viernes, 17 de julio de 2015

TOTAL SOLIDARIDAD CON VICTOR HUGO MORALES




Carta Abierta-Mendoza declara su total solidaridad con Víctor Hugo Morales ante la agresión implicada en un allanamiento de dudosa validez procesal, a que se lo sometiera el día de ayer.

  La inspección en su casa, (acompañada por la insólita presencia de Cassino, el abogado de Clarín) es muestra de lo que un grupo mediático puede hacer para acallar las voces disidentes de la suya, y para terminar con la libertad de expresión que el gobierno busca garantizar.

  Recordemos que la causa tiene 15 años, y que incluso registra un pedido de queja de Vìctor Hugo ante la Corte Suprema de Justicia. Que se haga ahora el procedimiento, tiene obvias implicancias electorales y políticas que nada tienen que ver con lo jurídico. También cabe destacar que la causa es por el monopolio que el grupo mediático tenía entonces sobre las trasmisiones futbolísticas, que condenaba a la mayoría de la población a no ver los partidos, sino las tribunas. Y por cierto que la empresa acusadora es Cablevisión, implicada en el caso de cuentas ilegales en el banco HSBC, que además se ha negado reiteradamente a concurrir para esclarecer la cuestión en la Cámara de Diputados. 

  Este nuevo atentado contra Víctor Hugo Morales paradojalmente honra su personalidad, pues muestra los poderes contra los cuales él se ha enfrentando con valentía e inteligencia.

  Hoy, más que nunca y enfáticamente, todos somos Víctor Hugo.- 
  

  CARTA ABIERTA-MENDOZA


lunes, 13 de julio de 2015

Los Nuestros: Rodolfo Walsh, El Jefe

Un discurso inesperado. Francisco en Bolivia


Debo decir que me sorprendió gratamente el discurso que el Papa Francisco realizó en Bolivia con los movimientos sociales. Una crítica necesaria al capitalismo, a la acumulación desmedida, al dinero, a los monopolios de comunicación y al capital financiero toda vez que se transforman en ídolos y dioses que lastiman a los pueblos. También pidió perdón por los crímenes de que fueron víctimas los pueblos originarios en la llamada Conquista de América. Entre otras cosas. Vale la pena escuchar su alocución.



Enrique Dussel en el Foro Nueva Independencia

miércoles, 8 de abril de 2015

Entrevista con el hombre [hu]eco: Gonzalo Salesky




Por David Acebes , 22 febrero, 2015

Gonzalo Salesky (Córdoba, Argentina, 1978). Ha publicado tres libros: ‘2011’ (poemas y cuentos, 2009), ‘Presagio de luz’ (poemas, 2010) y ‘Ataraxia’ (cuentos y poemas, 2011). Ha obtenido múltiples distinciones en certámenes literarios de Argentina, España, México, Venezuela, Estados Unidos, Colombia y Australia.
A propósito de 2011, Presagio de luz y Ataraxia.

En el prólogo a ‘Presagio de luz’, Eduardo Casas afirma que toda literatura tiene un argumento. Según este prologuista, “la sola selección de los poemas por parte de su autor ya nos está indicando por donde sugiere que la lectura y la interpretación se dirijan”. En principio, no puedo compartir esta idea. ¿Por qué siempre hemos de premiar la homogeneidad en un florilegio de poemas? ¿Acaso un libro heterogéneo, compuesto por grandes poemas, con autonomía y sustantividad propias, no puede ser digno de elogio?

Sí, puede ser digno de elogio. Interpretando lo que escribió Eduardo en el prólogo, la palabra clave es “sugiere”. En el caso de un libro de poemas, el autor indica, a través de la elección del contenido y de la estructura, una suerte de recorrido interno. Las palabras surgieron en ese orden por alguna razón y en este caso, quise componer una obra que se aleje del caos y transmita lo mismo que fui sintiendo a medida que nacían los versos. De todas formas, cada libro de poemas puede leerse en cualquier orden de acuerdo al gusto del lector, ya que golpea su corazón de distintas maneras (si es que lo golpea). Son botellas al mar que uno arroja y no sabe en qué orden van a llegar a otro o si van a conmoverlo o no, si despiertan sentimientos parecidos a los del autor, o si se pierden en el camino y naufragan antes de llegar a otra orilla. Se me ocurre que lo mismo debe ocurrir con un álbum de música. Escucho “Yesterday” y me emociona, y no sé –ni me importa– qué canción estaba antes o después de ella en la lista original. Cada canción o poema tiene un vuelo propio y cada obra, después que sale del autor, vuelve a nacer con cada lector u oyente. No hay dos interpretaciones iguales de un poema y en cada alma, va a retumbar de forma diferente. La voz del autor deja de ser su voz, otros se apropian de ella y la obra despierta sensaciones únicas, casi siempre distintas a las que el autor imaginó.

