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viernes, 2 de agosto de 2013

Fragmentos del discurso de Evo Morales en Cumbre Antiimperialista / monografía: "Repensar el imperialismo"



Curso: La coyuntura geopolítica en América Latina

“Repensar el imperialismo”


Profesor: Atilio Boron
Tutor: Pablo Balcedo
Marcelo Fernandez Farias
Agosto de 2013

A) Introducción
            En esta monografía hemos querido conocer una parte de las “teorías clásicas del imperialismo” para poder observar cuáles eran las rupturas y continuidades que podían encontrarse entre la lógica imperialista de principios del siglo XX y su devenir hasta la actualidad. Nos hemos focalizado mayormente en cinco autores (John Bellamy Foster, Atilio Boron, Leo Panitch, Sam Gindin y Aijaz Ahmad)  que nos han brindado una buena amplitud de criterios como para hacer este primer abordaje.
            Nos resulta imprescindible comprender cuál es la articulación y los roces que se dan entre el capital monopolista, el capital financiero, los Estados-nación y el imperialismo norteamericano. No tenemos dudas con respecto a que el conocimiento de estas distintas instancias puede brindarnos las herramientas suficientes para reconocer de qué manera el “capitalismo en su fase neoliberal globalizada” organiza la vida económica, política y social del mundo. El intento de este texto busca ser una aproximación en este sentido.   

B) Discusiones en torno a las “teorías clásicas del imperialismo”
            Los estudiosos de las “teorías clásicas del imperialismo” ubican este desarrollo en los últimos años del siglo XIX y las primeras dos décadas del XX. Entre los autores destacan a J. Hobson, K. Kautsky, V.I. Lenin, R. Hilferding, Rosa Luxemburgo y N. Bujarin entre otras y otros. El trabajo “El imperialismo, fase superior del capitalismo” (1916) de V.I. Lenin ha sido de los más influyentes, en particular en la tradición de izquierda. Escrito en el contexto de la Primera Guerra Mundial, la obra de Lenin observa la existencia de una “rivalidad inter-imperialista” en función de los Estados europeos que luchaban por establecer un tipo de hegemonía de reparto territorial y económico del mundo (teniendo en cuenta que, en ese momento, aquellos Estados tenían un desarrollo militar y económico medianamente equiparables). En la definición más breve, Lenin dice que el imperialismo es la fase monopólica del capitalismo. “La particularidad fundamental del capitalismo moderno consiste en la dominación de las asociaciones monopolistas de los grandes empresarios. Dichos monopolios adquieren la máxima solidez cuando reúnen en sus manos todas las fuentes de materias primas, y ya hemos visto con qué furor los grupos internacionales de capitalistas dirigen sus esfuerzos a arrebatar al adversario toda posibilidad de competencia, a acaparar, por ejemplo, las tierras que contienen minerales de hierro, los yacimientos de petróleo, etc.” (Lenin, 1916: 104)
            Lenin analizará la manera en que el capital industrial y los bancos van construyendo un capital financiero cada vez mayor. Sin embargo, se trata de una concentración que va en aumento ya que son los monopolios bancarios y los monopolios industriales aquellos que se fusionan con mayor celeridad. El otro elemento que completa los rasgos generales del imperialismo es el paso de una política colonial que se expande por regiones no apropiadas por el capitalismo a una política colonial de dominación monopolista de un mundo enteramente repartido. En términos puristas, los monopolios serían una suerte de contradicción a los principios fundamentales del capitalismo. En un pasaje extenso pero esclarecedor el autor ruso nos dice: “El imperialismo ha surgido como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales del capitalismo en general. Pero el capitalismo se ha trocado en imperialismo capitalista únicamente al llegar a un cierto grado muy alto de su desarrollo, cuando algunas de las propiedades fundamentales del capitalismo han comenzado a convertirse en su antítesis, cuando han tomado cuerpo y se han manifestado en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una estructura económico y social más elevada. Lo que hay de fundamental en este proceso, desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre concurrencia capitalista por los monopolios capitalistas. La libre concurrencia es la propiedad fundamental del capitalismo y de la producción de mercancías en general; el monopolio se halla en oposición directa con la libre concurrencia, pero esta última se ha convertido a nuestros ojos en monopolio, creando la gran producción, eliminando la pequeña, reemplazando la gran producción por otra todavía mayor, llevando la concentración de la producción y del capital hasta tal punto, que de su seno ha surgido y surge el monopolio: cartels, sindicatos, trusts, y, fusionándose con ellos, el capital de una docena escasa de bancos que manejan miles de millones. Y al mismo tiempo, los monopolios, que se derivan de la libre concurrencia, no la eliminan, sino que existen por encima y al lado de ella, engendrando así una serie de contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos. El monopolio es el tránsito del capitalismo a un régimen superior.” (Idem: 111-112)
            A casi 100 años de esta teorización, el marxismo ha generado una serie de críticas y actualizaciones que tiene en cuenta las diversas formas que ha tomado el imperialismo durante el siglo XX con sus épocas de oro y sus declinaciones. La Crisis del ’30, el paso del imperialismo británico al norteamericano (en especial luego de la Segunda Guerra Mundial), la nueva crisis del ’70, el auge del neoliberalismo y la dominación unipolar de Estados Unidos son apenas algunos acontecimientos que redefinen el plano económico, militar y político del “sistema-mundo” (término acuñado por I. Wallerstein). Con respecto a las críticas, es posible encontrar autores “más duros” como Leo Panitch y Sam Gindin; “moderados” como Aijaz Ahmad y “comprensivos” como Atilio Boron. Para este caso, la mayoría de los estudiosos del imperialismo estaría de acuerdo con la caracterización general planteada por Lenin en estos 5 puntos: “1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este capital financiero, de la oligarquía financiera; 3) la exportación del capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes” (Idem: 112-113)                      
            Resulta interesante captar las expresiones de una época determinada sobre la forma en que -en lo relativo a la financiarización de la economía- el propio Lenin podía decir: “¡El beneficio de los rentistas es cinco veces mayor que el beneficio del comercio exterior del país más ‘comercial’ del mundo!” (Idem: 128) Jamás Lenin habría imaginado que a partir de un artículo del diario “El Argentino”, Atilio Boron (2012) nos transmitiría que se estima en 370 billones de dólares (370 millones de millones de dólares) la circulación de los derivados financieros en los mercados mundiales, cifra que constituye 28 veces más que los 13 billones del PBI de EEUU.
            Por su parte, John Bellamy Foster (2006) hará referencia al trabajo de John A. Hobson Imperialism: A study (1902) que, desde el punto de vista de un liberal “radical” o crítico, no dejaba de observar los problemas que el imperialismo capitalista traería a la humanidad. Hobson “creía que el imperialismo se originaba en la posición dominante de ciertos intereses económicos y financieros concentrados, y que las reformas radicales que abordaran la mala distribución del ingreso y las necesidades podían frenar el impulso imperialista” (Foster, 2006: 449). Estas reformas nunca se dieron. Vale la pena destacar que hemos encontrado diversas referencias a este trabajo de Hobson en varios análisis sobre las “teorías clásicas del imperialismo”.
Para Foster el principal objetivo de la obra ya citada de Lenin era explicar la rivalidad inter-imperialista entre las grandes potencias. Esta rivalidad vinculada al capital monopolista excede la simple “necesidad de hallar puntos de inversión para el capital excedente” sino que la intención radicaba en un “control exclusivo sobre las materias primas y un control más estricto sobre los mercados externos” (Idem: 450). Para nuestro autor la caracterización que Lenin le dio al imperialismo guarda mucha significación para nuestra época que el propio Foster caracteriza como “capitalismo monopolista en una fase avanzada de globalización”.
Leo Panitch y Sam Gindin (2005), Aijaz Ahmad (2005) y Atilio Boron (2006) coinciden en dos críticas y/o desafíos a las teorías clásicas. El primer desafío consiste en que, luego de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, las disputas económicas a nivel mundial nunca más se dirimieron en el terreno militar. Por ende, la premisa que planteaba a la rivalidad inter-imperial como la constante posibilidad de guerras globales se ha visto invalidada en los últimos 50 años. En el mismo sentido, el poder unipolar –aunque en crisis- de Estados Unidos hizo imposible pensar la cuestión “inter-imperial” ya que en el mundo no hay rivales ni iguales sino una dominación capitalista imperial norteamericana. El otro desafío coincidente en los tres trabajos tiene que ver con la mundialización del capitalismo. Si la teoría clásica planteaba la distinción entre “países industrializados” y periferias “no capitalistas”, esta diferenciación ya no existe. Luego de la avanzada neoliberal de las décadas del ’70 y el ’80 el sistema no solo profundizó los negocios en los sectores tradicionalmente capitalistas sino que mercantilizó un vasto continente que se mantenía ajeno a este proceso (servicios públicos, agronegocios a gran escala, agua, petróleo, etc.).   
