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lunes, 28 de julio de 2014

Una voz de apoyo desde el Mercosur


Después de varias postergaciones, la cumbre se realizará en Caracas con el regreso de Paraguay y el paso de la presidencia pro témpore a la Argentina. Se espera una declaración a favor del país en el marco del conflicto con los fondos buitre.

Por Nicolás Lantos
Más de un año tuvo que transcurrir para que los presidentes de los países que conforman el Mercosur puedan volver a darse cita: la cumbre de Caracas, prevista originalmente para diciembre último y pospuesta tres veces, se llevará a cabo mañana, con la presencia de todos los jefes y jefas de Estado del bloque, y media decena de mandatarios invitados. El encuentro implicará el regreso de Paraguay a este tipo de cumbres, tras su suspensión por el golpe de Estado institucional de 2012, el pase de la presidencia pro témpore del organismo a manos de Argentina, y la posibilidad de que Bolivia se incorpore al mismo como miembro pleno. Entre otros temas, la Argentina llevará su conflicto con los fondos buitre en busca de una nueva señal de apoyo de la región en este tema, y habrá también una declaración conjunta sobre la situación en Medio Oriente.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner viajará esta tarde rumbo a la capital venezolana, donde mañana a primera hora se llevará a cabo el plenario del que participarán el anfitrión Nicolás Maduro, la brasileña Dilma Rousseff, el uruguayo José Mujica y el paraguayo Horacio Cartés, debutante en estas lides.
A ellos se les sumarán los asociados Michelle Bachelet (Chile) y Evo Morales (Bolivia). También estarán los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega, y de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, que esta tarde participarán de los homenajes a Hugo Chávez en un nuevo aniversario de su nacimiento.
La mayoría de ellos (excepto los dos invitados centroamericanos, Ortega y Sánchez Cerén) ya se vieron las caras hace doce días en Brasilia, con ocasión de la cumbre conjunta entre las potencias emergentes del Brics y la Unasur. Allí terminó de confirmarse la cita de mañana, que se llevará a cabo con más de siete meses de demora: el encuentro, previsto en un principio para el 17 de diciembre del año pasado, se pospuso hasta fines de enero por pedido de Fernández de Kirchner, luego hasta mediados de febrero, por problemas de agenda de Rousseff, y finalmente de forma indefinida, hasta ahora, por la situación política que vivió Venezuela en esos días.
La presencia de Cartés en la cumbre del Mercosur significará el regreso de Paraguay al bloque, tras la suspensión de dos años que sufrió a raíz del golpe de Estado institucional que terminó con el mandato del ex presidente Fernando Lugo. Para reincorporarse, el Parlamento paraguayo tuvo que aceptar las medidas tomadas en su ausencia, principalmente la incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. También ceder la presidencia pro témpore que deberían haber asumido hace un año: aunque en un principio Asunción pretendía recuperar su turno ahora, esto fue rechazado por el resto de los integrantes, y será la presidenta argentina quien, siguiendo el orden alfabético, recibirá ese rol de manos de Maduro.
Durante el debate se discutirán algunas cuestiones pendientes para mejorar el funcionamiento interno del mercado común, reclamadas por los socios más pequeños para compensar sus desventajas estructurales ante Brasil y Argentina.
También se buscará avanzar en la integración económica con otros dos bloques regionales: el ALBA y Petrocaribe. La agenda internacional tendrá su lugar a través de declaraciones sobre los fondos buitre y sobre la situación en Medio Oriente.
Por último, se avanzará con la inclusión de Bolivia como miembro pleno del organismo, algo que solicitó Evo Morales y es respaldado principalmente por el presidente venezolano.

