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lunes, 13 de julio de 2015

Un discurso inesperado. Francisco en Bolivia


Debo decir que me sorprendió gratamente el discurso que el Papa Francisco realizó en Bolivia con los movimientos sociales. Una crítica necesaria al capitalismo, a la acumulación desmedida, al dinero, a los monopolios de comunicación y al capital financiero toda vez que se transforman en ídolos y dioses que lastiman a los pueblos. También pidió perdón por los crímenes de que fueron víctimas los pueblos originarios en la llamada Conquista de América. Entre otras cosas. Vale la pena escuchar su alocución.



viernes, 20 de septiembre de 2013

(¿Oportunismo político o crecimiento conciencial de la Iglesia católica?) (I) Papa Francisco: "Jamás he sido de derecha"



Jorge Bergoglio brindó una entrevista en la que recordó su época como superior provincial jesuita durante la dictadura; también llamó a acompañar a los homosexuales "a partir de su condición".

En la entrevista más extensa y profunda que brindó desde que se convirtió en papa, Francisco habló de los temas más sensibles de la Iglesia católica y también de su pasado e ideología. "Jamás he sido de derecha", aseguró en el reportaje publicado por la revista jesuita del Vaticano La Civiltà Cattolica y en otros 16 semanarios de la Compañía de Jesús en todo el mundo.

Consultado por el director de La Civiltà Cattolica, el padre Antonio Spadaro, sobre su experiencia de gobierno en la Compañía de Jesús, el primer papa argentino respondió reflexivo.

"En mi experiencia de superior en la Compañía, si soy sincero, no siempre me he comportado así [como ahora], haciendo las necesarias consultas. Y eso no ha sido bueno. Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos", dijo.

"Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera provincial aún muy joven. Tenía 36 años: una locura", explicó antes de continuar con otra autocrítica. "Había que afrontar decisiones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista", dijo.

Jorge Bergoglio asumió como superior provincial de los jesuitas en la Argentina en 1973 y continuaba en ese cargo cuando se instauró la última dictadura militar, en la cual secuestraron sacerdotes cercanos a la Compañía.

"Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener poblemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derecha. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas", señaló el Papa.

En otro fragmento sobre sí mismo, el Papa se definió como una "persona despierta", pero también "bastante ingenua", que prefiere "el contacto personal". "No estoy hecho a las masas", dijo y también admitió ser "un indisciplinado", lo cual lo llevó a ingresar en la Compañía de Jesús.

"De la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso porque soy un indisciplinado nato, nato nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho".

La entrevista es el resultado de tres reuniones entre Bergoglio y Spadaro los días 19, 23 y 29 de agosto -en un total de seis horas- en la habitación que el Santo Padre ocupa en la Casa Santa Marta.

Sobre la homosexualidad

Entre los temas controvertidos que el Papa decide hablar pese a los tabúes de la Iglesia, se encuentra la homosexualidad, y Spadaro buscó profundizar al respecto.

"Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía y proximidad", dijo.

"Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia [1]. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna", agregó el Santo Padre.

"En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos «heridos sociales», porque me dicen que sienten que la Iglesia los ha condenado. Pero la Iglesia no quiere eso", dijo.


"Dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal", explicó.

Como un castillo de naipes

En una crítica a la Iglesia, el Papa pidió que no se siga "insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos". "Es imposible (...) Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales", señaló.

Agencias EFE, Reuters y AP
 
[1] Nota del autor del blog: entendemos que la "misericordia" de la que habla el Papa refiere a una persona que ha sufrido y no a la homosexualidad. De lo contrario, poco valdría su "solidaridad" hacia la diversidad sexual.
 