            Otra premisa que Atilio Boron refuta es aquella que planteaba “la estrecha asociación existente entre imperialismo y crisis del capitalismo metropolitano”. A esta hipótesis se le anteponen los llamados “30 años gloriosos” posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El capitalismo keynesiano y el Estado de Bienestar hacen posible la mayor expansión del capitalismo de toda su historia llevando al imperialismo norteamericano a ocupar el mundo entero. Por ende queda demostrado que “no sólo en las crisis sino también en la prosperidad el capitalismo se expande de forma imperial” (Boron, 2006: 479)
            Aijaz Ahmad llama la atención sobre la forma en que los capitales nacionales han sido penetrados por los capitales transnacionales, remarca el alto nivel de financiarización de la economía y va más allá al decir que “todo, desde los mercados de bienes hasta los movimientos financieros, está globalizado a tal nivel que el estado global, con capacidades militares globales, se ha convertido en una necesidad objetiva del propio sistema.” (Ahmad, 2005: 77) Midiéndose también con la “lógica” de circulación capitalista, pone de manifiesto que el desarrollo desigual y combinado no necesita que queden zonas “no capitalistas”. En la actualidad, los países pueden definirse cada vez más como zonas industriales avanzadas y atrasadas. En cuanto al plano militar, nuestro autor resalta el poderío de Estados Unidos que se encuentra muy por encima de toda Europa, cuestión que le permite tener una gran influencia en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Promediando su trabajo, Ahmad llama la atención sobre la importancia del estudio del colonialismo, temática que debería ser incorporada en los análisis sobre el imperialismo antes que mantener la idea de “rivalidad inter-imperialista”. Aunque este tema escapa a los límites de nuestra elaboración, queremos decir que el autor realiza cuatro observaciones que ponen de manifiesto los distintos tipos de colonizaciones que ha habido y la sincronía entre ellas. En la misma línea explica la forma de actuar de un imperio “formal” (colonial) e “informal” (descolonizado) y cómo cada imperialismo ha combinado de manera diferente su modo de dominación.
            El análisis sobre las crisis del capitalismo durante el siglo XX demuestra una suerte de inestabilidad de la forma de producción y su lógica expansiva. La crisis de 1870 aceleró la rivalidad inter-imperial y llevó a la Primera Guerra Mundial y a la Revolución Rusa mientras que la Crisis del ’30 revirtió esta situación. Por otro lado, la salida neoliberal a la crisis del ’70 produjo un proceso de expansión y aceleración de la globalización capitalista. Leo Panitch y Sam Gindin (2005) plantean que este devenir errático demuestra que el proceso de la globalización no es inevitable ni imposible de sostener.
            Nos gustaría agrupar las críticas que estos autores le realizan a las “teorías clásicas” en cuatro ítems: 1) las teorías clásicas eran defectuosas en su lectura histórica del imperialismo, en su tratamiento de la dinámica de acumulación del capital y en su tendencia a elevar un momento coyuntural de rivalidad inter-imperial al rango de una ley inmutable de globalización capitalista. De esta manera, existiría un equívoco de parte de los teóricos clásicos al tomar las crisis y fases económicas para explicar el imperialismo. Por otro lado, la exportación de capitales no tendría su explicación en una suerte de sobreacumulación o caída en la tasa de ganancia sino en la aceleración de las presiones competitivas y las estrategias de los capitalismos en desarrollo. 2) Fracasaron en aprehender adecuadamente las dimensiones espaciales de esta internacionalización. No podría afirmarse que sólo había una expansión de capital hacia el exterior –ya que la periferia no habría estado en condiciones de recepcionar semejante flujo de divisas- sino que existió una gran profundización de inversiones a nivel local. 3) Lejos de ser la fase superior del capitalismo, lo que estos teóricos estaban observando era una fase relativamente temprana del capitalismo. 4) El aspecto más defectuoso de estas teorías era su visión reduccionista e instrumentalista del Estado. (Panitch y Gindin, 2005: 25-26)
            Para P&G se necesitaría una teoría del Estado que superara una mirada tradicional del marxismo que opone “mercado” a “Estado” siendo que los Estados –ya desde el siglo XIX y el “libre comercio”- son los que en la actualidad hacen posible y ponen a funcionar el “libre-mercado” globalizado. Existen diferencias también entre las formas de funcionamiento de un imperio formal y uno informal. “El imperio informal requiere que la penetración económica y cultural de otros estados sea sostenida por la coordinación política y militar con otros gobiernos independientes. El principal factor que determinó el cambio hacia la extensión de imperios formales luego de 1880 no fue la insuficiencia de las relaciones británicas con su propio imperio informal, ni el surgimiento de la fase monopólica o ‘financiera’ del capital, sino más bien la incapacidad británica para incorporar a las nuevas potencias capitalistas como Alemania, EUA y Japón dentro del imperialismo de libre comercio.” (Idem: 28)
            La crisis de mediados de 2008 en Wall Street y la explosión de la “burbuja inmobiliaria” le ha dado a la cuestión financiera un arraigo material que no tenía en tiempos anteriores. La cantidad de homeless que ocuparon las plazas de EEUU y el aumento de los suicidios en España por la dificultad de las personas a la hora de pagar las hipotecas de casas y departamentos dibuja un paisaje real y concreto de la barbarie capitalista en su fase “neoliberal hiperfinanciera”. Así ingresamos a una de las tres novedades –con respecto a las teorías clásicas- que Atilio Boron planteaba en el 2006 y que, en este proceso trágico que vivimos a nivel mundial, la crisis mencionada pone nuevamente sobre la mesa. Boron ya hablaba de la hipertrofia del sistema financiero internacional: “El volumen actual de la circulación del capital financiero internacional, especulativo en más del 90%, se ubica en los 3 billones de dólares diarios, es decir 3 millones de millones de dólares por día, una cifra superior a la que arroja el comercio de bienes y servicios a nivel mundial en un año”. La segunda novedad es el hecho de que Estados Unidos se convirtió en la potencia integradora del capitalismo a nivel mundial. Luego de la caída de la URSS (1992) y el campo socialista la “hegemonía” norteamericana fue en aumento. “El papel único e indispensable que EEUU ha adquirido se relacionó íntimamente con su condición de única superpotencia militar del planeta, cuyo gasto en armamentos equivale prácticamente al del resto de las naciones en su conjunto. EEUU ha desplegado poco más de 750 bases y misiones militares en 128 países, una máquina de guerra sin parangón en la historia de la humanidad, y bastión final para la defensa del sistema imperialista mundial.” (Boron, 2006: 481-482 respectivamente) Seis años después, en su último libro titulado “América Latina en la geopolítica del imperialismo”, nuestro autor nos dice: “Cálculos muy precisos publicados por el periódico digital TomDispach concluyen que al día de hoy Estados Unidos posee más de mil bases militares en más de 130 países del globo, y que su presupuesto anual en gastos militares ha superado por primera vez, con la aprobación del premio nobel de la paz Barack Obama, la barrera del billón de dólares (un millón de millones de dólares)” (p. 48) La tercera novedad tiene que ver con la existencia de nuevos instrumentos de dominación imperial que no existían a comienzos del siglo XX: por un lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) constituyen y determinan buena parte de la política económica a nivel mundial; y, por el otro, el papel preponderante que Estados Unidos tiene en el desarrollo de la industria cultural mundial y la posibilidad de hacer viajar sus ideas por todo el globo: “cerca de las tres cuartas partes de las imágenes que circulan por el planeta son producidas en EEUU, proyectando de este modo una imagen propagandística, y falsa hasta la médula, del sistema y de sus supuestamente ilimitadas capacidades para satisfacer todas las aspiraciones materiales y espirituales de la humanidad. Las consecuencias políticas de esta realidad son profundas y de larga vida.” (Boron, 2006: 483) En este mismo sentido se dirige el comentario de Ahmad: “La única literatura latinoamericana que llega a las librerías de Delhi es aquella que ha sido traducida, comentada y publicada en EUA” (Ahmad, 2005: 91)
            Atilio Boron (2006) defiende los lineamientos generales de los autores clásicos del imperialismo en la medida en que observa que aún existe la concentración del capital, el abrumador predominio de los monopolios, una gran relevancia del capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo dentro de las imposiciones imperiales. A esto hay que agregarle que la globalización, lejos de constituir una suerte de “sector de competencia entre iguales”, consolidó la dominación imperialista y disminuyó la soberanía económica de los capitalismos periféricos.

