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domingo, 6 de septiembre de 2015

LA OPOSICION POLITICA QUIERE DESATAR EL CAOS - CARTA ABIERTA MENDOZA




El peronismo jamás hizo fraude en Argentina. Fraudes "patrióticos" hacían los conservadores, nunca un partido de lo popular. Al peronismo lo voltearon con un golpe de Estado en 1955 (y con otro en 1976) por la fuerza y contra toda legalidad. Al peronismo lo mantuvieron proscripto por 17 años, y hubo múltiples comicios que "ganaban" quienes hoy son opositores en la Argentina, beneficiándose de esas pseudo-elecciones excluyentes. Lo fraudulento y lo golpista lo han practicado otros, y el peronismo los ha padecido.

  Llaman la atención, por ello, las súbitas denuncias de pretendido fraude esgrimidas por la oposición, obviamente sólo cuando ella pierdees decir, a menudo. El Frente para la Victoria no necesita esos recursos para ganar, simplemente porque tiene base electoral. Acaba de ganar las PASO en casi todos los distritos del país, y entonces triunfó incuestionablemente también en Tucumán. Ahora, cuando el resultado es casi el mismo, aquellos que queman urnas son los que salen a denunciar dicha quema y a deslegitimar su esperable derrota.  


  Es notorio: quieren incendiar todo. Con gran protección y apoyo mediáticos, preteden impedir la muy probable victoria del actual gobierno nacional. Es bastante absurdo; sobre todo, porque si desde esa oposición ganaran, por medio de algún contubernio que juntara agua y aceite de radicalismo, massismo y macrismo, el resultado sería un rejunte caótico e incoherente más débil que el gobierno de la Alianza. Que, además, tendría minoría en el Congreso y manejaría apenas cuatro o cinco gobernaciones en todo el país: un desgobierno total.


  Por ello, más bien se trata de deslegitimar el posible triunfo de la fórmula Scioli-Zannini. Instalar la falsa idea de que tal victoria habría sido lograda con malas artes. Enlodar el camino, embarrar la cancha todo lo posible.


  Es que no hubo "fin de ciclo", ni síntoma del pato rengo. Contra todos los interesados pronósticos catastrofistas, el gobierno de Cristina Fernández llega a sus últimos meses con fuerza, en plenitud de actividad, con alto grado de aprobación social. Incluso cuando el interminable ataque mediático hace esa aprobación menos absoluta de lo que sería sin ese apedreo constante.


  La estrategia de las oposiciones mayoritarias, entonces, es podrirlo todo, crear caos e incertidumbre. Cuando Néstor Kirchner, siendo gobierno,  perdió por sólo 2 puntos en provincia de Buenos Aires, aceptó el resultado. Cuando el macrismo ganó Capital, el kirchnerismo no puso objeción. Pero las oposiciones se saben perdidosas y han decidido quemar las naves, o, en su caso, las urnas.


  ¿O habría que desconocer la victoria opositora en Mendoza, poner en duda el resultado, que dio una diferencia de sólo 7 puntos cuando la gobernación, y de apenas 4 en las PASO nacionales? ¿habrá que pedir revisión de urnas en nuestra provincia?


  Mientras, gracias a decisión del gobierno nacional, existen las PASO, que emparejan financiamiento para los partidos más débiles, y garantizan la posibilidad de que cualquiera pueda presentarse como candidato al margen de las cúpulas partidarias.


  Los beneficiarios de ese procedimiento comicial, al que se opusieron absurdamente en su momento, son quienes pretenden deslegitimar el sistema electoral nacional. Buscan ilegalmente modificarlo cuando el proceso electoral ya está en curso. Si había que modificarlo, debieron haberlo impulsado más de un año atrás, no ahora.


  Y la pretensión del voto electrónico es un fuego artificial, que ignora que es más fácil trocar datos por vía hackers, que con la boleta de papel. Todos sabemos que hasta los mails pueden ser leídos y modificados por expertos en informática, así como por variados servicios de espionaje a nivel planetario. De modo que con la solicitud de voto electrónico se trata, simplemente, de abrir el paraguas por si se pierde.


  Defendamos el sistema electoral nacional que,como cualquiera, no es perfecto pero es confiable, pues se ha aplicado sin problema en múltiples ocasiones. Evitemos servir a la campaña por la cual las víctimas de toda clase de mañas electorales, el peronismo y sus aliados, son puestos falazmente como si fueran victimarios. 