Tomado de aquí.



lunes, 29 de abril de 2013

La Iglesia y sus "olvidos" - Por Ricardo Forster



“Ahora bien, en su concreta historia institucional la religión ha sido un poder legitimador de cuantiosas injusticias. Pero también, desde su cosmovisión salvífica, promesante, resistente, desde su aflicción de amor insondable contra tanta crueldad, desde su ser entre las gentes contra las injusticias del mundo, lo religioso judeocristiano fue esencialmente y profundamente crítico de la Mala Historia. Del dolor, del sufrimiento humano, en su memoria. Comprensión de lo religioso que alumbró o hizo alucinar a la Escuela de Frankfurt, por ejemplo, la cual situó la religión como momento crítico de primer orden en el itinerario de lo humano. Desde este enfoque el momento de verdad en lo religioso, sería la disconformidad con el mundo dado, con el mundo del mal, con el mundo injusto. La Escuela de Frankfurt, mucho del pensar de la teoría crítica en Horkheimer, Benjamin y Adorno heredan eso: la instancia mesiánica, la teología entrando en el campo del pensamiento y la filosofía, la religión como memoria infinita de la irracionalidad del mundo, memoria de la víctima antes y ahora. Lo religioso fue como el último subsuelo de la cultura donde se rescató su momento crítico.”

Nicolás Casullo, Las cuestiones

Ha sido esta permanente tensión la que ha signado el recorrido por la historia de “la religión”. Una tensión entre su dimensión institucional, aquella que la vinculó con los poderes establecidos y que le permitió legitimar las pesadas injusticias que han caído sobre los débiles y los desposeídos; y, esa otra dimensión, nacida del fondo más arcaico de las creencias populares que, al decir de Casullo, se ha nutrido de una “cosmovisión salvífica”, de un ensoñamiento redencional que ha proyectado, la mayor parte de las veces como paliativo, la ilusión de un mundo justo y depurado de tantas miserias materiales y morales. Una tensión, lo sabemos, que en términos históricos no ha dejado de inclinarse hacia un poder institucional asociado, desde su lejana fundación, con los causantes de las injusticias y los males que siguen afligiendo a los desheredados y a quienes escucharon a Jesús pronunciando el sermón de la montaña. Un sermón que, con el paso del tiempo y la consolidación de la jerarquía institucional romana, se fue convirtiendo en lengua ausente, en huella tenue de un camino sellado por quienes fueron en busca del pacto con los poderosos de este mundo. Lo que persistió fue, sin embargo, la lengua religiosa como expresión de todos aquellos que siguieron insistiendo, por fuera de la jerarquía y del poder, con aquello de la “distribución del pan” y de la esperanza mesiánica. Durante 2000 años, pero en especial desde que legitimó un tipo de organización y de poder que nada tenían que ver con los tiempos del comienzo cuando recién surgían las primeras comunidades, se ocupó, con singular esfuerzo, en retrasar e impedir “la llegada del reino”.


Allí, en el comienzo de su camino temporal, cuando se volvió iglesia de Roma, fundamento espiritual del Imperio y de su dominio, la religión católica, organizada bajo la forma de jerarquías inconmovibles y de concilios depuradores de heterodoxias y de herejías amenazantes de la centralidad dogmática, le dio forma a una arquitectura del poder que la fue alejando, cada vez más, de su ya oscuro origen igualitario en el que los miembros de la comunidad de los creyentes compartían bienes e ilusiones. Transformada en leyenda esa historia de las primeras comunidades cristianas, acabaron por dejar su lugar ejemplar a una institución estructurada alrededor de la jerarquía, los oropeles y la riqueza capaz de competir con los otros poderes de este mundo. A lo largo de su más que milenaria historia sufrió rupturas y desprendimientos casi todos asociados al abismo que la fue separando de sus orígenes y que fue profundizando la corrupción de sus prácticas y de sus estructuras organizativas. Caminando hacia “el encuentro de Cristo”, la Iglesia fue ahondando el abismo que la separó del sufrimiento de los débiles al mismo tiempo que pronunciaba aquella frase de vastísimas consecuencias históricas y políticas: “Al César lo que es del César” (traducido venía a significar la legitimación de la injusticias y las desigualdades, de la discrecionalidad de los poderosos y de la perpetuación, mientras durase la vida pecaminosa de los hombres en este mundo, de la pobreza como testimonio de una promesa a cumplirse más allá del tiempo y de la historia).

