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miércoles, 15 de febrero de 2017

Eurocentrismo y ontología indígena. La Pachamama







Marcelo Fernandez Farias

1) Introducción

            Esta monografía está dividida en dos partes. En la primera parte buscamos determinar, en sus caracteres más generales, aquello que se ha conocido como “eurocentrismo”. Para ello avanzamos básicamente con las posiciones de Enrique Dussel y Aníbal Quijano. El “mito de la modernidad” y la “colonialidad del poder” son dos de los elementos que tendremos en cuenta para caracterizar a la lógica eurocéntrica. En la segunda parte vamos a adentrarnos en la ontología indígena, en particular en la cosmovisión de la Pachamama. Nuestra intención es mostrar un breve recorrido que va desde las antiguas “diosas originarias” hasta la actualidad. Luego, desde la categoría de “valor ecológico”, expondremos la relevancia que tiene la Pachamama a la hora de pensar nuestro entorno natural.

2) Eurocentrismo

            Toda filosofía o cosmovisión tiene elementos etnocéntricos. Sin embargo, a partir de la invasión a América en 1492, Europa comienza la construcción de una lógica y un dispositivo que, por primera vez en la Historia de la humanidad, logrará conformar lo que hoy llamamos sistema-mundo moderno/colonial. El eurocentrismo es la imposición de esta lógica a nivel mundial con pretensiones de universalidad. Su esencia será constitutiva de la modernidad y, como afirman Dussel y Quijano, el capitalismo y la colonialidad también tendrán su inicio en la misma época. Eurocentrismo, modernidad, capitalismo y colonialidad serán procesos de conjunto a partir de las colonias americanas.
            Enrique Dussel en 1492. El encubrimiento del otro mostrará en qué consiste el espíritu eurocéntrico. Para ello, retoma parte de la discusión entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas. Luego le realiza una serie de críticas a Hegel en aquellos puntos en donde se pone de manifiesto su “miopía eurocéntrica”. Veamos brevemente algunos de esos pasajes para ubicar el tema. Dice Hegel: “La historia universal va del Oriente hacia el Occidente. Europa es absolutamente el fin de la historia universal (…) La historia universal es la disciplina de la indómita voluntad natural dirigida hacia la universalidad y la libertad subjetiva.” (citado por Dussel, 1992: 19) De aquí se desprende el “mito del progreso”. Al poner a Europa como el fin de la historia universal, todos los demás pueblos del mundo quedan en una situación pre-europea, pre-moderna, primitiva. Esta lógica lineal moderna será una de las críticas que desarrollará Aníbal Quijano y que veremos más adelante. Siguiendo con esta propuesta, Hegel explica: “El Mundo se divide en el Viejo Mundo y en el Nuevo Mundo. El nombre de Nuevo Mundo proviene del hecho de que América (…) no ha sido conocida hasta hace poco para los europeos. Pero no se crea que esta distinción es puramente externa. Aquí la división es esencial. Este mundo es nuevo no solo relativamente sino absolutamente; lo es con respecto a todos sus caracteres propios (…). El mar de las islas, que se extiende entre América del Sur y Asia, revela cierta inmadurez por lo que toca también a su origen (…). De América y de su grado de civilización, especialmente en México y Perú, tenemos información de su desarrollo, pero como una cultura enteramente particular, que expira en el momento en que el Espíritu se le aproxima (sowie der Geist sich ihr naherte) (…). La inferioridad de estos individuos en todo respecto es enteramente evidente.” [cursiva en el original] (Idem: 22) Una “naturaleza inmadura”, culturas que expiran cuando el Espíritu (europeo) se le aproxima e individuos inferiores. Esta era la posición de Hegel con respecto a América. Aunque se reconoce la creatividad con que los europeos desarrollaron ciertas tecnologías y ciencias, hoy se sabe que mucho de lo que reprodujeron era en realidad conocimientos que venían de Egipto, de Medio Oriente, de China y también de América. Sin embargo Hegel tampoco tiene en cuenta a los orientales. “Asia es la parte del mundo donde se verifica el comienzo en cuanto tal (…). Pero Europa es absolutamente el centro y el fin (das Zentrum und das Ende) del mundo antiguo y Occidente en cuanto tal, el Asia el absoluto Oriente” (Idem: 24)
            La idea de Europa como “el centro y el fin” del mundo antiguo será fuertemente discutida por Enrique Dussel. En particular la posición “central” que quiere asumir Hegel. Todo indicaría que, por el desarrollo que tenía China en el comercio mundial y por la preeminencia del Imperio musulmán, Europa jamás fue el centro de aquel mundo y sólo logrará preeminencia cuando, a través del Atlántico, “descubra” a América. Son las colonias, en 1492, las que le darán a Europa una posición hegemónica y efectivamente mundial. Esto constituye el comienzo de la Modernidad.
En el siglo XV, hasta el 1492, la que hoy llamamos “Europa Occidental” era un mundo periférico y secundario del mundo musulmán. Nunca había sido “centro” de la Historia. Europa Occidental no se extendía más allá de Viena por el Este, ya que hasta el 1681 los turcos estuvieron junto a sus muros, y de Sevilla en su otro extremo. La totalidad de sus habitantes, de la Europa latino-germana, no superaba los cien millones (inferior a la población del solo Imperio chino en su momento). Era una cultura aislada, que había fracasado con las cruzadas al no poder recuperar cierta presencia en un polo neurálgico del comercio Euro-asiático: la conquista del lugar donde se situaba el Santo Sepulcro era, en realidad, el lugar donde el comercio de las caravanas que llegaban a Antioquia desde China (atravesando el Turan y el Turquestán chino) se juntaban con las vías de comunicación para llegar al Asia tropical, a la India de las especias. Rechazados los europeos de poder controlar el Mediterráneo oriental, tuvieron que permanecer aislados, periféricos del mundo musulmán. (Dussel, 1992: 126)
            Aníbal Quijano también desmontará el dispositivo eurocéntrico a través del análisis de la “colonialidad del poder”. En primer término Quijano postula al constructo mental de “raza” como el clasificador social fundamental a la hora de visibilizar la colonialidad. A partir de ahí explica que la colonialidad es una serie de relaciones de explotación/dominación/conflicto en torno al trabajo, la naturaleza, el sexo, la subjetividad y la autoridad. Bárbara Aguer (2016) nos muestra dos mitos esgrimidos por el peruano: 1) el mito del dualismo: consiste en la clasificación de los sujetos a partir de pares binarios: humano/no humano, europeo/no europeo, desarrollado/subdesarrollado, etc. y 2) el mito del evolucionismo: la idea de un tiempo lineal y homogéneo que tiene a la experiencia europea como lo más avanzado y al resto de los procesos sociales como pretéritos. A propósito de la operación de la colonialidad del poder sobre la subjetividad, Aguer nos dice que: “La subjetividad/intersubjetividad, las distintas historias culturales, quedaron hegemonizadas por el eurocentrismo. La operación de dominación y explotación en este ámbito fue múltiple: 1- represión sistemática de los patrones de expresión, conocimiento y significación de los dominados, 2- imposición de los patrones de expresión de los dominadores y sus creencias e imágenes sobre lo sobrenatural, con la función de interrumpir definitivamente los patrones preexistentes y como medios de control social y cultural, 3- la regulación del acceso a los parámetros de los dominadores.” (2016: 7)
            Como parte de este análisis es necesario plantear otros problemas relacionados con el eurocentrismo. Hay una crítica al ego cogito cartesiano en lo que se refiere a un sujeto “transparente”, puramente “pensante”, que entiende la existencia subalternizando al cuerpo. La razón que se desprende es un tipo de reflexión que busca ser “no situada” (lo que Mignolo llamará “egopolítica del conocimiento”) y, por eso, más allá de los contextos históricos. La relación que se establecerá a partir de aquí será una de tipo sujeto-objeto en donde el hombre “domina a la naturaleza” (en tanto objeto). Desde la Filosofía de la Liberación, el giro decolonial y otras interpretaciones alternativas se han realizado avances para superar esta forma de entender al mundo. Por ejemplo, Rodolfo Kusch (2000) en El pensamiento indígena y popular en América muestra que ciertas comunidades no se expresan en términos de “objetos” sino de “acontecimientos” en donde lo emocional cumple un papel fundamental. Carlos Lenkersdorf (1999) al estudiar la etnia tojolabal plantea que en la lengua de esa comunidad no existen las palabras “sujeto” ni “objeto”. La palabra que más puede aproximarse a “sujeto” es “corazón” y la relación que se establece es entrecorazones, intersubjetiva. Pero como “todo tiene corazón” (la Tierra, minerales, vegetales, animales, etc.) la intersubjetividad es total: no hay distinción entre ser humano y naturaleza. El ser humano es parte-igual al interior de la naturaleza. Por último, Walter Mignolo (2010) propone a la “geopolítica del conocimiento” y a la “corpopolítica del conocimiento” como formas de superación de la “egopolítica del conocimiento”.
            La Modernidad no empieza con el ego cogito cartesiano ni con la Ilustración. Anterior al ego cogito –nos dice Dussel- está el ego conquiro (yo conquisto) que hizo posible la invasión a América. Dussel da cuenta del primer genocidio moderno perpetrado contra los pueblos originarios americanos. Pero Ramón Grosfoguel va más allá y, teniendo en cuenta el siglo XV y XVI, hablará de cuatro genocidios/epistemicidios. Los enumeramos: 1) contra los musulmanes y los judíos en la conquista de Al-Ándalus, dando lugar a los discursos de la “pureza de sangre” (religión). 2) Contra los pueblos indígenas en el continente americano (raza). “Es conocida la Querella de Valladolid entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas a mediados del 1550, y los discursos en torno a la humanidad o falta de humanidad de los pobladores de América. Se repitió en este continente lo que había sucedido en la Península Ibérica, tanto con el traslado de la institución de la mita y la encomienda como con la quema de los Quipus del Tahuantinsuyo y los Códices mayas, técnicas de registro visual que tenían las principales culturas del continente americano.” 3) Contra los africanos con el comercio de cautivos y su esclavización en el continente americano (raza). 4) Contra las mujeres indoeuropeas por la “caza de brujas” (género). (Aguer, 2016: 9-10)
            Hasta aquí queda planteado, de manera breve y general, la cuestión del eurocentrismo. A partir de ahora, y teniendo en cuenta el método anadialéctico, es el Otro, el No Ser, el oprimido quien ingresa desde su positividad en tanto cosmovisión indígena. La Pachamama obliga a desestructurar la relación sujeto-objeto y habilita la intersubjetividad. Desde la Tierra como madre primordial se “sacraliza” el mundo y se actualiza la discusión sobre el fundamento y la ecología crítica. Se trata entonces de un “mito liberador” que pone en cuestión a buena parte de los “mitos modernos”, en particular al “mito del progreso” y la lógica antropocéntrica-europea.

