jueves, 26 de marzo de 2015

¡Estos ateos no se han enterado aún de que dios no existe...! (a partir de los debates sobre el atentado al semanario Charlie Hebdo)



Nicolás Lobos
15/01/15

Un nuevo fundamentalismo recorre Occidente. Ya tenemos los nuevos templos, los nuevos sacerdotes, las estampitas y las procesiones. Nuestros intelectuales y políticos tan orgullosamente laicos encabezan la cruzada por la consagración del nuevo cáliz... ¡la libertad de prensa!
Repudiar los recientes asesinatos en París nos parece tan justo y necesario como pensar algo más que frases vacías al respecto. Condenamos mil veces estos crímenes y si se nos permite -ahora que hemos recuperado en parte el aliento- nos gustaría plantear algunas cuestiones al respecto.
1. Aerolíneas Para Todos quién trabajamos cuando trabajamos para abstracciones como “Dios”, “la paz”, “la seguridad, “la democracia” o la “libertad de prensa”? Sería necesario explicitarlo, ponerse al corriente al menos, porque existe el riesgo de estar al servicio de algún interés concreto, -humano, demasiado humano-, muy distante de la evidencia muda de esos términos. “Lucho por la paz” decimos, pero... ¿la paz sentada sobre qué bases? ¿La paz del vencedor? ¿La paz de los cementerios? Portque la paz construida sobre una situación de opresión... ¿no exige primero un cambio? “Lucho por la democracia”, afirmamos. De acuerdo. Pero hay decenas de definiciones de democracia, para empezar digamos que una democracia procedimental que desemboca exclusivamente en la defensa de la libertad de mercado no es lo mismo que una entendida como poder popular. ¿Será que lucho por la libertad de prensa? Así, solita, muerta de frío, vacía de determinaciones, la libertad de prensa se convierte en un absoluto y se expone a que cualquier sentido bravucón se la apropie.
El problema con las manifestaciones en París es que cuando todos estamos de acuerdo no sabemos precisamente sobre qué estamos de acuerdo. El consenso se basa -sin duda- en malentendidos. Si consideramos que la libertad de prensa es un absoluto nos instalamos en el registro de la fe y eso nos excusa automáticamente de seguir pensando. Si consideramos que podemos marchar por la libertad de prensa así, sin más, no estamos en la marcha sino en la procesión. 
A la libertad de prensa hay que definirla para defenderla, cuestionarla para consolidarla, habitarla para llenarla de sentido. No vivimos en paraíso alguno sino en un complejo mundo donde el complejo animal humano ha logrado -coyunturalmente en la historia- la libertad de pensar... ¡lo que no lo excusa de la obligación de pensar!

