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lunes, 20 de enero de 2014

TEMAS DE DEBATE: QUE HACER FRENTE A LA PERDIDA DE DIVISAS QUE SUFRE LA AUTORIDAD MONETARIA: Caída de reservas del Banco Central


Los especialistas analizan la estrategia del Gobierno en materia cambiaria, el contexto internacional y los perjuicios reales de la baja de reservas. Las alternativas de la vuelta a los mercados, la sustitución de importaciones y un impuesto a la compra de divisas.

Producción: Javier Lewkowicz

Sustitución de importaciones

Por Martín Burgos *

La caída de las reservas se ha constituido, y con razón, en el tema de este principio de 2014. Si nos enfrascamos en la contabilidad económica de la cuestión, veremos que esa caída se debe a una mayor salida de divisas debido al pago de deuda y la demanda de dólares de inversionistas, consumidores, turistas y “atesoradores”. Si miramos del lado de las entradas de dólares, las mismas son menores debido a una menor liquidación de divisas de los exportadores de granos en proporción a años anteriores y a que las entradas por turismo se pierden en el circuito privado (mercado paralelo), y por lo tanto no entran en el Banco Central.

Frente a esa problemática, el Gobierno está tratando de unificar el tipo de cambio aumentando el tipo de cambio oficial y tratando de reducir el tipo de cambio paralelo, principalmente mediante la venta de Boden 2015. El Boden 2015 es un bono que se compra en pesos y por el cual el gobierno nacional se compromete a devolver un equivalente en dólares en 2015, es decir: es una deuda estatal en dólares. Se supone que el dólar paralelo está alineado con la cotización de ese bono, por lo cual con una mayor oferta de esos bonos, debería bajar su precio y por lo tanto debería reducirse el “dólar blue”.

Esa estrategia trae aparejados dos problemas que ya se avizoran: por un lado, el aumento del tipo de cambio oficial empuja los precios al alza, tanto de los productos importados como de los productos que exportamos. Este efecto negativo trata de ser corregido mediante los acuerdos de precios que, por más institucionalizados que sean, deberán ser controlados por el Estado nacional. Caso contrario, es posible que aparezca una reducción de la demanda o un aumento de la conflictividad laboral. Por otro lado, el aumento de la oferta del Boden 2015 constituye un endeudamiento en dólares a corto plazo del cual, el año que viene, deberemos dar cuenta. Por lo tanto, la estrategia seguida pareciera ser la de ganar tiempo para estabilizar durante este año el tipo de cambio y el nivel de reservas.

La otra alternativa, la que prefería el equipo económico, era la de desdoblar el tipo de cambio financiero asumiendo un premio para la entrada de capitales y un castigo para su salida. Este se podía realizar de manera institucional, o en los hechos: comprando los Boden 2015 en pesos para que aumente sus precios y por consiguiente que aumente el “dólar blue”. Esto último ofrecía la ventaja adicional de reducir la carga de la deuda en dólares para el año que viene, pagándola en pesos. Sin embargo, pareciera que tal propuesta no tuvo el aval político, donde sin dudas habrán influido los ecos del conflicto del campo por una propuesta similar, ya que las retenciones a las exportaciones son un desdoblamiento impositivo del tipo de cambio.

Si miramos a nuestros vecinos de América latina, nuestra situación de escasez de divisas parece ser bastante excepcional. ¿Como la resuelven los demás países del continente? Endeudándose. ¿Por qué no lo podemos hacer? Porque aún vivimos las consecuencias del no pago de la deuda externa de fin del año 2001. Saliéndonos del traje de economista, podríamos decir incluso que aquel default fue constitutivo del gobierno de los Kirchner, un gobierno nacido en la debilidad y que fue obligado a ir solucionando los problemas económicos, negociando con el poder económico pero en varias instancias enfrentándolo, porque la solución de endeudarse, de patear adelante el problema, no existía más. ¿Acaso se hubiese nacionalizado YPF si el déficit energético se podía financiar mediante la deuda externa? Tal vez no: nacionalizar YPF era enfrentarse con Repsol. Endeudarse hubiera sido más fácil: el Gobierno quedaba bien con los españoles, y mejor con los financistas de Estados Unidos.

Por lo tanto, la solución a largo plazo ante la restricción externa que vivimos es la de la sustitución de importaciones. ¿Han avanzado los demás países de América latina en un proceso? Casualmente, muy poco. Allí radica sin lugar a dudas una de las contradicciones de nuestra situación actual: nuestro modelo es el de un país que creció sin cuenta capital, como pasaba con los países periféricos durante los años de posguerra. Pero la solución a nuestros problemas, la sustitución de importaciones, entra en contradicción con el mundo actual, donde rigen las cadenas de valor globales como forma de producir a nivel global, y los límites a toda política sectorial de la OMC. Por lo tanto, la tarea pendiente es pensar cómo realizar esa sustitución de importaciones en tiempo de globalización.