Abunda en tu obra el “endecasílabo blanco”. Un verso medido, límpido, que huye de la rima consonante, tal y como estipulan los cánones de la poesía moderna. Sin embargo, de vez en cuando, te permites el lujo de incluir en tus estrofas la rima asonante en los versos pares. ¿A qué se debe este hecho? ¿Es un mero desahogo poético? ¿Es un guiño al romanticismo literario? ¿O, yendo un poco más allá, dirías que es una forma de provocar con tus versos, rompiendo la insípida monotonía rítmica del endecasílabo blanco?

No es un guiño al romanticismo literario. En mi caso, los poemas salen espontáneamente y de una sola vez, con muy poca corrección posterior. En cinco minutos o menos, en un rapto de inspiración en donde tengo que tomar papel y lápiz y transcribir directamente lo que suena en mi cabeza, antes de olvidarlo. La mayoría de las veces siento esa “voz que dicta” de la que hablan otros autores. No termino de comprender la manera en la que nacen los versos. Por lo que la métrica y la rima ya salen así y su formato no es algo adrede.

Por otro lado, creo que la buena poesía (no la que escribo, la que aspiro escribir) tiene que provocar. Interpelar al lector. Cuestionarlo, interrogarlo. Ser una cachetada en la oscuridad que lo sorprenda, que lo obligue a pensar y lo despabile. Prefiero la literatura que provoca, esos autores que te llevan de las narices y te sueltan donde quieren, te confunden, te hacen dudar de lo que lees y hasta de tus propias verdades. Y me gusta mucho tu expresión “desahogo poético”. Escribir me ayuda a eso. Hasta podría compararlo con el llanto. Ayuda a liberar tensiones y miedos, a superar desilusiones… es algo que reconforta. Uno es capaz de hacerse fuerte frente al mundo y a los problemas que agobian, puede tomar aire y sentirse capaz de transformar su realidad, una vez que ha podido desahogarse.

En tus libros ‘2011’ y ‘Ataraxia’, junto a tus poemas, incluyes cuentos y relatos cortos. Históricamente, los clásicos solían ser reacios a publicar sus poemas de una forma separada, por lo que era de uso común acompañar sus versos de un discurso explicativo de los mismos o bien que estos formaran parte de una obra en prosa. ¿No tienes reparo en unir prosa y verso en un único contexto?

No, no tengo reparos. Aunque tal vez no quede prolijo para un lector que sólo desea encontrarse con un solo género y tiene que “repartirse” entre los dos. Algunas personas me lo han cuestionado. En mi primer libro fue una necesidad, porque tenía mucho material tanto de un género como del otro y quería darlo a conocer al mismo tiempo. Pero en el tercer libro, fue por convicción y motivado por el deseo de transmitir un mensaje que no sólo se compusiera de versos, sino que se complementara lo mejor posible con otro género.

En la actualidad, proliferan en el panorama internacional los poetas formalistas (como puede ser tu caso) que escriben a su vez relatos de ciencia ficción. En ‘Ataraxia’, por ejemplo, podemos leer “Nieve”, un relato distópico que plantea la posibilidad de un mundo sin Internet. ¿Realmente crees que sería posible un mundo así o piensas que hemos iniciado el camino de no retorno?

