarquía destinada al goce y no al trabajo; y en este sentido se contradecía tremendamente con Gran Bretaña que era un imperio dedicado por completo al desarrollo de la industria, a la conquista de los territorios que necesitaba para obtener mercaderías, materias primas para su industria.

Entonces, al ver esto, Mariátegui se da cuenta que la cuestión de una América Latina unida no va a ser posible porque Inglaterra no lo va a permitir. Porque Inglaterra unida con las clases sociales nativas de los países americanos no lo van a permitir. Esto quiere decir lo siguiente –y quiero ser claro en este punto-, porque hay un librito de Alvarito Vargas Llosa que se llama “Manual del perfecto idiota latinoamericano” (1996) y su primer capítulo dice así: “ellos son ricos porque nosotros somos pobres”. No, es mentira, Alvarito Vargas Llosa es el “perfecto idiota neoliberal” porque, además, es de esos tipos que son los hijos de un grande y ni siquiera tiene un nombre (como “Alvaro”, sino que es “Alvarito”). Y Alvarito lo que dice es que la queja constante de los países de América Latina es “nosotros somos pobres porque el imperio es rico”. No es así. Nosotros somos pobres porque la clases dominantes de los países subdesarrollados establecen un pacto neocolonial con el imperio –está claro esto, porque esto hay que entenderlo bien-, y en ese pacto neocolonial las clases hegemónicas de las colonias dejan de lado a todas las demás: que no entren en este pacto neocolonial.

El pacto neocolonial lo hacen las burguesías mercantilistas, improductivas e importadoras –porque no producen nada, importan todo- y las oligarquías terratenientes. En Perú, lo que analiza además Mariátegui es el problema de los pueblos originarios, el problema del indio. Porque, ¿qué es lo que había originariamente en América Latina? Había indios. Por eso creo que dije en algún programa que el que no tenga de 1900 para atrás escrituras por las tierras que posee, las tendría que devolver porque es un robo lo que hizo. Es decir, las tierras se conseguían aquí del siguiente modo: le decía a un tipo “montá a caballo y galopá hasta que revientes el caballo”, el tipo iba hasta donde reventaba el caballo y hasta ahí la tierra era suya. Así se conquistó la tierra en el siglo XIX.

Por supuesto, esas tierras se las robaron a los pueblos originarios, los cuales fueron aniquilados en todos lados, se los mató aquí, se los mató en Estados Unidos. Lo que ocurre es que aquí se los mató para crear el latifundio, se los mató para repartir las tierras entre muy pocas familias, sabemos lo que fue la llamada “conquista del desierto” de Roca: fue una empresa para lograr el latifundio. Mariátegui cuando analiza el problema de los pueblos originarios marca esto: los pueblos originarios fueron saqueados, se les quitaron sus tierras. Siguió adelante y nosotros vamos a seguir adelante con él.

3 El proceso de liberación de las colonias

En su obra fundamental “7 ensayos…”, Mariátegui hace una de las interpretaciones más osadas y más exactas del proceso liberacionista de las colonias hispanoamericanas. Este proceso no fue una revolución para Mariátegui, sino que fue el cambio de la sumisión hacia el monopolio español que ahogaba las economías de América Latina al condenarlas a trabajar únicamente con Cádiz, digamos, con el imperio español que era un imperio en decadencia. Si nosotros nos fijamos en la figura del “amo y el esclavo” de Hegel, España sería el amo que vive del goce mientras que el esclavo trabaja. 

España, por otra parte, ya no podía abastecer a las colonias porque no tenía ese poder de hacerlo mientras que desde las colonias lo que están viendo es que hay un imperio –que es el imperio británico- que es el que lleva la delantera en eso que llaman “el tren de la historia”, al cual hay que subirse o sino uno se queda atrás. Entonces Mariátegui dice que está bien, que se ha liberado a América Latina del imperio español monárquico decadente y que ahora América Latina se va a integrar –a través de un intercambio cultural y económico- al imperio británico y a Francia, pero fundamentalmente al imperio británico.

Mariátegui no deja de ver las cosas que han quedado en el camino, las derrotas que ha implicado todo este proceso, y una de las derrotas más grandes es la del indio. La del indio es una de las derrotas más grandes en toda América Latina. Había un programa liberal –en Perú- para no dejar totalmente de lado el problema de los indios. Lo que ocurre en Perú es lo que ocurrió en Argentina, no hay una nueva clase dirigente, no hay una burguesía democrática y revolucionaria. ¿Qué sería una burguesía democrática y revolucionaria? Sería una burguesía que quiere hacer una revolución porque quiere producir lo que el país necesita. Porque es una burguesía de la producción, una burguesía industrial. Pero la burguesía de los países coloniales es una burguesía meramente intermediaria, trae las mercancías británicas y las introduce en el país arruinando las industrias del país. 

Esta burguesía está aliada a la aristocracia latifundista. Entre el latifundismo y esta    burguesía poderosa, muy fuerte, enriquecida sencillamente por el tráfico de mercancías, hay un poder centralizado, y el problema del indio –dice Mariátegui- debió tener una solución social, pero nunca tuvo una solución social el problema del indio. Tuvo otro tipo de soluciones. El indio, en Perú, tuvo un peso que nosotros desconocemos por completo. Lo que propone Mariátegui es que si los indios, los pueblos originarios, tienen que tener una solución social, deben ser ellos los que encaren sus propios problemas. Deben formar “Congresos Indígenas”, algo que aquí fue inimaginable. ¿Qué implica un Congreso Indígena? Un Congreso siempre implica una centralización. Una centralización es una comunicación entre los grupos de distintas regiones que se reúnen en un Congreso para discutir los problemas de cada uno de esos grupos. Justamente un Congreso es el diálogo entre los distintos grupos de pueblos originarios.