* Coordinador del departamento de economía del CCC.

Crisis internacional, precios y reservas

Por Ariel Geandet *

Sobre la crisis internacional de 2008 en Estados Unidos ya se ha dicho mucho. Lo que muchas veces no se hace es ligar sus efectos a los desafíos económicos que enfrenta nuestra región. La política económica de nuestro gobierno es mantener los niveles de empleo y crecimiento con distribución del ingreso. Para lograrlo, los instrumentos son variados y van mutando con el tiempo tanto en su uso como en su eficacia. Utilizar la política fiscal y la monetaria para proteger el mercado doméstico y nuestro incipiente proceso de reindustrialización, habiendo creado más de 200 mil empresas, es correcto y ha sido acertado. Es importante tener en claro lo anterior porque, si no, se pierde de vista la discusión global de lo que se debate.
La emisión monetaria ha servido concretamente como política anticíclica para proteger al mercado doméstico, pero nos hemos equivocado en ligar su evolución a las necesidades de mantener niveles de subsidios sobre los servicios que consumen principalmente los sectores urbanos y de mayor poder adquisitivo. Es claro el cambio en el uso de esos instrumentos.

Como un claro ejemplo de discusión parcial, hay que notar que si la emisión monetaria se utiliza para financiar las partidas de subsidios, entonces, en primera medida están siendo antiinflacionarias y anticíclicas ante el aumento internacional de los precios de recursos estratégicos como la energía. Sin embargo, hoy genera más inequidades que beneficios sociales, por ende, hay que cambiar de instrumento para preservar la política original.

Es interesante además ver la poca importancia que se le da al hecho de que, luego de la crisis internacional, las políticas monetarias de los países centrales han hecho que los bienes “reales” como los alimentos (70 por ciento), el petróleo (75 por ciento) y el oro (150 por ciento) hayan aumentado tanto de valor en dólares desde 2008.

Es decir, producir alimentos de nuestra canasta de consumo y que puedan ser exportados implica tener que resolver un conflicto de intereses, y para proteger el mercado doméstico y el empleo es necesario que el salario no sólo alcance para comprar comida sino también tener un excedente para poder comprar bienes industriales (intentando que se fabriquen en nuestro país).

Ahora, para adentrarnos en la evolución de las reservas, es importante explicar dos facetas del problema, una de corte más histórico y otra más coyuntural. La primera versa en que nuestro país hasta 1968 dependía de su relación entre exportaciones e importaciones. Desde los ’70 en adelante, y principalmente durante la dictadura y los petrodólares, se desindustrializa y comienza a endeudarse. Luego, durante la época de la “plata dulce”, comprar dólares se hizo algo sencillo (compra para atesorar). Durante los ’80 no pudimos crecer por el peso de la deuda externa que heredó la democracia. Todo esto llevó a una renegociación de deuda y al Plan Brady (Consenso de Washington), y a la llegada del Plan de Convertibilidad. Entonces, durante los ’90, con la transnacionalización de la industria y con el masivo endeudamiento público, se profundizaron dos canales de salida de dólares. En definitiva, la historia no termina bien, con la crisis de 2001 y con un peso estructural de factores financieros que afectan la balanza de pagos y la evolución de las reservas. Eso hizo imperativo recuperar una política monetaria independiente.

Desde lo coyuntural y lo heredado, tenemos el desafío de querer industrializarnos con precios de la energía históricamente elevados, precio de los bienes industriales bajos a nivel internacional, y las cadenas de producción muy concentradas y transnacionalizadas; también queremos redistribuir el ingreso con precios de los alimentos elevados a nivel internacional, lo que fuerza una puja redistributiva local. En este contexto, es muy importante destacar: que la Argentina no reprimarizó sus exportaciones, que al resto de la región también se le están fugando dólares y que están expuestos a los flujos de capitales golondrina, que Brasil depende del influjo por Inversión Externa Directa y de inversiones financieras para compensar su cuenta corriente, y la incertidumbre de la renegociación de deuda de los países europeos, donde lo que pase con la Argentina y los fondos buitre es clave para ese escenario.

En definitiva, las tensiones sobre las reservas, por utilizarlas para pagar deuda externa, financiar créditos para sustituir importaciones y sostener una determinada política cambiaria que ayude a no trasladar el aumento de precios de los alimentos, tuvo su momento y debe ser modificado. La intención de regularizar los acuerdos con el Club de París también va en ese camino. Es importante que cambiemos el 35 por ciento del impuesto a cuenta por un verdadero impuesto a la compra/venta de moneda extranjera, y que comencemos de a poco a dar mayor liquidez en dólares para volver a controlar formalmente todos los canales de compra/venta de moneda extranjera.