No creo que sea posible un mundo sin la red, salvo una catástrofe mundial. Hemos iniciado un camino sin retorno. Pero me encantaría un mundo sin Internet. Sería un lindo desafío para nuestra especie. Creo que, en muchos aspectos, ha hecho que involucionemos. La web, las pantallas que nos hipnotizan, la comunicación al instante y el bombardeo informativo de texto e imagen al que nos sometemos por voluntad propia terminaron de sepultar aspectos valiosos, sentimientos y valores del hombre. Obviamente, la tecnología no es la única culpable. Pero nos quita tanto tiempo que antes teníamos para pensar en nosotros, en nuestra vida, en el progreso espiritual y el crecimiento intelectual. Veo los avances de hoy con cierta tristeza, melancolía y nostalgia por un mundo que ya no es. Todo va cambiando tan rápido y no nos detenemos a pensar hacia dónde vamos y si realmente queremos llegar allí. En ocasiones, este progreso me duele. Temo que estemos siendo demasiado inocentes con algunas cosas y que va a ser tarde para volver atrás, cuando en unos cincuenta años nos despertemos siendo mitad humanos y mitad máquinas.

Reconozco que estoy siendo contradictorio, sin Internet no habríamos podido establecer contacto, concretar esta entrevista a miles de kilómetros de distancia ni publicarla. Esa misma contradicción sufre el protagonista del cuento: él sabe que tiene la chance de destruir la red gracias a las posibilidades que Internet le dio.

Pero de todas maneras, añoro esos tiempos no tan lejanos donde te sorprendía una carta o una tarjeta postal, cuando memorizabas un poema o un llamado telefónico era tan poco común que nos emocionaba. Nos hacía disfrutar de la comunicación y no sufrirla, como muchas veces nos ocurre hoy. Ya no nos damos ni siquiera el tiempo de extrañar a alguien porque esté donde esté, sabemos en qué lugar se encuentra y siempre está a un clic de distancia. Evitamos el aburrimiento, le tenemos terror. Estamos en la cima de una montaña y en vez de contemplar un paisaje único, nos maravillamos porque un dispositivo nos permite seguir al instante el resultado de nuestro equipo de fútbol favorito.

Cada día, al ser todo un poquito más fácil, va perdiendo importancia la cultura del esfuerzo. No hay tiempo ni siquiera para desear y si algo nos cuesta mucho, lo dejamos de lado. Aunque parezca un dinosaurio diciendo esto, no me gusta lo que estamos viviendo. Rechazo ese placer momentáneo y vacío que nos da satisfacer necesidades que continuamente otros crean por nosotros y nos convencen de que vamos a ser felices calmándolas. No quiero que un buscador sea mi memoria, ni una red social mi agenda o mi álbum de fotos.

Como argentino que eres, percibo en tus relatos una innegable influencia de Jorge Luis Borges. En “Rosas rojas”, un hombre contempla una sangrienta pelea entre dos individuos y la trama se desarrolla vertiginosa hasta que la escena inicial se repite en la última escena y comprende que él era uno de esos dos individuos. Está claro que el desdoblamiento literario, tan caro al maestro Borges, refleja de alguna manera la falta de identidad de la que adolece el hombre actual…

Me gusta tu punto de vista. Hasta ahora, no lo había pensado de esa manera porque este relato nació de una pesadilla horrible. Me costó mucho sacarlo de la almohada y poder plasmar en el papel la angustia que me generó. Me atrajo la idea del doble como un lugar donde proyectar miedo, odio, rechazo. A veces tememos, odiamos o rechazamos algo pero el objeto de nuestro temor, odio o rechazo es demasiado parecido a nosotros mismos. En la literatura fantástica, el “doppelgänger” nos da la posibilidad de asustar, de confundir, de presagiar algo terrible e inevitable.

Con respecto a la falta de identidad que mencionabas, concuerdo en que el hombre está pasando por un período de crisis similar a otros momentos de la historia. Pero en esta ocasión –y vuelvo a pecar de pesimista– no lo veo preparado para superar este inconveniente con éxito.

Para terminar, escogeré uno de tus versos: “Debajo del amor, está el olvido”. Y es que, como sabemos bien los poetas, debajo de la alfombra del amor, se esconde la pelusa del olvido…

Es algo que tenemos muy presente aquellos que escribimos. De manera consciente o no. Animarnos a amar o a plasmar en el papel los sentimientos más profundos, va de la mano con la necesidad de trascender. De pelear contra el olvido. En ocasiones, amamos o escribimos motivados por ese miedo latente. El miedo a que nos olviden, a que no nos necesiten. Sería muy triste descubrir que aquellos que alguna vez te quisieron, se han olvidado de vos.

http://gonzalosalesky.blogspot.com


Tomado de aquí


 


Daniel Potaschner - Dedicatoria // Apuntes

jueves, 26 de marzo de 2015

¡Estos ateos no se han enterado aún de que dios no existe...! (a partir de los debates sobre el atentado al semanario Charlie Hebdo)