  Los que no tienen votos suficientes, que los tendrían sólo sumando para un Frankenstein impresentable, quieren imponer el caos social como estrategia. Juegan con cosas que no tienen arreglo: romper la paz es algo que se sabe cómo comienza pero nunca cómo finaliza, tal cual quedó demostrado luego de la larga noche en que se sumió a la Argentina tras el golpe cívico-militar del año 1955, hasta la dictadura sangrienta que se fue recién al final de 1983. Llamamos, por ello, a cuidar la convivencia social y a no repetir lo peor de la historia nacional.-


  

CARTA ABIERTA-Mendoza.-


lunes, 3 de febrero de 2014

"Es peligrosa una revolución inconclusa" (Entrevista a Norberto Galasso)

 
Por Mónica López Ocón

 
 
Minucioso, modesto y trabajador incansable, el historiador se mantiene lejos de las tentaciones y peligros del divismo intelectual. Un lúcido análisis de la situación política actual, el radicalismo, el peronismo y la injerencia de los grupos económicos concentrados.
 
El historiador Norberto Galasso se autodefine como un hombre de la izquierda nacional. Desde esta posición lee tanto el pasado como el presente del país. En esta nota, las reflexiones políticas de un hombre que ha hecho del trabajo histórico silencioso, la coherencia y la ética una forma de vida. 
 
–¿Cómo ve el momento político actual? ¿Cree que estamos asistiendo realmente a un punto de inflexión de la historia del país?
 
–Hay un avance apreciable. Quienes vivimos los sucesos de 2000 y 2001, cuando los jóvenes se iban masivamente del país, estamos presenciando grandes cambios como, por ejemplo, que muchos científicos hayan vuelto al país. Arturo Jauretche decía que Martínez Estrada se tenía miedo a sí mismo de tan izquierdista que era. Hay gente que es tan izquierdista que sólo ve lo que falta. Y lo que falta es evidente. Hay un 30% de trabajadores en negro sin protección social. El control de precios se hace difícil porque los grandes consorcios están muy oligopolizados o monopolizados e influyen sobre ellos. Pero el común de la gente lo que ve es que hay inflación y cree que la culpa es del gobierno. Lo mismo sucede con la inseguridad, que en realidad proviene del descalabro de toda una generación que no conoció lo que es el trabajo y sufrió una desocupación que llegó a ser del 24 o 25 por ciento. A eso hay que sumar el tema del narcotráfico, que es un problema mundial. Hay gente que mira la parte del vaso que está vacío y nosotros miramos lo que se ha avanzado. Cuando Néstor decía que estábamos saliendo del infierno para entrar al purgatorio creo que tenía razón, y tuvo también razón, en el gobierno de Cristina, con la 125 que, desgraciadamente, salió mal y fue un factor de debilitamiento del que el gobierno luego se recuperó.  
 
–¿Cuáles son las deudas pendientes?
 
–Creo que hay que fortalecer el campo popular, polemizar y lograr una mayor democratización de las organizaciones sindicales e incluso de las organizaciones políticas. El PJ es un nombre y en el radicalismo está Cobos, que es bastante representativo de la crisis de la dirigencia política. Es cierto también que han surgido figuras de importancia.
 
–¿Quién, por ejemplo?
 
–Axel Kicillof. También algunas figuras de los movimientos sociales como "El Chino" Navarro. Raimundi es también una figura interesante. Hay gente, pero la política depende de la correlación de fuerzas y con las 300 bocas que tiene Clarín para difamar y los trepadores que buscan acomodarse –no vamos a hacer nombres– la situación se complica. Además, también ha habido errores. Yo tenía una gran confianza en el MTA por su actitud combativa con el menemismo y también en la CTA. Creí que de allí podían surgir dos organizaciones sindicales con destino a unirse y tener una presencia de los trabajadores realmente importante, pero eso no ha sucedido y el protagonismo de la clase trabajadora ha disminuido. 
 
–Hoy hay quienes parecen no recordar lo que sucedió en la Argentina en 2001 o lo que fue la dictadura. Incluso, hay quien no piensa en la democracia de la que se disfruta hoy como una conquista. ¿De qué modo lee usted la recuperación de la democracia? 
 