2. Los “musulmanes”, los “alemanes”, los “judíos”, los “griegos” no existen. Al menos no como entidades homogéneas. No hablamos de nadie más que de nuestros fantasmas cuando hablamos de estas generalidades. Son significantes vacíos que sólo pueden ser llenados con contenidos imaginarios. Hablar en esos términos es una vía directa hacia el racismo. Por el contrario debemos precisar lo más posible el objeto de referencia, situarlo espacialmente, históricamente, determinar su especificidad social, política, ideológica.
3. Son patéticos los análisis que demonizan al Islam como causa de los ataques terroristas pero tampoco se trata de responder a esos análisis evocando “lo que la humanidad le debe al Islam”. Es tan ridículo la posición del antisemita como la del que se pone -presuroso- a enumerar los premios Nobel judíos. En definitiva la raza, la religión o la cultura no pueden ser argumentos a favor ni en contra para analizar -con mínima seriedad- una situación. Las acciones de Al Qaeda o del EI no se pueden atribuir al Islam sino a una serie de variables entre las cuales encontramos el resentimiento de ciudadanos franceses pertenecientes a poblaciones que -a pesar de llevar tres generaciones viviendo en Francia- son considerados inmigrantes, junto a un complejo juego de alianzas, negocios y enfrentamientos de los poderes fácticos, así como a la Mossad, la CIA. Etc. etc.
4. ¿No es otra forma de seguir creyendo en Dios el sostener que se mata, se discrimina o se persigue por cuestiones de fe? En realidad es más probable que las religiones sean “el opio de los pueblos” que “la causa de conflictos armados”. Cualquier hijo de vecino (es decir cualquier agnóstico antes de mirar la tele) sabe que se mata por intereses concretos, se mata por intereses económicos, se mata para sostener una jerarquía, se mata para conservar o conseguir un poder, se mata envuelto en pulsiones inconscientes, pero no se mata “por Dios” (aunque se justifique con discursos fundamentalistas). No olvidemos que los conflictos armados son el negocio más rentable en este planeta y que la industria armamentística es la principal beneficiaria de dichos conflictos (sean limítrofes, raciales, “religiosos” o “culturales”). Los conflictos armados se producen en el planeta de la misma manera en que se produce una mercancía y se hace urgente estudiar ese proceso de producción: su materia prima, sus fuerzas productivas, el capital, el producto,... aunque se vuelve más fácil saber quién se lleva la plusvalía.
5. ¿No es igualmente piadoso citar el Corán para justificar una acción que citar el Corán para condenarlo? Leer el Corán para encontrar allí -finalmente- los párrafos que lo incriminan como machista, intolerante o violento es signo manifiesto de fe. En realidad no es de ninguna manera determinante, ni siquiera importante, lo que “dice” el Corán sobre esto o aquello, como tampoco lo es lo que “dice” la Biblia. Buscar en el Corán los versículos que lo ensalzarían o lo condenarían frente a un juicio universal es perseverar en el registro piadoso. El agnóstico sabe que al Corán, como a la Biblia, como al Popol Vuh se le puede hacer decir muchas cosas contradictorias. Cosa que -de hecho- se hace todo el tiempo.
6. Las atrocidades que nos horrorizan cuando se enumeran frente a nuestros ojos y que se le suelen imputar al Islam: ablación del clítoris, lapidación, persecución de homosexuales, ausencia de derechos para las mujeres, etc, deben ser analizadas y -eventualmente- condenadas en cuanto prácticas sociales. Esto significa que no son productos de ninguna religión en particular sino de un precipitado histórico de fuerzas ideológicas, políticas e inconscientes anudadas en ciertas figuras de lazo social. Podemos militar en contra de la ablación del clítoris y eso no nos obliga a estar en contra del Islam, no sólo porque hay países que lo practican sin ser musulmanes sino, sobre todo, porque estas prácticas, cada una en particular, tiene determinantes específicos relacionadas con el poder, con el dominio económico, con la historia concreta, con el goce y una relación muy secundaria con las religiones.
7. El humor sutil e inteligente es sin duda saludable, necesario... ¡imprescindible!! Necesitamos hacer humor con el cristianismo que es la religión en la que nos acunaron y con la que tenemos seguramente muchas cuentas que saldar. Humor que no debe olvidar la denuncia de la historia del Vaticano manchada de tantísima sangre. Esto debiera ser un punto de partida para nosotros en cuanto intelectuales. Es mundialmente conocido también el humor que hace la comunidad judía sobre sí misma. ¡Aplaudimos! Incluso si dicho humor no es habitual tratándose de la ocupación de Palestina... . Por otro lado estamos obviamente de acuerdo en que el rebelarnos contra cualquier tipo de censura, o de auto-censura debe ser un punto de partida. Sin ninguna duda. Pero, ... ¿tenemos realmente necesidad de burlarnos del Islam?
En conclusión, cuando releemos mucho de lo que se ha escrito en relación a los atentados en París no podemos menos que recordar a uno de los personajes de García Marquez en Cien años de soledad cuando decía: “La única diferencia actual entre liberales y conservadores es que los conservadores van a misa de cinco y los liberales van a misa de nueve”. Escuchamos demasiado integrismo ateo contra el integrismo musulmán y demasiados destemplados manifiestos que predican la creencia en las leyes de la historia o en entidades como “Occidente”, “Oriente”, “la razón”, “la violencia”, “la libertad de prensa”. Demasiados análisis que desarrollan -cual sumas teológicas- los principios sagrados de los que parten sin agregar conocimiento alguno.
No hemos dejado de ser creyentes si seguimos enfrentándonos todo el tiempo con las religiones y le damos tanta entidad como para constituirlas en nuestro enemigo principal. No hemos desarrollado un pensamiento laico si continuamos enamorados de versiones maniqueas de la historia ahorrándonos la complejidad y la singularidad de cada situación. No hemos dejado de ser piadosos penitentes si seguimos enarbolando absolutos en cuyo altar sacrificar la posibilidad y la necesidad de pensar.

