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miércoles, 14 de marzo de 2012

Marx, más actual que nunca. Por Atilio Borón

 
Marx, más vivo y actual que nunca a 129 años de su muerte
Por Atilio A. Boron
 
En un día como hoy, hace 129 años, moría plácidamente en Londres, a los 65 años de edad, Karl Marx. Corrió la suerte de todos los grandes genios, siempre incomprendidos por la mediocridad reinante y el pensamiento encadenado al poder y a las clases dominantes. Como Copérnico, Galileo, Servet, Darwin, Einstein y Freud, para mencionar apenas unos pocos, fue denostado, perseguido, humillado. Fue ridiculizado por enanos intelectuales y burócratas académicos que no le llegaban ni a los tobillos, y por políticos complacientes con los poderosos de turno a quienes le repugnaban sus revolucionarias concepciones.
La academia se cuidó muy bien de sellar sus puertas, y ni él ni su amigo y eminente colega, Friedrich Engels, jamás accedieron a los claustros universitarios. Es más, Engels, de quien Marx dijera que era "el hombre más culto de Europa" ni siquiera estudió en la universidad. Sin embargo Marx y Engels produjeron una auténtica revolución copernicana en las humanidades y las ciencias sociales: luego de ellos, y aunque sea difícil separar su obra, podemos decir que después de Marx, ni las humanidades ni las ciencias sociales volverían a ser las de antes. La amplitud enciclopédica de sus conocimientos, la profundidad de su mirada, su empecinada búsqueda de las evidencias que confirmaran sus teorías hicieron que Marx, tantas veces dadas por muertas sus teorías y su legado filosófico, sea más actual que nunca.

El mundo de hoy se parece de manera sorprendente a lo que él y su joven amigo Engels pronosticaron en un texto asombroso: El Manifiesto Comunista. Este sórdido mundo de oligopolios rapaces y predatorios, de guerras de conquista, degradación de la naturaleza y saqueo de los bienes comunes, de desintegración social,  de sociedades polarizadas y de naciones separadas por abismos de riqueza, poder y tecnología, de plutocracias travestidas para aparentar ser democracias, de uniformización cultural pautada por el American way of life  es el mundo que anticipara en todos sus escritos. Por eso son muchos quienes ya, en los capitalismos desarrollados, se preguntan si el siglo veintiuno no será el siglo de Marx. Respondo a esa pregunta con un sí sin atenuantes, y ya lo estamos viendo: las revoluciones en marcha en el mundo árabe, las movilizaciones de los indignados en Europa, la potencia plebeya de los islandeses al enfrentarse y derrotar a los banqueros y las luchas de los griegos contra los sádicos burócratas de la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo, el reguero de pólvora de los movimientos Occupy Wall Street que abarcó a más de cien ciudades estadounidenses, las grandes luchas que en América Latina derrotaron al ALCA y la supervivencia de los gobiernos de izquierda en la región, comenzando por el heroico ejemplo cubano, son tantas otras muestras de que el legado del gran maestro está más vivo que nunca.

El carácter decisivo de la acumulación capitalista, estudiada como nadie más en El Capital, era negada por todo el pensamiento de la burguesía y por los gobiernos de esa clase que afirmaban que la historia era movida por la pasión de los grandes hombres, las creencias religiosas, los resultados de heroicas batallas o imprevistas contingencias de la historia. Marx sacó a la economía de las catacumbas y no sólo señaló su centralidad sino que demostró que toda la economía es política, que ninguna decisión económica está despojada de connotaciones políticas. Es más, que no hay saber más político y politizado que el de la economía, dando al traste con los tecnócratas de ayer y hoy que sostienen que sus planes de ajuste y sus absurdas elucubraciones econométricas obedecen a meros cálculos técnicos y que son políticamente neutros.  Hoy ya nadie cree seriamente en esas patrañas, ni siquiera los personeros de la derecha (aunque se abstengan de confesarlo). Podría decirse, provocando la sonrisa socarrona de Marx desde el más allá, que hoy son todos marxistas pero a la Monsieur Jordan, ese personaje de El Burgués Gentilhombre de Moliere,  que hablaba en prosa sin saberlo. Por eso cuando estalló la nueva crisis general del capitalismo todos corrieron a comprar El Capital, comenzando por los gobernantes de los capitalismos metropolitanos. Es que la cosa era, y es, muy grave como para perder el tiempo leyendo las boberías de Milton Friedman, Friedrich von Hayek o las monumentales sandeces de los economistas del FMI, el Banco Mundial o el Banco Central Europeo, tan ineptos como corruptos y que por causa de ambas cosas no fueron capaces de pronosticar la crisis que, como un tsunami, está arrasando los capitalismos metropolitanos. Por eso, por méritos propios y por  vicios ajenos Marx está más vivo que nunca y el faro de su pensamiento arroja una luz cada vez más esclarecedora sobre las tenebrosas realidades del mundo actual.
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Discurso ante la tumba de Marx