–Creo que hay varios factores que inciden en el hecho de que la dictadura haya entrado en declinación y se haya llamado a elecciones. Pero los protagonistas sustanciales diría que son, por un lado, las Madres de Plaza de Mayo y, por otro, un sector del sindicalismo combativo que generó varias concentraciones populares. Después, hacia el final, la multipartidaria juega un papel apurando las elecciones, pero creo que, en general, los dirigentes políticos de los partidos mayoritarios jugaron un papel bastante escaso. En algunos casos colaboraron y en otros no tuvieron forma de dar respuesta a ese clima de terror implantado, de miedo, de persecución y reconversión de la economías. Insólitamente, las que le dieron a la dictadura un desprestigio mundial fueron las Madres con su coraje increíble y su presencia permanente todos los jueves en la Plaza. 
 
–¿Los líderes de los partidos mayoritarios no pudieron intervenir, no supieron cómo hacerlo o qué fue lo que les pasó?
 
–Creo que una característica de los países coloniales, semicoloniales o dependientes, de los países que no ejercen realmente su soberanía, es la aparición de movimientos nacionales que tienen un momento de auge, de desarrollo enfrentando esa dependencia y que generan líderes que llevan adelante procesos de avance como sucedió con el yrigoyenismo en su momento y con el peronismo, especialmente del '45 al '55 y luego durante la resistencia. Pero tanto en el caso del radicalismo como del peronismo, la muerte del líder incidió mucho en el proceso de declinación. Lo que se llamó la "alvearización del radicalismo" viene ya del año '33. Desde la muerte de Yrigoyen en adelante, el radicalismo empieza a ser un elemento más del sistema que convalida el fraude, que lleva a la Unión Democrática en el '46 a los dirigentes que habían sido enemigos de Yrigoyen. Con respecto al peronismo, la muerte de Perón provoca un enfrentamiento cada vez mayor que ya se venía dando desde antes. Se trata de movimientos policlasistas en los que todos coinciden en apoyar al líder pero por razones diferentes.  Recuerdo que cuando teníamos la alternativa de votar a Alfonsín o Luder, Luder lo que menos parecía era un peronista del '45, más bien daba la imagen de un constitucionalista o de un profesor austríaco que poco tenía que ver con Beriso, con Avellaneda, con todo aquello de lo que se había nutrido el peronismo. Por eso, en muchos casos, hubo radicales y peronistas que fueron intendentes de la dictadura y que tuvieron su responsabilidad en el momento en que esa dictadura se produjo. 
 
–¿Por ejemplo?
 
–Durante la declinación del peronismo no sólo estuvo presente la figura de López Rega, sino que, además, cuando tuvieron la posibilidad de decir algo para tratar de salvar la situación –Isabel ya había hablado de elecciones para que el pueblo se definiera– las declaraciones fueron completamente vacías. Fue una declinación de la dirigencia política que, en alguna medida, se relaciona con la declinación que hubo en los años '40.
 
–¿Qué fue lo que sucedió en ese momento?
 
–Puiggrós dice que en el '40 toda la dirigencia política era de derecha, desde la derecha propiamente dicha hasta la izquierda misma, que jugaba con la derecha. Ahí surgió la Unión Democrática. Hoy podríamos decir que cuando llegamos al 2001, salvo la figura de Kirchner, pasó algo similar. En 2003 las elecciones las gana Menem en primera vuelta y el tercero era López Murphy, de modo que el panorama era desolador. Kirchner tuvo la capacidad suficiente para entender el momento que se vivía e iniciar un proyecto distinto pero, en general, había una declinación bastante notable de los partidos mayoritarios. Hoy, por ejemplo, la oposición lo único que quiere es que Cristina desaparezca del poder pero no ofrece ningún modelo alternativo. Desde el oficialismo también se refleja una cierta debilidad porque de Cristina a la segunda línea hay una diferencia bastante apreciable. Es decir que las mayorías populares, los trabajadores que protagonizaron el 17 de octubre y el Cordobazo, que han llenado la Plaza convocados por los dirigentes sindicales, algunos de los cuales han tenido una trayectoria correcta y otros han declinado, y el entusiasmo de los chicos de La Cámpora son cosas que suceden por abajo, pero no se reflejan en un grupo de dirigentes importantes. No contamos, por ejemplo, con diez candidatos importantes, sino con pocos.  A veces, las decisiones se toman en mesas chicas, no se da un debate lo suficientemente rico acerca de cuál es la sociedad que queremos. Esto sucede desde la oposición y desde el oficialismo.    
 
–¿La democracia fue una conquista o una mera declinación de los militares en el poder?
 