B1) Sobre el término “imperialismo”[1]             

            Si es cierto que “la ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante” entonces podemos decir que el término “imperialismo” ha sufrido los mismos vaivenes que otros conceptos tales como “nación”, “pueblo” o “patria”. Dependiendo de la clase dominante en cuestión, buena parte de las palabras más caras a diversas tradiciones serán formuladas y reformuladas para que dicha clase pueda imponer su mirada como si fuera la posición de la totalidad de las clases subalternas.
            Para John Bellamy Foster (2006) el concepto de “imperialismo” fue excluido durante todo el siglo XX de los discursos políticos aceptados en los círculos dominantes. Luego del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 y la “guerra contra el terrorismo” lanzada por George Bush Jr. el término “imperialismo” y “neoimperialismo” ganaron las páginas de The New York Times y Foreing Affairs recuperando el contenido que esta expresión había tenido a comienzos del siglo XIX; o sea un “imperialismo bueno”, el encargado de llevar adelante “la gran misión civilizadora”, etc. Atilio Boron (2012) compara esta redefinición con las palabras de Sir Cecil J. Rhodes -en la Inglaterra victoriana- que indicaba “la pesada responsabilidad del hombre blanco” de llevar al África negra la civilización, el amor por la justicia, la democracia, la libertad y, de paso, la propiedad privada. En este sentido, la impostura de la colonización británica se convirtió en impostura de la neocolonización neoliberal estadounidense.
            Foster recupera dos trabajos de Harry Magdoff: The Age of Imperialism (1969) e Imperialism: From the Colonial Age to the Present (1978). Del primer libro resalta el hecho de que se convirtió en el más influyente de la época a la hora de contrarrestar la “construcción” de la política exterior de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. También contribuyó al retorno de una visión crítica del imperialismo en la izquierda latinoamericana. “Este autor –dice Foster- ponía el acento sobre el flujo de inversiones externas directas en el extranjero y su efecto en la generación de un flujo de ganancias” (Foster, 2006: 451), contradiciendo la teoría sobre una economía norteamericana supuestamente “aislacionista”. En relación con el segundo libro, Magdoff planteaba que el capitalismo había sido un sistema mundial desde el comienzo y que el imperialismo al igual que la búsqueda de ganancias era parte constitutiva de su lógica interna. “La eliminación del imperialismo –concluía Magdoff- requiere el derrocamiento del capitalismo” (Magdoff, 1978 citado en Foster, 2006: 453).
            La operación que se hizo sobre el concepto “imperialismo” fue tratarlo como puramente ideológico. Así, el “imperialismo económico” fue marginado del imperialismo político, cultural, etc. Foster, Boron, Panitch y Gindin refieren al ensayo de Prabhat Patniak Whatever happened to Imperialism? (1990) en donde se “denuncia” la ausencia del imperialismo en los análisis de izquierda en Estados Unidos y Europa. El término había desaparecido de la prensa, la literatura y los discursos de socialistas y comunistas. “En la visión de Patniak más que un ‘silencio teórico auto-consciente’, el ‘hecho mismo de que el imperialismo se ha vuelto tan apto para ‘manejar’ cualquier desafío potencial a su hegemonía nos ha vuelto indiferentes a su ‘omnipresencia’.” (Panitch y Gindin, 2005: 21) Foster nos dice que era realmente llamativo que esto sucediera cuando se estaban llevando adelante intervenciones militares norteamericanas en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Granada y Panamá. Boron, en el mismo sentido, indica lo paradójico de esta “ausencia” justo cuando la dependencia externa de América Latina y la erosión de sus Estados nacionales se hacía más profunda.
            Una serie de acontecimientos (las luchas contra la globalización, las nuevas guerras balcánicas y el 11-S) plantea dos posiciones en torno al imperialismo: por un lado los intelectuales de las clases dominantes se apropiaron de la expresión para darle más brillo y, por el otro, los pensadores post-marxistas y ex radicales criticaron duramente la utilización del término en el sentido clásico marxista. “Al mismo tiempo en que la noción de una ‘Era del Imperialismo’ estaba siendo criticada por la izquierda norteamericana –dice Foster-, los comentaristas del sistema y las figuras políticas estaban alabando la nueva era del imperialismo liderada por EEUU.” (Foster, 2006: 455) La conclusión a la que llega este autor es que mientras el mainstream norteamericano aclama el “supuesto imperialismo” (o sea el “imperialismo bueno”) a la izquierda de EEUU no se le permitía tocar el tema desde una crítica de su política exterior.
            “El fin de la Historia y el último hombre” de Francis Fukuyama en la década del ’90 causó el mismo revuelo que “Imperio” de Michael Hardt y Antonio Negri en el 2000. Ambos trabajos tuvieron una amplia difusión y han sido duramente fustigados por el pensamiento crítico. Nos gustaría simplemente dejar señalado el tema a partir de la crítica que realiza Atilio Boron en el texto “La cuestión del imperialismo” (2006) que venimos utilizando en nuestra elaboración.[2]
            La tesis central de la obra de Hardt y Negri consistiría en que el surgimiento del Imperio indicaba el fin del imperialismo. Para estos autores, el imperialismo estaría directamente relacionado con el nacionalismo; y como para ellos los estados-nación han llegado a su fin lo mismo ocurriría con el ciclo imperialista. “Se verifica, debido a lo anterior, el tránsito hacia una nueva lógica global de dominio, el Imperio, una estructura desterritorializada, etérea y descentrada, paradojalmente traída al mundo por la dinámica incesante de su propia negación, la multitud.” (Boron, 2006: 476)
            Un error importante que cometerían en su análisis sería no sólo descartar a los teóricos clásicos del imperialismo sino echar mano a una serie de autores que se encuentran en las antípodas del pensamiento crítico. “Lo que no entienden Hardt y Negri, y muchos otros que, al igual que ellos, son tributarios del pensamiento burgués sobre la globalización, es que más allá de estos cambios el imperialismo no se ha transformado en su contrario, como nos propone la mistificación neoliberal, dando lugar a una economía ‘global’ donde todos somos ‘independientes’.” (Idem: 485-486) Para fundamentar esta posición Boron plantea que las premisas más importantes de la caracterización de principios del siglo XX siguen vigentes y, por eso mismo, no pueden ser ignoradas en un análisis de estas temáticas. También se le reclama a H&N que no tienen en cuenta que aún son el FMI, el BM y la OMC quienes manejan el flujo de la economía.
            Otra de las críticas que se le realiza a “Imperio” tiene que ver con una concepción equivocada del Estado y la soberanía. Las empresas transnacionales habrían superado la jurisdicción de los Estados y, en la misma lógica, ellas mismas no tendrían ningún anclaje nacional al cual remitirse. A esta tesis Boron le antepone que “el 96% de las doscientas megacorporaciones que prevalecen en los mercados mundiales tienen sus casas matrices en ocho países del mundo desarrollado, están legalmente inscriptas en los registros de sociedades anónimas de esos mismos ocho países, se encuentran adecuadamente protegidas por las leyes y los jueces de ‘sus estados’ de origen, y sus directorios tienen su sede en esos mismos ocho países del capitalismo metropolitano.” (Idem: 488) Por esto mismo se puede concluir que los estados-nación siguen siendo claves en la economía mundial.
            Ya en la década del ’90 la hegemonía norteamericana comenzó a tener sus complicaciones. El levantamiento zapatista de 1994, las manifestaciones de Seattle en 1999 y la organización del Foro Social Mundial de Porto Alegre en 2001 fueron algunos de los llamados de atención para el proyecto neoliberal. En América Latina los movimientos sociales comenzaban a organizar alternativas que luego se verían plasmadas en gobiernos como el de Venezuela, Ecuador y Bolivia que constituyen el actual eje del “Socialismo del siglo XXI”. En el mismo sentido, pero de una manera mucho más moderada, Argentina, Brasil y Uruguay constituirían gobiernos progresistas en la región. La construcción de organizaciones políticas y económicas de integración regional le ha dado una mayor fortaleza a América Latina -amén de los constantes planes imperialistas de dominación económica, política, militar y cultural. Organizaciones como la ALBA-TCP (2004), Petrocaribe (2005), UNASUR (2008), CELAC (2011) y MERCOSUR (1994 – durante muchos años fue una articulación de empresarios con proyectos neoliberales para la región. Esto ha cambiado en los últimos años) constituyen herramientas importantes a la hora de afianzar el proceso de integración regional. Así mismo –y asumiendo como propia la tesis central de Boron (2012) sobre el hecho de que América Latina es la región más importante para Estados Unidos desde el punto de vista geoestratégico, económico (bienes naturales y comunes) y militar- hay que tener presente los proyectos, tratados comerciales y organismos que actualmente se desarrollan en nuestra región; sin ánimo de exhaustividad, nos referimos al Plan Colombia (1999), el Plan Puebla-Panamá (2001), la Iniciativa Mérida (2006 –iniciativa continuadora del PPP), el TLCAN firmado con México (1994), los TLCs (Tratados de Libre Comercio) firmados con muchos países latinoamericanos, el proyecto IIRSA (2000), los TBPI (Tratados Bilaterales de Protección de Inversiones) y la Alianza Pacífico (2012).     
            Lo cierto es que, ya entrados en el siglo XXI, Estados Unidos no puede mantener la postura del “imperialismo bueno”. Teniendo en cuenta la crisis profunda por la que está pasando, en particular en el plano económico y político a nivel global, la violencia se hace cada vez más desembozada mostrando su propia fisonomía: un imperialismo bárbaro de base capitalista en su fase neoliberal globalizada. En este punto queremos retomar un extenso párrafo que da cuenta de lo que venimos diciendo: “basta recordar antecedentes tales como la reactivación de la IV Flota; el enjambre de bases militares instaladas en América Latina; el desembozado apoyo a tentativas secesionistas y golpistas en Bolivia y Ecuador en 2008 y 2010 respectivamente; el golpe militar en Honduras en 2009 y (…) el golpe de estado “constitucional” en Paraguay en Junio de 2012; la intensificación del bloqueo integral en contra de Cuba y las permanentes amenazas y provocaciones de Washington contra Venezuela, Ecuador y Bolivia; los asesinatos selectivos de científicos nucleares iraníes y la imparable escalada de sanciones y agresiones en contra de Irán; la complicidad ante la genocida carnicería practicada por Israel en la Franja de Gaza y, más generalmente, contra los palestinos; el martirio interminable de Irak; la redoblada presencia militar norteamericana en Afganistán y la nueva ‘intervención humanitaria’ en Libia, bajo el paraguas de la OTAN, en medio de las imparables revueltas que conmueve al mundo árabe…” (Boron, 2012: 19). A esto habría que agregarle el apoyo que EEUU le está brindando a los terroristas sirios, la descarada injerencia en las últimas elecciones presidenciales realizadas en Venezuela (nos referimos al no reconocimiento por parte de Washington de Nicolás Maduro como nuevo presidente), el apoyo a Seúl ante su conflicto con Corea del Norte llevando al mundo al límite de una nueva guerra,  las recientes denuncias de espionaje interno y mundial que el imperialismo norteamericano realiza ¡a su propio pueblo! y, por supuesto, al resto de los pueblos y gobiernos del mundo; y la afrenta que sufriera el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia Evo Morales –el 2 de julio de 2013- al ser privado del acceso a sobrevolar el cielo de Italia, Francia, España y Portugal a instancias de la presión imperial que, en esta acción, violó el Derecho Internacional y la soberanía de Bolivia a un mismo tiempo.    

