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jueves, 10 de noviembre de 2011

Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 13: Los posmodernos



Sumario

1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?
2 La historia, ¿un decurso necesario?
3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?
4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?


En este encuentro nos vamos a ocupar de las filosofías posmodernas del baqueteado, manoseado, ultrajado posmodernismo. Cualquiera cree saber qué es el posmodernismo, cualquiera le dice a uno: “mi película es posmoderna”, “yo respondo a una estética posmoderna”, “mi teatro es posmoderno”, “mi actuación es posmoderna”, “en esa galería exhibo mis cuadros posmodernos”, etc. Bueno, tienen suerte. Aquí le vamos a explicar qué es lo posmoderno.

La posmodernidad no tiene un punto de inicio. En principio analicemos la palabra, la palabra acude al prefijo “post”, o sea que la posmodernidad es algo que viene después de la modernidad. ¿Qué era la modernidad? Definamos rápidamente la modernidad: la historia la hace el hombre, es la etapa de la historia fuerte, de las acciones fuertes, de los imperativos fuertes y el hombre se compromete con la historia. Cuando decimos los imperativos fuertes estamos hablando en serio de los imperativos fuertes, por ejemplo: llevados al campo de América Latina e incluso de la Argentina, un imperativo fuerte sería “la patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”, o “Perón o muerte” o “Patria o muerte”. Ése es un imperativo fuerte. Estos imperativos han cambiado.

La filosofía posmoderna se convierte en una moda igual que el existencialismo, igual que el estructuralismo, y comienza a tener un auge muy potente después de la caída del Muro de Berlín que, a decir verdad, estas filosofías habían prefigurado. El libro iniciático de las filosofías posmodernas es un libro del fenomenólogo francés Jean-François Lyotard que se llama “La condición posmoderna”. En “La condición posmoderna” Lyotard empieza diciendo: esto es un análisis sobre el saber en las sociedades desarrolladas, y, a breves páginas concluye que en las sociedades desarrolladas es en donde se acumula más el saber; al acumularse más el saber, se acumula más el poder. Luego Lyotard tiene otro libro que fue comprado por muchos en la década del ’80 porque decían “aquí me aprendo la posmodernidad”, porque se llamaba –y en esto fue bastante maligno Lyotard- “La posmodernidad (explicada a los niños)”. Y el libro era espantosamente difícil, así que muchos de los que lo compraron lo llevaron de nuevo a la librería o lo tiraron por algún lado.

En “La posmodernidad (explicada a los niños)” Lyotard tiene un texto muy importante, axial, que se llama “Misiva sobre la historia universal”. Ahí va a enumerar los grandes relatos que se han impuesto hasta ese momento en la civilización occidental y va a decretar la muerte de los grandes relatos. De aquí, apresuradamente, muchos artistas, muchos cineastas van a deducir: “han muerto las historias, han muerto los relatos, han muerto las tramas, no narremos más”… apresuradamente. Pero, bue’, así ocurrió y nos hemos ligado bodrios inaguantables en los que no pasaba nada; no tiene por qué pasar algo en una película pero, si pasa algo, mejor que pase. Está bien, uno puede ver una película en la que no pasa nada pero no puede ver 10 quizás. La cuestión es que de postulaciones como “la muerte de los grandes relatos”, se crea una estética posmoderna que dice: “los relatos han muerto, las historias han muerto, no se puede narrar, las tramas han muerto”. 

Entonces, ¿qué significa esto de la muerte de los grandes relatos en Lyotard? Lyotard dice que hay 4 grandes relatos: el relato cristiano, que es el relato en el cual Dios manda a su hijo a sufrir y a morir por la redención de los hombres. Esa muerte genera la promesa divina. La promesa divina expresa, justamente, la promesa de que todos los hombres encontrarán el reino de los cielos y habrá entonces un espacio de plenitud. Este espacio de plenitud lo prometen todos los grandes relatos. El segundo gran relato es lo que Lyotard va a llamar “el relato marxista” que es un relato que Lyotard tiene mucho interés en hacer picadillo. Vamos a ver si lo consigue.


2 La historia, ¿un decurso necesario?


El otro gran relato al que Lyotard va a criticar y a tratar de destruir ya lo había hecho Michel Foucault. En realidad –voy a decirlo claro- yo creo que los posmodernos agregan muy poco a lo que había dicho Foucault, Lévi-Strauss, los estructuralistas, Louis Althusser, etc. Pero bueno, adelante, vamos a ver que hay cosas muy interesantes que dicen. 

Lyotard toma el gran relato marxista de la historia que lo hemos visto anteriormente. Esquemáticamente, consiste en  que la burguesía liquida al feudalismo y de la burguesía surge el proletariado y el proletariado derrota a la burguesía y establece el Estado de la plenitud. Aquí vemos de nuevo que el gran relato de la historia lleva a un nivel de plenitud en el cual ya no hay padecimientos. Es una promesa el gran relato. Es una promesa acerca de un destino inexorable de la humanidad de llegar a determinado momento en que ya no va a haber injusticias ni padecimientos.

El otro gran relato que analiza Jean-François Lyotard es el relato del Iluminismo, es el relato de Las Luces. El relato del Iluminismo, nosotros lo vimos también –son filósofos de segunda categoría en realidad, pero bueno, sigamos adelante. El relato del Iluminismo es aquel que con el surgimiento de la divinidad de la Razón durante las filosofías de la Revolución Francesa iniciadas por Kant y los Enciclopedistas, pone a la razón como Diosa de la historia. Entonces la Divina Razón va a ser la que va a llevar a todos los hombres a un mundo de profunda racionalidad en el cual ya no va a existir la irracionalidad. Este es un relato del triunfo del capitalismo. Este racionalismo capitalista es el que anuncia la burguesía capitalista del Iluminismo. 