–Creo que los militares se complicaron al meterse en el asunto de Malvinas, pero hicieron lo que querían hacer a través de Martínez de Hoz porque, más que los militares, el cerebro del golpe del '76 fue él. Se detuvo el proceso de industrialización, se ató la economía al Fondo Monetario Internacional y se definió la política exterior como "relaciones carnales", es decir, de dependencia total. Además, se sofocó a la clase trabajadora con los contratos basura y todas las medidas antipopulares que se tomaron. Lograron producir las condiciones para que se forjara un grupo de empresas o consorcios que podrían haber sido una burguesía nacional en el sentido de tratar de desarrollar una economía propia, pero no fue así. Macri, Bulgheroni, Pérez Companc casi todos ellos nacen en el '45, '46, '47, '48, pero se vinculan al mercado externo como Tenchint, por ejemplo, que vende la mayor parte de su producción afuera, o Aluar, que también vende la mayor parte afuera. Esto dificulta el pacto social porque a estas empresas les gusta trabajar con salarios bajos y, si venden adentro, necesariamente, les guste o no, tienen que darles a los trabajadores un poder de demanda de compra para poder colocar su mercadería. Si venden afuera, como habitualmente lo hacen Bulgheroni o Pescarmona, el país queda convertido en una factoría en la que hay una clase económica dominante integrada por la Sociedad Rural, industrial en algunos aspectos de estos grandes consorcios y comunicacional en la concentración poderosa de Clarín, por ejemplo. Estos grupos no quieren el protagonismo popular ni la redistribución del ingreso. Ese es, precisamente, el quiebre que se da en 2003, por lo que han apelado y siguen apelando a todo, incluso a lo más cruel y más bajo para no perder sus privilegios que están ligados al gran capital multinacional. Pero hay elementos ciertos para decir que en Estados Unidos y en Europa lo están pasando bastante mal. Hay allí una situación de declinación. Estamos en un momento de cambio y los privilegiados se agarran con uñas y dientes para no perder sus privilegios. Por eso, aquí hay personajes que han pasado de la centroizquierda a la derecha. Periodistas a los que uno les tenía confianza se han convertido en personajes insoportables. Este es un momento difícil en que el campo popular tiene que multiplicar los esfuerzos para lograr que los avances logrados en esta década ganada se profundicen y no se estanquen o se pierdan. Yo suelo recordar una frase de Manuel Ugarte que decía que no hay nada más peligroso que una revolución a medias. Cuando se comienza a hacer cambios, el enemigo empieza a alertarse, a prevenirse. Si los cambios no se pueden profundizar o la dirección del campo nacional no tiene ambiciones de ir más allá, hay grandes peligros de declinación y retroceso. 
 
–Claro, porque el enemigo avanza.
 
–Sí, esos grupos han perdido privilegios, la redistribución del ingreso ha cambiado en pocos años. A pesar de que no ha cambiado tanto como durante el peronismo, que llegó al 56% para los trabajadores, ha cambiado bastante. Aunque la reactivación también les permite hacer negocios y los hacen, temen el protagonismo popular y tienen un odio de clase que es el mismo que los llevó a despreciar a las chusmas yrigoyenistas y al cabecita negra, a secuestrar el cadáver de Evita y a desterrar a Perón.  
 
–¿Cuál es el antecedente histórico de estos grupos? 
 
–Son los grandes privilegiados de la Revolución de Mayo, que eran los monopolistas frente al Plan de Operaciones de Moreno que hoy tanto se discute diciendo que es apócrifo y todas esas macanas. Moreno decía: "Desgraciados los países en que la riqueza está concentrada en pocas manos." 
 
Autodefinición
 
"Siempre le tuve desconfianza al radicalismo –dice Galasso– pero no he sido antialfonsinista a muerte como algunos peronistas. Tampoco soy peronista. Siempre fui un hombre de la izquierda nacional que reivindicó a don Hipólito y que apoyó a Perón. Sentí que Néstor Kirchner expresaba la democracia sobre todo cuando se tiró, cuando se lanzó sobre la gente. Esa es una imagen de él que me quedó muy grabada porque me pareció que ese acto era un acto de comunión con el pueblo. Por supuesto que apoyé el Juicio a las Juntas, pero allí participaron muchos personajes que luego tomaron otro rumbo. Siempre desconfié un poco del radicalismo a pesar de que mis tíos eran radicales y vengo de una familia radical por vía materna, pero ellos eran radicales de Yrigoyen, radicales que fueron a pedir armas el 6 de septiembre del '30 para parar el golpe. Reconocí algunas virtudes en Frondizi, que era un estadista, pero que prácticamente no pudo gobernar y cuya concepción política fue sometida por el desarrollismo de Frigerio. Mi viejo era de una familia socialista de izquierda y en su experiencia práctica me hizo ver muchas cosas. Él tenía un negocio de compostura de relojes en el que se vendían algunas joyas no muy importantes. Él me decía que durante el peronismo aparecieron clientas nuevas que eran las empleadas domésticas que venían del interior que antes sólo pasaban por enfrente en alpargatas y traje negro porque alguna vez habían tenido que teñirlo por un duelo en la familia y luego lo siguieron usando. Durante el peronismo aparecían una vez por mes, cuando cobraban, a comprar una pulserita o algo así. Eran más altas porque usaban tacos y tenían ropa de colores.