C) ¿Se trata de cuidar la vida?         
                        
            Todos los Imperios han tenido (o inventado) a sus enemigos como una forma de mantener un dominio sobre sus ámbitos de influencia. El imperialismo norteamericano tuvo como enemigos a los comunistas, luego a los nacionalismos libertarios del Tercer Mundo y, después del 11-S, a los terroristas. Aunque el terrorismo fundamentalista es un tipo de acción reprochable desde todos los puntos de vista, vale la pena hacerse algunas preguntas para conocer –si verdaderamente queremos cuidar la vida en nuestro planeta- quiénes son los verdaderos “enemigos” de las formas de vida en nuestro entorno natural. ¿Es el “terrorismo fundamentalista” culpable de las 100.000 muertes por día de hombres y mujeres que fallecen víctimas de enfermedades perfectamente curables o inanición? ¿Puede Al Qaeda generar 1.020 millones de desnutridos crónicos, 2.000 millones de personas sin acceso a medicamentos, 884 millones de seres humanos sin acceso al agua potable, 924 millones de hombres y mujeres sin viviendas dignas, 1.600 millones de habitantes del Planeta Tierra sin electricidad, 2.500 millones de personas sin sistemas de drenajes o cloacas y 774 millones de analfabetos?[3] La respuesta es una: NO, no puede. La situación catastrófica de un mundo cada vez más desigual que provoca grandes sufrimientos está en la lógica misma del capitalismo en su fase neoliberal. Su alto nivel de inconsciencia sistémica genera una brutal depredación del ser humano y el medioambiente cuestión que ha llevado a muchos especialistas a afirmar que existe 50% de posibilidades de que la especie humana no supere el siglo XXI.
            Si se trata de cuidar la vida, y aunque el párrafo anterior es suficientemente dramático, no está mal tener en cuenta lo que nos dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre las principales causas de muerte: la diabetes y los accidentes de tránsito son las principales causas de mortalidad. También lo son las enfermedades del corazón y sistema respiratorio, derrame cerebral, diarrea, VIH/SIDA y cáncer.[4]
Lo que queremos dejar planteado es la manipulación y el chantaje que EEUU realiza con el “terrorismo fundamentalista” (como antaño lo hiciera con “el fantasma del comunismo”). También decimos que el capitalismo ha demostrado que realmente no trata de cuidar la vida sino la tasa de ganancia que acrecienta a través de sus negocios. Más allá de las críticas que se le puede hacer a las “Leyes Antiterroristas” que funcionan en algunos países latinoamericanos, hay grandes posibilidades de que un buen sistema de salud, una cada vez mejor alimentación y masivos cursos de educación vial puedan prevenir una mayor cantidad de enfermedades, accidentes y muertes que las que puede ocasionar el accionar terrorista.[5]

D) Conclusiones     

            Adherimos plenamente a la importancia que las teorías clásicas del imperialismo aún tienen a la hora de analizar la situación actual del Imperio norteamericano. La existencia de monopolios de envergaduras crecientes, la financiarización de la economía y la violencia unipolar son elementos que, lejos de desaparecer, parecen profundizar cada vez más las desigualdades de nuestro mundo. Hay la necesidad de que las interpretaciones que analicen el capitalismo en su fase neoliberal y el imperialismo sean cada vez más populares y logren habilitar una discusión sobre el significado del accionar de las empresas transnacionales, la concentración bancaria y las formas de trabajo que se derivan de este sistema alienante.
            Creemos necesario estar muy atentos a la organización que se dan los pueblos que buscan su emancipación en las distintas modalidades que podemos distinguir: organizaciones sociales, movimientos sociales libertarios, “gobierno de los movimientos sociales” (como es el caso de Bolivia), gobiernos progresistas de izquierda, “Socialismo del siglo XXI”, “socialismo comunitario”, experiencias de comercio e intercambio justo entre hombres y mujeres de bien, las herramientas que puedan generar la ALBA-TCP o la UNASUR para reforzar el intercambio cultural y comercial en América Latina, el Banco del Sur como una entidad que no busque la usura capitalista sino la financiación de proyectos que beneficien verdaderamente a los pueblos, el proyecto del “Gasoducto del Sur” como una manera de evitar las crisis energéticas y toda propuesta que tenga en claro que la única manera de salir de esta crisis mundial (por primera vez realmente “mundial”) es sobre la base de un proyecto post-capitalista. Lo mejor de la tradición de izquierda del siglo XX más todas las innovaciones democráticas y justas que se vayan tejiendo en este siglo XXI son la esperanza irrenunciable que nace en nuestro presente y se proyecta en el horizonte.


Bibliografía y publicaciones

Ahmad, Aijaz (2005); “Imperialismo de nuestro tiempo” en publicación: Socialist Register 2004. CLACSO, Argentina.
Boron, Atilio (2012); América Latina en la geopolítica del imperialismo, Luxemburg, Buenos Aires.
Boron, Atilio (2006); “La cuestión del imperialismo”. En Boron, Atilio; Amadeo, Javier y González, Sabrina. La teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas. Colección Campus Virtual, CLACSO, Buenos Aires, Argentina.
Boron, Atilio (2010); “Sepa lo que es el capitalismo”. Disponible en web: http://www.atilioboron.com.ar/2010/05/sepa-lo-que-es-el-capitalismo.html
Foster, John Bellamy (2006); “El redescubrimiento del imperialismo”. En Boron, Atilio; Amadeo, Javier y González, Sabrina. La teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas. Colección Campus Virtual, CLACSO, Buenos Aires, Argentina.
Lenin, Vladimir Illich (primera edición 1916); “El imperialismo, fase superior del capitalismo” (versión digital en PDF)
Panitch, Leo y Gindin, Sam (2005); “Capitalismo global e imperio norteamericano’’, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires.
Rusia Today, “¿Cuáles son las principales causas de muertes en el mundo contemporáneo?” Disponible en web: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/100880-oms-causas-muerte-enfermedades (23/7/2013)



[1] Hemos utilizado las palabras “término”, “expresión” y “concepto” indistintamente para referirnos a “imperialismo”. Creemos que los autores no siempre la usan de la misma manera y, en nuestra reciente aproximación a esta temática, nosotros mismos no podríamos captar con precisión la diferencia en su utilización.
[2] Aclaramos que no nos referimos al libro “Imperio e imperialismo” (2004) que el politólogo argentino le dedicara al análisis y crítica de “Imperio”.
[3] Ver de Atilio Boron “Sepa lo que es el capitalismo”.
[4] Ver Rusia Today, “¿Cuáles son las principales causas de muertes en el mundo contemporáneo?” (23/7/2013)
[5] Esto lo decimos con absoluto respeto por todas las víctimas del terrorismo fundamentalista a nivel mundial y en particular con profunda solidaridad con los familiares y amigos de los fallecidos en los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA en la Argentina.




martes, 16 de abril de 2013

Apuntes desordenados de un curso sobre la coyuntura geopolítica en América Latina



Quiero compartir con ustedes algunos apuntes que realicé en un curso que transcurrió en el último cuatrimestre de 2012. En algunos apartados sólo se trata de respuestas a bibliografías específicas. Me pareció interesante socializar estos apuntes como una excusa para repasar cuál es la relación entre el imperialismo norteamericano y Nuestra América, repasando algunos puntos de vista de autores y pensadores sin dejar de tener en cuenta la coyuntura que tiene a Venezuela en medio de una lucha por afianzar su democracia de la mano del pueblo chavista y el reciente presidente electo Nicolás Maduro.
Que lo disfruten o que lo padezcan, según.


1. Debo decir que aquello que me atrajo a este curso ha sido el golpe de Estado en Honduras y el de Paraguay. Aunque he tenido presente el tema del imperialismo, recién se hizo realmente cercano cuando se sumaron estos dos acontecimientos. No descubro nada al decir que, más temprano que tarde, cualquier país latinoamericano puede tener la noticia sobre una intervención “profunda” de EEUU. La caracterización que hace el Imperio a partir de lo cual un país puede “engendrar terroristas globales” deja a buena parte de la periferia susceptible de tal flagelo. Por eso Thomas P. M. Barnett, profesor de la Escuela de Guerra Naval de EEUU, le advierte al Secretario de Defensa: “Muéstrenme dónde la globalización es densa con redes de conectividad, transacciones financieras, medios de comunicación liberales y seguridad colectiva, y yo les mostraré regiones con gobiernos estables, elevados niveles de vida y más muertes por suicidio que por homicidio. A estas partes del mundo las llamo Centro en Funcionamiento (Functioning Core). Pero muéstrenme dónde la globalización está desapareciendo o está simplemente ausente y le mostraré regiones plagadas de regímenes políticos represivos, pobreza y enfermedades muy difundidas, asesinatos masivos rutinarios y –lo más importante– los conflictos crónicos que incuba la próxima generación de terroristas globales. A estas partes del mundo las llamo la Brecha no integrada (non-integrating Gap) (...) La verdadera razón por la cual adhiero a una guerra semejante es que el compromiso militar a largo plazo que resulte de ella forzará finalmente a EUA a tratar con ‘estos países no integrados’ en su totalidad como una amenaza estratégica global” (Panitch,  Gindin; 2005: 58). A partir de aquí la gran paradoja: sólo los opresores pueden determinar lo que es la “globalización” no por su capacidad sino por sus métodos de imposición. Más adelante podemos leer: “En la Brecha no integrada se encuentran Haití, Colombia, Brasil, Argentina, la ex Yugoslavia, el Congo, Ruanda-Burundi, Angola, Sudáfrica, Israel-Palestina, Arabia Saudita, Irak, Somalia, Irán, Afganistán, Pakistán, Corea del Norte e Indonesia –a los que pueden sumarse China, Rusia e India como ‘nuevos/integrantes miembros del centro [que] pueden perderse en los próximos años’”.