Hay un relato capitalista que está basado en la economía. Está basado en el avance incontenible de la economía que implica una prosperidad para todos. El relato capitalista esencialmente dice que vamos a llegar a un momento de la historia en que la prosperidad va a ser para todos. Este es el gran relato capitalista.

En suma tenemos los 4 grandes relatos que Lyotard analiza. ¿Qué es lo común a todos ellos? Lo común a todos ellos es que expresan una visión teleológica de la historia. La palabra griega thelos implica “fin”, “finalidad”. Teleología es el estudio de los fines, o sea, que tienen una característica teleológica quiere decir que van hacia un fin. Estos grandes relatos de la historia marcan una teleología inevitable de algo que inevitablemente se va a cumplir, esto es una teleología: algo que va hacia su fin y no puede sino cumplirse. Estas son grandes interpretaciones de la historia para legitimar siempre algo. El gran relato marxista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la revolución del proletariado. Es esencial para llegar a la plenitud de la sociedad sin clases. El gran relato capitalista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la economía capitalista, de libre mercado, que es lo esencial para llegar a un estado de plenitud en el que va a alcanzar para todos. El relato Iluminista lo que legitima es la razón: vamos a llegar a un estadio racional en el cual todos vamos a ser plenamente felices. 

Estos son los grandes relatos y que están basados en lo siguiente: la historia tiene un devenir, un decurso necesario, la historia marcha necesariamente hacia un lugar de plenitud. Entonces hay aquí una interpretación metafísica de la historia. Metafísica quiere decir que dentro de los hechos históricos hay algo que se está expresando, que se está desarrollando, internamente a los hechos históricos, ésta es una interpretación metafísica. Porque lo que está dentro de un hecho no es físico, es metafísico, está más allá de lo físico, entonces son interpretaciones metafísicas de la historia contra las cuales Lyotard y todo el posmodernismo –y yo creo que, en este sentido, con gran sagacidad y con gran acierto- van a embestir.


3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?


Esta muerte de los grandes relatos qué es lo que implica, implica que hay pequeños relatos. Lo que va a postular la posmodernidad es el “no relato”, que es lo que en estética teatral, cinematográfica, narrativa o en música se ha utilizado. Voy a dar un ejemplo muy atractivo de la música del “no relato” que prefigura las estéticas posmodernas. Si las estéticas posmodernas hablan de la muerte de los grandes relatos, de la exaltación de los pequeños relatos o –en última instancia- del “no relato”, hubo un músico norteamericano que hizo una pieza absolutamente memorable que todavía se la sigue interpretando o se la tiene como el epítome de la música contemporánea. El compositor John Cage compuso una obra llamada 4’33” que consiste en lo siguiente: está el teatro lleno, hay un piano y hay un reloj sobre el piano. El pianista viene, se sienta, no toca el piano, mira el reloj, y cuando pasan 4’33’’ se levanta y saluda al público. El público aplaude y esa ha sido la sonata de John Cage en tres movimientos titulada 4’33’’.

La idea es absolutamente genial. Como idea genial se agota en sí misma pero es la idea del “no relato”. Es lo absoluto del “no relato”. Ahora, lo que van a hacer los posmodernos es que a la muerte de los grandes relatos le van a oponer la exaltación de los pequeños relatos. Entonces surge una fragmentación de la historia. Un caleidoscopismo. Y a esto Gianni Vattimo, un filósofo italiano que hace poco estuvo en la Argentina y que viene con cierta habitualidad a hablar de distintos temas filosóficos y de algunos temas personas que a mí, por lo menos, me importan un pito. Pero bueno, a él le gusta mucho hablar de eso. Prefiero que hable de temas filosóficos. Gianni Vattimo va a proponer una filosofía del dialecto. Como es un buen italiano, Italia es una hermosísima tierra y está caracterizada por una serie de pueblos y en los distintos pueblos hablan distintos dialectos. Entonces lo que dice Vattimo es que la historia es como el dialecto, son distintos dialectos que tienen que comunicarse entre sí pero no hay un gran dialecto como había en el gran relato. No hay un gran relato, hay dialectos, hay montones de dialectos que establecen comunicación, a veces se entiende, a veces no se entienden. Esa especie de fragmentación, de caleidoscopismo, de multiplicidad dionisíaca es la historia, porque la historia para los posmodernos –como para Foucault y para Nietzsche- es una multiplicidad de hechos. No es una historia única que se desarrolla dialécticamente como en Hegel y en Marx. Es una multiplicidad de hechos que cada uno tiene su centro en sí. Esto es muy importante y es muy valioso. Porque todo esto va a dar lugar al multiculturalismo, al respeto por los géneros diversos, al respeto por las etnias diversas, al respeto por todas las minorías, las minorías sexuales, las minorías raciales. Es por esto que Vattimo viene a la Argentina y como el posmodernismo tiene un enorme respeto por la particularidad, por la singularidad que él expresa que es la de su condición gay, habla –para mí- excesivamente de su condición gay. Pero él tiene todo el derecho del mundo de hablar de eso que para él debe ser muy constitutivo.