Una “Iglesia de los pobres” que nunca se propuso combatir las causas de la pobreza y que prefirió, siempre, naturalizar esa condición transfiriéndola al misterio de Dios que, eso sí, acabaría por preferir, el día del juicio, a las multitudes incontables de quienes sufrieron la amargura de la pobreza en la vida terrenal. “Más difícil será que un rico entre al paraíso que pasar un camello por el ojo de una aguja.” De ironías también está empedrado el camino de la salvación. Lo cierto, es que las señales que emanaron desde la cúpula eclesiástica han convertido ese antiguo refrán en un hazmerreír o, peor aún, en una cruel evidencia de la falsedad de una institución que ha venido trabajando con sistemático denuedo en garantizar la sumisión de los pobres y la perpetuación del reino de los ricos. Claro que siempre quedará como paliativo la promesa de ese otro reino allende la vida terrenal. De infinitas postergaciones está hecho el largo camino del Señor. Y, en el mientras tanto, se trata de sostener a rajatablas el poder de todos aquellos que, eso sí, no lograrán “entrar al paraíso”. Por supuesto que siempre están a la mano, para no perder la esperanza de la salvación, la caridad, la filantropía y las indulgencias. La Iglesia ha sabido negociar con “sabiduría” ese delicado equilibrio entre la satrapía del poder de los ricos y la interdicción a sumarse al rebaño de los salvados. El pastor quiere que su Iglesia “huela a ovejas”, que sea la casa a la que peregrinen los pobres para recibir, de su “santa madre”, la eucaristía y la promesa siempre postergada. Lo que no quiere es que “sus ovejas” dejen de ser un rebaño manejado por los poderosos ni que logren empoderarse de sí mismas buscando acercar el día de la redención bajo la forma de la conciencia social, cultural y política. Ante la amenaza de que eso pueda llegar a ocurrir, de que las ovejas se vuelvan rebeldes, siempre ha sabido a quiénes recurrir. Su ojo ha sido infalible e impiadoso para su propio “rebaño”. De eso sabe mucho la abrumadora mayoría de la jerarquía de la Iglesia latinoamericana. Bergoglio, antes de ser Francisco, también supo de estas imprescindibles “transacciones” con los poderes terrenales. ¿Querrá o será capaz de cambiar esta historia recurrente? ¿Irá contracorriente de lo que él ayudó a construir siendo jefe de la curia metropolitana y luego cardenal primado de la Argentina? ¿Logrará sustraerse a su doble faz, aquella del sacerdote austero preocupado por los más pobres y aquella otra de la complicidad con lo peor de nuestra historia? Un razonable escepticismo nos acompaña. También estamos atentos a la novedad que entraña la entronización del primer papa latinoamericano. La historia, lo sabemos, nunca es lineal ni carece de sorpresas y cambios de dirección. Veremos.

Dar cuenta de esta diferencia entre lo institucional y lo salvífico, entre la construcción sistemática de un poder asociado a todos los poderes terrenales y cada vez más alejado de sus orígenes míticos, y una iglesia clandestina preocupada y ocupada de la “criatura sufriente”, voz secreta y minoritaria que a lo largo de la historia no dejó de ofrecer ejemplos de entrega y heroísmo en nombre de los “pobres de espíritu”, constituye un tema no menor cuando hoy, entre nosotros y en una época fuertemente caracterizada por la secularización y la profanación de casi todas las formas de religiosidad, la “institución” Iglesia católica, envuelta en una tremenda crisis de legitimidad, y aferrada a su deseo de eternidad, busca, con la astucia y la inteligencia que la ha caracterizado desde su primeros conflictos internos y externos, sortear sus dificultades buscando borrar, en parte, esa absoluta distancia entre lo “institucional” y lo religioso como vivencia social y popular.