Tomado de aquí


martes, 24 de junio de 2014

CELAC y Mercosur apoyan a la Argentina en el tema de los fondos buitre


COMUNICADO DE LA COMUNIDAD DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS EN RESPALDO A LA POSICIÓN DE LA REPUBLICA ARGENTINA EN LA REESTRUCTURACIÓN DE SU DEUDA SOBERANA

“Frente al reciente fallo judicial referido a un grupo minoritario de tenedores de títulos de deuda soberana de la República Argentina pendiente de reestructuración (hold-outs) los Estados miembros de la CELAC reiteran lo expresado en la Declaración de La Habana, adoptada por la II Cumbre de la CELAC (28 y 29 de enero de 2014) en el sentido que: “Consideramos indispensable para la estabilidad y predictibilidad de la arquitectura financiera internacional, garantizar que los acuerdos alcanzados entre deudores y acreedores en el marco de los procesos de reestructuración de las deudas soberanas sean respetados, permitiendo que los flujos de pago sean distribuidos a los acreedores cooperativos según acordado con los mismos en el proceso de readecuación consensual de la deuda. Es necesario contar con instrumentos que posibiliten acuerdos razonables y definitivos entre acreedores y deudores soberanos, permitiendo hacer frente a problemas de sustentabilidad de deuda de forma ordenada.”
San José, 20 de junio de 2014

Declaración especial de los Estados parte del Mercosur en respaldo a la República Argentina

“Las Presidentas y Presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR, en conocimiento del reciente fallo judicial favorable a los planteos de un grupo minoritario de tenedores de títulos no reestructurados de la deuda soberana de la República Argentina (Hold-outs):
Manifiestan su más absoluto rechazo a la actitud de dichos Fondos, cuyo accionar obstaculiza el logro de acuerdos definitivos entre deudores y acreedores y pone en riesgo la estabilidad financiera de los países.
Reconocen la vocación de la República Argentina de continuar honrando sus compromisos financieros internacionales, tal como lo viene haciendo sistemáticamente desde la reestructuración de su deuda en los años 2005 y 2010, donde se obtuvo el acuerdo de más del 92% de sus acreedores.
Expresan su solidaridad y apoyo a la República Argentina en la búsqueda de una solución que no comprometa su desarrollo y el bienestar de su pueblo, en consonancia con sus políticas de desarrollo nacional.”

Tomado de aquí


sábado, 22 de febrero de 2014

Izquierda y progresismo ante la integración y la globalización - por Eduardo Gudynas

 
 
En los últimos tiempos el progresismo parece estar tomando un sendero distinto al de la izquierda que le dio su origen. Esta divergencia que asoma también se expresa en cómo se aborda la globalización y la integración latinoamericana.
 
La situación actual es heterogénea, por momentos contradictoria. Se debe celebrar, por ejemplo, contar con ámbitos de discusión política como UNASUR o CELAC, rompiendo con las tutelas de Estados Unidos. Pero persisten estrategias conservadoras de liberalización comercial, como los de la Alianza del Pacífico.
 
Unas cuantas razones de esa heterogeneidad se encuentra en la divergencia entre izquierda y progresismo, y para explicar esas circunstancias es apropiado un breve repaso histórico. La izquierda latinoamericana que maduró en la década de 1990 tenía unas cuantas ideas bastante claras sobre la integración. Su proyecto político iba mucho más allá de la liberalización comercial, defendiendo coordinaciones en manejar inversiones y endeudamiento, protección de los migrantes, y apoyos a obreros y campesinos, especialmente por medio de políticas productivas regionales. Buscaba romper la dependencia ante la globalización y cuestionaba institucionalidades como las de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
 
La lucha contra el ingreso de México al TLCAN, o ante los tratados de libre comercio de Chile, Perú, Colombia y varias naciones centroamericanas con EE.UU., obligó a explorar otras opciones económicas y políticas de la integración. Todavía más se aprendió en las coordinaciones de amplios sectores de izquierda en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lideradas por EE.UU., con el apoyo de Canadá.
 