Efectivamente, esta multiplicidad da lugar al multiculturalismo. Respetemos al feminismo, respetemos a las mujeres, respetemos a los negros, respetemos a los gays, a las lesbianas, a todo lo que sea distinto. Hay una estética de la diferencia. Hay una exaltación de lo diferente. Y esto también está expresando la democracia liberal de mercado. No es casual que estos filósofos surjan y tengan un éxito poderosísimo luego de la caída del Muro de Berlín y también antes como preanunciando el triunfo del neoliberalismo. El mercado es una pluralidad de intentos dentro del campo económico. El mercado se ordena a sí mismo y la democracia es la pluralidad por excelencia en la cual todos los sujetos políticos de la democracia valen lo mismo y deben ser todos tratados con el mismo valor. Todo esto es un amplio movimiento que tiene que ver con la economía, con la historia, con el feminismo, con el respeto a los modos de sexualidad diferenciados y con el multiculturalismo que en este momento reina en las academias norteamericanas. 

Nosotros ya volvemos.


4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


En verdad, no estamos diciendo todas las cosas que querríamos decir pero vamos a profundizar y desarrollar muchos de los temas que hemos tratado más adelante. Por ahora estamos dando lo que consideramos esencial, lo que no puede no ser dicho de entrada pero hay análisis que vamos a hacer más adelante como el análisis que hace Foucault de “Las Meninas” –por ejemplo-, que es fundamental, el análisis que hace Baudrillard y Vattimo. Queremos entrar en ellos. Pero tenemos tiempo porque esto no va a terminar aquí. 

¿Qué es la crítica que se le puede hacer al posmodernismo? Las críticas más contundentes que se le han hecho es la de una excesiva deconstrucción de la historia. El posmodernismo deconstruye la historia porque también se hermana con Jacques Derrida, el campeón de la deconstrucción. Y Jacques Derrida es un discípulo directo de Heidegger y en Heidegger está el concepto de destrucción. Todo esto viene de Heidegger. Por eso Heidegger es el filósofo más importante de la filosofía contemporánea, porque los ha marcado a todos, porque le han robado todo a Heidegger. El concepto de deconstrucción viene del concepto de destrucción heideggeriano. Y como verán, lo que hacen los posmodernos es deconstruir la historia, partiendo de la totalización de la historia que hay en Marx, que hay en Hegel e incluso que hay en la “Crítica de la razón dialéctica” de Sartre (que es un monumento genial a la destotalización de las totalizaciones - o sea que habría evitado la necesidad de la deconstrucción). Pero la deconstrucción viene para mostrar que la historia está absolutamente fragmentada, la historia es como un caleidoscopio, la historia es una multiplicidad. Entonces nos preguntamos: ¿cómo vamos a transformar la historia si la historia es un caos vertiginoso de multiplicidades que no podemos comprender? (porque esas multiplicidades terminan por marearnos).

Lo que uno les dice a los posmodernos es: bueno, chicos, paren la pelota. Acá hay que hacer, aunque sea, síntesis parciales. Acá hay persistencias históricas. No hay una linealidad histórica pero evidentemente hay persistencias históricas, hay conexiones históricas, hay síntesis históricas y –como diría Sartre- hay totalizaciones históricas que se destotalizan y que dan lugar a otras totalizaciones que también se destotalizan. Y la historia es un juego constante de totalización, destotalización, retotalización. Es muy compleja la historia, por supuesto, la historia está ocurriendo en América Latina, en Estado Unidos, en Europa, en el Islam, etc. Y el golpe al posmodernismo se lo da justamente el imperio que ampara a las academias en las cuales el posmodernismo triunfa: el imperio norteamericano, con la idea de la globalización.

De pronto, un día, los teóricos del Pentágono amanecen y dicen: muchachos, el imperio necesita globalizarse. Y alguno dirá: eh, pero los posmodernos se van a enojar porque los posmodernos están hablando constantemente contra la idea de una globalización, están exaltando lo fragmentario, de ahí deducen el mercado, de ahí deducen la democracia liberal de mercado… No, no, no. Hay que globalizar, esto es un imperio y necesitamos globalizar. Pero, lo peor, es que hace su aparición en la escena el -hasta ahora- malo de la película: el Oriente. Hegel había dicho: el Oriente va a dormir, siempre, eternamente, su siesta, porque está fuera de la historia. Sin embargo, de ahí, de ese territorio negado, desconocido para Occidente, llega el atentado a las Torres Gemelas. El atentado a las Torres Gemelas barre con la fragmentación posmoderna porque establece un acontecimiento universal, porque expresa que hay hechos que son universales. Ahí la diversidad, la fragmentación, la caleidoscopización murió: hay un hecho universal.
Entonces, los posmodernos empiezan un eclipse ya sin retorno, salvo en algunos que más o menos quizás duren pero el siglo XXI acaba con ellos, porque el siglo XXI lo que está mostrando es que el belicismo necesita totalizar. Y que la lucha es lucha de civilizaciones, tal como lo dice Samuel Huntington en su libro “El choque de civilizaciones”. Si hay choque de las civilizaciones nosotros tenemos, en principio, las dos civilizaciones que Huntington plantea: el Islam y el Occidente. Lo Uno y lo Uno. Y aparecen los fundamentalismos. Los fundamentalismos son la negación de los pluralismos. Todo fundamentalismo es la exaltación de “una verdad”. El fundamentalismo islámico es la exaltación de la palabra de Alá y el fundamentalismo Occidental es la exaltación del cristianismo Occidental, de Dios. Y Bush en una de sus frases más excepcionales dice: “Dios no es neutral. Dios está con nosotros”. O sea, hay un exceso de religión bélica en el siglo XXI. Murieron todas las pluralidades. Hay fundamentalismos religiosos por todas partes, todos están armados con bombas atómicas, resurge China, resurge Rusia, Pakistán, Corea, tienen bombas atómicas. Hay una multipolaridad nuclear pre-apocalíptica. Así yo califico a este momento de la historia. Lamento que no sea una visión muy optimista, pero tampoco podemos regalar caramelos.