La elección de Francisco (ya he hablado de la significación de su nombre que por primera vez ha sido utilizado por un papa) debe ser interpretada en el conflictivo escenario por el que se desenvuelve una Iglesia profundamente dañada y corrompida. Francisco, en todo caso, no surge de un momento de reespiritualización de Roma o, mejor todavía, de una decisión unánime de regresar sobre las huellas de ese origen mítico de una ecclesia de los creyentes, sino que es el resultado de su escándalo y confusión o, dicho desde otro lugar, un nuevo giro para intentar paliar su decadencia y su pérdida de credibilidad. En la hondura de su crisis es que hay que ir a buscar una de las claves de la elección del primer papa latinoamericano, ese mismo que, como dijo cuando se asomó por primera vez al balcón vaticano, “lo fueron a buscar al fin del mundo”. ¿Acaso porque en Europa ya resultaba imposible encontrar a un sucesor de Benedicto XVI que pudiera sustraerse a una enorme ola de corrupción económica y moral? ¿O, tal vez, porque en el sur de América viven la mayor parte de los católicos del planeta y resulta imprescindible frenar el drenaje hacia las “otras” iglesias cristianas (pentecostales, testigos de Jehová, evangelistas diversos e, incluso y fuera de la grey emanada del crucificado, mormones y religiosidades afroamericanas) es que se ha elegido a alguien que conoce muy bien el territorio y las dificultades del catolicismo para construir un dique sobre todo en el mundo de los pobres? ¿O, más grave todavía, para frenar a los movimientos democrático-populares sudamericanos que hoy constituyen la principal oposición al neoliberalismo?

Pero Francisco, que se llama Bergoglio y que conoce la historia compleja de las injusticias y las desigualdades latinoamericanas, sabe que con promesas abstractas no se volverá a conquistar el corazón de los pobres. Sabe, también, que en las últimas décadas “su” Iglesia no sólo ha clausurado lo mejor del Concilio Vaticano II sino que, de un modo abrumador y a través de su jerarquía, ha apoyado los peores proyectos político-sociales regresivos y dictatoriales. Si América latina sigue siendo el continente más desigual del planeta no es por causas naturales sino por la construcción sistemática, a lo largo de su historia, de un sistema brutal e injusto que fue santificado por la propia Iglesia. Cuando ese poder intentó ser cuestionado por “las ovejas”, desde el tiempo de las primeras rebeliones indígenas hasta los grandes movimientos populares del siglo XX, la cúpula de la Iglesia no dudó en alinearse del lado de los poderes reaccionarios y conservadores. Incluso cuando algunos de sus mejores hombres y mujeres intentaron regresar al mensaje de Cristo, sobre todo traducido a la lengua de los desamparados, cuando hicieron una “opción por los pobres” más allá de los circuitos de la filantropía, cuando se comprometieron con proyectos de liberación, fueron denunciados y perseguidos como herejes por sus propios “hermanos” o simplemente abandonados a su suerte. De Angelelli a Romero, de Mujica a las monjas francesas, de los jesuitas asesinados en El Salvador a los curas palotinos de Buenos Aires, el silencio y la complicidad fueron las respuestas de esa misma jerarquía. Quizás Francisco tenga ahora la oportunidad de desandar ese camino para iniciar otro de reparación, de memoria y de justicia. De nuevo, ¿querrá?, ¿podrá?, ¿imaginará otra suerte para las “ovejas” que no sea la de reproducir eternamente su condición de pobres?, ¿encontrará las palabras adecuadas para nombrar las causas reales de tantas injusticias? Es probable, regresando al texto de Casullo con el que comenzaba este artículo, que la contradicción entre la “institución religiosa” y la religiosidad como crítica del mundo y como promesa de libertad e igualdad sigan profundizando su discordia histórica.

(Diario Página 12, domingo 7 de abril de 2013)

Tomado de aquí.

 

viernes, 26 de abril de 2013

LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO FUERON RECIBIDAS POR EL PAPA Y LE PIDIERON QUE LAS AYUDARA A CONSEGUIR INFORMACION: “Queremos acciones para encontrar a los nietos”




“Cuenten conmigo”, le dijo Francisco a Estela de Carlotto cuando le entregó una carta en la que le pedía colaboración y la apertura de archivos. Está en duda la visita del Papa en diciembre.

