"En medio de esta lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano." Rodolfo Walsh
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jueves, 26 de junio de 2014
miércoles, 20 de febrero de 2013
lunes, 24 de septiembre de 2012
Palabras a Sandra Russo, 678 y un conjunto de pequeñas penas
"No hay cosa más difícil, decía Eully, que defenderse de una calumnia forjada por un cortesano"
"Habiendo Apeles escapado de la acusación capital que le suscitó Ptolomeo, compuso y dejó en la ciudad de Efeso su cuadro de la Calumnia.
La Adulación abría la marcha de sus personajes y daba, por la espalda, la mano al Artificio y a la Astucia; ésta marchando hacia atrás, atraía hacia ella a la Credulidad, con la boca abierta, el mirar abobado, las orejas paradas; a la derecha se apoyaba en la Ignorancia, representada bajo la forma de una mujer ciega, y a la izquierda en la Sospecha, atreviéndose apenas a poner el pie en el suelo. La Calumnia con miradas sombrías y feroces, la seguía arrastrando con una mano a la Inocencia, bajo el emblema de un niño, con los ojos levantados hacia el cielo. Con la otra mano la Calumnia agitaba una antorcha, cuyos vapores formaban una nube que la Verdad, seguida del Arrepentimiento, vestidos ambos de duelo, no podían penetrar."
(Primeros párrafos de Recuerdos de Provincia, Domingo F. Sarmiento)
Decidió, por fin, salir a la calle. Un dolor brutal atacó su espalda. Después de los primeros cinco pasos, una travesía de ruidos se agolparon en su mente. "Una vez más" -se dijo, y continuó avanzando como si nada pasara. Las anteojeras, de repente, se acomodaron a su cabeza. Se había ganado el sobrenombre de "famoso" por aquella limitación. Su sistema nervioso era un conjunto de niños y niñas gritando y corriendo a medianoche. O sea, un desmadre o un despadre, según. (Los susurros de amor son los únicos que merecen existir). Ahora, los susurros malvados inventados por las tecnologías de la represión no tendrían que formar parte de la humanidad. Deberían ser el "afuera" de la humanidad. Todos los días me levanto con la pesada mochila llenada por el "Aparato". "Sujeto Absolut(amente)" cargando la dependencia de cada uno de los represores.
La primera vez que vi a Sandra Russo hacía un programa con Boy Olmi que se llamaba "Dejámelo pensar". Salía por la TV Pública. Estaba bueno porque planteba temas interesantes y sí había que ponerse a pensar. Olmi me sorprendió porque no lo tenía como conductor solo como actor. Luego he leído a Sandra en Página/12 hasta que se hizo "cotidiana" junto con mi adicción a 678. Pude leer su libro Jallalla y luego La Presidenta. Jallalla es un "libro de barricada" escrito al calor de los ataques que tanto Clarín como Morales lanzaron sobre Milagro Sala y la agrupación Túpac Amaru. Es un "trabajo apurado" que te acerca velozmente a la construcción política de la Túpac y a la vida íntima de la militante jujeña. En cambio, La Presidenta es un libro pausado. Se nota que ha tenido más tiempo para armarlo, ordenarlo, etc. El estilo es mucho más cuidado que el de Jallalla. La Presidenta muestra las "formas" de una mujer ejerciendo el poder, la biografía de Cristina Fernández de Kirchner, su relación con Néstor Kirchner, etc. En mi opinión, los dos trabajos ayudan en mucho a comprender lo que está sucediendo en nuestro país en la actualidad.
Sin embargo, me duele cuando Barragan, Cabito, Galende, Palma o la misma Russo utilizan la "jerga de la represión", la palabras oscuras e hirientes que establece el "Aparato" para someter a ciudadanos argentinos. De alguna forma, la coincidencia en las ideas y posturas políticas hace que uno sienta afecto por aquellos periodistas y programas que buscan el fortalecimiento de la libertad de expresión, de la libertad de información y de la democracia neopopulista en su conjunto (con la ampliación de derechos que ella promueve). Así y todo, día tras día uno debe soportar la violencia con que la "tecnología de la represión" y el "Aparato" golpea y reprime. Es triste observar que, en los programas cuyo discurso alienta el progresismo y la defensa de los derechos humanos, se cae en la lógica de lo peor del sentido represivo.