* Docente UBA y Mesa de Economía-Movimiento Evita.

Tomado de aquí



 

jueves, 28 de marzo de 2013

DEBATES: Los símbolos del papado




La exaltación de la sencillez y la modestia como contracara de los escándalos de pedofilia y las finanzas. Las posiciones políticas de Bergoglio y sus gestos como Papa. La ruptura del protocolo y la todavía indefinición sobre el rumbo del nuevo pontificado.

¡Es la política, Francisco!

Por Diego Ezequiel Litvinoff
Una vez superada la euforia y la emoción por su asunción, el papa Francisco deberá hacerse cargo del Vaticano. Si bien por sus características este gobierno se diferencia del de sus pares europeos, sus situaciones de crisis son similares. Y no se trata únicamente de problemas económicos, sino de lo que ellos ponen de manifiesto: una verdadera crisis de gubernamentalidad.

En su último libro editado en la Argentina, Opus Dei. Arqueología del oficio, Giorgio Agamben señala que la forma moderna de gobierno occidental encontró su paradigma en el esquema desarrollado a partir de la institucionalización de la Iglesia. La necesidad de formar un cuerpo permanente de sacerdotes chocaba con el carácter de comunidad carismática de la Iglesia primitiva, fundada sobre los principios cristianos entendidos como acontecimientos. Para resolver ese dilema, los padres de la Iglesia –remitiéndose a un marco conceptual que tiene sus raíces en prácticas públicas griegas y reflexiones filosóficas estoicas– definieron la función sacerdotal con la palabra officium. Este término indica una tarea que sólo se cumple al realizar los actos que le competen en tanto instrumento de la economía divina, lo que significa que “el sacerdote es aquel ente cuyo ser es inmediatamente una tarea y un servicio, es decir, una liturgia” (p. 136).

La importancia que Agamben le otorga a este concepto radica en que éste funda, en la historia occidental, una nueva ontología. Diferenciándose de las acciones definidas en la Antigüedad, el officium se refiere a una tarea cuyo único contenido es su efectualidad, dado que lo importante no es ya “cómo hay que ser para obrar”, sino que, por el contrario, lo que se pone en juego es “cómo hay que obrar para ser”.

Es esa ontología la que tomó como paradigma la modernidad y que funda la situación de gobierno que le es propia, constituyéndose así el modelo de conducta de toda institución moderna, que “trata de distinguir al individuo de la función que ejerce, de modo de asegurar la validez de los actos que cumple en nombre de la institución” (p. 42). Pero es esa misma ontología, que llega a su máxima expresión durante el neoliberalismo, la que, según Agamben, está perdiendo su poder. No es casual, entonces, que la crisis de gobierno encuentre en la Iglesia uno de sus epicentros.

El nuevo Papa proviene de un continente que ha dado respuestas novedosas a esta crisis de gubernamentalidad. Con líderes que se involucran personalmente en su actividad, revalorizando la política como rectora de la economía, otorgándole relevancia a la palabra y contenido a los gestos y dejando literalmente su vida en ella, Latinoamérica redefinió la ontología efectual. El poder político ya no se concibe en estas tierras como una función que representa a la nación en su totalidad. Intrincada en una compleja lucha de intereses, la política asume su condición de parte, generando un espacio que deja de ser el vacío desde el que se administran los recursos, para colmarse de una parcialidad. El sujeto que lo ocupa deja de ser un instrumento y coloca su firma en él. Si el precio que paga por ello es ser un hombre común en circunstancias excepcionales, ese hombre común, con nombre y apellido, puede asumir la representación del pueblo, del que nunca dejó de formar parte, y el que, lejos de asumir una totalidad abstracta, se define fraccionándose, a partir de las diversas minorías.
Siendo una de las partes del conflicto de poder en Argentina, no obstante, Bergoglio encontró en el discurso impersonal del acuerdo y la necesidad de diálogo un arma para hacer valer los intereses de su sector. A la cabeza del Estado Vaticano, diálogo y acuerdo solicitarán los que cometieron los crímenes más atroces. En ese mismo sentido puede entenderse la humildad y el culto a la pobreza, que, siendo tan antiguos como la religión, se asemejan a lo que Angela Merkel le propone a Europa. Otras señales, sin embargo, permiten avizorar un cambio, como el largo encuentro que tuvo con Cristina y su referencia a Latinoamérica como la Patria Grande.