Muchos de esos aprendizajes explican muchas de las medidas que se tomaron cuando la izquierda conquistó varios gobiernos. Se cambió la postura en el seno de los bloques regionales, se detuvo el ALCA, y se lanzaron innovaciones, algunas específicas (como la idea boliviana de tratados de comercio entre los pueblos, el Banco del Sur, o un mecanismo propio de pagos recíprocos, el SUCRE), o incluso más ambiciosos (como el ALBA, y sus estructuras asociadas). Pero a medida que el impulso inicial de izquierda fue reemplazado por el pragmatismo del progresismo, se afectaron muchas posturas. Ese cambio se puede ilustrar con algunos ejemplos.
 
El primero se refiere a la iniciativa en infraestructura sudamericana, conocida como IIRSA, una iniciativa inicialmente alentada por Brasil, sin duda era funcional a la ideología del ALCA. A tono con el espíritu neoliberal, apostaba a una red de carreteras e hidrovías extrovertidas hacia la globalización, que permitiera enviar materias primas desde el corazón del continente a los grandes puertos oceánicos. Las izquierdas latinoamericanas criticaron duramente IIRSA; no podía ser de otra manera dada su estrecha asociación al proyecto ALCA. A su vez, las alternativas de izquierda postulaban otra integración física continental. A pesar de ello, a medida que se consolidó el progresismo, se aceptaron las ideas de IIRSA, aunque ahora reubicadas como Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan), dentro de UNASUR (1). Todos los gobiernos, sin distinciones entre conservadores o progresistas, lo financian.
 
En la misma línea, en 2006, Evo Morales presentó a los presidentes y pueblos sudamericanos una carta proponiendo otra integración continental “para Vivir Bien”. Defendía, por ejemplo, la complementaridad entre las economías, el comercio justo, fondos económicos para compensar asimetrías, y una articulación física distinta a la de IIRSA (2). Aunque en su carta estaba el espíritu de una integración desde la izquierda, no tuvo mayor acogida, y con el paso del tiempo, el progresismo actual parecería que la ha olvidado.
 
Estos ejemplos ilustran vías desde las que asoma la divergencia entre izquierda y progresismo, una distinción planteada en un artículo anterior (3), en este caso ante la integración y la globalización. No es que desaparecieran todas las posturas y sensibilidades previas, ya que muchas de ellas siguen presentes, explicando elementos como la resistencia a los TLCs y la retórica latinoamericanista.
 
Pero el progresismo, al seguir priorizando las exportaciones de materias primas, termina en países que compiten entre ellos en acceder a los mercados globales. Los países cafeteros y sojeros compiten entre sí, y otro tanto hacen los exportadores de cobre, hierro, plata y otros minerales, y así en otras materias primas. También compiten en atraer el capital necesario para esos proyectos, en flexibilizar las condiciones sociales y los permisos ambientales, e incluso en asistencias en infraestructura o energía barata.
 
Esta dinámica impide una integración productiva y comercial genuina. Los gobiernos resisten llegar a compromisos regionales para regular la oferta, los stocks disponibles, y los precios de sus materias primas (a pesar de existir iniciativas pasadas en ese sentido). A su vez, necesitan avanzar en redes construidas bajo el espíritu de IIRSA para asegurar sus exportaciones.
 
Frente a la globalización, existen algunos intentos en recuperar autonomía (por ejemplo, desvinculándose del CIADI). Pero, en líneas generales el progresismo quedó anclado en la globalización, ya que la necesita para mantener esas corrientes exportadoras y los flujos de capital. Cumplen con los acuerdos de la OMC y siguen las regulaciones globales para el comercio e inversiones. Brasil es, posiblemente, el país que más ha batallado por instalarse en esa globalización (buscando la dirección de la OMC, participando activamente en el G 20 y formalizando a los BRICs). Por esas y otras razones, el progresismo no logró desglobalizarse. 
 