Nada de lo anterior le plantearía al Grupo Clarín o a viejos amigos. Ellos no tienen corazón, no tienen alma y -por ende- no podemos esperar ninguna cosa de allí. Pero, de 678 y sus periodistas esperamos mucho. Y esperamos mucho porque han demostrado las formas de la mentira del monopolio, las ideologías que se esconden detrás de las noticias, los intereses económicos que subyacen a los medios masivos de comunicación y un largo etcétera. Sin embargo: ¿van a caer en la trampa de la "jerga de la represión" y del "Aparato"?, ¿van a creerles a quienes han sido protagonistas de la etapa más oscura de la Argentina?, ¿asumirán ese relato como propio?, ¿se pondrán a su servicio?
No es necesario que sean historiadores expertos para recordar nuestro pasado reciente. Empezamos este texto hablando de la "Calumnia". Sabemos que existe la "construcción del enemigo". ¿Cuántos de nosotros hemos caído en las redes de la Calumnia del "Aparato"? ¿Cuántos de nosotros resistimos la profunda ignorancia del "Aparato" y sus secuaces en la absoluta ausencia de argumentos y diálogos? ¿Cuántos alfabetizadores fueron torturados y asesinados por el "Aparato" simplemente por ser alfabetizadores en nuestro pasado reciente? Por esto mismo, se trata de una elección: o le creemos a aquellos que sistemáticamente han practicado la violencia y la calumnia en nuestro país o a las víctimas de las "tecnologías de la represión", de la "jerga de la represión" y el "Aparato" en su conjunto.
jueves, 3 de noviembre de 2011
678, Horacio González y Beatriz Sarlo en una noche de viernes
Uno de los informes que presentaron fue “Las diferentes reacciones tras el 54% de Cristina”. Después de hacer una recorrida por periodistas y divas, el informe estableció un contrapunto interesante entre una nota que Beatriz Sarlo había publicado en La Nación y la respuesta que Norberto Galasso le dio en Diario Registrado. A la “Victoriosa autoinvención” de la literata se le antepuso la publicación titulada “¿Qué te pasa Beatriz?” del historiador.
Beatriz Sarlo desplegaba, con abundante adjetivación, la inagotable propuesta de “la impostura kirchnerista”. Algunas veces, el grueso pelaje que construyen los académicos con su arsenal de palabras técnicas y construcción de objetos, hace que sus ideas linden con el cinismo y el desprecio. Tal el caso de Beatriz Sarlo que, el mismo 28 del 10, publicó “Tributo en la tierra santa del kirchnerismo” donde, en una parte de su descripción, dijo: “En otra punta, los jujeños de Milagro Sala, que, en efecto, vienen desde la otra punta de la república (¿en avión, en ómnibus?).”
Sin embargo, como si esto fuera poco, el mismísimo 28 del 10 le dio una nueva oportunidad a esta intelectual opositora de desplegar su arsenal. LaNaciónTV presenta la entrevista: “Sarlo: ‘la muerte de Kirchner le vino bien al gobierno’”. La rimbombante frase es justificada planteando que otras muertes de políticos afectaron negativamente a los gobiernos de los cuales formaban parte, pero la muerte de Kirchner no. También se dice allí que: “Este gobierno es anti-institucional y anti-republicano (de las instituciones republicanas), pero no ejerce pura dominación vertical sobre toda la ciudadanía, sino que convence, atrae, de alguna manera fascina”. Aquí y allí –es casi imposible que entre el diario, la radio y la TV Sarlo no se repita- aparece la consabida “hegemonía cultural kirchnerista” que le permite al gobierno evitar la verticalidad y cooptar desde otros lugares transversales. En el informe de 678 Beatriz sentencia: “yo no recuerdo que un gobierno haya tenido el apoyo de tantos artistas”, a lo que Dario Grandinetti –en entrevista con Víctor Hugo Morales- responde: “Yo no recibo ningún llamado del gobierno. Es curioso que la oposición sea oposición por convicción, y los que no somos oposición lo seamos o porque nos cooptan de alguna manera, o porque nos bajan línea, o porque tenemos algún kiosquito a la vuelta.”