Cuando Francisco, al asumir, rompió el protocolo y se acercó a sus fieles, no sólo transmitió una señal simbólica. Puso en crisis una función que es ciento por ciento protocolar. El derrotero de los hechos dictaminará la dirección que asuma el nuevo pontificado: si entrará en una disputa por la conservación del pueblo en su generalidad abstracta, afianzando así los postulados conservadores de la Iglesia, o si modificará sus fundamentos, apuntando, desde la ruptura del protocolo, a la parte que le corresponde a la Iglesia, respondiendo a las necesidades religiosas de las minorías y generando así nuevas condiciones de gubernamentalidad.


La política de los gestos

Por Damián Pierbattisti *

En una de las más extraordinarias investigaciones en el campo de las ciencias sociales del siglo XX, Vigilar y Castigar, el filósofo Michel Foucault define al poder disciplinario como “la anatomía política del detalle”. No recuerdo en los últimos tiempos ocasión donde aquella definición se vuelva contrastable con tal nivel de nitidez como en la reciente entronización del papa Francisco. No obstante, la deliberada estrategia de exhibir una minuciosa política del detalle tiene, desde mi perspectiva, dos grandes vectores que no deben confundirse entre sí y cuyo punto de convergencia mantiene un expectante final abierto.

A primera vista, el conjunto de detalles que exaltan la supuesta sencillez del papa Francisco encuentran su contrapartida implícita en la vergüenza inocultable de la pedofilia y el tenebroso mundo de las finanzas vaticanas; dos aspectos centrales que determinan el merecido desprestigio de una institución cuyo pretendido anclaje en cualquier sesgo divino no hace más que distanciarla del “pueblo” que evocan, y por cuya conducción moral están dispuestos a luchar una vez más. En tal sentido, es imposible resistirse a observar que la minuciosa descripción apologética de los “gestos” papales, decodificados en términos de ruptura respecto de la situación precedente, no esté subordinada a la estrategia de recuperar el terreno perdido por la Iglesia Católica en la capacidad de incidir en la vida cotidiana de Occidente, dentro de nuevos y acotados márgenes de maniobra. La táctica de la “humildad” cuenta con un punto de partida favorable: cualquier gesto del que se trate será más progresista, caluroso y humano que cualquiera de los emitidos por Ratzinger.

“Sencillez”, “humildad” y “modestia” replicada a ambos márgenes del Atlántico: hechos de una inusual trascendencia como cruzarse al Papa en la línea A o llevarle el diario La Nación todos los días, la escalera por la que subía en su casa de su juventud y anécdotas de igual calibre fueron constituyendo los inadvertidos peldaños que elevarían al Papa a la autoridad moral que la derecha política argentina perdió hace ya mucho tiempo sobre la sociedad civil; de allí que redoblen sus esfuerzos por conducirla. El ostensible intento mediático por reflotar una debilitada conciencia religiosa a partir de tocar las fibras más íntimas de un nacionalismo cuanto menos peligroso es inescindible de la esperanza de poder encontrarle una posible dirección política a los disgregados sectores de la derecha que no tienen, aún, una sólida referencia electoral. Que el otrora jefe político de la oposición, tal como lo definiera Néstor Kirchner, haya sido investido nada menos que como el representante de Cristo en la Tierra, desde luego que era una noticia para festejar holgadamente por los diarios La Nación y Clarín, la alianza estratégica que constituye el único partido de la derecha con posibilidad de incidir en la vida política del país. Aunque sus cuadros electorales no generen el entusiasmo que se corresponda con sus deseos.

Pero es aquí donde aparece el otro vector político de los gestos: el problema inocultable que exhibe el nuevo papa radica en la sugerente reedición del célebre cuento de Robert Louis Stevenson, allí donde conviven Francisco y Bergoglio. Mientras que es tan legítimo como deseable pensar que Francisco no intentará bloquear los profundos procesos de transformación social que atraviesan a numerosos países de la región y que lejos está de convertirse en la remozada analogía del tándem Wojtyla-Walesa para ponerle fin a la nefasta experiencia de los socialismos reales, el historial de Bergoglio no arroja muchos signos positivos que digamos. Ante lo cual es preciso hacerse algunas preguntas: ¿qué pensará Bergoglio de su programa político presentado en junio de 2010 en la Universidad del Salvador para un eventual poskirchnerismo, tal como lo detalló Horacio Verbitsky en una columna del 20 de junio de 2010? ¿Y de la responsabilidad en el secuestro de dos religiosos pertenecientes a su misma orden, también denunciada por Verbitsky? ¿Desclasificará los archivos del Vaticano para esclarecer la evidente complicidad de la jerarquía Católica argentina en el genocidio producido por las Fuerzas Armadas que ellos mismos bendijeron? ¿Pedirá perdón por tales crímenes y excolmulgará al probado genocida Von Wernich? ¿Cambiará su opinión respecto del matrimonio igualitario y la ampliación general de derechos civiles ante los cuales la Iglesia se opone tenazmente? Su declamada preocupación por los pobres y la erradicación definitiva de la pobreza no parece ser compatible con las posiciones políticas que Bergoglio sostuvo hasta el momento.