3) Ontología indígena. La Pachamama como superación del “dominio sobre la naturaleza”

            En los mitos náhuatl y andinos, en especial en los cosmogónicos, lo que prima es el principio de dualidad. De esta forma lo femenino y lo masculino es integrado en una relación de complementariedad y conflicto. En el universo náhuatl, Ometéotl es la fuerza primordial dual masculina y femenina. Para el caso de las culturas andinas será Viracocha la representación de esta deidad dual. La sexualidad es central para estas comunidades ya que el mundo se mueve por la autofecundación de estas entidades. En general, los dioses del cielo son masculinos y guerreros mientras que los de la tierra son femeninos. Siguiendo la lógica, no pocas veces aparece el Cielo fecundando a la Tierra. En el marco de las comunidades agrarias la veneración a la Tierra, los alimentos y el agua son una constante.
            Matías Ahumada nos presenta el tema de la materialidad y la ontología indígena. Allí desarrolla la relación existente entre el cuerpo y la comunidad ultrahumana. Se trata entonces de una geocultura que explica la cosmovisión de su existencia. “… una comunidad no se reconoce a sí misma por fuera del ámbito que habita. No hay exterioridad definitiva, sino algo así como una interioridad proyectada en la montaña, el valle, el llano y, por qué no, también la ciudad.” (Ahumada, 2016: 2) A esto hay que agregarle la importancia que tienen tanto animales como vegetales en la constitución de la comunidad. La semilla en tanto potencialidad para la vida tendrá un significado mítico-alimenticio fundamental en las concepciones indígenas.
            El trabajo de Luis Alberto Reyes (2009) es primordial para entender el tema que aquí nos ocupa. En El pensamiento indígena en América Reyes analizará, entre otras cosas, el nacimiento de las antiguas diosas y el desarrollo de Coatlicue y Pachamama. Aunque en las épocas anteriores a las dinastías guerreras existía una alternancia entre las dualidades del arriba y abajo y entre lo femenino y lo masculino, hay un cierto consenso entre los investigadores de la espiritualidad del Ande en considerar a la religión de las diosas como anteriores a otras creencias. Los dioses varones recién tomarán preponderancia cuando se conformen las ciudades y las dinastías guerreras. Así y todo, la Tierra, la Luna, la mujer, el agua y la noche seguirán estando presentes en mitos y rituales. “Las divinidades femeninas más destacadas –por su extendida presencia en las distintas regiones del Ande- eran las mama, vinculadas con la maternidad y con los alimentos: Pachamama, la Tierra viviente en su conjunto y en cualquier lugar (…); Mamacocha, el mar; Mama Raiguana, que dio alimentos diferentes a los costeños y a los serranos, y Hurpay Huachac, diosa de los peces.” (Reyes, 2009: 61-62). En la cultura náhuatl existían muchas diosas siendo Coatlicue -“la de la falda de serpientes”- la personificación de la Madre Tierra.
            El agua es también reconocida e interpretada desde un aspecto material y simbólico. En el caso de las comunidades agrarias, el agua es anhelada como riego en especial en regiones áridas y semiáridas. En el Popol Vuh, el agua es el origen del maíz que será la carne de los hombres[1]. La inmersión en el agua hará referencia también a las profundidades uterinas y a la restitución al estado primordial de semilla. En esta época de primacía de las “diosas femeninas” el hombre debía volverse líquido, agua, para poder vincularse con la mujer. “Son la cercanía con la mujer y la identificación con ella (…) las que hacen que el hombre pueda ser también portador del agua, portador del yumay, el semen en el que se expresa la esencia femenina que toma el varón para poder penetrar a la mujer.” (Idem: 66)    
             En la tradición náhuatl, los mitos cosmogónicos indican un estado femenino del universo anterior al movimiento de las oposiciones. Un mito de esta tradición explica que la Tierra llega a ser lo que es cuando sobre ella actúa la pareja celestial. En este sentido, el vínculo de la Tierra y el Cielo está signado por la sexualidad y el conflicto, el sustento de los hijos y la muerte. Tanto el mito mexica de Coatlicue (Tierra) y Huitzilopochtli (Sol) como el mito de Pachamama y los Wilka expresan la responsabilidad que tienen los hombres en ayudar al Sol en la protección de la Madre Tierra.
            Para las culturas de América la Tierra es la madre de los hombres. La madre biológica vendría a ser una segunda madre extensión de la primera. Para los andinos, Pachamama es un ser universal viviente que sostiene la vida. Los mbyá-guaraní la llaman Ywy Rupa, los mapuches Mapú y los wichí Thaka Honat.  Reyes nos dice: “Pacha se extiende a todo lo implicado en el universo: la Tierra, los ciclos naturales y astrales, la atmósfera y los tiempos. También (…) se refiere a cada uno de estos ámbitos en particular” y luego agrega “… el dios mítico civilizador del mundo, Tici Viracocha, tiene el título de Pachayachachic que significa ‘el maestro del pacha, el que enseña el pacha’.” (2009: 79)
            En tiempo de los incas se produce un desplazamiento de las deidades femeninas al Sol. La Pachamama junto con las diversas huacas del agua y los alimentos fueron reemplazadas por Inti y Quilla, por Viracocha y los Hijos del Sol. Sin embargo, lejos de Cuzco la veneración popular por las huacas seguía presente. “Los incas admitían esta supervivencia telúrica porque las raíces duales del pensamiento andino incluían la contrapartida, el otro lado de toda realidad” (Idem: 86) Hay que aclarar aquí dos cuestiones: la primera es que el culto al Sol no era para todos los hombres sino sólo para los incas (o sea, era un culto elitista) y lo segundo es que los incas “secuestraban” las huacas móviles y las llevaban al Cuzco. De esa manera, obligaban al pueblo sometido a dirigir sus miradas constantemente hacia el centro del imperio.
            En continuidad con la idea de un universo femenino primigenio, los mitos anteriores al tiempo de los incas o separados del Cuzco no planteaban una centralidad de las jerarquías ni de las acciones guerreras. En el siglo XVI, con la caída del Tahuantinsuyu, las divinidades de abajo empiezan a recuperar el espacio perdido. De esta forma la Pachamama vuelve a tener centralidad cuestión que se prolonga hasta nuestros días. Muchas comunidades campesinas y descendiente de aquellos hijos de la Tierra recuperan las ceremonias rituales y su religiosidad.