La soberbia expuesta a partir de la caracterización que hemos “robado” puede justificar muchas de las actitudes que EEUU desarrolla en nuestro subcontinente (por supuesto, ¡no faltan lacayos-periféricos que imponen estas mismas reglas a sus propios pueblos! ¡Viles vendepatrias!). Es por estos motivos que el 12 de octubre de 2012 en el diario “El Sol” pudimos leer el siguiente titular: “Duro mensaje del departamento de estado de Estados Unidos a Hugo Chávez”. Mike Hammer,  subsecretario interino de Asuntos Públicos del Departamento de Estado de EEUU, le recordó a Hugo Chávez que 6 millones de venezolanos han votado por Henrique Capriles y que cualquier presidente está obligado a gobernar para toda su población (1). Es evidente que solo un Imperio puede, con un sutil manto de amenaza, propinar tales palabras a un mandatario recién electo de un país Sudamericano.

Las noticias vinculadas con la “lógica” imperial se reproducen día tras día. Evidentemente, la necesidad de articular –desde las bases- una conciencia alerta en relación a este accionar nos dará mayores elementos para conocer cuáles son las intenciones de estos mercenarios.



2. Aquí van algunos de los rasgos de esta nueva crisis capitalista planteados por el profesor Atilio Boron: A- Estalla en el corazón mismo del capitalismo (a diferencia de las anteriores que fueron periféricas –desde las crisis de las deudas de los ’80s a Argentina en el 2001). B- Existe más del 20% de desempleo en EEUU cuestión que se agrava aún más teniendo en cuenta que la prosperidad de su economía depende en un 70% de su consumo interno. C- Absoluto desacople entre la economía real y las finanzas. D- Es una crisis de larga duración, aunque quieran hacernos creer lo contrario. E- Los países centrales, particularmente los europeos, tienen deudas públicas que superan ampliamente su PBI. F- Esta crisis es la primera realmente mundial ya que tanto la de la “Larga Depresión” (1873-1896) como la de la “Gran Depresión” (1929) no tenía al capitalismo con el nivel de expansión que tiene en la actualidad; por ende, no todos los países sufrieron las crisis de fines del s. XIX y principio del XX. G- Crisis de la matriz energética basada en la utilización de combustibles fósiles (recurso finito y no renovable) H- Otra característica de esta crisis es el cambio climático: en la medida en que el medio ambiente se transformó en una mercancía, el capitalismo realiza diariamente prácticas de ecocidio devastadoras. I- Crisis del agua: el 20% de la población carece de acceso al agua potable y 1 de cada 3 personas no dispone de medios de saneamiento adecuado. Detrás de esto existe la intención capitalista de privatizar este bien natural. J- Crisis alimentaria: combinación entre un elevado nivel de consumo y un creciente interés del sistema por los agronegocios cuestión que incrementa el precio de los alimentos.   


3. Tanto Samir Amin como David Harvey hacen referencia a la “acumulación por desposesión”. Teniendo en cuenta la crisis de la matriz energética, la crisis del agua y la crisis alimentaria (todas incluidas en la “crisis general del capitalismo”), uno de los riesgos para América Latina pasa por determinar cuáles son las políticas imperiales para nuestra región y qué mecanismos de defensa pueden articularse para evitar un “saqueo masivo imperial” (más allá del que, efectivamente, hoy se produce). David Harvey nos dice que “la crisis se mueve rápido y es contagiosa”. Hay gran diferencia entre el “paquete de estímulo” impulsado por EEUU (un paquete escaso) y el de China. En Latinoamérica, los productos primarios son muy requeridos por el mundo (como el poroto de soja). En la medida en que existe una relación con el “paquete de estímulo” chino se ve un renacer en este aspecto. Volviendo sobre el tema de la “acumulación por desposesión”, tanto en América Latina como en India y en otros países se da un ataque a los pueblos originarios, a las comunidades campesinas cuando se expropian territorios originarios por la voracidad de empresas transnacionales. 

Otro riesgo para América Latina tiene que ver con el camino que tomará nuestra región. En palabras de Samir Amin, o se sale de la crisis del capitalismo o se sale del capitalismo en crisis. Hay una resistencia que se hace mucho más presente en la periferia (sobre todo en Nuestro Sur) que en los países centrales. Sin embargo, también hay que decir que no faltan movilizaciones ni reclamos en los países “desarrollados” hoy en crisis. No hay duda que en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia se encuentra la vanguardia en la doble articulación anti-imperialista y anti-capitalista. El socialismo como etapa superadora del capitalismo es la oportunidad que estos tiempos de crisis nos ofrecen. El gran riesgo para nuestra región sería quedar pegados solo a un “neodesarrollismo” (más allá que, en un contexto de crisis, ciertas políticas en ese sentido ayudan mucho) y que si –por ejemplo- en un futuro el “paquete de estímulo” chino decae (limitando la exportación de soja, etc.) o algunos de los países con los cuales hay relaciones económicas entra en crisis; nosotros nos veamos condenados a un estancamiento y a viejas-nuevas medidas de ajuste estructural.   


4. Debo decir que es bien poco lo que conozco en relación a lo que podríamos llamar “proceso de militarización imperialista en la Argentina”. De hecho, tanto en la clase 3 como en la 4 se hace un mayor hincapié en la “ocupación” de bases militares por EEUU en Latinoamérica y en los procesos de desestabilización de gobiernos progresistas, en donde Argentina sería vista como “cómplice” de procesos como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc. 

Sin embargo, a propósito de la IV Flota, es válido recordar aquella avanzada del “Comando Sur” en la provincia del Chaco en marzo de 2012. La idea de que aquello pudiera constituir un “Centro de ayuda humanitaria” fue puesta en cuestión más allá de las banderías políticas y de diversos intereses. También es delicado el hecho que apunta el profesor Atilio Boron sobre el aviso que Estados Unidos les hizo a los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de nuestra región en relación con el movimiento de esta Flota, sin avisarles a los presidentes de los distintos países. El vínculo represivo regional es siempre preocupante. (Más allá de lo estrictamente militar, es interesante el comentario que hiciera Hebe de Bonafini: le inquietaba más la “flota” de las empresas norteamericanas en el país que el movimiento de la IV Flota).

Una ley realmente dañina que fuera sancionada a fines de 2011 es la Ley Antiterrorista argentina. De más está decir que, en la tensionante vinculación entre bienes naturales y el consumo desorbitado de la sociedad estadounidense, una ley por el estilo genera las bases para reprimir acciones que pueden ir, legítimamente, en defensa de algún mecanismo de saqueo que pueda llevar adelante el Imperio. Por eso mismo, los intelectuales de Carta Abierta, Horacio Verbitski, Mempo Giardinelli, etc. -ninguno de los cuales podría ser tildado de anti-kirchnerista- han advertido sobre lo poco adecuado de esta legislación y la necesidad de revisarla.

En Argentina se ha tomado una serie de medidas que no van en la dirección que EEUU pudiera desear. Las políticas públicas inclusivas, la cancelación de deuda externa (amén de que sería interesante revisarla como lo hiciera Ecuador) y el afianzamiento regional forman parte de mecanismos que nada tienen que ver con aquella propuesta del ALCA o con los intentos de imposición de libre comercio propios de sus conveniencias imperiales. Hay que recordar también la valiente defensa que Cristina Fernández de Kirchner y el gobierno nacional están llevando adelante en relación con la soberanía de las Islas Malvinas. Enfrentando al ex Imperio Inglés, la Argentina está dando una batalla pacífica para que se respeten las resoluciones de la ONU y la posibilidad de diálogo con aquel país central sea posible. Sin duda que esto significa un fuerte signo de autonomía ante los poderes fácticos. Por otro lado, también es cierto que hay un alto grado de extranjerización de la economía argentina en donde EEUU, China, Canadá (en megaminería, por ejemplo) constituyen un fuerte bastión. 


5. La naturaleza (la parte que no es el ser humano), más temprano que tarde le exige a los seres vivos que en ella habitan que cumplan con el respeto mínimo indispensable para lograr su autoregeneración. Aunque hay bienes naturales que son finitos y se extinguirán inevitablemente, otros no lo son y es necesario respetar sus tiempos para que puedan retomar su ciclo natural. Sin embargo, cuando como especie humana empezamos a consumir desaforadamente bienes comunes no renovables, corremos el riesgo de extinguirlos (y, en el corto o mediano plazo, nosotros con ellos).

Está claro que el default de la naturaleza sería el fin de la vida en el planeta. América Latina y el Caribe corren un grave riesgo ya que poseen una inmensa cantidad de minerales, energías fósiles, agua, biodiversidad, etc. Por eso nuestra región resulta un lugar indispensable para el desarrollo de la vida. Sin embargo, y como bien subtitulaba Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”: “La economía norteamericana necesita los minerales de América Latina como los pulmones necesitan el aire”. El imperio norteamericano necesita de muchos de nuestros bienes naturales para mantener su desproporcionado nivel de consumo. Como ya lo ha demostrado en otras latitudes, su actitud es invasiva cada vez que una necesidad lo aqueja. Después de la Segunda Guerra Mundial está claro que cada enfrentamiento bélico incluirá una disputa por los bienes naturales del país invadido (si tenemos en cuenta lo que plantea Atilio Boron en relación a que el 50% del gasto militar anual lo realiza sólo EEUU, ya casi no podremos hablar de “guerras” –en los términos en que antes se entendía- sino de lisas y llanas invasiones imperiales).