Nicolás Lobos
15/01/15

Un nuevo fundamentalismo recorre Occidente. Ya tenemos los nuevos templos, los nuevos sacerdotes, las estampitas y las procesiones. Nuestros intelectuales y políticos tan orgullosamente laicos encabezan la cruzada por la consagración del nuevo cáliz... ¡la libertad de prensa!
Repudiar los recientes asesinatos en París nos parece tan justo y necesario como pensar algo más que frases vacías al respecto. Condenamos mil veces estos crímenes y si se nos permite -ahora que hemos recuperado en parte el aliento- nos gustaría plantear algunas cuestiones al respecto.
1. Aerolíneas Para Todos quién trabajamos cuando trabajamos para abstracciones como “Dios”, “la paz”, “la seguridad, “la democracia” o la “libertad de prensa”? Sería necesario explicitarlo, ponerse al corriente al menos, porque existe el riesgo de estar al servicio de algún interés concreto, -humano, demasiado humano-, muy distante de la evidencia muda de esos términos. “Lucho por la paz” decimos, pero... ¿la paz sentada sobre qué bases? ¿La paz del vencedor? ¿La paz de los cementerios? Portque la paz construida sobre una situación de opresión... ¿no exige primero un cambio? “Lucho por la democracia”, afirmamos. De acuerdo. Pero hay decenas de definiciones de democracia, para empezar digamos que una democracia procedimental que desemboca exclusivamente en la defensa de la libertad de mercado no es lo mismo que una entendida como poder popular. ¿Será que lucho por la libertad de prensa? Así, solita, muerta de frío, vacía de determinaciones, la libertad de prensa se convierte en un absoluto y se expone a que cualquier sentido bravucón se la apropie.
El problema con las manifestaciones en París es que cuando todos estamos de acuerdo no sabemos precisamente sobre qué estamos de acuerdo. El consenso se basa -sin duda- en malentendidos. Si consideramos que la libertad de prensa es un absoluto nos instalamos en el registro de la fe y eso nos excusa automáticamente de seguir pensando. Si consideramos que podemos marchar por la libertad de prensa así, sin más, no estamos en la marcha sino en la procesión. 
A la libertad de prensa hay que definirla para defenderla, cuestionarla para consolidarla, habitarla para llenarla de sentido. No vivimos en paraíso alguno sino en un complejo mundo donde el complejo animal humano ha logrado -coyunturalmente en la historia- la libertad de pensar... ¡lo que no lo excusa de la obligación de pensar!