(1883)


Escrito: Discurso pronunciado en inglés por F. Engels en el cementerio de Highgate en Londres, el 17 de marzo de 1883.
Primera publicación: En alemán en el Sozialdemokrat del 22 de marzo de 1883.
Digitalización: Por José Ángel Sordo para el Marxists Internet Archive, 1999.

El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde , dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él . El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.
Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un sólo campo que Marx no sometiese a investigación -y éstos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno sólo- incluyendo las matemáticas, en la que no hiciese descubrimientos originales. Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera Gaceta del Rin, 1842; Vorwärts de París, 1844; Gaceta Alemana de Bruselas, 1847; Nueva Gaceta del Rin, 1848-1849; New York Tribune, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los repulicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.




Tomado de aquí.









martes, 14 de febrero de 2012

Bajada de Línea n° 75 – 29/01/2012. Manipulación y demonización mediática: Los medios del mundo que auguran la muerte de Hugo Chávez.

Fidel vuelve a las andadas

 
(Por Atilio A. Boron) 
 
Aprovechando la presencia de un numeroso grupo de intelectuales  (latinoamericanos y caribeños, amén de algunos europeos y estadounidenses invitados para participar en la Feria del Libro de La Habana) Fidel los convocó para intercambiar ideas sobre la actualidad internacional. La reunión dio comienzo poco después de las 13 horas del viernes, en una sala del Palacio de las Convenciones de La Habana y, retomando un viejo hábito del líder histórico de la Revolución Cubana, se extendió hasta bien pasadas las 22 horas. Flanqueado por el Ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, el Comandante  demostró, a lo largo de algo más de nueve horas, que su privilegiado cerebro conserva todos los atributos que le dieron justa fama. Animados por Prieto, los participantes pidieron la palabra luego de que se invitara a Ignacio Ramonet a que abriera fuego con un análisis sobre la situación del periodismo en el mundo actual. Fiel a su costumbre, Fidel escuchaba atenta y respetuosamente cada una de las intervenciones, anotaba sus impresiones y con delicadeza lanzaba incisivas preguntas a los expositores, en lo que Frei Beto calificó como un ejemplo del riguroso “examen de conciencia” que los jesuitas la habían inculcado como norma a Fidel en su juventud. Cuando Érika Silva, Ministra de Cultura del Ecuador expuso la propuesta de Rafael Correa de no explotar el petróleo que yace bajo la maravillosa reserva natural de Yasuni-ITT a cambio de una compensación parcial de los países desarrollados, el Comandante preguntó: ¿cuántos kilómetros cuadrados, en que parte de la Amazonía, cuántos barriles hay, cuánto exige el gobierno, qué gobiernos han respondido, con cuánto? Su pasión por la exactitud, esa que lo llevó a calcular milimétricamente los hombres, armas, municiones y vituallas que podía llevar el Granma, sigue intacta desafiando el paso de los años. Cuando Santiago Alba Rico, “norafricano por adopción”, habló sobre la situación de Túnez Fidel lo  escuchó y luego preguntó: ¿qué produce Túnez? Cuando Alba Rico respondió que uno de los principales productos de exportación era el fosfato, la réplica fue una nueva serie de preguntas: ¿cuánto exporta, dónde están los yacimientos, qué otras cosas produce, cuál es la situación del proceso revolucionario, quiénes le abastecen de petróleo?, intercalando en su interrogatorio observaciones de su cosecha acerca de los principales productores mundiales de fosfato, los usos alternativos de ese recurso, y se divertía cuando se le decía que el aceite de oliva de Túnez era el mejor del mundo y que fabricantes italianos y españoles lo compraban a granel para luego exportarlo como si fuera propio. Todo este intercambio de informaciones puntuales se daba en un clima en el cual Fidel, además, hacía gala de su agudo sentido del humor.