miércoles, 14 de enero de 2015

martes, 13 de enero de 2015

El debate contra el miedo



Transformar el horror

Opinión
Por Florencia Saintout *
Hay un periodismo que ante la violencia produce un marco específico e interesado para impedir pensarla, en el que él es el que decide qué puede ser entendido o preguntado. De manera forzosa etiqueta que en determinados acontecimientos una explicación/pregunta equivale a una absolución. Es ese periodismo el que intenta decidir hasta dónde podemos expresarnos y hasta dónde no, extorsionando con poder disciplinador. Parece decirnos: si piensan se corren riesgos y ojo... si se equivocan los vamos a castigar de tal forma que jamás se atreverán a pensar otra vez.
Pero hay que pensar. Y pensar y entender no es absolver.
El acto terrorista sufrido en París necesita una y mil veces ser interrogado.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué pasa lo que pasa? ¿Cómo haremos para que deje de pasar?
Si la crueldad extrema no es un destino ni un hecho de la naturaleza, sino que se produce históricamente, es necesario saber de qué se trata ese artefacto para poder hacerlo de otro modo. En esa capacidad de hacerlo de otro modo (de hacer el mundo de otro modo) se juegan las opciones por la paz.
Podemos hacer que creemos que se trata de un acto contra la libertad de expresión –que efectivamente lo fue– pero que no fue sólo eso, sino que Charlie Hebdo se inscribe en un acto más de horror global contra la posibilidad de la humanidad.
¿Cómo llegó a articularse el actual mapa global de violencias? ¿Qué papel ocupó en esa articulación una política norteamericana de terror sobre el mundo islámico, con objetivos inconfesables, pero que tuvieron que ver con el saqueo de sus recursos para el dominio del mundo? Si Bin Laden “salió de la costilla de un mundo arrasado por la política exterior norteamericana” (Arundhati Roy), ¿cómo fue haciéndose esa costilla, cómo fue teniendo la densidad de los huesos, su potencia?
¿De dónde aprendimos que tenemos que quedarnos solamente con las imágenes atroces de la venganza? ¿O la idea de que venganza es equivalente a justicia? Han sido los poderes, entre ellos los de la pedagogía mediática, los que nos lo han enseñado.
Y si creemos que algo de lo sucedido tiene que ver con los fundamentalismos religiosos, ¿existe sólo el fundamentalismo islámico? Por supuesto que no. Y más profundamente: ¿los fundamentalismos son naturales o son también producidos históricamente? Y en el caso del fundamentalismo islámico, ¿cuánto de éste ha sido construido en base a las necesidades de las políticas imperialistas norteamericanas, desde Reagan en adelante? Haciendo un camino en densidad, ¿por qué quedarnos con una explicación monocausal que diga que todo es culpa de los norteamericanos y listo? Es necesario pensar más aún: ¿qué ha pasado con los estados de bienestar europeos, que para hacer sus deberes con el poder financiero dominante sacrifican a sus poblaciones? ¿Qué pasó con los partidos que se decían de izquierda y que no dudan en correrse a la derecha? ¿Dónde quedó el humanismo denunciado en siglos por sus monstruos y esclavos pero que luchaba contra sí mismo para poder seguir imaginando un universal diferente? ¿Dejamos de imaginarlo?
También podemos pensar en las palabras y las cosas. ¿Por qué es que siempre términos como terrorismo, masacre, cacería, justicia pueden “expresarse con libertad” para algunos y otros están condenados al silencio? Sus muertes de a millones ni siquiera son consideradas muertes porque sus vidas no han sido consideradas vidas. ¿Por qué para el sistema de medios hegemónicos no vale la pena informar sobre ellas?
Y esto: ¿en qué medida crea un mundo de odio y violencias?
¿Quiénes son los que hoy festejan? ¿Por qué festejan pidiendo pena de muerte?
Recurrentemente: ¿qué posibilidades tenemos de que sea de otro modo?
Sudamérica está demostrando caminos muy distintos al del terror y la guerra para hacer lugar a la justicia, lo que pone a la región en condiciones de hacer una pedagogía de la paz inteligente y sensible.
Entender no implica dejar de tomar posiciones éticas y políticas. Entender no nos impide sentir.
Condenar la violencia es distinto a entender la violencia, pero una no se puede hacer sin la otra. Si no, no estamos condenando realmente.
Suscribo a lo escrito luego del 11 del septiembre por Judith Butler: “Si creemos que pensar radicalmente acerca de la constitución de la condición actual equivale a absolver a los que cometieron actos de violencia, congelaremos nuestro pensamiento en nombre de una moral cuestionable. Pero si paralizamos nuestro pensamiento seríamos incapaces de asumir una responsabilidad colectiva para la comprensión acabada de la historia que nos condujo a esta coyuntura. De este modo, nos privaríamos de los recursos históricos y críticos que necesitamos para imaginar y poner en práctica otro futuro, más allá del actual ciclo de revancha”.
En el contexto de un mundo cruel, nos queda mucho más que condenar el crimen y llorarlo. Nos queda transformarlo.
* Decana de la Facultad de Periodismo Universidad de La Plata.