Lo interesante fue que, con la capacidad discursiva que lo caracteriza, Horacio González planteo que era necesario elevar el discurso para confrontar con los argumentos de Sarlo y asumir un tipo de lenguaje que tuviera que ver con lo que plantea la intelectual opositora. Las intervenciones de Orlando Barone y Sandra Russo no convencieron a González que insistió en que era necesario demostrar que el gobierno kirchnerista no forma parte de una impostura, una escenificación o un juego de maquillajes. La amplitud del llamado de González -sin dar nombres- a actores y gente de la cultura para mejorar la discusión desbaratando la denuncia de Sarlo generó una cierta tensión en el estudio de 678. Tal vez la cuestión pueda entenderse mejor si apelamos a algunos antecedentes.
En defensa de 678
El programa 678 es un fenómeno televisivo sin precedentes. Desde hace 2 años y medio viene realizando una tarea pedagógica que incluye la explicación de cómo se arma una noticia, la forma en que los medios se vinculan entre sí para imponer una agenda pública y cómo el grupo monopólico Clarín inventa y miente para establecer su verdad como única verdad.
La toma de posición, clara y frontal, es un hecho inédito también. Es sabido que, para influir en la conciencia con mayor eficacia, nada mejor que ocultar los intereses detrás de máscaras como la “objetividad”, el “periodismo independiente”, etc. 678 arriesga un punto de vista parcializado que, no sólo habilita la expresión “periodismo militante”, sino que demuestra –ahora sí- la impostura de aquellos que intentan tapar su propia militancia sectorial. La sinceridad en la adhesión de este programa al proyecto kirchnerista ha generado una molestia por demás saludable. “El rey está desnudo”, se llama Clarín, es un monopolio y atenta contra la libertad de expresión.
La contraofensiva no se hizo esperar. Aunque los ataques son de lo más variado, nos gustaría resaltar aquellos que quieren menospreciar el “nivel” de los integrantes de 678. Beatriz Sarlo, sin ir más lejos, luego de participar en uno de los programas, dijo que ninguno de los panelistas estaba a su “estatura intelectual” (también dijo –en otras palabras- que había que saber inglés fluido y seguir a la BBC para estar bien informado). Jorge Lanata plantea algo similar en relación a la trayectoria periodística (aunque su propia trayectoria periodística lo ha llevado a plantear que “Clarín es más débil que el gobierno”, cuestión que demuestra que la trayectoria no garantiza mucho que digamos). Por otro lado, Sylvina Walger anda metida en los boletines de calificaciones de nuestros periodistas militantes preferidos, saliendo aprobada sólo Nora Veiras y por muy poquito.
La relación entre “Carta Abierta” y 678 es muy estrecha. Muchos intelectuales de aquel espacio suelen participar activamente del programa. Aunque los elogios y el reconocimiento es algo que, de vez en vez, sale a flote, es cierto que también ha habido algunos roces. Ricardo Forster, en medio de una asamblea caliente luego de la derrota de Filmus en las elecciones de la CABA, planteó como “estupidez estructural” a ciertas posiciones de los panelistas de 678 en relación a algunas críticas esgrimidas por el escritor Guillermo Martínez.
Lo cierto es que, cuando Horacio González dijo lo que dijo, me late que algunas de estas críticas reflotaron en el ambiente de la tanqueta de la TV Pública. Aunque el llamado de este intelectual de “Carta Abierta” puede tener el impulso positivo que implica mejorar y profundizar un discurso o argumentación, es igualmente cierto que cada espacio genera su lenguaje distinto y una llegada a públicos diferenciados. En el mismo sentido, la exquisitez lingüística –como bien demuestra Sarlo- no siempre va acompañada de una correcta lectura política.
En otro orden de cosas, hay que decir también que la culpa la tienen ustedes. Ustedes hacen que nosotros, los televidentes, nos sintamos parte de su propuesta. Por eso le exigimos lo imposible. Como cuando, después de la carta del mismísimo Horacio González a propósito de la Feria del Libro y Vargas Llosa, un invitado dijo que lo que tenía que discutirse era, en realidad, el tema de la “industria cultural” en la Argentina. ¡La industria cultural en una hora y media! Ustedes le abrieron las puertas a las redes sociales. Ustedes propician banderas, remeras, autoconvocados. Ustedes son el único programa de televisión que puede generar una columna de miles de personas en una movilización. Y -entre nosotros- del 54%, una buena porción se la ganaron ustedes.
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