En un mundo en donde lo sagrado y lo profano convergen de maneras tan complejas, donde en el cuerpo dividido de Francisco y Bergoglio se disputa el curso de un proceso social abierto, será preciso observar con rigor y detalle los gestos del nuevo papa respecto de su posición ante los gobiernos populares de la región; a los que rige el intento de revertir las consecuencias nefastas del capitalismo neoliberal y que, a diferencia de los países del Este europeo a inicios de la década del ’80, gozan de un extraordinario apoyo popular.

Comparto con Verbitsky la determinación por enfrentar este clima de entusiasmo por la designación de Bergoglio como nuevo papa de la Iglesia Católica y el intento de hacer pasar tal nombramiento como un soplo mágico de esperanza. Los pergaminos que ostenta Francisco distan bastante de ser todo lo venturoso que se pretende. No debe dejar de advertirse que difícilmente pueda resultar positivo para el curso de las transformaciones que se produjeron en nuestro país, y en la región en su conjunto, este evidente retroceso a un reverdecer religioso y nacionalista, cuyo objetivo estratégico no se encuentra, precisamente, en profundizar los cambios logrados hasta el presente. Es evidente que el flamante reinado de Francisco Bergoglio estará atravesado por la dualidad expuesta en estas líneas; en un contexto local y regional donde no será fácil escindir sus acciones de la lucha por la hegemonía política, entendiendo esto último como la conducción intelectual política y moral de la sociedad que la Iglesia Católica se decidió a librar usando toda la fuerza de la que dispone. Confrontación para la que valen como nunca las atormentadas palabras de Dimitri Karamazov en Los Hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski: “En el duelo entre Dios y el diablo, el corazón humano es el campo de batalla”.

* Sociólogo. Investigador del Instituto Gino Germani (UBA/Conicet).

Tomado de aquí.

 

martes, 6 de diciembre de 2011

La necesidad de una “Ley de Tierras”



El proyecto de ley oficial titulado “Protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de las tierras rurales”, más conocido como “Ley de Tierras”, fue uno de los proyectos que quedó pendiente de tratamiento en el Congreso Nacional durante 2011. A decir verdad, entre setiembre y octubre hubo una serie de tejes y manejes que generaron que sólo la Comisión de "Legislación General" tratara el proyecto, sin obtener el apoyo de la oposición que controlaba la Comisión de "Agricultura" y "Asuntos Constitucionales".

La Ley de Tierras es un proyecto que busca limitar la propiedad extranjera de tierras rurales. Tiene como objetivos: 1º) Determinar la titularidad, catastral y dominial, situación de posesión o tenencia, bajo cualquier título o situación de hecho de las tierras rurales, y establecer las obligaciones comunes y particulares que nacen del dominio, posesión o tenencia de dichas tierras. Y 2º) Regular, respecto de las personas físicas y jurídicas extranjeras, los límites a la titularidad de tierras rurales, cualesquiera sea su destino de uso o producción.

Página 12, en el marco del principio de discusión que tuvo esta iniciativa, abrió un debate que fue actualizado al lunes 5 de diciembre pasado. Su presentación postula: “El proyecto oficial de ley de tierras. Un freno a la extranjerización.” Leandro Bona[1] se pregunta “¿Cuál es el eje?” y plantea que al tema de la propiedad debe seguirle la cuestión del uso del suelo en la Argentina. Leemos:

“La propuesta oficial establece, entre otras cosas: un límite al suelo rural argentino en manos extranjeras (20 por ciento), un máximo de 1000 ha de territorio adquirible por un propietario extranjero a partir de la promulgación de la ley (no de carácter retroactivo) y la creación de un Registro Nacional de tierras rurales y relevamiento catastral y dominial que determine la propiedad de las tierras en nuestro país.”