La morosidad que vivimos hoy tiene que ver con la contaminación ambiental, el efecto invernadero que provoca el derretimiento de los polos, la extinción de muchas especies animales y vegetales, catástrofes que poco tienen de “naturales” y un largo y preocupante etcétera. Esta morosidad es la que buena parte de los pueblos originarios y Constituciones Nacionales -como las de Bolivia y Ecuador- están tratando de mitigar. En defensa de la Pacha Mama y en la búsqueda del “Buen Vivir” se está tratando de revertir la situación crítica de nuestro medio ambiente. Así y todo, será necesario encontrar las herramientas para disminuir el insoportable nivel de consumo norteamericano ya que, si extrapolamos su consumo a todos los habitantes del mundo, se necesitarían más de 5 planetas para satisfacer esa hipotética demanda.


6. El pachamamismo es un movimiento que pone a la Madre Tierra por sobre todo otro interés planetario. Existe en este movimiento un cierto “fundamentalismo” que lo hace un tanto impracticable. El extractivismo vendría a ser la otra cara del pachamamismo o sea la justificación a todo tipo de utilización de la naturaleza sin medir consecuencias. Aquí se plantea un gran conflicto para los gobiernos progresistas de América Latina ya que, por un lado, sienten la obligación de explotar los bienes naturales para generar, entre otras cosas, un proceso de redistribución de las riquezas (y ¡ay si nuestros países pobres no necesitan de esta redistribución!). Pero, por otro lado, existen todas las problemáticas que esbozamos más arriba y que ponen en riesgo la supervivencia misma de la especie. 

Sabemos que hay tres actividades principales que son de especial preocupación en nuestra región: la extensión del cultivo de la soja, la producción de biocombustibles y la megaminería a cielo abierto con uso de sustancias tóxicas. Son muchos los movimientos sociales a lo largo y a lo ancho de Nuestra América que denuncian las consecuencias de estas actividades: limitación de otro tipo de economías rurales, encarecimiento de los alimentos, voladuras de montes, migración obligada de comunidades originarias, etc. Pero, como plateábamos recién –y esto se da con absoluta claridad en las discusiones y entrevistas que hemos podido observar entre Rafael Correa y algunas comunidades indígenas-, muchas de estas actividades resultan fundamentales para generar las bases de una distribución más equitativa de los recursos estatales. Correa busca mejorar la utilización de bienes naturales y algunas comunidades indígenas se niegan a hacerlo. Es una situación bastante dramática: ser ricos “bajo tierra” y ser pobres “sobre la tierra” pero, al mismo tiempo, ver que muchas de las empresas que explotan nuestros bienes naturales son extranjeras y las legislaciones no siempre dejan los mejores beneficios para nuestros pueblos autóctonos. Esta es la contradicción principal que vivimos en relación con nuestros bienes naturales.


7. El pachamamismo, de acuerdo con las ideas que se pueden ir relevando de los textos de esta clase, es un movimiento y una ideología que busca proteger a la Pacha Mama, a la Madre Tierra, por sobre cualquier otro interés. Esta forma de entender la vida tiene repercusiones en todos los campos del pensamiento y en diversos ámbitos existenciales: en lo social, económico, político, cultural, etc. Su raigambre más poderosa está relacionada con los pueblos originarios, una ecología "desde abajo", la búsqueda de un tipo de vida relacional, "un mundo en donde quepen muchos mundos", y, por eso mismo, un cultura y una posición política opuesta al "extractivismo".

Es paradójico observar como, en los dos países que han incorporado a sus Constituciones avanzadas política medioambientales, el concepto del "Buen Vivir" y el respeto por la Pachamama -hablamos de Bolivia y Ecuador-, allí precisamente los movimiento sociales pachamámicos –aquellos que no están alineados con esos gobiernos- son los que levantan sus banderas. Evo Morales y Rafael Correa han dicho, en diversas intervenciones, que resulta contradictorio que se viva con altos niveles de pobreza cuando hay tanta riqueza debajo de la tierra (en relación a la minería y al petróleo, claro está). Sin embargo, aunque muchos movimientos sociales apoyan a estos gobiernos, no todos coinciden con la política vinculada a la explotación de los bienes naturales. Por un lado es comprensible que los grupos pachamámicos sean más fuertes allí ya que el movimiento indígena está mucho más presente en esos dos países. También es válido aclarar que la participación política de las comunidades y organizaciones políticas indígenas es muy superior en Ecuador y Bolivia si la comparamos con otros países de la región.

En un sentido general, me parece profundamente esclarecedor el texto de Arturo Escobar "¿'Pachamámicos' contra 'modérnicos'?" en respuesta a dos trabajos de Pablo Stefanoni. El pachamamismo es, en muchos aspectos, la contracara de los postulados más arraigados de la modernidad. Desde la distinción entre sujeto y objeto, ciencia y no ciencia, verdad y falsedad, y todos los pares dicotómicos propios de la visión moderna; pasando por el tema del "progreso" siempre emparejado por una acción dominante del hombre sobre la naturaleza, hasta llegar a las categorías más caras a la modernidad como son el Sujeto, el Estado, la economía-política y una larga lista que no hace diferencia a la hora de analizar posiciones político-ideológicas tanto de derecha como de izquierda. Por eso, el Pachamamismo es relacional, pluriversal, de reivindicación de la Madre Tierra y el respeto por sus bienes naturales, de espiritualidad milenaria ("mítica" y "mágica") y de fuerte vinculación con los pueblos originarios.


8. Personalmente creo que es posible acercar la posición pachamámica y la posición extractivista, aunque se trata efectivamente de una disputa por el Poder. Ambas posiciones deberían ceder en algunos de sus postulados para lograr un acercamiento. De todos modos, el señalamiento de Arturo Escobar sobre pachamámicos-modérnicos y modérnicos-pachamámicos es lo que más se ajusta a la realidad. Hay elementos de la modernidad que aún pueden dar respuestas al mundo que nos toca habitar (por ejemplo, un Estado efectivamente popular y democrático que ponga estrictos límites al mercado y promueva una verdadera redistribución del ingreso no es nada despreciable en medio de esta crisis del capitalismo que no tiene precedentes en la historia), como así también resulta perfectamente válido que desde una perpectiva "pachamámica" movimientos sociales se nieguen a la práctica de una megaminería a cielo abierto con uso de sustancias tóxicas, el desmonte y la expansión "monocultivista" de la soja.

Argentina vive una situación muy similar al resto de los países de la región. Por un lado, el mercado internacional exige minerales, petróleo y soja como productos fundamentales para el proceso de desarrollo. Atilio Boron remarca que, efectivamente, la pobreza histórica de nuestros países -acrecentada en la época neoliberal más profunda- debe encontrar en los bienes naturales una forma de paliar esta situación. Por eso, vale decir que la economía argentina se apoya en los recursos que dejan las retenciones a la soja y los minerales como un mecanismo para financiar buena parte de los programas sociales que mejoran la redistribución del ingreso (lo que ingresa al Estado por la soja supera en 5 veces el presupuesto para la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo). Existe un lento proceso de industrialización aunque sabemos que siempre será relativo a muchas de las imposiciones del mercado internacional (¿de qué manera los gobiernos y las empresas negociarán las lógicas de industrialización y 'desarrollo' a nivel planetario? ¿Cómo se reparte el mundo? ¿Será sólo a punta de pistola?). Según Boron, Salvador Allende decía que "el cobre era los salarios de los chilenos". En aquella época la expresión era válida ya que las preocupaciones ecológicas no ocupaban el dramático lugar que ocupan hoy. Así y todo, la legislación que tiene Argentina sobre la minería no parece estar a la altura de este conflicto (por ejemplo, la Barrick Gold sólo paga un 3% de impuestos a las exportaciones llevándose gratis aquello que se considera "escombros" que incluye minerales de valor). Entonces, no se trata de prohibir toda forma de explotación de los bienes naturales, pero sí de generar una legislación que impida que el campo argentino se vuelva "monoproductor" o que las megamineras se enriquezcan grandemente dejando graves pasivos ambientales y escasos recursos en nuestro país. Gudynas dice que "entre los problemas ambientales más evidentes entre los países con gobiernos progresistas se pueden mencionar: la minería y la soja en la Argentina; la deforestación, la minería local informal, la toma ilegal de tierras, los monocultivos y diversas formas de contaminación en Brasil; la deforestación y la minería en Chile; la pérdida de áreas silvestres, la nueva minería y las represas en Bolivia; la minería, la extracción de petróleo y la deforestación en Ecuador; el uso de plaguicidas en Uruguay; y la minería, la deforestación y algunas obras de infraestructura en Venezuela". Por otro lado, resulta perfectamente válido el análisis y la denuncia vinculada al altísimo nivel de consumo que llevan adelante los países centrales, en especial EEUU. Renan Vega Cantor plantea que "un habitante de un país 'desarrollado' consume el doble de  grano y pescado, el triple de carne, nueve veces más papel y once veces más petróleo que un habitante de un país neocolonial"; luego agrega: "la deuda ecológica está relacionada con el racismo ecológico, ya que quienes más soportan los efectos de la devastación ambiental son los pobres, los campesinos, los indígenas, las mujeres humildes y los trabajadores". De esto se desprenden muchos interrogantes: ¿cómo se puede regular una economía de un país periférico cuando los precios de ciertas materias primas se disparan y comienza la presión del Capital para explotar esos bienes naturales?, ¿cómo puede generarse una crítica seria y fundada al consumo de los países 'desarrollados' si somos, justamente, los países 'no desarrollados' los que dejamos ingresar a sus empresas transnacionales para que exploten los bienes y los exporten a sus terruños? Siendo América Latina la zona del mundo en donde existe una mayor desigualdad social, ¿podemos darnos el lujo de dejar los bienes naturales intocados mientras nuestras sociedades viven en la pobreza? Luego -y siguiendo a Vega Cantor-, si permitimos el tipo de explotación que se desarrolla en la actualidad, ¿no continuamos condenando a los sectores más vulnerables a sufrir los embates de la deuda ecológica?