Cuidado con los maniqueísmos

Opinión
Por María Sol García Somoza *
En la mañana del 7 de enero pasado, un brutal ataque contra un grupo de periodistas y dibujantes de larga trayectoria, reunidos en las oficinas del conocido semanario satírico Charlie Hebdo ubicadas en el distrito 11 parisino, generó una fuerte conmoción en la sociedad francesa, al mismo tiempo que rápidamente se hizo eco en la prensa internacional y abrió interpretaciones de todo tipo. ¿Qué es lo que estaba sucediendo? ¿Cómo explicamos un ataque de tal violencia “en nombre de una religión”?
Aún es temprano para tener claves precisas de lo que sucedió el miércoles pasado; no obstante, es necesario dar cuenta de algunas cuestiones que suelen mezclarse con facilidad.
Entre las más recurrentes interpretaciones de la prensa y algunos analistas de momento se pueden leer aquellas formulaciones que afirman “la relación directa entre terrorismo e Islam”, encarnados en el estereotipo de “jóvenes musulmanes marginalizados”.
Ideas falsas que no hacen más que aumentar los velos que nos impiden acceder a un análisis crítico, reflexivo y profundo, e ir más allá de los símbolos e imágenes envueltos en estereotipos que algunos sectores y medios de comunicación difunden.
Es necesario salir de las tramposas amalgamas en donde islamismo e Islam se unen equivocadamente en un mismo término. Y frente a esto la comunidad musulmana, a través de sus representantes, se ve en la obligación de justificarse frente a cada ataque. Algo que no depende sólo de una necesidad surgida en el seno de la comunidad misma sino que es consecuencia de las condenas y sospechas a las que queda sistemáticamente expuesta.
En la prensa argentina es notable la confusión que se despliega en estas interpretaciones descontextualizadas, simplistas y que parten de un desconocimiento profundo de las dinámicas socioculturales de la sociedad francesa actual.
Desde los años ’90 hasta el día de ayer, Francia ha conocido varios de estos tipos de ataques producidos por individuos radicalizados. Contrariamente a lo que se dice, estos jóvenes protagonistas no tienen un patrón o perfil común de origen. Hay jóvenes salidos de familias de diferentes estratos sociales, así como de familias católicas, musulmanas e incluso de familias que no practican ni adhieren a una tradición religiosa determinada. Jóvenes que se aíslan de su contexto familiar, de sus amistades, y que encuentran identificaciones en grupos específicos, en donde se dice predicar “un verdadero Islam”.
Jóvenes que buscan un marco de sentido para dar respuesta a “la injusticia social”, “la opresión de los pueblos”, y que son impulsados a salir en búsqueda de una especie de “revolución” (¿tal vez en un sentido conservador?) a la que denominan “Jihad”.
No podemos pensar la religión desde una lógica funcionalista, como si viniese a ser “el consuelo” o “la última opción” que les queda a los sectores vulnerables y excluidos, ni tampoco creer que efectivamente esos crímenes son religiosos. Se pueden atribuir y autoatribuir en nombre de la religión, sin dudas; pero si nos conformamos con eso, lo único que conseguimos es polarizar el debate en términos de religión vs. secularismo, censura vs. libertad de expresión, o –lo que aún es peor– reflotar la peligrosa teoría del choque de civilizaciones.
Estos jóvenes no son simples individuos aislados y manipulados: son el síntoma de una sociedad que encuentra fracturas en su interior, y que es eco de una crisis de sentido más amplia en el marco de un capitalismo globalizado y post-industrializado. Podemos pensarlo en términos del clásico sociólogo francés Emile Durkheim, cuando escribe a fines del siglo XIX y principios del siglo XX sobre los riesgos de una sociedad anómica, una sociedad cuyos lazos sociales se quiebran en su interior.
Las violencias estructural y simbólica que mencionamos aquí, a vuelo de pájaro, deben ser parte del croquis analítico a armar, al que debemos sumar sus múltiples aspectos subjetivos, políticos, educativos, económicos, evitando caer en las diversas hipótesis que se ven formuladas en los medios de comunicación, llevándonos desde teorías conspirativas de atentados de falsa bandera hacia teorías sobre la libertad de expresión y la blasfemia, entre otras.
El debate es largo y queda mucho por analizar aún; pero por sobre todo, como observadores de la realidad, evitemos las argumentaciones que se ensalzan en simples extrapolaciones y que conducen a estigmatizaciones peligrosas que no hacen más que agudizar la fractura social. En este caso, la comunidad musulmana en Francia y en el mundo se ve señalada como el caldo de cultivo de problemáticas sociales que sobrepasan las fronteras de la comunidad per se, y que más bien son problemáticas que pertenecen y atraviesan a la sociedad francesa en todo su conjunto, y no a una comunidad cultural en particular.
Frente al contexto actual, las autoridades y la sociedad francesa aún se ven confrontadas al desafío de encontrar las formas de reunir y atraer en su seno a esas fracciones de jóvenes que buscan nuevos sentidos. Pero, ¿realmente quieren hacerlo? Aún no podemos responder a esta pregunta.
El domingo, Francia salió a la calle para manifestar al mundo la necesidad de verse unida por la defensa de los valores republicanos, pilares fundamentales de la identidad francesa que se posan en la libertad, la igualdad, la fraternidad y sobre todo en la laicidad. Celebramos la manifestación contra el atentado y a favor de la vida y la libertad de prensa. Pero también breguemos por la necesidad de reflexión. Ya sea de un lado y del otro. Queda el esfuerzo de ese colectivo liminal, ese espacio de claroscuros, para no quedar atrapados en esa violentogénica red de praxis discursivas.
Gare aux manichéismes! Appelons à la réflexion!

* Socióloga, especialista en estudios de género e Islam. Docente en la Université Paris 8 Vincennes Saint-Denis. Doctorante Université Paris 5 Descartes - UBA.

Tomado de aquí


lunes, 12 de enero de 2015

“La presencia de Netanyahu en la manifestación fue lo que colmó el vaso”