Este momento es un momento en el cual cualquiera puede apretar un botón. Ya no es la Guerra Fría, la bipolaridad: la Unión Soviética y Estados Unidos. No. Hay un montón de irracionales, imprudentes, armados hasta los dientes con ojivas nucleares.

Vamos a profundizar todo esto, sobre todo la entrada en el siglo XXI. Este choque de civilizaciones y el terrorismo. El terrorismo es un tremendo totalizador.



Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.



         
  

Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 12: Foucault II



Filosofía aquí y ahora II - José Pablo Feinmann


Sumario

1 ¿Qué es el poder pastoral?
2 ¿Cómo entiende Foucault la historia?
3 La historia, ¿un campo de batalla?
4 ¿Es inexplicable el hombre que se rebela?


1 ¿Qué es el poder pastoral?


Uno de los conceptos fundamentales de Michel Foucault es el de “poder pastoral”. De algún modo sospecho que debido a sus intensivas lecturas de Heidegger, proviene de la famosa fórmula que Heidegger elabora en su “Carta sobre el humanismo” en la que dice: “el lenguaje es la morada del ser y el hombre es su pastor”. Aquí aparece la idea del hombre y el pastor. Lo que va a hacer Foucault es decir que el poder es el pastor del hombre. ¿Esto qué significa? ¿Qué hace un pastor? Un pastor guía a su manada. ¿Qué es un pastor? Es el dueño de la manada. En consecuencia lo que hace el pastor es ser el dueño de la manada y guiar la manada. Lo que va a hacer el poder pastoral es justamente eso.
¿Por qué lo llama poder pastoral? Porque la Iglesia, el poder de la Iglesia Católica, ese poder instituido, poderoso, que la Iglesia en tanto institución levanta luego de la muerte de Cristo y de los apóstoles, pasa a transformarse en un Estado-Institución. Y ahí lo que la Iglesia requiere es que los pecadores –somos todos pecadores- para saldar, para limpiar, sus pecados, se los confiesen al cura. Esto es lo que se llama “la confesión”. Entonces el pecador va al confesionario y le confiesa al cura todos sus pecados. ¿Qué es lo que aparece aquí? Aparece un poder que el cura tiene sobre el pecador, porque el cura conoce los pecados del pecador y el pecador no conoce los pecados del cura. La relación es que el cura es el poder eclesiástico, el poder pastoral, y ese poder pastoral controla a los hombres a través del temor a Dios y de la confesión. ¿Por qué se produce la confesión? La confesión se produce porque le temo a Dios. Y si le temo a Dios temo que Dios me castigue por mis pecados. Y si Dios me castiga por mis pecados, debo confesar estos pecados. Y para confesar estos pecados tengo que ir al confesionario. Entonces ahí instauro al cura que oye mis pecados como aquel que tiene poder sobre mí. Esto es el poder pastoral. 

Ahora, lo que va a decir Foucault, que este poder pastoral que se extiende a lo largo de toda la Edad Media y que es el poder controlador de la Iglesia sobre los hombres se va a prolongar en el Estado moderno. El Estado moderno es el que comienza a ejercer ahora el poder pastoral. Podemos preguntarnos: ¿cómo?, si el Estado moderno no tiene curas, no tiene sacerdotes, no hay confesión. No es así - va a decir Foucault. Usted cuando va al médico le confiesa todo al médico, el médico le puede preguntar lo que quiera y usted va a tener la tendencia de contestarle todo –salvo que le haga una pregunta disparatada o terriblemente íntima que a usted lo avergüence-; pero va al médico a confesarse. A confesar sus problemas físicos, de salud, pero ahí ya hay una relación de desigualdad. La relación medicina-paciente es una relación que instaura al médico por encima del paciente. La relación psiquiatra-loco hace del loco un dependiente del psiquiatra. El psiquiatra se arroga para sí el poder de la razón: yo tengo la razón, vos estás loco, yo te voy a curar. Lo cual, para Foucault, es yo te voy a controlar. Yo te voy a dominar. Es otra forma del poder pastoral. 

Lo mismo el policía. El policía que arresta a un delincuente le está diciendo: yo soy la ley, vos sos el que ha violado la ley. Yo tengo más poder que vos y contame por qué violaste la ley. Hay toda una serie de instituciones ¡Ni hablar de la escuela! La maestra qué le dice a los alumnos: ésta es la verdad, les voy a enseñar la verdad. ¿Y qué les enseña? La verdad que está en los libros de enseñanza. Y los libros de enseñanza qué dicen. Dicen la verdad del poder. La verdad que ha dicho el poder a lo largo de los tiempos. Si analizamos nuestros libros de enseñanzas vamos a ver que dicen lo mismo, no sé, desde hace 100 años por lo menos. Y ese es un poder pastoral: el maestro es el pastor de sus alumnos. Y el pastor de esos alumnos les transmite a esos alumnos la ideología del poder. Y si esto intenta ser transgredido, esto sí que es llamado subversión ideológica porque la visión de la historia es una sola y es la que dice el maestro en la clase y esa visión es la visión del poder y ese poder es el poder pastoral. 

Volvemos.


2 ¿Cómo entiende Foucault la historia?