(…)

“El porcentaje de tierras en manos extranjeras es actualmente una incógnita, pudiendo alcanzar entre un 10 o un 20 por ciento del total, por lo que el límite propuesto podría avalar la continuidad de las ventas a extranjeros registradas en los últimos años. De ahí que el gran acierto del proyecto sea la creación de un ente que registre la tenencia de la tierra, lo que brindará mejores herramientas al Estado para analizar y aplicar políticas sobre el sector rural.” (negrita nuestra)

“Sin embargo, existen algunos aspectos que el proyecto no contempla y deberían formar parte de la agenda del debate. En primer lugar, al no discriminar entre ejidos rurales, no establece una protección especial sobre zonas geológicas estratégicas como cuencas o acuíferos. En segundo término, el proyecto evita pronunciarse sobre los arrendamientos, desconociendo el papel que éstos juegan en las políticas de los grandes capitales extranjeros.”

“Un tercer aspecto se constituye en el más relevante: hasta qué punto el proyecto pone en discusión el modelo de desarrollo del país con relación a la tenencia y explotación del suelo. Atravesamos una etapa caracterizada por una suerte de consenso de los commodities a nivel latinoamericano, que no discrimina entre gobiernos nacional-populares (Argentina), de tendencia socialista (Bolivia) o simplemente de continuidad neoliberal (Chile). En este contexto, el trampolín del desarrollo latinoamericano parece ser la apuesta a la extracción de recursos naturales, dejando de lado las críticas ambientalistas y posdesarrollistas que realizan los movimientos territoriales, de campesinos y de pueblos originarios al denunciar la creciente concentración de la tierra, la fenomenal expansión de la frontera agrícola, la destrucción de los ecosistemas, el desplazamiento de pobladores y las respuestas represivas a las protestas derivadas de las lógicas extractivas.”

En el marco del mismo debate abierto por Página 12, Florencia Gómez[2] encuentra un “Nuevo paradigma”. Su mirada desde el derecho pone de manifiesto la complejidad de la discusión sobre la cuestión de la tierra en la Argentina. Destacamos lo siguiente:

“La iniciativa refunda una visión estratégica de resguardo de los bienes naturales que hacen a la soberanía territorial. El Registro Nacional de Tierras Rurales propuesto indaga acerca de la titularidad dominial y la situación de ocupación real de las tierras, y abre la posibilidad de consolidar al catastro como una herramienta neutral para la implementación de políticas territoriales en todo el país.” Más adelante leemos: “El catastro debe proporcionar (…) información económica, jurídica e incluso ambiental y social, no sólo para lo tributario sino también para la planificación y gestión de las políticas territoriales.” 

(…)

“El proyecto de ley retoma la soberanía territorial, al no considerar una inversión la sola transferencia de dominio a un extranjero. Y para quienes remiten a la xenofobia, resta mencionar que se proyecta regular –no cercenar– los derechos de extranjeros sobre la tierra como una de las facultades constitucionales propias del Congreso. Tal es así que cuando en los ’90 se firmó el Tratado Bilateral de Inversión con EE.UU., ese país se reservó el derecho a establecer excepciones al principio de trato nacional en determinados sectores como: la propiedad y gestión de emisoras o de servicio público de radio y televisión, la propiedad de bienes raíces, la provisión de servicio público de telefonía, la utilización de terrenos y RR.NN. Es decir que, los estadounidenses pueden invertir en esos rubros en territorio argentino con un trato nacional, pero un argentino no tiene ese mismo trato en EE.UU.”

“Existen otras iniciativas vinculadas con la tierra rural: la de suspensión de de-salojos de los agricultores familiares hasta llevar a cabo un saneamiento de títulos impulsada por las organizaciones campesinas Fonaf, MNCI, FNCI entre otros; con fundamento en el derecho humano a la vivienda adecuada.” (negrita nuestra)

“Finalmente, referir a los usos del suelo nos remite al ordenamiento territorial como el instrumento de política pública destinado a orientar el proceso de producción social del espacio tendiente a lograr una mejor calidad de vida de la población a partir del uso sustentable y democrático de los recursos naturales.”

Es posible rastrear el derrotero de esta discusión que se observa con muchas aristas. La necesidad imperiosa de una legislación que impida la pérdida de soberanía sobre nuestras tierras se da de bruces con las rencillas políticas en donde la oposición al kirchnerismo ha trabado sistemáticamente éste y otros proyectos. La necesidad de registrar y ordenar la propiedad y uso de la tierra (cuestión que Agustín Rossi planteó en el día de hoy), como así también la de realizar una reforma impositiva, son cuentas pendientes que buscan una pronta resolución. 

El portal infonews.com, el día 29 de noviembre pasado tituló: “La ONU alerta a Latinoamérica por la extranjerización de tierras”. Apuntamos que:

“Un informe, redactado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) reveló que las transnacionales están comprando grandes cantidades de tierra en América Latina y señaló el riesgo que esto puede implicar para la seguridad alimentaria de estos países.” 