            La importancia de la Tierra a la hora de pensar el mantenimiento y reproducción de la vida, a la hora de pensar la cosmovisión fundante de los pueblos originarios, está fuertemente establecida[2]. Mario Vilca (2016) nos muestra un interesante trabajo sobre ciertos mitos y estudios de campo. Trabaja la relación entre el Sol y los seres humanos. El calendario ritual tiene gran importancia para entender las formas de relación que se dan en las comunidades campesinas indígenas. Teniendo en cuenta las estaciones, aparecen los momentos de siembra, cosecha y preparación de la tierra. “De agosto a noviembre comienza el ciclo productivo, en diciembre-enero nacen las primeras crías. En enero-febrero se recogen las primeras cosechas. En el mes de marzo-abril comienzan las ferias de intercambio y en el mes de mayo los viajes caravaneros a intercambiar con las tierras bajas.” (Vilca, 2016: 4-5) Los seres poderosos del calendario ritual están asociados al clima y las producciones. Guaman Poma de Ayala llama al mes que coincide con marzo pacha pucuy (mes de la maduración de la tierra). Luego agrega: “para arar la sementera ellos lo llaman yapuy pacha (tiempo de arar), sembrar tarpuy pacha (tiempo de sembrar) y chacmay pacha (tiempo de barbecho).” (Guaman Poma de Ayala citado por Vilca, 2016: 7) El Sol también tiene sus días de celebración. En el solsticio de invierno (21 de junio) es el nacimiento del Sol Inti Raymi y en el solsticio de verano (21 de diciembre) el Sol es muy poderoso y ayuda en las cosechas de maíz además de participar en los carnavales.
            La celebración más importante es la de la Pachamama en el mes de agosto. En ese mes se realiza un ritual en donde se le devuelve a la Pacha una parte de todo lo que se ha recibido (los alimentos, el agua, el vino). A esta acción se la denomina corpachada y es de índole familiar. Tanto Carlos Lenkersdorf como Luis Alberto Reyes señalan el hecho de que a la Tierra se le habla, se conversa, se la trata como a una persona, un sujeto, de manera intersubjetiva. Reyes nos dice que no solo las comunidades campesinas, sino que muchas miles de personas en el costado occidental de América le rinden homenaje. En algunas ciudades del noroeste argentino como en Jujuy grupos de obreros, estudiantes y empleados públicos interrumpen sus actividades para corpachar a la Pachamama. “Más allá de su fiesta de agosto, la gente de la región propicia a la Pacha cuando viaja por la montaña, poniendo una piedrita y el acullico de hojas de coca en la apacheta mientras le piden su benevolencia. También la propician, con diversos rituales simples y festivos, en las señaladas de ganado, cuando comienzan las tareas agrícolas, cuando se inicia el trabajo en la mina, antes de habitar una casa nueva o en el momento de comenzar a beber un vaso de chicha u otra bebida. ‘El primer traguito’, suelen decir, ‘es para la Pacha, a quien todo pertenece’.” (Reyes: 2009, 94-95)
            Vinculado estrechamente con la Pachamama, el alimento es otro elemento esencial en las cosmovisiones indígenas. El mito sobre “los hombres de maíz” demuestra la importancia que tiene el alimento desde el punto de vista material y del fundamento. La semilla de maíz, en este caso, no es solo aquello que podemos sembrar para luego cosechar y comer sino la idea de que nuestros cuerpos están hechos de maíz. Esta sería una “semilla histórica”, con fundamento, mítica, que da un sentido a la vida, que circunstancialmente puede no tener un buen “valor de cambio” pero que posee un “valor simbólico” muy superior a la “semilla a-histórica”, transgénica, sin fundamento. (Téllez Fabiani: 2016) En este sentido, las comunidades indígenas saben que la realidad de esta vida no puede captarse desde la analítica del discurso lógico-racional sino que deben remitirse al juego de símbolos que la propia cultura elabora y hereda para lograr el mantenimiento y reproducción de la vida. (Ahumada: 2016a) “En América sabemos que lo humano está hecho de maíz, de papa, de pan. Su constitución no puede comprenderse sin la textura, el sabor y la fortaleza de la materia en su manifestación como alimento.” (Idem, 10)
            Una vez planteado el origen y desarrollo de la Madre Tierra, nos gustaría retomar la categoría de “valor ecológico” que expone Téllez Fabiani (2016). En primer lugar, nuestro autor plantea el tema de la “dignidad”. Tanto la naturaleza como el ser humano –sumergido en esa naturaleza como parte-igual- tienen dignidad. Y lo digno es respetado, es sacralizado. Por ende no tiene valor o tiene un valor infinito imposible de cuantificar. Pensar a la naturaleza y al ser humano en términos de “valor de cambio” es una irracionalidad propia de la lógica sujeto-objeto. Pero esta dignidad y el mantenimiento de la vida están amenazados en el planeta tierra. El calentamiento global afecta a no pocas regiones del globo. Las emisiones surgen de los centros industriales del norte y las padecen las periferias del Sur. “… han desaparecido más especies de flora y fauna en las últimas décadas que en toda la historia del homo sapiens. La tasa de consumo de los valores de uso ha sido mayor que la de regeneración de la naturaleza; de manera que la amenaza que enfrentamos hoy en día es la posible destrucción de la base de la vida.” (Téllez Fabiani: 2016, 8-9)
            El “valor ecológico” es el fundamento de todos los otros valores. Es el cimiento de la vida. Podría pensarse como una instancia pre-ontológica y, a la vez, como fundamento de la ontología. Claramente la Pachamama es una entidad con “alto valor ecológico”. Mientras el sistema-mundo moderno/colonial se vuelva hacia un tipo de explotación extractivista, las comunidades indígenas reivindican la necesidad de construir soberanía alimentaria, agricultura familiar y el regreso a los saberes originarios, el regreso al amor por la Madre Tierra. Mientras el monocultivo de soja transgénica, los agrotóxicos y los desmontes envenenan la vida de millones de seres vivos, las prácticas de los pueblos originarios mantienen la estabilidad y el equilibrio con la Pachamama siendo en muchas oportunidades los “pulmones” del planeta. Por esto mismo, en este contexto, pensar la Pachamama hoy significa “re-sacralizar” una instancia de la vida que puede proveer de esperanzas y bienestar a las presentes y futuras generaciones de seres humanos. Pensar la Pacha es intentar evitar la extinción de la especie humana. Por todo esto decimos que la Pachamama es una cosmovisión superadora de la (i)lógica del “dominio sobre la naturaleza”.  
         