Durante las campañas frente al ALCA, las izquierdas aprendieron la importancia de una articulación continental que redujera las asimetrías (diferencias entre economías grandes y pequeñas) y permitiera una convergencia (mejorando las condiciones de las economías más pequeñas). Al caer el ALCA, el temario de asimetrías y convergencias perdió fuerza. Es que discutir esos procesos dentro de América del Sur implica debatir el papel de Brasil, la economía más grande, una cuestión más que espinosa para gobiernos (y varios en los movimientos sociales). Es cierto que Brasil y otros países aceptaron la propuesta de Chávez de transitar desde una Comunidad Sudamericana de Naciones a una “unión”, pero no puede olvidarse que uno de sus resultados concretos fue abandonar la construcción concreta de políticas comunes y mecanismos para reducir asimetrías y asegurar convergencias. Aunque el progresismo invoca el latinoamericanismo, parece haber adoptado finalmente la postura brasileña, que defiende una soberanía en un viejo sentido, para rechazar cualquier compromiso supranacional.
 
El MERCOSUR, que se suponía sería “refundado” en los años en que todos los gobiernos de sus miembros estaban en manos del progresismo, avanzó en cuestiones como cultura o migraciones, pero no logró acuerdos en sectores claves como energía, minería y agroalimentos. No sólo eso, sino que ha caído en todo tipo de disputas internas (incluso imposiciones sobre los socios pequeños), hasta casi paralizarlo. A nivel continental también quedaron por el camino otras innovaciones audaces, como la propuesta de Hugo Chávez de “compartir” sus recursos petroleros, mediante acuerdos recíprocos con empresas estatales de países amigos. La situación se ha vuelto tan compleja, que hasta más de un gobierno progresista ahora mira con interés a la Alianza del Pacífico (Ecuador y Uruguay son observadores), o está dispuesto a negociar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (como Brasil o Ecuador).
 
Sin duda que este repaso no agota una problemática por demás compleja. Tenemos claro que el camino futuro no está, por ejemplo, en esquemas como los de la Alianza del Pacífico. Pero hay que saber reconocer el malestar con los problemas de una integración estancada o contradictoria en algunos frentes. Sus limitaciones las sufren, por ejemplo, obreros fabriles o pequeños agricultores, que como no encuentran salidas productivas dentro del continente, quedan a merced de la globalización. No siempre es fácil analizar esa cuestión, ya que cualquier observación podrá ser usada por los sectores conservadores para promover sus modelos TLCs.
 
La mejor manera de romper con esas trampas es retomar el espíritu de izquierda para enfrentar la globalización y la integración. Esto es fortalecer instancias como UNASUR o CELAC, pero incorporándoles mecanismos para recuperar autonomías frente a la globalización y acuerdos regionales concretos. Entre las prioridades están la regulación de la oferta y stocks de materias primas, cadenas industriales compartidas entre países, y la reorientación de la agropecuaria y las conexiones de transporte hacia las necesidades continentales, antes que los mercados globales. Esas y otras medidas se corresponden a aquel llamado, lanzado desde Quito, hace más de diez años atrás, “otro desarrollo es posible, otra integración es posible”, que sigue siendo válido.
 
- Eduardo Gudynas es analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo. Twitter: @EGudynas 
 
Notas:
1.            La resurrección de la IIRSA, Héctor L. Moncayo, 30 octubre 2012, ALAI: http://alainet.org/active/62622&lang=es
2.            Propuesta del Presidente Evo Morales: Construyamos con nuestros pueblos una verdadera Comunidad Sudamericana de Naciones para “Vivir bien”, 4 octubre 2006. ALAI: http://alainet.org/active/13712
3.            Izquierda y progresismo: la gran divergencia, E. Gudynas, 24 diciembre 2013, ALAI: http://alainet.org/active/70074
 
 
 
Tomado de aquí
 
 
 
 

jueves, 6 de febrero de 2014

Ataques especulativos - Por Emir Sader


Argentina y Venezuela en particular, pero todos las economías –de América latina, de los llamados emergentes y de los otros países también– sufren ataques del capital especulativo. Es un rasgo estructural del período neoliberal del capitalismo.