El periodista, intelectual exiliado en Francia y padre del músico Manu Chao, Ramón Chao, criticó en declaraciones radiales la presencia de algunos mandatarios y la utilización política de la marcha contra el atentado terrorista.
“Rajoy para mí es un tipo impresentable, la Merkel también y ni hablar del presidente de Ucrania. La manifestación fue muy politizada y ha habido una comunión total porque le convenía a cada uno de los presentes”, dijo en diálogo con Dady Brieva en Radio América Ramón Chao, periodista y escritor español exiliado en Francia desde los `50; y padre del músico Manu Chao. “A cada partido político le convenía pero ya empiezan las disensiones”, agregó.
Sobre la marcha agregó: “La presencia de Netanyahu en la manifestación fue lo que colmó el vaso, es terrible lo que está haciendo en Israel”. “Mi ahesión a Charlie Hebdo es suscribiéndome a la revista que sale pasado mañana, ahí yo sé que los ayudo directamente”.
“Estuve muy afectado porque entre los muertos había cuatro amigos míos. Me pareció magnífica la concentración, pero me molestó cuando empecé a ver la gente que venía y que practica en sus países lo mismo que venían a denunciar", sostuvo Chao. "Son personas que en sus países son dictadores. Y la manifestación estaba centrada en ellos, por lo que con otros amigos decidimos no ir. No quería que mi presencia humilde fuera un número más que celebrase esa estrategia”, agregó.
Respecto a algunas críticas de la prensa nacional, opinó que “a los Presidentes de Latinoamérica les era difícil ir a la manifestación, porque si los invitaran no sé quién iría. Ni de Venezuela, ni de Ecuador o Bolivia. Porque para mí lo importante que está sucediendo en el mundo sucede en Latinoamérica. No podían ir con ellos”.
En cuanto al humor, dijo que “no hay límites, con tal que no se agreda directamente a una persona. Pero hacer humor como Charlie Hebdo, que lo hacía con mucha inteligencia y con mucha agresividad, me parece que no. Los límites son la verdad y la ofensa directa”.
El domingo se organizó en París una manifestación multitudinaria que congregó a más de un millón y medio de personas, según los organizadores, y a casi 50 líderes mundiales; para repudiar el atentado terrorista contra la revista Charlie Hebdo. "París es hoy la capital del mundo", dijo el presidente François Hollande, ante los miembros de su Gobierno reunidos en El Elíseo antes de la marcha por la capital. "El país entero se levantará", proclamó Hollande. A la manifestación, que arrancó en la Plaza de la Republique de París pasadas las tres de la tarde, no acudió la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen (que no había sido invitada), pero sí la plana mayor del Gobierno, de los partidos políticos, de los sindicatos y las principales organizaciones de la sociedad civil y de las artes; además de los líderes de media Europa.
Formando una larga cadena tomados del brazo, iniciaron la marcha el presidente francés, François Hollande; su homólogo español, Mariano Rajoy; el primer ministro italiano, Matteo Renzi, y la canciller alemana, Angela Merkel, entre otros líderes europeos y mundiales como el primer ministro británico, David Cameron; el israelí, Benjamin Netanyahu; y la primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning Schmidt. Tampoco faltaron el primer ministro, Manuel Valls; la alcaldesa, Anne Hidalgo, y su predecesor, Bertrand Dealoë. Christiane Taubira, ministra de Justicia; Fleur Pellerin, de Cultura y Comunicación; y Michel Sapin, de Finanzas, así como el ministro de Interior y el ex presidente francés Nicolas Sarkozy.

Tomado de aquí




martes, 25 de noviembre de 2014

Peña Nieto, en el centro de la crisis


Las movilizaciones crecen junto con la represión. Padres de los estudiantes de Ayotzinapa amenazan con tomar las armas.