Acá sí que entramos en una cuestión profunda, densa. Michel Foucault es un historiador, un analista del devenir histórico (que para él no va a existir). El devenir histórico como una cosa lineal que se va desarrollando, no existe. Lo que existe para Foucault es una discontinuidad en la historia. La historia no es un continuo, sino que es una discontinuidad. ¿A quién se está oponiendo? Se está oponiendo al historicismo de Hegel. Nosotros en estos encuentros hemos analizado la visión de la historia en Hegel. Una visión de la historia que consistía en decir que la historia tenía un desarrollo dialéctico interno y necesario. Ese desarrollo dialéctico era en donde el sujeto absoluto iba tomando –a través de ese desarrollo- conciencia de sí, hasta llegar a la autoconciencia total que ocurría en la filosofía de Hegel. Esa toma de la conciencia de sí del Sujeto Absoluto tiene una continuidad sustancial. (Esto lo va a decir muy bien el filósofo Louis Althusser que va a caracterizar la concepción filosófica de Hegel como la de una continuidad sustancial) ¿Cuál es esta sustancia que constantemente avanza contradictoriamente, dialécticamente en Hegel? Bueno, es la sustancia que constituye la historia. Y la historia es la historia del Sujeto Absoluto. 

En Marx, que toma –en mi concepto- muy acríticamente la dialéctica hegeliana, aunque se diga que la pone cabeza bajo, no es así. Marx hace –con perdón de los marxistas- una metafísica de la historia. Estos son para mí los costados más endebles de Marx y justamente son aquellos en los cuales la Academia Soviética insistió más en desarrollar. Lo que hace Marx es decir que la historia es dialéctica, que la historia tiene una linealidad que no se detiene y que esta linealidad es dialéctica: es decir que hay una afirmación, una negación de esa afirmación, una negación de la negación y una nueva afirmación que contiene a los contrarios anteriores. Entonces, la dialéctica le permite decir a Marx que de la negación que hace la burguesía del feudalismo surge el proletariado. O sea que del triunfo de la burguesía surge el proletariado. Y que el proletariado, violentamente –va a decir Marx- va a aniquilar a la burguesía y va a establecer finalmente una sociedad sin clases donde habrá una gran plenitud, el lobo dormirá junto al cordero, habrá una gran libertad y no habrá explotación del hombre sobre el hombre. Como vemos, todo esto se hizo trizas. Ni el proletariado enterró a la burguesía, más bien parece al contrario que la burguesía hubiera enterrado al proletariado, y no vemos un horizonte de plenitud en el cual el lobo duerma junto al cordero y seamos todos libres, sino que vemos un horizonte apocalíptico prácticamente.

Lo fundamental es que se trata de una metafísica de la historia. ¿Por qué metafísica de la historia? Porque es un ordenamiento de los hechos históricos considerando que internamente a los hechos históricos se va desarrollando una necesidad. En Marx, la necesidad que el proletariado derrote a la burguesía e instaure una sociedad sin clases.
Aunque lo había hecho Sartre - ojo, hay que leer la “Crítica de la razón dialéctica”. Sartre ya había dado una concepción de la dialéctica que no tenía como presupuesto la “linealidad interna necesaria”, lo que vamos a llamar de aquí en adelante el decurso histórico-; es Foucault el que efectivamente cuestiona esto con mayor eficacia. Entonces Foucault dice que todas estas son metafísicas de la historia. Que la historia no tiene un devenir necesario ni lineal. Que no tiene un decurso necesario lineal sino que la historia es una discontinuidad permanente. Y esto le permite decir que él no hace una metafísica de la historia porque él se basa en Nietzsche; y Nietzsche tiene un texto que pueden leer porque es un enorme placer leerlo y se llama la “Segunda consideración intempestiva” (1874), que se consigue fácilmente, Ediciones del Zorzal –esto no es un chivo-, es un pequeño librito así, barato, y así se puede leer la “Segunda consideración intempestiva” de Nietzsche. Donde Nietzsche genialmente dice: ¡qué es esto! Qué es esto de una historia lineal, racional, que marcha alegremente hacia el futuro en medio de contradicciones pero siempre linealmente. Esto es un dinosaurio. No es la historia. Esto es materia bastarda para los historiadores idiotas. Más o menos es lo que dice Nietzsche. 


3 La historia, ¿un campo de batalla?


La concepción foucaultiana de la historia está expresada en una famosa conferencia que dio Foucault acerca de “Nietzsche y la genealogía”. Ya Hegel, en el prefacio de la “Fenomenología del espíritu” (1807), un texto fenomenal de la Filosofía, que nosotros lo analizamos en otros encuentros, tiene una fórmula que dice: “la verdad es el delirio báquico en el que cada miembro se entrega a la embriaguez”. Que concepción tan dionisíaca de la verdad, es decir la verdad no es una cosa fija: “esa es la verdad”. No, aquí no hay cosas fijas. Porque en la Edad Media, cuando el hombre era esclavo de la divinidad, efectivamente, al hombre el estamento sacerdotal le decía: ésta es la verdad. Le decía a Galileo: no señor Galileo, ésta es la verdad. El Sol gira alrededor de la Tierra. No –decía Galileo- no es así. Mire, una palabra más y lo quemamos como a Giordano Bruno. A no, tienen razón –decía Galileo. 