4) A modo de conclusión

            Nos interesa profundizar nuestros conocimientos en torno a los saberes originarios que, invisibilizados por el eurocentrismo, han sido marginados y subalternizados. Creemos, como decía José Martí, que “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”. Por ese motivo y teniendo en cuenta el principio material de la Filosofía de la Liberación que se basa en el mantenimiento y reproducción de la vida, nos parece necesario “re-sacralizar” el mundo a partir de aquellos mitos y filosofías originarias. Así, los mitos que explican la Pachamama van en una dirección diametralmente opuesta a ciertos mitos modernos, por ejemplo, el “mito del progreso”, el “mito de la Teoría del derrame” o el “mito de la autoregulación del mercado”, por nombrar sólo algunos. Además de eso, como hemos tratado de indicar, la cosmovisión de la Pachamama posee un “valor ecológico” que nos parece fundamental reivindicar ante el desastre climático por el que atraviesa el Planeta Tierra.     






5) Bibliografía

Aguer, Bárbara (2016); América latina y el origen de la modernidad. La ana-dialéctica en la operación histórica dusseliana y el diálogo posible con la Teoría del Sistema Mundo/Moderno/Colonial. Clase 1, Módulo V. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL.
Ahumada, Matías (2016); El cuerpo y la comunidad ultrahumana. Animales, nahuales, y plantas. Pensar la Pacha. La tierra, el agua, el aire y el fuego. Clase 1, Módulo I. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL.
Ahumada, Matías (2016a); Semilla, flor y fruto. Miradas seminales sobre lo real. El alimento. Clase 3, Módulo I. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL.
Dussel, Enrique (1992); 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Nueva Utopía, Madrid.
Kush, Rodolfo (2000); Obras completas. Tomo II, Editorial Fundación Ross, Santa Fe.
Lenkersdorf, Carlos (1999); Los hombres verdaderos. Voces y testimonios tojolabales, Siglo veintiuno editores, México.
Mignolo, Walter (2010); Desobediencia Epistémica: Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y Gramática de la descolonialidad, Ediciones del Signo, Argentina.
Reyes, Luis Alberto (2009); El pensamiento indígena en América: los antiguos andinos, mayas y nahuas, Biblos, Buenos Aires.
Téllez Fabiani, Enrique (2016); El criterio de los valores para una ética ecológica. Clase 2, Módulo VII. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL.
Vilca, Mario (2016); Amanecer del tiempo. La lucha del Sol y los prehumanos. Clase 2, Módulo I. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL.




[1] Hay que recordar aquí el mito mesoamericano a partir del cual el hombre nace del maíz. También la idea de que, luego de la muerte, el ser humano se transforma en semilla en el vientre de la Tierra y vuelve a nacer. Esto pone de manifiesto que tanto la Tierra como la semilla están al principio y al final de la existencia.
[2] Ahumada (2016), Reyes (2009), Kusch (2000), Lenkersdorf (1999), Vilca (2016), Téllez Fabiani (2016), Mariátegui.





martes, 23 de septiembre de 2014

Enrique Dussel: "El giro descolonizador" (desgrabación)




1) El giro descolonizador

¿Cuál puede ser el punto de partida de ese pensamiento descolonizado o descolonizador?

El giro descolonizador es un giro epistemológico y sus antecedentes son el “boom literario”, que es descolonizador, la teoría de la dependencia que permite entender económicamente la estructura de la globalización ya en los años '60 del siglo pasado. La teoría de la dependencia es la “quintaesencia” del proceso de la globalización. Y también lo que en el plano religioso-político se llamó la Teología de la liberación que movió el imaginario popular a otro nivel. Y en ese contexto surgió un grupo en Argentina -que luego se generalizó- que hemos llamado Filosofía de la liberación. Este es un movimiento filosófico; había el literario, había el socioeconómico de la teoría de la dependencia y después otros aportes epistemológicos que con el tiempo -y las revoluciones latinoamericanas haciéndose más complejas y más profundas- transformaron la teoría marxista tradicional en algo nuevo. Y uno de sus mayores exponentes es Aníbal Quijano -sociólogo y economista peruano- que de un marxismo más tradicional pero ya de la teoría de la dependencia pasa él a proponer la “colonialidad del poder”. O sea que el poder se organiza desde una estructura colonial y entra el tema de la raza. Él dice “el modo de categorizar en América Latina no fue la clase social, fue la raza”, entonces ese es un vuelco del marxismo a otro nivel.