Por Elena Llorente

Desde Ciudad del Vaticano 
 
 Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, tiene la esperanza de que lo que ayer le dijo el papa Francisco, al concluir la audiencia pública de los miércoles en la Plaza de San Pedro, abrirá un nuevo camino en la búsqueda de los 400 nietos aún desaparecidos. Carlotto, la abuela Buscarita Roa, que ya encontró a su nieta, y Juan Cabandié, nieto recuperado y legislador porteño, le entregaron una carta al Papa en la que le pedían su ayuda y que se abran los archivos vaticanos y de la Iglesia argentina que puedan proporcionar información sobre los niños desaparecidos.

Aunque el diálogo de ayer fue breve, las Abuelas quedaron satisfechas porque Francisco, contó Carlotto, les dijo “cuenten conmigo” cuando le pidieron ayuda. “Fue un encuentro muy agradable, muy lindo. El Papa quiso vernos. No es que dijo ‘no, por ahora no’ –contó Carlotto a Página/12– . Ha tenido gestos importantes, como esa carta que le mandó a Hebe de Bonafini (la presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo) y recibir en audiencia al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Ahora, mi esperanza y mi convicción es que las cosas van a cambiar. El papa Francisco es el jefe de la Iglesia de allá. Tiene que haber un cambio. No digo que salgan a pedir perdón, a hacer discursos. No queremos discursos. Queremos acciones que lleven al encuentro de los nietos y a saber dónde están sus padres.”

“Este papa es una persona abierta, sencilla. Nos habíamos quejado porque él, siendo el cardenal Bergoglio, nunca habló de nuestros problemas”, añadió.

Por ahora, no piensan mandarle al Papa ninguna lista de eventuales lugares o archivos argentinos donde se podría investigar sobre los nietos. “Queremos que el Papa vea todas las carpetas que le hemos enviado. O mejor dicho que le hizo llegar la embajada argentina ante la Santa Sede, sobre cada uno de los casos de nietos desaparecidos. Quien tenga acceso a esos datos los puede manejar con la Iglesia de allá (por Argentina) y destapar los archivos y empezar a ver. El Papa puede analizar todo o mandar a que lo hagan otros, porque para eso es el Papa”, puntualizó.

Estela de Carlotto recordó que las Abuelas fueron recibidas en 1998 por Juan Pablo II en el Vaticano, pero nunca tuvieron respuesta a sus pedidos. “Juan Pablo II nos dijo que sí, que conocía el problema de los nietos desaparecidos. Y agregó ‘todos oramos por ellos’. Cuando volvimos a la Argentina dijimos que la frase del Papa ‘todos oramos por ellos’ significaba acción. Pero no cambió nada. Hay que ver ahora la reacción de la Iglesia oficial argentina.”

En una rueda de prensa que, poco después de estar en la Plaza de San Pedro, las Abuelas ofrecieron en la residencia del embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, Carlotto agregó que “si el Papa dice: ‘Vengan, las voy a ayudar’, entonces también nos van a ayudar los creyentes. En la carta que le dimos no hay reproches, ni culpas. Para echar culpas hay que tener pruebas”, añadió, subrayando que estaba “completamente convencida” de que el Pontífice respetará su compromiso y que ellas están ahora esperanzadas, porque no quieren morirse sin conocer a sus nietos.

Contó también que nunca le había estrechado la mano al cardenal Bergoglio aunque sí lo había conocido en la Catedral de Buenos Aires en ocasión de una ceremonia y el Papa al parecer recordó ayer ese momento cuando hablaron. “Después de aquel encuentro en Buenos Aires no pasó más nada. El nunca habló de nuestro problema. Había un poquito de dolor entre nosotras por eso. Pero hoy se nos presentó la oportunidad y ese ‘cuenten conmigo’ que nos dijo fue como una señal de afecto de un hombre sencillo, simple. Cuando empezamos a hablar nos tomó de las manos. Y nos dio luego un beso. La verdad es que nos costó soltarle las manos. Creo que hoy hemos recuperado los tiempos perdidos.”

Pero si alguien suponía que los desaparecidos podían ser uno de los grandes temas por tratar cuando el papa Francisco visitara la Argentina en diciembre, como habían anunciado en algunos medios, ayer el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, lo desestimó. En una rueda de prensa exclusiva con periodistas extranjeros dijo que el único viaje al exterior previsto este año era el de Brasil, en julio, para la Jornada Mundial de la Juventud.