Por Gerardo Albarrán de Alba
Desde México, D. F.
Enrique Peña Nieto se encuentra justo donde no quería estar desde que asumió como presidente de México: en el centro de una crisis de seguridad y violencia que reventó como crisis de derechos humanos y que, a estas alturas, ya es una crisis social, política y moral que exhibe los endebles pilares sobre los que se sostiene. El retorno del viejo PRI a Los Pinos está resultando una pesadilla que se padece por todo el país y que se percibe claramente desde todo el mundo.
Desde dentro, las movilizaciones crecen junto con la represión: once jóvenes, detenidos indiscriminadamente tras la manifestación del pasado 20 de noviembre, fueron enviados a prisiones de máxima seguridad este fin de semana, como escarmiento, mientras algunos de los padres de los estudiantes normalistas desaparecidos parecen llegar al límite y, luego de una reunión el sábado en Chilpancingo con funcionarios del gabinete de seguridad de Peña Nieto, avisan: “Si no aparecen nuestros compañeros desaparecidos, lo que sigue es un movimiento armado”.
Ayer, el secretario de Marina condenó los “actos mezquinos de quienes, enmascarados, en grupos minoritarios y el rostro encubierto laceran nuestra nación”. El discurso del almirante Vidal Francisco Soberón Sanz se suma al endurecimiento mostrado también por el Ejército el pasado 20 de noviembre, en la conmemoración del 1040 aniversario de la Revolución Mexicana.
Desde lejos, México no se ve mejor. “A uno le da la sensación, a la distancia, de que se trata de una especie de Estado fallido”, dijo José Mujica, el presidente de Uruguay, a la edición Latinoamérica de la revista Foreign Affairs. Peor aún, dijo uno de los mandatarios con mayor autoridad moral en el mundo, pareciera que “los poderes públicos están perdidos totalmente de control, están carcomidos”.
No es el único que opina así. Apenas el fin de semana pasado, el diario francés Le Monde dedicó un amplio despliegue en primera plana a las movilizaciones sociales en demanda de la aparición con vida de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa que mañana cumplen dos meses desaparecidos. El periódico parisino la llamó “La revuelta de los mexicanos contra el Estadomafia” y además dedicó un texto en interiores a la ostentosa mansión de la esposa de Peña Nieto y las sospechas de corrupción que despertaron.
Le Monde forma parte del vuelco de opinión pública internacional sobre la figura del presidente mexicano. Uno a uno, los principales diarios del mundo han ido cambiando el desmedido apoyo editorial que le brindaron a Peña Nieto durante sus primeros dos años de administración por una visión menos complaciente y hasta con críticas severas ante la ineficacia para responder a la crisis de derechos humanos que le estalló en Ayotzinapa. La revista Time, The Wall Street Journal, The Economist, The New York Times, por citar sólo a los últimos, lo mismo que casi el resto de la prensa mundial, parecen despertar a la realidad mexicana. Es el caso de Le Monde, que apenas el 8 de septiembre elogiaba la gestión de Peña Nieto y sus once reformas estructurales de envergadura. El diario francés de referencia decía entonces que Peña “da una imagen de jefe de Estado pragmático y eficaz”. El sábado pasado, en un editorial, dijo que ahora la imagen de Peña Nieto “quedó en entredicho”.
La desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en Guerrero, desnudó a Peña Nieto. Por eso no tiene otra salida que la verdad y la justicia. Esto “no es negociable”, ha dicho Mujica, casi en los mismos términos en que el presidente del Banco Mundial se lo dijo en su cara a Peña Nieto, hace apenas una semana. El presidente de Uruguay fue menos condescendiente que el coreano Jim Yong Kim y atribuyó la descomposición en México a una “gigantesca corrupción” que pareciera haberse instalado en el país “como una tácita costumbre social”.
La entrevista de Mujica en Foreign Affairs Latinoamérica será publicada en la edición de enero 2015 de la revista, que adelantó una parte en su web, lo que provocó la molestia de la administración de Peña Nieto, que expresó su “sorpresa y rechazo”. La cancillería mexicana llamó el fin de semana al embajador uruguayo. La presidencia de la República Oriental del Uruguay emitió un comunicado de prensa diciendo siempre no, México “no es un Estado fallido”.
Apenas hace 10 meses, Peña Nieto otorgó a Mujica la Orden Mexicana del Aguila Azteca. En un acto realizado en La Habana, Cuba, el presidente mexicano alabó a su homólogo uruguayo: “Es admirable su forma de entender y hacer política; su experiencia y filosofía de vida lo hacen un gran estadista de nuestro siglo, como hombre sobrio, líder social y ciudadano del mundo. Estoy seguro de que usted seguirá siendo ejemplo para ésta y futuras generaciones de uruguayos y latinoamericanos”.
A Mujica no le es ajeno México. “Me siento un amigo de corazón de México. Por razones culturales, por los compatriotas en el exilio que recalaron allí, algunos compañeros de mi alma, otros compatriotas todos”, dijo el 28 de enero, al recibir de Peña Nieto la máxima condecoración que otorga el Estado mexicano a un extranjero. Tampoco desconoce la represión, él mismo vivió en la clandestinidad y fue preso político de la dictadura cívico-militar uruguaya.
Por eso apela a “lo mejor de México” a hacer que el caso Ayotzinapa se resuelva y dé pie para seguir con los casos de los 22 mil desaparecidos que reconoce el gobierno mexicano, con los demás muertos “que no están ni siquiera reclamados”.
Mujica no oculta el escándalo que significa que en México “la vida humana es menos que la de un perro”, ni las causas de fondo que lo propician: “Es muy difícil que esto suceda en una sociedad moderna, porque además no es ninguna lucha política, es corrupción de cabo a rabo. Es todavía peor que la dictadura, porque las dictaduras, siendo feroces, por lo menos tienen un enfoque que pretende ser político. Esto es corrupción, esto es un negocio, es plata”. Si uno atiende las reflexiones de Mujica, el caso Ayotzinapa explica la reacción global ante la barbarie en México. El problema no es sólo interno, “tiene un nivel que ya traspasa lo de México. Es un problema de la humanidad. Son cosas que en el mundo de hoy no deberíamos permitir, porque la civilización que tenemos tiene muchísimos defectos, pero el progreso y la marcha de esa civilización no tiene que atar las manos. Hay cosas que no se pueden permitir. Estas cosas podrían ser en el Medioevo, pero no pueden ser en el mundo de hoy”.