Aníbal Quijano, por una parte, y yo somos las columnas de una nueva generación que se abre a una tarea interdisciplinaria que hemos llamado “el giro descolonizador” que viene a continuar a algunos movimientos que se han dado a veces sólo en EEUU y otros en América Latina. El tema de la posmodernidad fue europeo, aparece con Lyotard, pero justamente en mi “Filosofía de la liberación” del año 1975 en la primer página yo digo “esta es una filosofía postmoderna”, 1976. Pero por posmoderna yo entendía una filosofía más allá de la modernidad, pero los posmodernos europeos -Lyotard, Vattimo y después todos los que siguen- son todavía de la última etapa de la modernidad porque son eurocéntricos. Entonces yo ya no pude seguir hablando de la posmodernidad -que lo dije antes que Lyotard- porque utilizaron la palabra y la quemaron, tuve que decir “transmodernidad” o sea ir más allá de la modernidad.

2) Un nuevo método filosófico

Hay un punto en este giro epistemológico que es el tema del método porque en algunas conferencias hemos podido ver que el método de esta epistemología es cambiar el punto de foco de cómo se ven las cosas y pararse desde los oprimidos como punto de partida epistemológico. ¿Cómo se hace eso, cómo surge esa posibilidad?

Lo interesante del pensamiento latinoamericano, a diferencia del pensamiento literario, por ejemplo Edward Said, él propone la gran idea del Orientalismo en 1978; la Filosofía de la liberación surge en 1968, 69 -hay que verlo en el tiempo- mucho antes que el Orientalismo y antes que Guha en la India que también piensa desde Foucault el modo de hacer historia y va a hacer los Estudios Subalternos de Spivak y todo este grupo norteamericano y de la India. En cierta manera la Filosofía de la liberación anticipa todo eso. Entonces “totalidad” es Hegel, es Heidegger, ser-en-el-mundo; y en el mundo el Otro, el oprimido, no existe, es nada. “El ser es”, los griegos, el “no ser” es el barbaro. Entonces de inmediato dijimos “el latinoamericano no es” y de lo que se trata es de una filosofía bárbara, de los que están fuera del ser. Y en ese momento Sartre escribió los dos tomos enormes de la “Critica de la razón dialéctica” entonces entendimos cómo se daba el proceso de una totalidad a otra totalidad. Pero el momento más creativo del pasaje era el momento de la exterioridad de una totalidad que me permitía pasar a la segunda: y ese es el tema de Levinas. La filosofía de la liberación trabajó el tema de la exterioridad del Otro que era “la mujer” en el machismo ya a principios de los '70 -yo tengo un tomo de la liberación de la mujer en América Latina-, era “el hijo” de la pedagógica de Paulo Freire que se le mete la ideología del padre, era “el pobre” en la económica. Entonces Levinas daba la posibilidad de entender la dominación económica pero no solamente en la relación capital-trabajo en una fábrica, sino la relación entre los países desarrollados y subdesarrollados en la Teoría de la dependencia en América Latina dentro de un proceso global en 1969-70. Es decir que fuimos la primera filosofía que toma en consideración el proceso de globalización que se va a hablar 25 o 30 años después, y antes del pensamiento de Lyotard y aún antes del Orientalismo de Edward Said y de todo eso. Es interesante. América Latina inició un proceso todavía desconocido. Ahora eso se va a integrar a todo lo demás. Es por eso que metodológicamente dijimos “la dialéctica es el método” pero el momento fuerte de la dialéctica no es negación de la negación. El esclavo es negado y pasar la esclavitud es pasar a un sistema donde no hay esclavos, pero el esclavo deja de ser esclavo cuando tiene una utopía donde él ya no es esclavo y esa utopía es positividad. Tiene que imaginarse libre para dejar de ser esclavo. Entonces el origen del proceso no es una negación de la negación sino que es una afirmación previa que me permite negar la negación y eso le llamamos en el grupo lo “analéctico”. Por eso hablamos de una “anadialéctica” porque le daba importancia a la exterioridad que Levinas había planteado desde un horizonte heideggeriano, hegeliano, eurocéntrico pero ya el “Otro” aparecía y nos situábamos desde el Otro. Lo que no sabíamos era lo eurocéntrico que éramos y ni siquiera habíamos pensado el tema, eso va a ser una lenta maduración de un proceso.

3) Crítica a la Modernidad y al Eurocentrismo   

¿Cómo podemos enganchar eso con otro elemento central de la filosofía de la liberación como es la crítica a la modernidad?

Toulmin -un gran epistemólogo norteamericano- en un libro que se llama “Cosmopolis” se pregunta cuándo comienza la modernidad, ¿será con el descubrimiento de la imprenta de Gutemberg? -no sabe que los chinos habían descubierto la imprenta seis siglos antes-. El pobre Toulmin es un ignorante y fue uno de los más grandes epistemólogos durante unos decenios. Y Habermas dice que el origen de la modernidad es el Renacimiento y después la Reforma y la Ilustración y cada uno dice -como de paso- cuándo se origina pero el origen de la modernidad va a determinar qué es lo que es la modernidad porque está el “yo pienso” pero antes del “yo pienso” está el “yo conquisto” que es un “yo práctico” que después se hace ontología. Y el “yo conquisto” se hace en América Latina, es Cortés el conquistador. Es el ego conquistador del Otro que lo conquista, lo domina y lo pone a trabajar a su servicio en la encomienda, en la mita, en la hacienda y en el mundo colonial que instala la modernidad. Entonces la modernidad como fenómeno cultural global desde un punto de vista ideológico es el eurocentrismo porque los europeos no eran eurocéntricos, tenían un complejo de inferioridad total con respecto al mundo árabe. Sabían que los árabes eran más cultos, más científicos, del sur venía la cultura, El Quijote dice “recibí el texto de un árabe” porque no lo va a recibir de un alemán que no tenía ninguna significación en el siglo XV o XVI. Eran los árabes los ricos. Entonces yo empiezo a darme cuenta que el origen de la modernidad está en 1492 y esto no lo ha dicho ningún autor europeo, ni Wallerstein. Mignolo y mis amigos ya lo han asumido. Se olvidan que es una fecha ontológica porque es el momento en que Europa se abre al mundo y rodea al mundo árabe que lo tenía rodeado. Por los océanos empiezan a rodear al mundo árabe y por las riquezas americanas se desvaloriza aquello. Hay una visión histórica y económica que me permite hacer filosofía, esa es una metodología desconocida por la academia filosófica. Ningún filósofo europeo es capaz de hacer eso porque son unidisciplinarios, los marxistas menos porque conocen la economía pero estaban confundidos porque todos creían que la época colonial tenía un sistema económico feudal y decían “el feudalismo en América Latina”. Ahora, fue un autor marxista argentino que en 1949 dijo “no, la época colonial tiene un capitalismo mercantil” y eso es como el hilo de Ariadna. Yo diría que desde 1949, epistemológicamente, se empieza a desenvolver el entresijo. Si el sistema colonial no fue feudal, fue capitalista, si fue capitalista, de qué tipo. Entonces el capitalismo, el colonialismo y el eurocentrismo son simultáneos. Y la filosofía moderna se va a montar sobre el eurocentrismo y el colonialismo. Lo que hace Edward Said en la literatura que dice que el Oriente es una creación europea lo empezamos a hacer. Entonces yo releo a los filósofos europeos eurocéntricamente y tengo que hacer una destrucción en regla de todos ellos. O sea que cuando hablo con cualquiera enseguida me doy cuenta que son eurocéntricos y le entro a la crítica y me doy cuenta que están desnudos porque no conocen ninguna temática de estas y no entienden la crítica al comienzo y cuando la entienden se dan cuenta que ya no tienen el manejo del discurso, ya se lo quitaron.