De la delegación formaba parte también la hermana Geneviève Jeanningros, sobrina de la monja francesa desaparecida Léonie Duquet, que está acompañando a la delegación de las Abuelas de Plaza de Mayo en la gira que están haciendo por algunas ciudades italianas. Cabandié estuvo en Bolonia junto al director Nicolás Gil Lavedra para la presentación de la película Verdades verdaderas, sobre la vida de Estela de Carlotto.

Carlotto y Roa partieron a Bolzano ayer para participar del Festival de las Resistencias Contemporáneas, donde Estela intervendrá junto al escritor argentino Mempo Giardinelli.

Tomado de aquí.

 
 

jueves, 11 de abril de 2013

Habemus tiempo: el Papa Francisco, Margaret Thatcher y la Justicia argentina


La tesis que suponía que el Papa Francisco no tendría tiempo para ocuparse de otra cosa que no fuera los conflictos en el Vaticano y la Iglesia católica parece cada vez más difícil de sostener.
 
Queremos compartir aquí dos noticias sobre el Papa Bergoglio-Francisco que ya han despertado varias polémicas. La primera tiene que ver con la muerte de la ex-primera ministra británica Margaret Thatcher y el telegrama que, a través del cardenal Tarcisio Bertone, le hizo llegar a David Cameron. Hay en la misiva dos expresiones controversiales, una de ellas totalmente desafortunada. La primera frase dice que Francisco "recuerda los valores cristianos que estaban en la base de su compromiso con el servicio público". ¿Cuál era el "compromiso público" que tenía la Dama de Hierro? ¿Acaso propiciar por todos los medios -junto con Reagan en EEUU- el basamento del modelo neoliberal? ¿Era su compromiso ir en contra de las trabajadoras y trabajadores de Inglaterra luchando denodadamente contra sus formas de organización? ¿Habría que agradecerle por ser una de las impulsoras de la tremenda crisis que en la actualidad azota a Portugal, España, Islandia, Grecia, Chipre, etc. etc? ¿Son estos acaso los "valores cristianos" a los que se refiere el Papa Francisco? La segunda expresión fue mucho más desafortunada y ha sido marcada claramente por Atilio Boron en una reciente publicación en su blog. Se lee: "el Santo Padre pide la abundante bendición de Dios para todos aquellos cuyas vidas ella tocó"... ¿acaso las vidas de los tripulantes del Crucero General Belgrano deberían ser bendecidas porque Thatcher tomó la decisión de bombardearlo?

La otra noticia es llamativa por el momento en que aparece y el contenido ultraconservador. En medio de la discusión sobre la democratización de la Justicia, la Corte Suprema da a conocer una carta que le habría enviado el Papa Bergoglio-Francisco a Ricardo Lorenzetti el 23 de marzo pasado. Con la habitual sutileza a la que nos tiene acostumbrados, el Papa Francisco dice: "se trata de respetar el orden, derrotar el mal, tutelar la verdad". Cuando la discusión en torno a la Justicia comienza a hablar de que los jueces deben pagar impuesto a las ganacias, el Consejo de la Magistratura debería ser elegido por el pueblo, es necesario que los magistrados presenten declaración jurada, etc.; Bergoglio lanza un baldazo de agua helada traida de la Edad Media: "es de gran utilidad tener siempre presentes los bellos ideales de ecuanimidad, imparcialidad y nobles miras que caracterizaron a los grandes magistrados que han pasado a la historia de la humanidad por la rectitud de su conciencia, los conspicuos valores que los distinguían y la irreprochabilidad con que llevaron a cabo su servicio al pueblo".

A partir de aquí, les comparto las dos notas:

Lunes 08 de abril 2013

El Papa Francisco lamenta la muerte de Margaret Thatcher

Así lo dio a conocer el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede.
El Papa Francisco lamentó el fallecimiento de la exprimera ministra británica, Margaret Thatcher, según un telegrama enviado por el Vaticano a David Cameron.