     Lo del viernes pasado había tenido un anticipo cuando una semana antes prolongó durante unas seis horas la presentación del fascinante libro de Katiuska Blanco Castiñeira:  Fidel Castro. Guerrillero del Tiempo. Ahora volvía a las andadas tomándose todo el tiempo del mundo para pasar revista a la situación internacional y demostrando una vez más su meticuloso seguimiento de los principales asuntos mundiales. Imposible reseñar la veintena de intervenciones que abordaron los más diversos temas y que suscitaron sus incisivas observaciones: desde las posibilidades abiertas por la Internet y las nuevas tecnologías de la comunicación (especialmente la telefonía móvil y la televisión satelital) para potenciar las luchas revolucionarias hasta los peligros que entraña el férreo control que el imperio pretende ejercer sobre esas tecnologías, pasando por las amenazas que se ciernen sobre la sobrevivencia de nuestra especie (que Fidel proféticamente denunciara hace veinte años en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río), hasta la situación política de diversos países, el devastador “monocultivo de las mentes” (Pérez Esquivel), la necesidad de una tricontinental de las ideas, la búsqueda frenética de nuevas fuentes de energía, la devastación producida por el extractivismo de la megaminería, el monocultivo y la destrucción de los bosques nativos, la crisis del agua y, como no podía estar ausente, la delicada situación en Medio Oriente y las terribles consecuencias que podría desencadenar un ataque a Irán, un país de 74 millones de habitantes acosado por Estados Unidos, su gendarme israelí armado con unos 300 cohetes nucleares y las viejas potencias colonialistas europeas. Temas tales como las nuevas tecnologías de la guerra, el origen del universo y las teorizaciones de Stephen Hawking al respecto y la posible destrucción del planeta tierra por el carácter inherentemente predatorio del capitalismo y la voracidad del imperialismo se mezclaban con análisis puntuales en todos los cuales era imposible sorprender a Fidel desinformado. Tuvo un momento  para también referirse a la situación de las Malvinas, diciendo que “con su actitud Cameron le ha hecho un favor a la Argentina y toda América Latina. Los ingleses no tendrán más remedio que negociar y luego irse.” Cuando al cabo de seis horas –interrumpidas por un breve intervalo- a pedido de los médicos de Fidel Eusebio Mujal León, el brillante historiador de la ciudad, propuso que se diera por concluida la reunión el Comandante quiso saber cuántos estaban en la lista de oradores y contrariando la sugerencia de sus médicos  dispuso que se hiciera un breve receso para luego retomar el encuentro y poder escuchar a todos. Se procedió de ese modo solicitándosele luego a Frei Beto un comentario final en donde el dominico brasileño agradeció en nombre de los presentes la paciencia y la capacidad de escuchar y dialogar puesta una vez más en evidencia por Fidel. Parecía que era el final, pero no: el Comandante agradeció la intervención y, ante el asombro generalizado por el entusiasmo y la vitalidad del anfitrión, el incansable guerrillero dijo que quería compartir con los presentes algunos cables que le habían llamado la atención en los últimos tres días. No sólo eso: lo que siguió fue un fascinante análisis de la coyuntura geopolítica internacional, rica en matices y detalles, y una convocatoria a no bajar los brazos en la lucha por la justicia, la dignidad, la libertad y la democracia. Aludió así a una pregunta que había quedado flotando en el ambiente, acerca de si los desafíos planteados por una situación tan peligrosa como la actual nutrían el pesimismo o albergaban todavía algún soplo de esperanza. La respuesta de Fidel fue coherente con su trayectoria: “aunque nos digan que al planeta le quedan apenas diez años de vida”     –señaló con enjundia- “nuestra deber es seguir luchando hasta el fin.” Dicho esto se marchó, dejando entre quienes tuvimos la fortuna de asistir a una tan inesperada como increíble remake histórica la sensación de que Fidel y el tiempo, esa deslumbramiento que comparte con Hawking, eran viejos amigos y que a diferencia del común de los hombres lo podía recorrer para adelante y hacia atrás a su antojo. El viernes el Quijote del Caribe decidió volver sobre sus pasos y regresar treinta o cuarenta años atrás. Y lo hizo con la frescura y la agilidad mental de siempre, como si el tiempo no hubiera pasado.
 
 
Tomado de aquí.
 
 
 

Encuentro de Fidel Castro con 69 intelectuales de 21 países en La Habana. (Parte I)

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