“De acuerdo al estudio, el fenómeno se da principalmente en Brasil y Argentina, aunque el resto de los países de la región también lo padecen.”

“Este suceso, remarcan, puede implicar un gran problema ya que podría hacer que quienes adquieran las tierras aumenten las exportaciones en detrimento de la producción para el consumo interno, en su búsqueda por favorecer sus ganancias en el mercado mundial.” 

(…)

“Al respecto, el analista internacional Julio Gambina mencionó la ley de tierras argentina, impulsada por el Ejecutivo y que restringe la venta de tierras rurales a extranjeros, como un ejemplo de medida que podrían tomar el resto de los países latinoamericanos para prevenir este tipo de problemas.” (negrita nuestra)

La “Ley de Tierras” es el primer paso hacia un control y conocimiento cabal de nuestro espacio. Es fundamental tener en cuenta las posiciones que desde hace cientos de años vienen manteniendo los pueblos originarios, campesinos y organizaciones vinculadas a la ruralidad. La proposición sobre “Reforma agraria integral” y “Soberanía alimentaria” son dos discusiones muy cercanas a este proyecto de ley y es menester que se tenga en todos los hogares lo antes posible. Como fue ejemplificadora la “Ley de matrimonio igualitario” en la creación de derechos para una minoría, igualmente deberá tenerse presente a los derechos de tercera generación, el Convenio 169 de la OIT y a la minoría indígena y/o campesina a la hora de profundizar el debate sobre qué hacemos con nuestras tierras. La “intromisión” de los “derechos de los pueblos” funcionará, inevitablemente, como un impulso ordenador de la “Ley de Tierras” y la futura legislación sobre la ruralidad y sus habitantes.





[1] Lic. en Economía (UNLP). Miembro del Equipo de Economía Política del CECSo y del IEFE.
[2] Abogada experta en políticas de tierras.

jueves, 3 de noviembre de 2011

678, Horacio González y Beatriz Sarlo en una noche de viernes



El viernes pasado, 28 del 10, 21hs., estaba viendo 678 como es costumbre. Los invitados eran: Horacio González, sociólogo, director de la Biblioteca Nacional, miembro de Carta Abierta; y Teresa Parodi, cantante, co-conductora junto a Hebe de Bonafini del programa “La Clementina” (CN23) y directora del ECuNHI (Espacio Cultural Nuestros Hijos). A todas luces, ¡un programón!


Uno de los informes que presentaron fue “Las diferentes reacciones tras el 54% de Cristina”. Después de hacer una recorrida por periodistas y divas, el informe estableció un contrapunto interesante entre una nota que Beatriz Sarlo había publicado en La Nación y la respuesta que Norberto Galasso le dio en Diario Registrado. A la “Victoriosa autoinvención” de la literata se le antepuso la publicación titulada “¿Qué te pasa Beatriz?” del historiador. 


Beatriz Sarlo desplegaba, con abundante adjetivación, la inagotable propuesta de “la impostura kirchnerista”. Algunas veces, el grueso pelaje que construyen los académicos con su arsenal de palabras técnicas y construcción de objetos, hace que sus ideas linden con el cinismo y el desprecio. Tal el caso de Beatriz Sarlo que, el mismo 28 del 10, publicó “Tributo en la tierra santa del kirchnerismo” donde, en una parte de su descripción, dijo: “En otra punta, los jujeños de Milagro Sala, que, en efecto, vienen desde la otra punta de la república (¿en avión, en ómnibus?).” 


Sin embargo, como si esto fuera poco, el mismísimo 28 del 10 le dio una nueva oportunidad a esta intelectual opositora de desplegar su arsenal. LaNaciónTV presenta la entrevista: “Sarlo: ‘la muerte de Kirchner le vino bien al gobierno’”. La rimbombante frase es justificada planteando que otras muertes de políticos afectaron negativamente a los gobiernos de los cuales formaban parte, pero la muerte de Kirchner no. También se dice allí que: “Este gobierno es anti-institucional y anti-republicano (de las instituciones republicanas), pero no ejerce pura dominación vertical sobre toda la ciudadanía, sino que convence, atrae, de alguna manera fascina”. Aquí y allí –es casi imposible que entre el diario, la radio y la TV Sarlo no se repita- aparece la consabida “hegemonía cultural kirchnerista” que le permite al gobierno evitar la verticalidad y cooptar desde otros lugares transversales. En el informe de 678 Beatriz sentencia: “yo no recuerdo que un gobierno haya tenido el apoyo de tantos artistas”, a lo que Dario Grandinetti –en entrevista con Víctor Hugo Morales- responde: “Yo no recibo ningún llamado del gobierno. Es curioso que la oposición sea oposición por convicción, y los que no somos oposición lo seamos o porque nos cooptan de alguna manera, o porque nos bajan línea, o porque tenemos algún kiosquito a la vuelta.”