Tomado de aquí



lunes, 13 de octubre de 2014

Las razones del triunfo


Por Atilio A. Boron *
La aplastante victoria de Evo Morales tiene una explicación muy sencilla: ganó porque su gobierno ha sido, sin duda alguna, el mejor de la convulsionada historia de Bolivia. “Mejor” quiere decir, por supuesto, que hizo realidad la gran promesa, tantas veces incumplida, de toda democracia: garantizar el bienestar material y espiritual de las grandes mayorías nacionales, de esa heterogénea masa plebeya oprimida, explotada y humillada por siglos. No se exagera un ápice si se dice que Evo es el parteaguas de la historia boliviana: hay una Bolivia antes de su gobierno y otra, distinta y mejor, a partir de su llegada al Palacio Quemado. Esta nueva Bolivia, cristalizada en el Estado Plurinacional, enterró definitivamente a la otra: colonial, racista, elitista, que nada ni nadie podrá resucitar.
Un error frecuente es atribuir esta verdadera proeza histórica a la buena fortuna económica que se habría derramado sobre Bolivia a partir de los “vientos de cola” de la economía mundial, ignorando que poco después del ascenso de Evo al gobierno aquélla entraría en un ciclo recesivo del cual todavía hoy no ha salido. Sin duda que su gobierno ha hecho un acertado manejo de la política económica, pero lo que a nuestro juicio es esencial para explicar su extraordinario liderazgo ha sido el hecho de que con Evo se desencadena una verdadera revolución política y social cuyo signo más sobresaliente es la instauración, por primera vez en la historia boliviana, de un gobierno de los movimientos sociales.
El MAS no es un partido en sentido estricto sino una gran coalición de organizaciones populares de diverso tipo que a lo largo de estos años se fue ampliando hasta incorporar a su hegemonía a sectores “clasemedieros” que en el pasado se habían opuesto fervorosamente al líder cocalero. Por eso no sorprende que en el proceso revolucionario boliviano (recordar que la revolución siempre es un proceso, jamás un acto) se hayan puesto de manifiesto numerosas contradicciones que Alvaro García Linera, el compañero de fórmula de Evo, las interpretara como las tensiones creativas propias de toda revolución. Ninguna está exenta de contradicciones, como todo lo que vive, pero lo que distingue la gestión de Evo fue el hecho de que las fue resolviendo correctamente, fortaleciendo el bloque popular y reafirmando su predominio en el ámbito del Estado. Un presidente que cuando se equivocó –por ejemplo durante el “gasolinazo” de diciembre del 2010– admitió su error y tras escuchar la voz de las organizaciones populares anuló el aumento de los combustibles decretado pocos días antes. Esa infrecuente sensibilidad para oír la voz del pueblo y responder en consecuencia es lo que explica que Evo haya conseguido lo que Lula y Dilma no lograron: transformar su mayoría electoral en hegemonía política, esto es, en capacidad para forjar un nuevo bloque histórico y construir alianzas cada vez más amplias pero siempre bajo la dirección del pueblo organizado en los movimientos sociales.
Obviamente que lo anterior no podría haberse sustentado tan sólo en la habilidad política de Evo o en la fascinación de un relato que exaltase la epopeya de los pueblos originarios. Sin un adecuado anclaje en la vida material todo aquello se habría desvanecido sin dejar rastros. Pero se combinó con muy significativos logros económicos que le aportaron las condiciones necesarias para construir la hegemonía política que ayer hizo posible su arrolladora victoria. El PIB pasó de 9525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013, y el PIB per cápita saltó de 1010 a 2757 dólares entre esos mismos años. La clave de este crecimiento –¡y de esta distribución!– sin precedentes en la historia boliviana se encuentra en la nacionalización de los hidrocarburos. Si en el pasado el reparto de la renta gasífera y petrolera dejaba en manos de las transnacionales el 82 por ciento de lo producido mientras que el Estado captaba apenas el 18 por ciento restante, con Evo esa relación se invirtió y ahora la parte del león queda en manos del fisco. No sorprende por lo tanto que un país que tenía déficit crónicos en las cuentas fiscales haya terminado el año 2013 con 14.430 millones de dólares en reservas internacionales (contra los 1714 millones de que disponía en 2005). Para calibrar el significado de esta cifra basta decir que las mismas equivalen al 47 por ciento del PIB, de lejos el porcentaje más alto de América latina. En línea con todo lo anterior, la extrema pobreza bajó del 39 por ciento en el 2005 al 18 por ciento en 2013, y existe la meta de erradicarla por completo para el año 2025.
Con el resultado de ayer Evo continuará en el Palacio Quemado hasta el 2020, momento en que su proyecto refundacional habrá pasado el punto de no retorno. Queda por confirmar si retiene la mayoría de los dos tercios en el Congreso, lo que haría posible aprobar una reforma constitucional que le abriría la posibilidad de una re-reelección indefinida. Ante esto no faltarán quienes pongan el grito en el cielo acusando al presidente boliviano de dictador o de pretender perpetuarse en el poder. Voces hipócritas y falsamente democráticas que jamás manifestaron esa preocupación por los 16 años de gestión de Helmut Kohl en Alemania, o los 14 del lobbista de las transnacionales españolas, Felipe González. Lo que en Europa es una virtud, prueba inapelable de previsibilidad o estabilidad política, en el caso de Bolivia se convierte en un vicio intolerable que desnuda la supuesta esencia despótica del proyecto del MAS. Nada nuevo: hay una moral para los europeos y otra para los indios. Así de simple.
* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Tomado de aquí


Evo ganó y tendría los dos tercios


“Este triunfo es de los anticolonialistas, de los antiimperialistas, del pueblo boliviano”, dijo Morales ante una repleta plaza Murillo. Según los primeros resultados difundidos al cierre de esta edición, el MAS dominaba la Asamblea Legislativa.