2. Los “musulmanes”, los “alemanes”, los “judíos”, los “griegos” no existen. Al menos no como entidades homogéneas. No hablamos de nadie más que de nuestros fantasmas cuando hablamos de estas generalidades. Son significantes vacíos que sólo pueden ser llenados con contenidos imaginarios. Hablar en esos términos es una vía directa hacia el racismo. Por el contrario debemos precisar lo más posible el objeto de referencia, situarlo espacialmente, históricamente, determinar su especificidad social, política, ideológica.
3. Son patéticos los análisis que demonizan al Islam como causa de los ataques terroristas pero tampoco se trata de responder a esos análisis evocando “lo que la humanidad le debe al Islam”. Es tan ridículo la posición del antisemita como la del que se pone -presuroso- a enumerar los premios Nobel judíos. En definitiva la raza, la religión o la cultura no pueden ser argumentos a favor ni en contra para analizar -con mínima seriedad- una situación. Las acciones de Al Qaeda o del EI no se pueden atribuir al Islam sino a una serie de variables entre las cuales encontramos el resentimiento de ciudadanos franceses pertenecientes a poblaciones que -a pesar de llevar tres generaciones viviendo en Francia- son considerados inmigrantes, junto a un complejo juego de alianzas, negocios y enfrentamientos de los poderes fácticos, así como a la Mossad, la CIA. Etc. etc.
4. ¿No es otra forma de seguir creyendo en Dios el sostener que se mata, se discrimina o se persigue por cuestiones de fe? En realidad es más probable que las religiones sean “el opio de los pueblos” que “la causa de conflictos armados”. Cualquier hijo de vecino (es decir cualquier agnóstico antes de mirar la tele) sabe que se mata por intereses concretos, se mata por intereses económicos, se mata para sostener una jerarquía, se mata para conservar o conseguir un poder, se mata envuelto en pulsiones inconscientes, pero no se mata “por Dios” (aunque se justifique con discursos fundamentalistas). No olvidemos que los conflictos armados son el negocio más rentable en este planeta y que la industria armamentística es la principal beneficiaria de dichos conflictos (sean limítrofes, raciales, “religiosos” o “culturales”). Los conflictos armados se producen en el planeta de la misma manera en que se produce una mercancía y se hace urgente estudiar ese proceso de producción: su materia prima, sus fuerzas productivas, el capital, el producto,... aunque se vuelve más fácil saber quién se lleva la plusvalía.
5. ¿No es igualmente piadoso citar el Corán para justificar una acción que citar el Corán para condenarlo? Leer el Corán para encontrar allí -finalmente- los párrafos que lo incriminan como machista, intolerante o violento es signo manifiesto de fe. En realidad no es de ninguna manera determinante, ni siquiera importante, lo que “dice” el Corán sobre esto o aquello, como tampoco lo es lo que “dice” la Biblia. Buscar en el Corán los versículos que lo ensalzarían o lo condenarían frente a un juicio universal es perseverar en el registro piadoso. El agnóstico sabe que al Corán, como a la Biblia, como al Popol Vuh se le puede hacer decir muchas cosas contradictorias. Cosa que -de hecho- se hace todo el tiempo.
6. Las atrocidades que nos horrorizan cuando se enumeran frente a nuestros ojos y que se le suelen imputar al Islam: ablación del clítoris, lapidación, persecución de homosexuales, ausencia de derechos para las mujeres, etc, deben ser analizadas y -eventualmente- condenadas en cuanto prácticas sociales. Esto significa que no son productos de ninguna religión en particular sino de un precipitado histórico de fuerzas ideológicas, políticas e inconscientes anudadas en ciertas figuras de lazo social. Podemos militar en contra de la ablación del clítoris y eso no nos obliga a estar en contra del Islam, no sólo porque hay países que lo practican sin ser musulmanes sino, sobre todo, porque estas prácticas, cada una en particular, tiene determinantes específicos relacionadas con el poder, con el dominio económico, con la historia concreta, con el goce y una relación muy secundaria con las religiones.
7. El humor sutil e inteligente es sin duda saludable, necesario... ¡imprescindible!! Necesitamos hacer humor con el cristianismo que es la religión en la que nos acunaron y con la que tenemos seguramente muchas cuentas que saldar. Humor que no debe olvidar la denuncia de la historia del Vaticano manchada de tantísima sangre. Esto debiera ser un punto de partida para nosotros en cuanto intelectuales. Es mundialmente conocido también el humor que hace la comunidad judía sobre sí misma. ¡Aplaudimos! Incluso si dicho humor no es habitual tratándose de la ocupación de Palestina... . Por otro lado estamos obviamente de acuerdo en que el rebelarnos contra cualquier tipo de censura, o de auto-censura debe ser un punto de partida. Sin ninguna duda. Pero, ... ¿tenemos realmente necesidad de burlarnos del Islam?
En conclusión, cuando releemos mucho de lo que se ha escrito en relación a los atentados en París no podemos menos que recordar a uno de los personajes de García Marquez en Cien años de soledad cuando decía: “La única diferencia actual entre liberales y conservadores es que los conservadores van a misa de cinco y los liberales van a misa de nueve”. Escuchamos demasiado integrismo ateo contra el integrismo musulmán y demasiados destemplados manifiestos que predican la creencia en las leyes de la historia o en entidades como “Occidente”, “Oriente”, “la razón”, “la violencia”, “la libertad de prensa”. Demasiados análisis que desarrollan -cual sumas teológicas- los principios sagrados de los que parten sin agregar conocimiento alguno.
No hemos dejado de ser creyentes si seguimos enfrentándonos todo el tiempo con las religiones y le damos tanta entidad como para constituirlas en nuestro enemigo principal. No hemos desarrollado un pensamiento laico si continuamos enamorados de versiones maniqueas de la historia ahorrándonos la complejidad y la singularidad de cada situación. No hemos dejado de ser piadosos penitentes si seguimos enarbolando absolutos en cuyo altar sacrificar la posibilidad y la necesidad de pensar.
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