Esta concepción verticalista de la verdad es poner a la verdad como lo Uno. “La verdad es el delirio báquico en el que cada miembro se entrega a la embriaguez” quiere decir que la verdad no es lo Uno, sino que la verdad es lo múltiple. La verdad es el choque de las distintas verdades. La verdad es guerra. El conocimiento es guerra –va a decir Foucault. La estructura foucaultiana es una estructura estratégica en la cual “no hay sujetos, hay luchas”. A ver si esto está claro, ojo, es muy importante: no hay sujetos, hay luchas, hay colisiones, hay odio, hay enfrentamientos de distintas verdades sobre los hechos históricos. En  consecuencia, hay muchos hechos históricos. No hay una línea interna racional de la historia. Es lo que habíamos visto también con Walter Benjamin y las “Tesis sobre filosofía de la historia”, cuando el Angelus novus se da vuelta y mira al pasado, y Benjamin dice: cuando el Angelus novus, el ángel de la historia, mira al pasado, no ve una cadena de hechos racionales dialécticamente encadenados, ve un paisaje de ruinas. Y esto es lo que está diciendo Foucault. Yo veo, si no un paisaje de ruinas, un paisaje de luchas, de luchas de conocimiento, de odio entre aquellos que poseen los distintos conocimientos, de fuerzas para imponer mi conocimiento al conocimiento del otro. 

Entonces, en este campo de batalla por el dominio de la verdad, lo que hace Foucault es seguir analizando el poder. El poder es el que consigue vencer en esta lucha de las distintas interpretaciones de la realidad. Hay una enorme multiplicidad, esa es la historia para Foucault. Una enorme multiplicidad de agentes de la historia, de factores de poder de la historia, de elementos estratégicos de la historia que colisionan entre sí y la lucha es por establecer cada uno de ellos su verdad como “la verdad”. Ahí es donde el poder triunfa.
Esta concepción de la historia es una concepción un tanto caótica de la historia, incluso Foucault quiso ser aceptado en la Academia de la Historia en Francia y no lo aceptaron porque dijeron: nosotros tenemos muchos reparos con su epistemología. Y claro, qué es lo que quieren los historiadores, quieren hacer la historia contemporánea: la revolución francesa, el surgimiento de la industria en Inglaterra, la Comuna de París, Napoleón el pequeño, la Unidad alemana, la Unidad italiana,  etc. ¿Qué hay ahí? El historiador triunfa porque tiene una linealidad para explicar, todo está claro. No –dice Foucault. La historia no es así. La historia no hay que explicarla a través de esos grandes hechos protagónicos de la historia sino que la historia está en las pequeñas luchas también que son las que van a definir ese transcurso de la historia que nunca es lineal. Siempre hay un avance, un retroceso, una lateralización, otra lateralización. Es un complejo de enormes multiplicidades que cuesta mucho entender. 

Ahora, la pregunta es: ¿cómo actúo yo políticamente en medio de una multiplicidad de hechos que no puedo entender? Porque para actuar políticamente sobre la realidad alguna síntesis tengo que poder hacer, si no, yo también me vuelvo loco, entro en el dionisismo y me emborracho y no puedo actuar sobre la realidad. O sea que vamos a ver que nos propone Foucault para actuar sobre la realidad y contra el poder.


4 ¿Es inexplicable el hombre que se rebela?


Foucault anticipa muchísimo a los posmodernos en esta idea de la enorme fragmentación de la historia y los anticipa porque les da letra (es 20.000 veces más pensador Foucault que todos los posmodernos juntos). Entonces, Foucault inventa  esto que toma de Nietzsche, de la multiplicidad de hechos de la historia. Pero lo que uno le cuestiona es: para la praxis política, para la acción política, qué se hace para la posible rebelión contra ese poder (nosotros no podemos hundirnos en el vértigo multiplicador de la historia sino que tenemos, por lo menos, que unir A con B y después relacionar B con C, y actuar en consecuencia. Realizar ciertas  síntesis que nos permitan actuar sobre esa realidad). 

Foucault va a llegar muy muy tarde a conceder la posibilidad de la rebelión contra el poder. Su fórmula “donde hay poder, hay resistencia al poder” recién va a comenzar a ser respondida a fines de los años ’70 en sus clases del College de  France y el concepto más interesante que va a elaborar es el de “contraconducta”: a las conductas del poder hay contraconductas de los sometidos al poder. No es mucho, pero le pasó algo a él, y esto es muy conmovedor. El diario L’Osservatore Romano lo envía a Foucault a Irán para que haga una serie de notas sobre la rebelión del pueblo iraní que quería sacarlo al Sah y traerlo al Ayatollah Jomeini. En ese momento Foucault no sabía quién era el Ayatollah Jomeini, no sabía que iba a ser un carnicero, era lo que pedían las masas. Y el Sah era un aliado del occidente capitalista burgués que esas masas querían echar. 

Entonces llega allí Michel Foucault y ve a las masas iraníes marchar contra los soldados armados del Sah con las manos vacías. Escribe una nota excepcional que se llama “La rebelión de las manos vacías” y se pregunta: ¿qué es lo que hace que un hombre se rebele? El hombre que se rebela es inexplicable –va a decir Foucault. Entonces, uno le diría: querido Michel, el hombre que se rebela es inexplicable para usted porque usted lo hizo inexplicable. Porque usted al quitarle la subjetividad, al transformar la historia en un caos, vuelve imposible la asunción de un sujeto de sí mismo, su furia y su unión con otro compañeros –en este caso las masas iraníes- y la rebelión contra el poder.

En Marx, siempre fue posible la rebelión. El sujeto en Marx es La Comuna de París. La Comuna de París que se alza en armas contra el poder del ministro Thiers y contra el poder prusiano de Bismarck. La Comuna de París es el sujeto en acción. ¿Cómo si no se rebeló La Comuna de París? ¿Cómo si no se rebelan las masas iraníes? Quiere decir que algo han podido superar de ese condicionamiento terrible del poder. En algún momento dijeron: no, queremos otra cosa, y arriesgamos nuestra vida contra los fusiles del poder. Entonces Foucault se pregunta algo que Sartre había respondido. Sartre dijo que el hombre va a ser libre siempre, aún en el último socavón, en el último abismo de su enajenación, hay un resto de libertad que siempre le va a permitir rebelarse. Esa es la filosofía política de Sartre, esencial. El hombre es siempre libertad, aún cuando sea un poquitito de libertad, de esa libertad puede surgir la rebelión. Y en Marx el hombre debe rebelarse.