4) Una nueva visión de la historia

Aquí llegamos a otro punto que va completando este mapa del giro descolonizador que es una nueva visión de la historia que se ha llamado una visión de la historia no eurocéntrica y aparece la tensión con esa narrativa europea y la tensión con Hegel sobre cómo él construye un mito o un invento ideológico. ¿Dónde está el choque entre estas dos formas de entender la historia?

Hegel no es Kant. Y aún mucho más allá de Kant, de Montesquieu, Voltaire -en De l' esprit de lois, etc.- muestra una nueva historia mundial que se la construye. Y todas sus lecciones, las lecciones de estética, de la historia universal, de la historia de la filosofía, del derecho; todas las hace sobre un cuadro histórico. La religión -por ejemplo- nace en China, en Oriente, va creciendo en el mundo persa, griegos, romanos, hasta llegar a Alemania y el triunfo de Alemania en religión. Y en la estética igual el espíritu y en la filosofía triunfa como “Espíritu Absoluto” y esto en un esquema histórico. Esto es una novedad absoluta. Nadie había planteado todos los tratados en un sentido histórico. Pero es eurocéntrica esa historia y Alemania es el centro, él dice “el corazón de Europa es Alemania, Dinamarca e Inglaterra” y el Sur de Europa desaparece, Grecia, Roma, Portugal “eran”, pero no son. Eso determina a los latinoamericanos hasta hoy, desaparecemos de la historia. Yo siempre he dicho desde Martin Bernal -que hace un gran estudio- que en el siglo XVI y XVII la gran cultura clásica era Egipto. Los obeliscos egipcios estaban en Roma, en París, en todas partes. Y de pronto los románticos alemanes en el siglo XIX dicen “es Grecia” y Winckelmann hace toda una reconstrucción del arte griego. La Universidad de Berlín tiene una propuesta que si usted no dice que la filosofía se origina en Grecia usted no puede ser profesor, entonces imponen ese “helenocentrismo”, un dogma. Y eso lo hacen los románticos y sin embargo ellos critican al racionalismo pero en el fondo son eurocéntricos. Eso es lo que yo planteo en el primer tomo de la “Política de la liberación”, tengo que reconstruir toda la historia mundial para empezar a ser latinoamericano y pensar desde mi horizonte las cosas.



Es decir, las nuevas cosas, la historia no eurocéntrica es el punto obligado de partida para empezar a hacer la crítica...

La historia es como el horizonte epistemológico último de todas las ciencias aún de la mátemática.  Cuando el otro día discutía con el filósofo noruego me decía “bueno, pero la ciencia y la tecnología europea son fundamentales”, y yo le digo “bueno, pero usted sabe que el número que utilizamos en matemática le llamamos números arábigos” porque lo inventaron los árabes en Bagdad y no en Paris. Y el teorema de Pitágoras no lo inventó Pitágoras sino que está en ladrillitos asirios 2000 años antes de Pitágoras. Entonces tenemos una historia construida donde “todo lo hicimos nosotros” y además no es la ciencia la que determina la tecnología y ésta la economía sino al revés, es la apertura de los océanos lo que exige a la tecnología de la navegación y que desarrolla la astronomía y con ello la matemática. Es decir la economía determina la tecnología y ésta la ciencia. Es al revés. Y la expansión europea moderna colonialista va a permitir la revolución tecnológica posteriormente, siglo XVII y la revolución industrial en el XVIII -pero la China también la está haciendo. Hay un libro de Hobson -profesor en Sheffield, Inglaterra- que yo no cito en “Política de la liberación” porque es posterior a este tomo, donde demuestra que todas las máquinas que utiliza la revolución industrial en la agricultura inglesa son chinas, hasta la máquina de vapor. Y estamos descubriendo cosas nuevas. Ni la revolución industrial fue puramente europea pero Inglaterra tuvo una coyuntura que le permitió desarrollarse y la China entró en crisis por razones que se están estudiando y la China vuelve hoy, pero no como milagro, como una siestita de dos siglos. Hasta 1800 todos los productos del mercado mundial eran chinos. Europa no podía venderle a China nada y tuvo que hacer la Guerra del opio para venderle opio hindú a los chinos porque no tenía qué venderle  ya que los chinos estaban más avanzados en todo.

Acá hay otro punto en este pilar del giro descolonizador que es la inclusión de ese “Otro” excluido en la historia porque lo que vemos acá no es solo negar la existencia de ese Otro o “encubrirlo”, sino negar la contribución de ese Otro en la historia universal

“Universal” que es la pretensión de la particularidad europea. Es decir, lo que se llama universal es la pretensión europea de universalidad pero en realidad es el manejo muy creador que se impone a los otros como universalidad, en la medida en que yo lo acepto quedo subyugado, dominado por ello. El avance técnico podemos decir que es utilizado por todos pero el modo en que se lo utiliza y el modo en que se va a desarrollar es culturalmente diferenciado. Pero evidentemente Europa desde el siglo XVII y la revolución industrial hace un desarrollo tecnológico tremendo desde las hipótesis y descubrimientos que va tomando de otras culturas -que no agradece- y que le permite hacer ahora esto que está produciendo. Ahora, el capitalismo chino en este momento es neoconfusiano, no es calvinista como pensaba Max Weber, y está desarrollando ciertos recursos que no son el capitalismo occidental, ya está modificado. Entonces van a haber desarrollos inesperados desde horizontes culturales distintos con otro significado cotidiano también. No va a haber una universalidad tan aplastante sino que pensamos que hay una toma de conciencia de estas grandes culturas -la islámica, la china, la indostánica, etc.- que volviendo a su historia y en diálogo con la modernidad -tomando de ella lo que ellos autónomamente decidan y no lo que se les impone- va a haber un desarrollo que con Walter Mignolo llamamos un “pluriverso futuro”. Es decir que van a haber muchos siglos en donde no encontraremos coincidencia sino mucha diferenciación todavía. Eso no va a ser posmoderno sino que va a ser más allá de la modernidad y el problema ecológico va a determinar la crisis definitiva del capitalismo de una manera quizá inesperada para Marx.  Estamos viviendo un capital financiero que comienza a aplastar a la política aún de los países centrales. Estamos viviendo una crisis muy interesante pero necesitamos nuevas categorías para entenderlo.