Hay 4 millones de personas. Pero el número es muy difícil que se transforme en fuerza si no hay una ideología profunda de unificación. ¿Qué es lo que quiero decir con esto? Es que puede haber una fuerza social, puede haber una fuerza política que tenga 40 millones de personas, pero si estas 40 millones de personas no están unidas por una ideología que realmente las contenga, les dé un objetivo, y haga de ese número una fuerza, la cosa no funciona. Ahí es cuando el número deviene fuerza. Pensemos en esto, en cómo el número se transforma en fuerza cuando se fijan objetivos comunes para todos.

4 La cuestión agraria

El tema fundamental que va a tratar Mariátegui en los “7 ensayos…” es el tema de la cuestión agraria. El tema de la cuestión agraria es un tema esencialmente injusto porque, por supuesto, siempre el tema de la cuestión agraria está mal resuelto en América Latina porque la distribución de la tierra en América Latina es terriblemente desigual.
El régimen feudal que se caracteriza por una centralización de la tierra en la figura del Señor feudal debió ser reemplazado por las revoluciones latinoamericanas, pero no fue reemplazado. Las tierras siguieron teniendo un carácter centralizado en pocas familias. En el Perú –dice Mariátegui- no hemos tenido en 100 años una clase burguesa. Una clase burguesa sería una clase realmente revolucionaria, productiva y que negociara para vender sus productos en el mercado externo y no importar los productos de la metrópoli. 

Ahora, esta falta de igualdad en el tratamiento de la tierra es una de las grandes trabas del desarrollo. Por supuesto porque si la tierra pertenece a 10, 15 familias, la tierra no va a ser trabajada. Es decir, la van a trabajar los peones que están a sueldo de esas familias pero el peón no trabaja la tierra del mismo modo cuando la trabaja para el patrón por 30 pesos que cuando la trabaja para sí mismo, para su familia y para mantener su hogar.

Mariátegui, por supuesto, y esto es notable, a qué apela, qué es lo que pude solucionar esto: una intervención del Estado. Pero de un Estado revolucionario que haga una reforma agraria. Esto no ocurrió nunca. Lo intentó Artigas, pero no sucedió nunca en América Latina. La oligarquía de América Latina nunca perdió la posesión abundante y extensa de sus tierras. No hubo un Estado intervencionista que interviniera en la distribución de la tierra y dijera: no señores, esto no puede ser. Usted no puede tener 800.000 hectáreas y su vecino 3 hectáreas. Entonces, hay una intervención ahí del Estado que hace una política nacionalista. ¿Por qué una política nacionalista? Porque hace una política para la nación y es una política para todos. Si es una política para todos entonces el Estado dice: mire, señor, usted que tiene 800.000 hectáreas se va a conformar con 100.000. Y hay 700.000 hectáreas que nosotros vamos a repartir entre los pueblos originarios y los campesinos. Imagínense ustedes si se hace esto es la revolución, la subversión pura, el atentado a Dios, a las causas más puras de una nación que ¿cuáles son? Las que justifiquen siempre que los poderosos tengan las tierras de las que se apoderaron en algún momento.

Vamos a tratar aquí de ir sintetizando el pensamiento de Mariátegui. Hay en efecto una línea de pensamiento marxista en Mariátegui mezclada con un nacionalismo. Este nacionalismo implica el interés que tiene Mariátegui por el Perú. Mariátegui no es un teórico peruano que se pone a filosofar sobre el marxismo, tampoco es un teórico que aplica el marxismo al Perú como si el marxismo fuera una teoría acabada en sí misma que pudiera ser aplicada a todos los países del planeta igualmente. Lo que hace Mariátegui y lo que lo aleja de la tradición marxista latinoamericana –y especialmente argentina, que es muy seguidista del pensamiento de Marx- es que Mariátegui recrea el marxismo porque es un nacionalista convencido, cosa que no fueron los marxistas argentinos, que no fueron nacionalistas, y que se encontraron con serios problemas para serlo: con Irigoyen, con el peronismo –al cual abominaron por ser un movimiento nacional, popular, populista-.
En cambio Mariátegui cree firmemente en su nacionalismo. Cree que en la unión del nacionalismo y el marxismo va a surgir un pensamiento original para su patria el Perú. 

Entonces, cuáles serían nuestras conclusiones fundamentales para Mariátegui? Mariátegui es el gran teórico marxista de América Latina, su ensayo fundamental es “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”. Lo que Mariátegui incorpora al marxismo es un genuino nacionalismo peruano que, en lugar de someter a Perú a la teoría marxista, utiliza la teoría marxista para comprender al Perú. Es decir, hay una unidad entre nacionalismo y marxismo que en la Argentina no se vio nunca porque el nacionalismo quedó del lado de los movimientos populares, y los marxistas nunca fueron nacionalistas y confundieron al nacionalismo con el fascismo. Mariátegui no, de ningún modo. Entiende que el nacionalismo es la comprensión de los pueblos originarios, es la comprensión de la necesidad de una reforma agraria, es la comprensión de la crítica al latifundismo, es la comprensión de la crítica a la revolución inconclusa que no se hizo contra España. Y ahí es donde Mariátegui toma su originalidad. La originalidad de Mariátegui –y con esto resumo- es que es un pensador marxista que une al marxismo con el problema profundo de la nación a la cual él quiere comprender.


Bueno, chau, fue todo.



Podés descargar este capítulo de aquí.



      
   

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