El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede, indicó que “su Santidad el Papa Francisco se entristeció al enterarse de la muerte de la baronesa Margaret Thatcher”.

Agrega que “él recuerda los valores cristianos que estaban en la base de su compromiso con el servicio público y en la promoción de la libertad entre la familia de las naciones”, agrega el telegrama.

“Confiando su alma a la misericordia de Dios y asegurando a su familia y al pueblo británico un recuerdo en sus oraciones, el Santo Padre pide la abundante bendición de Dios para todos aquellos cuyas vidas ella tocó”, concluye.
Tomado de aquí.
09/04/2013

Carta del papa Francisco a Lorenzetti

El Sumo Pontífice le dedicó un texto al presidente de la Corte y a todos los que trabajan en Tribunales.

El papa Francisco le prometió al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que le hablará "a Dios" sobre él y "del importante quehacer que desempeña" y que le pedirá que "le ayude en su ardua labor y que asista con su luz y su gracia a cuantos imparten Justicia en los distintos Tribunales de ese amado País".

"Administrar Justicia es una de las más insignes tareas que el hombre puede ejercer. Ciertamente no es fácil y, a menudo, no faltan dificultades, riesgos o tentaciones. Sin embargo, no se puede perder el ánimo", enfatizó Francisco en una carta, con fecha del 23 de marzo y difundida hoy, que le envió al titular de la Corte, quien le había escrito una nota felicitándolo por ser elegido Papa.

"Mi corazón se llenó de alegría al recibir el atento escrito que me ha dirigido, con motivo de mi elección como Obispo de Roma, y con el que me transmite su gentil felicitación. Muchas gracias por sus palabras, todas ellas colmadas de exquisita delicadeza. Pido al Señor que le retribuya con gran generosidad esta muestra de aprecio y cercanía", sostuvo Jorge Bergoglio en la misiva remitida al juez por el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig.

La carta está fechada el sábado 23 de marzo en Ciudad del Vaticano, firmada de puño y letra como "Francisco"; fue remitida por el Nuncio a Lorenzetti el 5 de abril, y hoy la dio a conocer públicamente la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Afirmó Francisco que "tal y como me solicita en su amable carta, cuente con mi plegaria. A Dios le hablaré de Usted y del importante quehacer que desempeña, y le diré que le ayude en su ardua labor, y que asista con su luz y su gracia a cuantos imparten Justicia en los distintos Tribunales de ese amado País".

Luego de instarlo a mantener fortaleza en la administración de Justicia, el Papa dijo a Lorenzetti que "es de gran utilidad tener siempre presentes los bellos ideales de ecuanimidad, imparcialidad y nobles miras que caracterizaron a los grandes magistrados que han pasado a la historia de la humanidad por la rectitud de su conciencia, los conspicuos valores que los distinguían y la irreprochabilidad con que llevaron a cabo su servicio al pueblo".

"Éste va uncido a la búsqueda continua de dar en todo momento a cada uno lo que es debido. Se trata de respetar el orden, derrotar el mal, tutelar la verdad. Los que se dedican a ello han de estar adornados de virtudes humanas, en particular grandeza de espíritu, prudencia, sabiduría, integridad y fortaleza", enfatizó.

El Pontífice destacó además que "se requiere asimismo diligencia y abnegación en el desempeño de las propias obligaciones, pues cuando la justicia llega tarde o no llega, se engendra mucho dolor y sufrimiento, la dignidad humana queda lastimada y el derecho postergado".

Y añadió: "Le ruego, Señor Presidente, que tenga la bondad de transmitir a quienes trabajan en los Tribunales de Justicia argentinos mi saludo más cordial, junto con una súplica que humildemente formulo: recen por mí, pues mucho lo necesito".

"Con estos sentimientos, y a la vez que pongo a todos Ustedes bajo la protección de María Santísima, Speculum iustitiae, para que continúe cuidándolos con amor de Madre, les imparto complacido la Bendición Apostólica, prenda de abundantes dones celestiales", concluyó el Papa.

Tomado de aquí.



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