5) Una nueva política         

Usted ha dicho varias veces que América Latina es el laboratorio político más importante que tenemos en el planeta. Pero ¿qué es lo nuevo de ese laboratorio político y cuál es la perspectiva? -porque tampoco es una solo experiencia, tiene sus diferencias-

Habiendo planteado ese horizonte histórico, metodológico, ontológico, ético, había que construir una política. Y la política se contruía conociendo muy bien a los grandes políticos teóricos actuales que sería un Badiu en Francia, un Agamben en Italia, Carl Schmitt en Alemania, Rawls en Estados Unidos; nos hicimos cargo de lo mejor del pensamiento filosófico político. Pero al mismo tiempo estaban aconteciendo grandes experiencias en América Latina que para mí son las seis revoluciones que comentaba hoy en la reunión: la revolución cubana, la revolución del Frente Popular con Allende en Chile, la revolución sandinista que remueve la teoría marxista tradicional, los zapatistas pero sobre todo cuando llega en 1999 la revolución bolivariana en Venezuela y ahí llega una nueva concepción de la política porque llegan al poder de una manera realmente novedosa, primero reformando la constitución, nunca había pasado. Ninguna revolución, ni la rusa ni la china iba a cambiar la constitución, “esas son cuestiones burguesas”. No señor. Legalidad y democracia son populares. Consiste en una concepción de la política. Entonces me decía un cubano en La Habana “estos venezolanos son ingenuos. Todavía van a perder una elección”. El cubano nunca va a perder una elección. Y yo le digo “si tu no arriesgas de perder una elección no estás haciendo política”. Y para no perder la elección tienes que estar haciendo política en serio. La hegemonía son los intereses y si no los cumples pierden legitimidad y si no corriges tus errores te sacan del poder. Eso es política.

Pero las expresiones teóricas del zapatismo “los que mandan, mandan obedeciendo”, la expresión teórica de Evo Morales “yo ejerzo un poder obediencial” me dijo “hay un nuevo concepto del poder”. Esto es anterior a Hobbes. Entonces en mi “Filosofía política” yo reconstruyo el pensamiento político moderno y no le concedo a la modernidad nada. Es decir agarró a Hobbes y muestro que es ya un modelo moderno de encubrimiento y de dominación… y de Locke y de Hume y de los que siguen hasta Habermas. Porque Habermas mismo es un formalista que ha perdido lo económico y por eso dejó a Marx. Por eso Habermas no puede hacer una crítica del capitalismo y puede aceptar la Europa existente y no puede hacer una crítica de la invasión de la OTAN en Libia porque está confundido. Yo, en cambio, empiezo una reconstrucción de la filosofía política desde antes de Hobbes y entonces digo: “qué es el poder” y ahí empiezo a redefinir el poder. Aún la izquierda en Lenin –El Estado y la revolución- y Marx –según la interpretación de Meszaros- tuvo una interpretación negativa del poder como dominación. Entonces si el poder es dominación, yo no voy a entrar en la política, por qué me voy a ensuciar. Y los movimientos sociales dicen “a la política no hay que meterse porque te corrompe”, entonces quién se mete a la política, los corrompidos, estamos perdidos. No, yo necesito hacer una política positiva y demostrar cuándo se corrompe. Cuando Hugo Chávez leyó mi segundo tomo quedó encantado y empezó a enseñarlo a la gente porque yo le daba instrumentos para gobernar.

Después de la revolución 17, no era decir “disolver el Estado, todo el poder a los soviets” y empezaron a discutir y a discutir y como no resolvían nada, 1921, el NEP –Nueva Política Económica- y se pasó de todo el poder a los soviets –que era anarquista- a la burocracia rusa no democrática… y era una dictadura, y eso no puede aceptarse. Eso es contra la dignidad del obrero que nunca gobernó en ningún país socialista porque gobernó una burocracia de Comité Central. Eso es el socialismo real. ¿Cómo se supera eso? Hay que replantear todo y eso es mi política.

Mi política es una política que redefine el poder positivamente y que muestra cuándo se fetichiza y casi siempre se fetichiza en la burocratización. Entonces la burocratización es el problema y no el poder. Me enfrento a Negri, me enfrento a Holloway y a muchos pensadores de la izquierda que son cuasi anarquistas que no le sirven a Evo Morales, ni a Correa, ni a Lula ni a nadie porque hacen la crítica al Estado “bueno, muy bien. Ahora tú eres presidente, gobierna”. “No, yo disuelvo el Estado”. Están locos.

Por ejemplo, el FMLN de El Salvador, me sorprendió su consigna: “luchar contra el sistema, dentro del sistema, pero para cambiar el sistema”. Eso es novedoso…

Sí pero aún podría formularse de otra manera “luchar contra el sistema para hacer un nuevo sistema”. Porque si te metes dentro y lo quieres reformar eres reformista. Pero si tomas el poder y empiezas de nuevo –y ahí la nueva constitución- entonces no te metes dentro sino que tienes supuestos distintos. Ese es el problema de Ernesto Laclau, dice “hay que tomar el liberalismo y modificarlo”. Yo le dije “nada, yo no le acepto al liberalismo ni el primer paso”. Dicen “somos individuos, uno que lucha contra el otro y después hacemos un contrato”, no, nunca hemos sido individuos, siempre hemos sido comunidad. Además el contrato lo tenemos por detrás porque toda sociedad humana tuvo instituciones siempre, hasta los primates tienen la institución del macho dominante. Nunca ha habido un grupo humano sin contrato. Entonces no le acepto al liberalismo ni la primera palabra. Y la democracia no es de ellos, la inventaron los egipcios y los griegos y nosotros la vamos a rehacer en serio, parte de la democracia representativa –porque no niego la representativa- la vamos a articular de una nueva manera y eso nunca se ha dicho…

No la confrontación entre dos tipos de democracia sino la complementación…

No hay que ponerle ningún adjetivo a la democracia. La democracia es una: cuando el pueblo puede participar simétricamente en todas las decisiones. Ahora eso es el poder en sí, de afirmación de la vida en la factibilidad, por eso que mi primer definición de las “20 tesis de política” es qué es poder, ahí está todo. Y he visto como lo define Heidegger, cómo lo define Nietzsche –voluntad de poder- y de la ontología me voy a los filósofos, a Lenin, Agamben y a todos y digo “no saben lo que es el poder político”. Creo que es otra cosa. Y la defino. Pero la defino positivamente: es una voluntad de vida de un pueblo. Que significa querer vivir pero vivir es querer comer querer tener agua querer tener cultura propia y hasta tener tus propios dioses; si crees en los dioses, tienes derecho a tener tus propios dioses. Es decir, querer vivir. Pero segundo: coincidir consensualmente en todas las decisiones.