Como es fácil de observar, las preguntas planteadas son de dificilísima resolución. Sólo una revolución cultural que se desarrolle tanto en los países centrales como en los países periféricos y que ponga en cuestión las lógicas de explotación, consumo y relación con la naturaleza podrán marcarnos un camino que evite una catástrofe ambiental de imposible retorno.


9. Los cuatro tipos de bases militares que han sido desplegadas en América Latina son: a) las bases convencionales en donde se instala un número importante de tropas y permanecen allí durante un período de tiempo considerable; b) las bases de mediano tamaño con efectivos que se renuevan cada 6 meses y que poseen instalaciones que permiten misiones de largo alcance; c) las bases FOL (Forward Operating Locations) que están constituidas, básicamente, por una excelente pista de aterrizaje y en donde el personal es reducido. También poseen un sofisticado sistema de comunicaciones. (Por cierto, me cuento entre las personas que imaginaban que la mayoría de las bases eran como las “bases convencionales”; ha sido una sorpresa la aclaración que hiciera Atilio Boron con relación a que las FOLs son en realidad las más utilizadas en la actualidad). Y por último d) pequeñas bases que permiten pasar de una a otra base llevando suministros, cargamentos, etc. 

Lo cierto es que habría 72 bases militares desplegadas en América Latina y el Caribe. La dinámica de instalación o concesión de estas bases ha ido variando desde el “cierre” de la base de Manta en Ecuador hasta la cesión de 7 bases militares que Uribe le hiciera a Obama. Este último acuerdo tiene el agravante de incluir inmunidad diplomática para los efectivos norteamericanos al pisar tierra colombiana cuestión que hace tremendamente delicada la situación. Por otro lado, Panamá es otro de los países que cuenta con 7 bases a disponibilidad del Imperio. El “Plan Colombia” es una de las excusas utilizadas por EEUU para ocupar aquella zona, o sea, la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico (¿qué pasaría si se concretan las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano? ¿Qué si se controla el narcotráfico? ¿Acaso EEUU renunciaría a las posibilidades de estas bases?) La verdad es que existió un intento de desestabilización del gobierno bolivariano de Hugo Chávez (amén de la función que tuvo la base de Manta en 2002) que no pudo prosperar. La otra prioridad de EEUU en la región tiene que ver con el control sobre la Amazonía. Lo que hay que tener en cuenta aquí -representando una amenaza de primer orden- es que Venezuela se encuentra rodeada por 16 bases militares con influencia norteamericana, cuestión que debe preocupar al subcontinente en su conjunto. 


10. El ASPAN es un pacto que rige desde 2005 entre los países miembros del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o sea Canadá, EEUU y México. De lo que se trata es de una expansión de las fronteras del imperialismo en donde se busca “unificar” el movimiento económico y militar de la región lo que significa hegemonizar el espacio en beneficio de Norteamérica. Las fuerzas policiales mexicanas serían puestas al servicio de la “seguridad nacional” de EEUU y no pocas agencias federales –CIA, DEA, FBI- podrían penetrar en territorio canadiense y azteca. Como si esto fuera poco, no existe ningún tipo de documento firmado entre estos países que dé cuenta del efectivo compromiso entre ellos. Se trataría de combatir “amenazas comunes” o sea a “las organizaciones transnacionales del crimen organizado, el narcotráfico, el tráfico de armas, las actividades financieras ilícitas, el tráfico de divisas y la trata de personas”. Según lo expresa claramente Atilio Boron, las irregularidades que tiñen a este “pacto” resultan contrarias a cualquier lógica democrática y la cesión de soberanía que él representa sugiere una preocupante inestabilidad política y de seguridad para aquella región.


11. El “Acuerdo del Pacífico” fue firmado por Perú, México, Colombia y Chile. Los lineamientos generales coinciden con la propuesta hoy extinta del ALCA. El objetivo es controlar el Pacífico facilitando la circulación de bienes, capitales, personas, etc. Raúl Zibechi –al cual acude Boron para reforzar su argumentación- no duda en decir que se trata de un pacto contra el Mercosur, la UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano. Busca frenar a Brasil e incentivar la vocación exportadora de minerales de los países de la región, operando con grandes multinacionales. Sería importante retomar las palabras de la especialista Elsa Bruzzone cuando expresa que “la condición de posibilidad de los nuevos organismos regionales latinoamericanos y caribeños (que excluyen a Estados Unidos y a Canadá) exige que nuestros países abandonen masivamente la OEA, desahucien el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) [cuya inutilidad en la agresión del Reino Unido a Argentina quedó demostrada] y abandonen también la Junta Interamericana de Defensa”. También sería fundamental abandonar los ejercicios conjuntos con las fuerzas armadas de EEUU (¿durmiendo con el enemigo o admirando al hegemón militar?) y acelerar-profundizar el funcionamiento de la CELAC.


12. Los enfrentamientos entre Estados-nación de envergaduras militares medianamente similares raramente se han dado. La posibilidad de choque entre EEUU y la ex URSS no sucedió. Luego de la Segunda Guerra Mundial y a partir de la hegemonía que EEUU desplegó en el mundo, mudado el enemigo del “comunista” al “terrorista”, las doctrinas de seguridad que ha parido el imperialismo plantean enfrentamientos asimétricos en donde las FFAA estadounidenses se enfrentan a organizaciones no-estatales como son el caso, por ejemplos, de Al Qaeda o las FARC. En este punto me interesaría tomar algunas posiciones de Ana Esther Ceceña en donde se pone de manifiesto el hecho de que un manto de sospecha y persecución ha cubierto al Planeta Tierra. La calificación de “terrorista” es tan difusa que, efectivamente, un militante social que participa en algunas marchas puede ser catalogado de esa manera sin ningún problema (observemos lo que está sucediendo con las comunidades mapuches en Chile y la implementación de la Ley Antiterrorista por parte del gobierno de Piñera). Dice Ceceña: “Todo lo no incondicional es sospechoso, y la guerra, en este momento, es principalmente contra los sospechosos –susceptibles de ser detenidos en cualquier momento–, no contra los enemigos reales. La guerra preventiva moderna es una guerra que se adelanta a la necesidad de la guerra, que antecede a la amenaza para disuadirla. Es una guerra que fabrica al enemigo en prevención de un futuro conflictivo y que arrebata los derechos humanos y sociales a un colectivo universal de sospechosos. La sociedad misma se torna sospechosa de amenazar la seguridad y, en esa circunstancia, tiene que ser redimida.”

Los diseños del Pentágono son asumidos redondamente por los campos más cotizados del trabajo científico. Ceceña describe las fenomenales creaciones de nuestra bella sociedad disciplinaria: “un manejo de las transmisiones en el espacio y conocimientos sobre la vida en los límites (ver las investigaciones sobre seres extremófilos); experimentación con sistemas complejos de grupos vivientes, para prever o inducir su comportamiento; invisibilización de los mecanismos de vigilancia, investigación y control mediante su miniaturización (nano-robótica); producción de naves o tanques de guerra no tripulados; trabajo con sistemas de información instantáneos; emulación del funcionamiento cerebral –por lo menos de algunas funciones básicas– mediante sistemas de procesamiento informático (brain machine), creando “sinergias entre biología, tecnología de la información y micro/nanotecnología” (DARPA, 2003) Sin embargo, esto no viene solo. Miles de “Centros Culturales”, “organizaciones sociales”, “grupos ecologistas” y un largo etcétera son infiltrados por el Aparato Represivo, financiados desde EEUU y por organizaciones periféricas que combaten furibundamente todo aquello que vaya contra los intereses de la clase dominante. Los espacios están infectados por sujetos desalmados, inhumanos, conservadores, reaccionarios; hombres y mujeres que son simulaciones de hombres y mujeres (como aquel que se hacía llamar “Ángel” y que se infiltró en la organización “Madres de Plaza de Mayo” entregando a muchas de ellas a las fuerzas de la represión – por suerte, hoy está siendo juzgado). Hoy hay muchos de estos “ángeles” desparramados por las “organizaciones sociales” (¡y organizaciones sociales completas!) que se hacen pasar por “progresistas” cuando en realidad responden a los más oscuros intereses imperialistas y de la burguesía canalla. Lo cierto es que todo este sistema que reproduce la sospecha hasta el hartazgo no es otra cosa que el fracaso absoluto de un intento civilizatorio que quiso ser democrático-liberal en su gobierno y capitalista-neoliberal en su economía. Hoy más que nunca, la única forma de combatir la avanzada del imperialismo norteamericano y los cipayos periféricos es construir una sociedad post-capitalista que reconfigure por completo los mecanismos de represión y se dirija hacia mecanismo de liberación.


14. José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati proponen tres proyectos como una forma de explicar diversos procesos que se han dado y se dan en nuestro subcontinente. El primero es el denominado “neoliberalismo armado” (concepto tomado de Pablo González Casanova) que consiste en una profundización del modelo económico neoliberal que busca una mayor privatización de la extracción y el comercio de los bienes naturales a través de empresas transnacionales. La lógica de los Tratados de Libre Comercio (TLCs) impulsados por EEUU se inscribe dentro de este proyecto. El TLCAN incluye a México y Canadá. Luego hay TLCs con Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Perú (según CEPAL-2009, representan el 45% del PBI de América Latina y el Caribe). A esto hay que sumarle una serie de exigencias policíacas y militares de control de diverso tipo, siendo la situación más aberrante la ocupación que hiciera EEUU de Haití luego del terrible terremoto de 2010 (ya a partir de 2004 esta isla había sido ocupada por la MINUSTAH. Es preocupante que también participen de esta ocupación Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, etc.) 