Lo interesante fue que, con la capacidad discursiva que lo caracteriza, Horacio González planteo que era necesario elevar el discurso para confrontar con los argumentos de Sarlo y asumir un tipo de lenguaje que tuviera que ver con lo que plantea la intelectual opositora. Las intervenciones de Orlando Barone y Sandra Russo no convencieron a González que insistió en que era necesario demostrar que el gobierno kirchnerista no forma parte de una impostura, una escenificación o un juego de maquillajes. La amplitud del llamado de González -sin dar nombres- a actores y gente de la cultura para mejorar la discusión desbaratando la denuncia de Sarlo generó una cierta tensión en el estudio de 678. Tal vez la cuestión pueda entenderse mejor si apelamos a algunos antecedentes.


En defensa de 678    


El programa 678 es un fenómeno televisivo sin precedentes. Desde hace 2 años y medio viene realizando una tarea pedagógica que incluye la explicación de cómo se arma una noticia, la forma en que los medios se vinculan entre sí para imponer una agenda pública y cómo el grupo monopólico Clarín inventa y miente para establecer su verdad como única verdad. 


La toma de posición, clara y frontal, es un hecho inédito también. Es sabido que, para influir en la conciencia con mayor eficacia, nada mejor que ocultar los intereses detrás de máscaras como la “objetividad”, el “periodismo independiente”, etc. 678 arriesga un punto de vista parcializado que, no sólo habilita la expresión “periodismo militante”, sino que demuestra –ahora sí- la impostura de aquellos que intentan tapar su propia militancia sectorial. La sinceridad en la adhesión de este programa al proyecto kirchnerista ha generado una molestia por demás saludable. “El rey está desnudo”, se llama Clarín, es un monopolio y atenta contra la libertad de expresión.


La contraofensiva no se hizo esperar. Aunque los ataques son de lo más variado, nos gustaría resaltar aquellos que quieren menospreciar el “nivel” de los integrantes de 678. Beatriz Sarlo, sin ir más lejos, luego de participar en uno de los programas, dijo que ninguno de los panelistas estaba a su “estatura intelectual” (también dijo –en otras palabras- que había que saber inglés fluido y seguir a la BBC para estar bien informado). Jorge Lanata plantea algo similar en relación a la trayectoria periodística (aunque su propia trayectoria periodística lo ha llevado a plantear que “Clarín es más débil que el gobierno”, cuestión que demuestra que la trayectoria no garantiza mucho que digamos). Por otro lado, Sylvina Walger anda metida en los boletines de calificaciones de nuestros periodistas militantes preferidos, saliendo aprobada sólo Nora Veiras y por muy poquito.  


La relación entre “Carta Abierta” y 678 es muy estrecha. Muchos intelectuales de aquel espacio suelen participar activamente del programa. Aunque los elogios y el reconocimiento es algo que, de vez en vez, sale a flote, es cierto que también ha habido algunos roces. Ricardo Forster, en medio de una asamblea caliente luego de la derrota de Filmus en las elecciones de la CABA, planteó como “estupidez estructural” a ciertas posiciones de los panelistas de 678 en relación a algunas críticas esgrimidas por el escritor Guillermo Martínez. 


Lo cierto es que, cuando Horacio González dijo lo que dijo, me late que algunas de estas críticas reflotaron en el ambiente de la tanqueta de la TV Pública. Aunque el llamado de este intelectual de “Carta Abierta” puede tener el impulso positivo que implica mejorar y profundizar un discurso o argumentación, es igualmente cierto que cada espacio genera su lenguaje distinto y una llegada a públicos diferenciados. En el mismo sentido, la exquisitez lingüística –como bien demuestra Sarlo- no siempre va acompañada de una correcta lectura política.  


En otro orden de cosas, hay que decir también que la culpa la tienen ustedes. Ustedes hacen que nosotros, los televidentes, nos sintamos parte de su propuesta. Por eso le exigimos lo imposible. Como cuando, después de la carta del mismísimo Horacio González a propósito de la Feria del Libro y Vargas Llosa, un invitado dijo que lo que tenía que discutirse era, en realidad, el tema de la “industria cultural” en la Argentina. ¡La industria cultural en una hora y media! Ustedes le abrieron las puertas a las redes sociales. Ustedes propician banderas, remeras, autoconvocados. Ustedes son el único programa de televisión que puede generar una columna de miles de personas en una movilización. Y -entre nosotros- del 54%, una buena porción se la ganaron ustedes.




 

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