El capital financiero, que había nacido para apoyar la inversión productiva, en este período histórico se ha autonomizado y ganado el rol hegemónico en el capitalismo. El sistema bancario no se dedica prioritariamente a financiar las inversiones productivas o a la investigación o incluso al consumo, sino a comprar y a vender papeles, en una actividad estrictamente especulativa.

Es un capital que recibe tratamiento preferencial porque las tasas de interés son más altas que las tasas de ganancia, se gana más en las Bolsas de Valores que financiando al capital productivo. Se pagan menos impuestos, porque los gobiernos, necesitados de atraer esos capitales, los favorecen con menor tributación. Y gozan de enorme liquidez, pudiendo desplazarse hacia otras plazas, cuando les convenga, por razones financieras y/o políticas.

Disponen, asimismo, de gran capacidad de presión politica sobre gobiernos. Ni siquiera necesitan abandonar un país, les basta con amenazar hacerlo para que puedan contar con concesiones –como el alza de las tasas de interés, por ejemplo– a su favor. En los años ’90 una empresa norteamericana de asesoría de los capitales especulativos alcanzó, en un ataque de sinceridad, a aconsejar: “Participen de la fiesta, pero quédense cerca de la puerta”. La “fiesta” eran los procesos de privatización, los juegos de préstamos a tasas de interés muy altas, las compras de empresas quebradas.

En muchos países del continente esa fiesta ya no está, pero la hegemonía del capital financiero a escala mundial sigue presionando para canalizar capitales hacia la especulación, en detrimento de las inversiones productivas. Diariamente oímos las cifras astronómicas de las Bolsas de Valores, que no han producido ni un bien, ni un empleo, sólo han acentuado el proceso de concentración de renta.

Nuestros países encuentran dificultades para defenderse de esa acción predatoria de los capitales financieros. El Banco del Sur es todavía un proyecto naciente, que no logra articular estrategias de conjunto para la región, que puedan llevarla a tomar medidas de defensa respecto de esos ataques especulativos. Las mismas monedas nacionales son más débiles frente a las maniobras –especialmente del dólar–, que si fuera posible construir una moneda común para la integración regional. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, dice que su país está dispuesto a abandonar la dolarización, pero no puede volver al sucre, tendría que hacerlo en el marco de una moneda regional.

Esa es la pelea más grande que enfrentan los países que buscan construir alternativas al modelo neoliberal. Un modelo centrado en la hegemonía del capital financiero, en su modalidad especulativa. Una propuesta de que nuestras sociedades serán reducidas a sus mercados, que todo sea mercancía, que todo se venda, que todo se compre, que todo tenga precio, a expensas de los derechos de las personas.

La conformación más amplia y más homogénea del nuevo Mercosur es el espacio privilegiado para que la región pueda tener proyectos de integración de carácter económico, tecnológico, financiero, educativo y de comunicación, entre otros. Para ello es indispensable imponer un nuevo ritmo al Mercosur, dejando atrás el período en que las corporaciones brasileñas y argentinas simplemente disputan mercados entre sí. Como decía el ex canciller brasileño Celso Amorim –actual ministro de Defensa–, “no se trata de disputar el mercado de heladeras entre argentinos y brasileños, sino de construir la heladera del Mercosur”.

Al igual que, para que la región pueda defenderse en mejores condiciones de las presiones recesivas que llegan del centro del capitalismo y desde adentro mismo de nuestros países, es indispensable que Unasur resuelva de una buena vez el tema de su dirección, para retomar su rol fundamental en América del Sur. En el momento mismo en que la propuesta de la Alianza para el Pacífico pierde su empuje, con la perspectiva más integradora en la región que pretende impulsar Michelle Bachelet a su política exterior y el debilitamiento de las otras economías de ese proyecto, quebrar la hegemonía del capital especulativo es la condición decisiva para que nuestros países puedan retomar un ciclo económico expansivo, esta vez bajo proyectos de integración regional más amplios.

Tomado de aquí


 
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