En la dirección de lo que pregunta Diego: ¿podríamos decir que lo nuevo que estamos viviendo –siguiendo a Foucault- es la suma alquímica de diversidades, construyendo una nueva concepción de poder?

Sí, pero es previo a Foucault y más allá de Foucault también. Porque Foucault entiende el poder de manera muy interesante y compleja. Pero yo voy a algo previo: la única sede del poder es la comunidad política. Todas las instituciones son ejercicio delegado. El Estado, el presidente, el parlamento, es ejercicio delegado. El pueblo es el único sujeto. Primero el poder en sí –diríamos con Heidegger- que es indeterminado y es inexistente como el trabajo en sí de Marx. Marx dijo hay que hacer la crítica de todas las categorías del sistema de la economía política burguesa. Ese es un texto de 1861 que los marxistas no conocen. Yo digo hay que hacer la crítica de todas las categorías del sistema de la filosofía política burguesa de Hobbes a Habermas

Entonces estaríamos con un Gramsci y la idea de hegemonía…

Gramsci es casi el único que queda en pie. Gramsci vio casi todos los temas y yo lo cito continuamente. Gramsci es el único que pensó la política marxista. Los demás pensaron la económica pero no la política. Por eso que la política es un campo y la economía otro y hay que distinguirlo, pero después hay que cruzarlo: entonces hay una determinación económica de la política y una determinación política de la económica y eso va a ser otro tomo. Ahora voy a publicar 16 tesis de economía política y después voy a hacer 20 tesis de la historia latinoamericana donde voy a cruzar las mutuas determinaciones. Todo esto metodológicamente está confundido porque se pensó que el nivel económico era la esencia de todo, y no, se despreció a la política en el marxismo. Y Marx mismo –dice Meszaros, no digo yo, Marx tenía de la política una visión negativa. Y por eso es que cree que hay disolución del Estado y fin de la política después de la revolución y entonces qué hay después de la política: la administración y el socialismo real. Y ese problema no fue Stalin, no fue Lenin, fue Marx mismo. Ahí tengo ahora un artículo fuerte que digo Marx tuvo una visión negativa de la política y nosotros tenemos que hacer la política que Marx no hizo con el método con que él hizo la economía. Y eso es lo que yo hago. Hago la política que Marx no hizo pero mundialmente, no eurocéntrica y eso es completamente original porque estamos pensando qué es lo que dice Evo Morales y qué es lo que dice Hugo Chávez y lo que está pasando en nuestra revolución. Yo no podría haber escrito mi política en el año 2000.

Y ahí hay otro punto: en esa nueva política, ¿cuál sería el sujeto determinante?               

Es el pueblo. Y ese concepto, que es el más ambiguo posible, es el que he perseguido 40 años. Y hay tesis de mis compañeros que me dijeron “eso es populismo y está en contra del marxismo” y yo les dije no, miren, la teoría de las clases funciona, pero la categoría de pueblo es distinta. Es más compleja pero es definible. Por ejemplo Ernesto Laclau en su libro “La razón populista” ya avanzó muchísimo, yo también de mi lado y Boaventura también. Es decir ahí viene un sujeto fuerte que no es la comunidad política. Decía Gramsci pueblo es el bloque social de los oprimidos no el bloque histórico en el poder. Ahora, dijo bloque, no dijo clase. Fidel Castro dijo que el pueblo es, cuando de lucha se trata, los 400.000 desocupados -y eso no son clase porque son clase potencial-; luego los 300.000 obreros, los campesinos, los pequeño burgueses, las amas de casa y mete ahí dentro del pueblo muchísimos grupos que construyen un bloque. Cada uno tiene intereses contradictorios pero cuando logra unirse eso es la hegemonía. La hegemonía es el único proyecto que la política puede formular porque un proyecto unánime es imposible. Pero lo que más se aproxima a la unanimidad es lo hegemónico sobre todo los oprimidos. Y cuando hay una coyuntura histórica donde los movimientos sociales y la población logran tener un proyecto hegemónico aparece el pueblo como un bloque que transforma la historia pero se disuelve después y entra en nuevas contradicciones. Y algunos que eran parte del bloque se transforman en los dominadores del nuevo sistema: en la primera emancipación los criollos hegemonizaron un proyecto de los esclavos, los indígenas, de los españoles pobres…

La sede del poder es de la comunidad política y en concreto, históricamente, el pueblo, que no es toda la comunidad política sino los que se hacen actores del cambio de la historia –está el antipueblo también. Es un agente colectivo que llamo pueblo.

Se disuelve pero como dice Bloch deja camino para construir el horizonte de la esperanza

Por supuesto. Y a su vez, muchas veces, el último horizonte es mítico. Y por eso Bloch tiene razón. Y no es de progreso en el sentido cuantitativo. ¿Populista? Yo tengo un artículo -5 tesis sobre el populismo- con la diferencia entre pueblo y populismo. Una cosa es el pueblo y otra cosa el populismo. Justamente populismo es llamarle pueblo a toda la nación incluyendo a los dominadores, al bloque histórico en el poder.

Cuando no le gusta a los ejes dominantes eso es populismo

Claro, bueno, pero populismo con precisión filosófica y sociológica. Son los movimientos sociales que cada uno tiene intereses distintos pero poco a poco, por el diálogo y la traducción, empieza a decir yo soy feminista, pero ves el problema de la raza, pero las mujeres de color son las peor tratadas, entonces las feministas dicen “el problema del racismo me interesa”. Y otro dice “son las peor pagadas”: entonces las mujeres proletarias están peor. Y poco a poco por la traducción y el diálogo empezamos a tener un proyecto homogéneo. Ya no son clases, ni grupos sociales, ni excluidos de las clases como las etnias sino que es el bloque social de los oprimidos y aparece Gramsci. Mira cómo dice Gramsci: una clase es dirigente cuando está apoyada en el consenso porque tiene hegemonía. Un grupo populista –varguista, priista, peronista- logró un proyecto hegemónico burgués, nacional, obrero, campesino y tenía mayoría real. Tenían el consenso mayoritario porque eran hegemónicos. Ahora, cuando se pierde el consenso aparece el disenso y el disenso es cuando los grupos dicen ya mi interés no está siendo cumplido. Se rompe el proyecto hegemónico. Entonces dice Gramsci: la clase dirigente se vuelve en clase dominante, ya no gobierna por el consenso –en paz- sino por la represión, entonces empieza el lío. Y empieza la transformación histórica hasta constituir un nuevo sistema hegemónico. Todo eso lo estoy tratando en el tercer tomo de la Política de la liberación. Es complejo. Asumo toda la filosofía política contemporánea europea: a Badiu, Agamben, a cualquiera de ellos le digo sí contigo aquí, pero no allí, porque allí ya no funciona.



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