En Foucault, esta rebelión de las masas iraníes le provoca la visión –efectivamente- de unas masas que se están sublevando. Dice: “el hombre que se rebela es inexplicable”. Bueno, puede ser –para mí no puede ser, pero pensémoslo desde el lado de Foucault-, porque el hombre está condicionado por: el lugar donde nace, por el inconsciente, por el lenguaje, por la semiología, por la lingüística, por Ferdinand de Saussure, por la antropología de Lévi-Strauss, por el lenguaje lacaniano que nunca termina por encontrar el sujeto. El hombre está condicionado por todo eso y, quizás, por todo eso una rebelión resulte inexplicable. Bueno, si es así, nosotros vamos a tener que ser inexplicables. Porque si nos volvemos explicables, tan explicables, nos vamos a volver pasivos, vamos a ser una cosa de estudio de las distintas disciplinas del saber humano –como bien lo ha dicho Foucault-. Para no ser eso, necesitamos confiar en que siempre existe la posibilidad de la rebelión, aunque sea inexplicable. Aunque sea inexplicable, hay que tornarla explicable con la acción de esa rebelión que es lo que vio Foucault en las masas iraníes, con las manos vacías, enfrentando los fusiles del ejército del Sah. 

Esto que le pasó a Foucault fue muy positivo para él y murió –pobrecito- de SIDA a comienzos de los años ’80 cuando justamente empezaba a desarrollar brillantemente –como siempre- a través de estudios sobre la sexualidad, estos temas de la resistencia al poder. 

Honra a Michel Foucault del modo que sea.

Gracias.


Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.







  

sábado, 5 de noviembre de 2011

Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 11: Foucault






Sumario


1 ¿El hombre ha muerto?
2 Si el hombre ha muerto, ¿quién está en las calles?
3 ¿Por qué escribe Foucault una historia de la locura?
4 ¿Cómo logra el poder imponer su verdad?

1 ¿El hombre ha muerto?

Vamos hacia el encuentro de Michel Foucault. Michel Foucault es la gran estrella del pensamiento francés que surge a mediados de la década del ’60. Como gran estrella del pensamiento francés, también se presenta como el sucesor de Jean Paul Sartre que lo había sido en los finales de la década del ’40 y durante toda la década del ’50. Comienza aquí, entonces, el pensamiento estructuralista. El puntapié inicial del pensamiento estructuralista lo había dado Claude Lévi-Strauss con dos obras fundamentales como “El pensamiento salvaje” y “Antropología estructural”. Ninguno de los estructuralistas va a estar satisfecho o contento cuando le digan “estructuralista” salvo, quizá, Lévi-Strauss que nunca renegó de ese concepto.

La aparición de Michel Foucault es una aparición espectacular realmente y lo hace con un libro que tiene un enorme éxito y que es “Las palabras y las cosas”. Vamos a ir al grano: la fórmula que trae “Las palabras y las cosas” –basándose un poco en Nietzsche- es “el hombre ha muerto”, frase que puede despertar nuestra curiosidad, indudablemente. Para eso la elabora Foucault, para despertar la curiosidad de los lectores y que lean su libro. Foucault es un seguidor de Nietzsche, y de Nietzsche a través de la lectura que Heidegger hace de Nietzsche. Foucault dice que leyó a Heidegger en 1951 y que tiene miles de páginas de Heidegger marcadas, señaladas, escritas en los márgenes, etc. 

La idea de la muerte del hombre es paralela al concepto de Nietzsche de la muerte de Dios. “Si ha muerto Dios, ahora muere el hombre”. ¿En qué sentido muere el hombre? Esto es realmente complejo. Lo que se propone hacer Foucault, lo que se propone hacer el estructuralismo es salir del sujeto. Ese sujeto que Descartes en 1637 pone ahí, en la centralidad, como punto de partida epistemológico único, el ego cogito ergo sum (el “yo pienso”); ese sujeto centralizado, ese sujeto que domina todo el conocimiento y toda la realidad va a ser cuestionado por Foucault que va a decir: “el sujeto no está en el centro ni domina la realidad”. El sujeto, por el contrario, pertenece a lo que Foucault va a llamar la trama histórica. Está en algún lugar de la trama histórica pero no es un sujeto constituyente de la realidad sino que es un sujeto constituido por las relaciones de la estructura.
O sea, lo que viene a hacer Foucault es sacar el sujeto de la centralidad donde lo había puesto Descartes -y donde Foucault dice que lo mantuvo Sartre- para ponerlo dentro de la “estructura estructuralista”. Entonces, yo voy a decir desde ahora lo que hacen estos pensadores franceses: es seguir a Heidegger. Lo que hace el “segundo Heidegger” es una crítica despiadada a Descartes y lo hace en sus dos tomos sobre Nietzsche -en los seminarios que da sobre Nietzsche de 1935 a 1940- en los que dice que Descartes hace una antropología, es decir un estudio del hombre. Es el hombre el que Descartes pone en la centralidad. Ese hombre puesto en la centralidad –va a decir Heidegger- es el hombre que olvida al ser y se dedica a la conquista de los entes