El segundo proyecto es el “neodesarrollista” siendo Argentina y Brasil dos de sus más claros exponentes. Se trata de un tipo de regulación estatal sobre la economía que ha permitido una apropiación pública de la renta extraordinaria de la explotación de los bienes comunes, haciendo posible que ese dinero se destine a obras de infraestructura, industrias y políticas públicas para una redistribución del ingreso. Según los autores, este proyecto “no implica cuestionar o revertir el peso de la acumulación por desposesión ni el proceso de primarización de la economía y la inserción fundamental en el mercado mundial”. Se busca una primacía de la política por sobre los vaivenes del mercado capitalista.

El tercer y último proyecto ha sido bautizado como “socialismo del siglo XXI” o “socialismo comunitario”. Venezuela, Bolivia y Ecuador serían los 3 países que construyen este tipo de iniciativa. Sin embargo, no se estaría hablando exactamente de un gobierno, un partido político, un Estado o un conjunto de políticas públicas, sino más bien de las prácticas de los grupos subalternos, de una manera de construcción societal más allá del corsé institucional. Este proyecto implicó la nacionalización de las principales actividades vinculadas a los bienes naturales generando a partir de ello un tipo de reconstrucción del ingreso y una mejora en la distribución de las riquezas buscando habilitar un proceso de democratización creciente en estas sociedades.

Mientras el primer proyecto tiene una relación más cercana a la tríada imperial, el segundo y el tercero se vinculan más en la construcción de la ALBA (Alianza que incluye a muchos países centroamericanos que también participan del “primer proyecto”), el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC como organismos de desarrollo político, económico y cultural latinoamericanos.


14. La expresión “cambiemos el capitalismo, no el clima” tiene su base en la lucha de los movimientos y organizaciones sociales a la luz de lo que nuestros autores definen como “la revolución agraria neoliberal”. Esta revolución está relacionada con el agronegocio: la producción de soja, los biocombustibles, la producción de pasta de papel y la explotación de los recursos hidrocarburíferos. Es importante tener en cuenta aquí una serie de facilidades logísticas y económicas que explican con claridad el porqué de la expansión del agronegocio. En primer lugar, se ha difundido en todo el mundo el llamado “paquete tecnológico transgénico” que consiste en semillas genéticamente modificadas acompañadas del herbicida correspondiente, ambos productos vendidos por las transnacionales. En segundo término, la posibilidad que las transnacionales le dieron a los productores de pagar las semillas y los herbicidas al momento de la cosecha. Por último, el aumento de ciertos commodities y la creciente demanda internacional.

Es posible definir al proyecto neodesarrollista y su relación con los bienes naturales con la palabra “tensión”. Si algo ha logrado el neodesarrollismo –a diferencia del proyecto neoliberal- ha sido obtener una porción de la explotación y exportación de los bienes naturales ya sea por la vía de la nacionalización o por el camino del cobro de impuestos. Sin embargo, ha encontrado una serie de trabas puestas por los dueños de la tierra y las multinacionales, cuestión que, en Argentina, se vería perfectamente ejemplificado en lo que se llamó “el conflicto con el campo” en 2008. El intento por parte del gobierno nacional de aumentar las retenciones al sector agrario redundó en un viruleto lock out patronal. En relación a la minería hay que decir que Argentina aún se regula a partir de una legislación de la década del ’90 que le da excesivos beneficios a las empresas transnacionales del sector (no hace mucho en el programa “Argentina para armar” que se transmite por el canal de noticias TN, Horacio González –sociólogo, director de la Biblioteca Nacional e integrante de Carta Abierta- y Alejandro Katz –ensayista y editor- coincidieron en que esta legislación debe ser modificada. Apuntamos esto ya que nos parece pertinente resaltar que tanto sectores del oficialismo como opositores –o críticos- entienden que es una deuda pendiente del proyecto neodesarrollista argento). El texto “Estado y minería, el caso Vale” escrito por Noelia Navarro (1) es un análisis interesante en relación a cómo los cambios en los precios e insumos determinan las acciones de las transnacionales mineras (siempre en favor de mantener o aumentar la tasa de ganancia, nunca de los gobiernos nacionales y populares ni de los trabajadores).

También existe una tensión, una dicotomía entre “lo social” y “lo ambiental”. Según José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati, lo segundo quedaría subsumido en lo primero. Así, los proyectos neodesarrollistas priorizarían las mejoras a nivel social a partir de los impuestos y la generación de trabajo de la exportación y extracción de bienes naturales, aunque los conflictos ambientales no siempre serían bien atendidos. Por otra parte el proyecto denominado “socialismo del siglo XXI” o “socialismo comunitario” tiene también sus problemas en esta materia. El libro “Las tensiones creativas de la revolución” de Álvaro García Linera (2), aunque más abarcativo que lo que estamos tratando aquí, hace referencia a lo que podríamos llamar “convivencia capitalismo/socialismo” o sea la paciencia a partir de la cual hay un largo proceso de prácticas capitalistas que aún se desarrollarán hasta arribar a una sociedad post-capitalista.   




15. El imperialismo norteamericano se encuentra ante una crisis de importantes proporciones. Aunque en los últimos meses el nivel de desempleo ha disminuido durante mucho tiempo ese indicador no hizo más que subir. A fines de 2008 la crisis financiera complicó la situación de aquella nación provocando una serie de desalojos que multiplicó las carpas en los espacios públicos. Los homeless fueron noticia y el descontento general se plasmó en un grupo que tomó el nombre de Occupy Wall Street (a propósito de la bolsa de valores); con toda razón postulaban: “Somos el 99%” y queremos que el 1% más rico de este país se haga cargo de la crisis que ellos mismos generaron. 

Aunque su inversión en armamento y su poder militar no han dejado de aumentar, los acuerdos y relaciones de Estados Unidos con los países del mundo ya no son lo mismo que antaño. Por eso, no es tan fácil para el imperio imponer por la fuerza su voluntad. En la misma línea, tanto Irak como Afganistán se han transformado en dos “pantanos” porque no han logrado reorganizar esos países de la manera en que pensaban. La fuerte resistencia a la invasión que allí se experimenta sigue siendo un fracaso de la actitud guerrerista de la superpotencia. 

Por cierto que su crisis económica – que incluye una deuda externa sin precedentes- y la dificultad de mantener el consumo interno (elemento sustancial a la hora de estabilizar la totalidad de su economía) han hecho posible la aparición de otras naciones que le disputan su hegemonía en el mercado internacional. Tal es el caso de China, Alemania y, en menor grado, Brasil. En la medida en que EEUU depende de muchos bienes naturales y los países recién mencionados también los necesitan se provoca una crisis para el imperialismo que debe agudizar sus técnicas para conseguir lo que antes era prácticamente privativo de él. 
Crisis económica, crisis militar y crisis diplomática –que incluye la creación de la ALBA, UNASUR y CELAC- pueden ser tres de las crisis a destacar en este siglo XXI para EEUU.


16. América Latina y el Caribe se encuentran en una buena situación ante la disminución de la influencia de EEUU en la región. Aunque el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá, el Plan Mérida y no pocos TLCs están en funcionamiento; el reordenamiento que nuestro subcontinente ha tenido es notorio. A través de la presencia cada vez mayor de los movimientos sociales en los gobiernos, los esfuerzos de los proyectos neo-desarrollistas y del “socialismo del siglo XXI” hacia una redistribución de las riquezas y la confluencia que los países han tenido en espacios suprarregionales como la ALBA-TCP, UNASUR y CELAC -y el fortalecimiento del MERCOSUR con la reciente incorporación plena de Venezuela- se han conformado alternativas bastante interesantes habida cuenta de la crisis mundial del proyecto neoliberal que hoy afecta con más intensidad a Europa, en especial a España, Portugal, Italia, Islandia, Grecia y –recientemente- Chipre.

Es fundamental que los Estados logren una mayor participación en la economía nacionalizando todos los sectores estratégicos para el desarrollo de los pueblos. No se puede negar que el “socialismo del siglo XXI” y el neo-desarrollismo populista están dando buenas señales en la búsqueda no solo de una independencia sino de una emancipación de los poderes coloniales que desde siglos someten a Nuestra América. La condición de posibilidad para que esta emancipación sea posible se basa en la capacidad de los pueblos y sus gobernantes para hacerse de los resortes más sensibles de la economía, de los medios de producción indispensables que revierta la extranjerización de una industria y un sector de servicios (casi) históricamente colonial. Para llevar adelante semejante proyecto ya no basta con pensar en “humanizar” el capitalismo sino que es necesario pensar una sociedad post-capitalista dándole lugar a la invención constante de nuestros propios medios. Mal podríamos imaginar esta Otra Sociedad si nos quedáramos atados al poder imperial o al poder de las economías dominantes. Se trata de ya no depender de la tecnología del “centro”, ni de las prácticas militares conjuntas, ni de ningún tipo de vinculación que redunde en la duplica de la cultura dominante. Abandonar la lógica represiva imperial, las determinaciones del capitalismo salvaje y la violencia del capital financiero son algunos de los desafíos que los gobiernos progresistas de Nuestra América tienen por delante hacia la construcción de una sociedad digna de ser vivida, del “Buen Vivir” y el respeto por la Pacha Mama.







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