Tomado de aquí




domingo, 17 de marzo de 2013

JP Feinmann y Horacio González: diálogos con la muerte







Por Juan Ciucci l 

Dos amigos se reúnen a recordar su pasado, que es decir el de la Argentina de los últimos 60 años. Pero también el del pasado político e intelectual que formó esas vidas, y que aun necesitamos pensar para analizar nuestro presente. Encuentros que ambos reconocen han servido para profundizar esa amistad, y en los que han salido a la luz, también, sus propios desencuentros.
José Pablo Feinmann y Horacio González se permiten divagar en reflexiones que pueden llevarlos del barrio y la primer infancia, hasta el poder y la muerte. Sin dudas el gran articulador será el peronismo, ese sustrato vital que guió sus obras y los forjó en la militancia. Lectores profundos de Perón, partícipes de la juventud maravillosa, críticos del peronismo neoliberal, actuales interpelados kirchneristas; sus reflexiones del gran movimiento histórico se tornan fundamentales y cobran, merced a las lógicas del diálogo, la vitalidad del contrapunto que les permite ahondar en viejas tesis sin temor a refutarlas. Sus interrogantes respecto al peronismo nos posibilitan ampliar el marco de discusiones que hoy llevamos adelante, les permite salirse de sus reiteraciones y balbucear nuevas líneas de análisis.

Pero es también una presencia fundante de este encentro la muerte: la de los amigos, la de un país diezmado por el Terrorismo de Estado, la propia. Ausencias que retornan al rememorar los años de la militancia, de la juventud que recupera el brillo inusitado del recuerdo. ¿Acaso su generación podrá recordar algo sin sentir de cerca la muerte? ¿Lo puede alguna?

Aun son sus voces las de los sobrevivientes, los exiliados, los derrotados. Y ya mayores, rememoran además los muertos recientes: los Viñas, los Rozitchner, los Fogwill, los Casullo. Se saben una especie en extinción, un modelo de intelectual que nos va dejando en una sociedad en la cual cuesta encontrar a aquellos que vendrían a retomar su legado. O tan siquiera a exhumarlo para vivificar uno nuevo.

Esa presencia de la muerte torna sombríos los pasajes de análisis del presente, demasiado atado a viejas concepciones políticas de la violencia y la derrota. El temor se hace presente, en esta actualidad de pujas y de falencias. ¿Cuánto arriesgar en la lucha por una Patria justa, libre y soberana? Las reflexiones en torno a nuestras condiciones objetivas tienen tintes de desesperanza, de fuerzas inmensas que no permitirán mayores avances que los ya realizados. Aquí es cuando el dialogo de Feinmann y González se vuelve conocido, remanido. Su cercanía ideológica les impide que el espíritu del debate se apodere de la charla, que los necesarios contrapuntos los obliguen a indagar más allá de las posibilidades del presente. Un cierto aire de conformismo sobrevuela las lecturas del combate que significan estos años kirchneristas, que desentona con sus lecturas del pasado y su accionar militante. Esas muertes condicionan las luchas futuras, claro está, pero no debemos permitir que las inmovilicen.

Estos encuentros que se han convertido en libro, nos sirven para adentrarnos en la vida y el pensamiento de dos de los intelectuales más prolíficos e importantes de los últimos 30 años en Argentina. Con una profundidad que sólo el libro nos permite, alejado de las rutinas televisivas y la necesidad del impacto mediático. En tiempos en que algunos gritan eufóricos ante la necesidad de diálogo, es un camino posible. Nos lleva a desear otros cruces, de otros nombres no tan cercanos, para entablar los debates que nos resultan hoy imprescindibles.

Tomado de aquí.


 


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