Por Sebastián Ochoa
Página/12 En Bolivia
Desde La Paz
En esta ciudad, como en casi toda Bolivia, las elecciones transcurrieron en tranquilidad. En las calles, vacías de vehículos, las familias vestidas de domingo caminaron desde la mañana hasta las escuelas donde se votaba. De ahí, buscaron entre los pocos lugares abiertos para comer y disfrutaron de la tarde de sol, una rareza para esta época de lluvias en La Paz. Al anochecer, miles de militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) se reunieron ante los escenarios preparados en las ciudades de Santa Cruz, Cochabamba y aquí, sede del órgano ejecutivo. Según los primeros resultados, el presidente Evo Morales fue reelegido para un tercer mandato con el 61 por ciento de los votos. Segundo quedó Samuel Doria Medina, de Unidad Demócrata, con el 24 por ciento.
Anoche, ante la repleta plaza Murillo, Morales dijo las palabras del caso. “A nombre de quienes luchamos por la liberación de toda Bolivia agradecemos por este nuevo triunfo del pueblo boliviano. Hay un profundo sentimiento no sólo en Bolivia, sino en toda América latina y el Caribe; un sentimiento de liberación de nuestros pueblos, para no seguir sometidos al imperio norteamericano o al sistema capitalista. Este triunfo es de los anticolonialistas, de los antiimperialistas, del pueblo boliviano”, dijo Morales con una sonrisa que no le cabía en el rostro. “Aquí estaban en debate dos programas: la nacionalización frente a privatización. Y nuevamente, con más del 60 por ciento de los votos, gana la nacionalización”, exclamó el presidente ante la multitud.
“Olé, olé, olé... Evo... Evo”, coreaba en la plaza un grupo de turistas argentinos que justo pasaba por la ciudad.
Como en todas las elecciones, hubo incidentes mínimos, como el extravío de papeletas o el sortilegio de que alguien ya había votado antes de que se presentara en la mesa correspondiente. Además de un error presente en las más de seis millones de papeletas de votación: decía “Estado Plurinominal”, en lugar del “Estado Plurinacional”, que es Bolivia, según la Constitución.
En tercer lugar quedó Jorge “Tuto” Quiroga, del Partido Democrática Cristiano (PDC), con el 9 por ciento de los votos; le siguen Fernando Vargas, del Partido Verde de Bolivia, y Juan del Granado, del Movimiento Sin Miedo (MSM), ambos con el 3 por ciento.
Ayer por la tarde, el paseo de El Prado fue tomado por niñas, niños, perros de departamento, ciclistas y skaters. Superado el (generalmente) breve trámite del voto, las familias volvieron a entrar a sus casas solamente cuando las obligó el frío del atardecer. Entonces esperaron el resultado pero sin tensiones, porque de antemano se sabía quién seguirá gobernando Bolivia hasta 2020, o quizás más tiempo si el MAS avanza en su plan de remodelar la Constitución de 2010. De confirmarse estos resultados, el MAS continuaría dominando la Asamblea Legislativa Plurinacional en sus dos tercios. Así podría aprobar las leyes que (Morales) quisiera, sin depender de alianzas con otras fuerzas políticas, que en el próximo Parlamento serán ínfimas.
Entre la población dominguera y los turistas que satisfechos tomaban fotos, en las veredas de El Prado se habían asentado decenas de puestos de choripán, helados, humintas, refrescos, películas truchas, anticuchos. Quienes atendían representaban a la gran parte de bolivianos y bolivianas que viven de lo que ganan cada día, integrantes del enorme mercado laboral informal.
“Voté por el Evo porque vemos que las cosas están bien. La gente anda con plata y nos compra”, dijo Clara Mamani, que tiene un puesto de venta de gelatinas de pata y flanes de leche, frente al Obelisco.
“Iba a votar al Movimiento Sin Miedo, pero al final me decidí por el Doria, porque va a sacar más votos y va a tener más lugar en el Parlamento”, comentó Diego Gutiérrez, quien salía de votar del Instituto Americano, en el barrio paceño de Sopocachi.
La Paz fue el departamento con mayor cantidad y porcentaje de votos para el MAS. El 70 por ciento de sus 1.600.000 electores cimentaron el triunfo de ayer. Segundo quedó UD, con el 14 por ciento. En Chuquisaca, Morales obtuvo el 62 por ciento de los votos. Allí quedó segundo Tuto Quiroga, con el 18 por ciento. En Cochabamba, el MAS consiguió el 66 por ciento. Le siguió el partido de Doria Medina, con el 20 por ciento. En Oruro, el oficialismo sacó el 65 por ciento. Le siguió UD, con el 14 por ciento.
En Potosí, el 66 por ciento votó por Morales. Por Dorio Medina lo hizo el 21 por ciento. En Tarija, el MAS cosechó el 52 por ciento de los votos. Le siguió UD con el 26 por ciento.
En Santa Cruz, sufragaron por Morales el 49 por ciento de las y los votantes. Allí Doria Medina consiguió el 38 por ciento, sobre un total de 1.500.000 electores. Este departamento junto a La Paz concentran el 53 por ciento del padrón. En la amazónica Pando, Morales consiguió el 53 por ciento. UD, el 39 por ciento. Beni es el único departamento donde no ganó el MAS. Aquí se impuso Doria Medina, con el 49 por ciento de los votos. Morales quedó con el 43 por ciento.
Estos resultados fueron tomados a boca de urna por la consultora Mori. Efectuar esta tarea costó la detención a cuatro de sus trabajadores en la ciudad beniana de Riberalta, porque habrían hecho la consulta a menos de 100 metros del centro de votación.
De acuerdo con estas cifras, el Senado quedaría conformado con 25 legisladores del MAS, sobre un total de 36 escaños. Para UD serían 9 asientos. Y los dos últimos para el PDC. En la Cámara de Diputados, 111 escaños serían para el MAS. A UD le corresponderían 41 espacios, 12, al PDC, y un asiento para el Partido Verde y otro para el MSM.
Luego de hablar en La Paz, Morales se tomó el avión hasta la ciudad de Santa Cruz, la más habitada de Bolivia, para festejar con sus militantes en el Cambódromo. Así empezó la fiesta en distintas partes del país, la fiesta que estaba prohibida desde el viernes pasado por el Auto de Buen Gobierno.
Tomado de aquí



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