Entonces, lo que hace el pensamiento francés es salir del sujeto para poder entrar en Heidegger. Lo voy a explicar bien (esto es tal vez un poco lateral, pero muy importante): el pensamiento francés a mediados de los años 60 veía ya claramente –y esto está en un texto de Derrida: “Espectros de Marx”- la caída del marxismo, la caída de la URSS. En realidad, Jacques Derrida dice en “Espectros de Marx”: nosotros, ya desde los juicios de Moscú y desde Hungría –ni siquiera necesitamos esperar a la primavera de Praga- veíamos que la URSS se caía y que el marxismo no nos servía más como instrumento de conocimiento de la realidad. Entonces necesitan una crítica a la modernidad capitalista que no provenga de Marx y la encuentran en Heidegger. Heidegger, efectivamente, es uno de los más grandes críticos de la modernidad capitalista en tanto técnica apropiadora de los entes, de los objetos, de la realidad. Lo toman a Heidegger pero, para tomarlo a Heidegger, tienen que adaptarse a él porque Heidegger es el filósofo que liquida al sujeto porque va a decir: esta apropiación que hace el ente antropológico de la realidad no es el sujeto que constituye la realidad, sino que la realidad es ahora apropiada por la técnica del sujeto. Esto va a quedar claro en el próximo bloque.


 2 Si el hombre ha muerto, ¿quién está en las calles?


En resumen, el pensamiento francés quiere salir de Marx y quiere salir de Sartre, críticos de la modernidad capitalista. Encuentran otros críticos de la modernidad capitalista, en realidad 2: Nietzsche y Heidegger. Los dos habían abominado de la modernidad capitalista. Heidegger había dicho que esa modernidad capitalista que comienza en Descartes poniendo al sujeto en la centralidad, había olvidado al ser y se había concentrado en la conquista de los objetos, de los entes, se había perdido en eso (al contrario de los griegos). Los griegos no partían del sujeto, los griegos estaban en estado de abierto con el ser y tenían una relación de encuentro con el ser –algo que mucho más tarde Heidegger le va a poner un nombre “Ereignis”, un momento en el cual el hombre se encuentra en la plenitud del ser. Esto se pierde en Descartes. El sujeto muere en Heidegger y Foucault también dice hay que terminar con el sujeto como punto de partida epistemológico. Entonces, lo que vamos a poner en el centro ahora es la estructura y al sujeto lo vamos a poner dentro de la estructura. Para salir de Heidegger, había que poner al sujeto dentro de la estructura y someterlo a infinidad de determinaciones. 

Sin embargo, “Las palabras y las cosas” y la fórmula “el hombre ha muerto” no tiene fortuna inicialmente porque Foucault publica en 1966 su libro y en mayo de 1968 ocurre el mayo francés. Entonces, si el hombre ha muerto, ¿cómo vamos a hacer el mayo francés? –dicen los estudiantes. Y dicen una frase memorable dirigida a los estructuralistas: “las estructuras no bajan a la calle”. Las estructuras no salen a la calle, los que salen a la calle son los sujetos y esto: ¿a quién trae de vuelta al primer plano de la escena filosófica-política en Francia durante el mayo francés?: al ya veterano Jean Paul Sartre. Es decir al filósofo del sujeto libre que con su praxis hace la historia. 

En el teatro Odeón donde se concentran todos los estudiantes que están haciendo el mayo francés, como gran honor al único pensador al que llaman a hablar es al ya veterano Sartre que va muy gustoso, se dispone a hablar, y un estudiante le pasa un papelito que dice: “Sartre, no nos des la lata que después tenemos que planificar lo que vamos a hacer mañana”. No sé cómo le habrá caído a Sartre que le dijeran “no nos des la lata”, pero esto era todo lo que iban aceptar los estudiantes franceses de parte de sus filósofos.

Foucault tampoco entró cabida aquí en la Argentina. Porque ustedes imaginen lo que pasaba en la Argentina y en América Latina, el “Che” proponía “el hombre nuevo”, se hablaba del nuevo hombre. Se vivía un estado revolucionario en toda América Latina a través de las guerrillas latinoamericanas que requerían a un hombre nuevo dispuesto a darlo todo, a dar su vida, a entregar todo lo que pudiera entregar. Por eso la fórmula de Foucault tardó mucho en entrar. 

Ahora bien, “Las palabras y las cosas” no tanto, pero el libro que más entró aquí de Foucault –es el segundo gran libro del autor- fue “Vigilar y castigar” que es un libro sobre las prisiones, en el cual Foucault analiza lo que él va a llamar las sociedades disciplinarias. Voy a decirlo contundentemente: Foucault es un brillante analista del poder. No ha habido quizá un analista del poder más brillante y exhaustivo que Foucault. Lo único que le costó mucho explicar es cómo uno se resiste al poder. Foucault lanza una fórmula: “donde hay poder, hay resistencia al poder”, ahora, se pasa mucho, demasiados años explicando el poder, y la resistencia al poder no aparece nunca. Incluso sus discípulos hacia 1978, 79, le dicen: bueno Michel, ¿cómo nos resistimos a este poder que describiste durante tantos años con tanta plenitud?

¿Cómo describe Michel Foucault el poder? ¿Cuáles son los poderes de los que se ocupa? El poder, para Foucault, va a ser el poder de la razón. Lo que usa el poder es la razón. Entonces la crítica que va a hacer Foucault no es nada nuevo en este sentido, porque ya vimos que Adorno y Horkheimer en “Dialéctica de la Ilustración” criticaban a lo que llamaban “razón instrumental”, a esa razón que venía del Iluminismo como Diosa Razón y se transformaba en razón instrumental para dominar la naturaleza y los hombres y finalmente su aplicación más macabra ocurría en Auschwitz. Ahí entonces Michel Foucault se basa en ese texto de Adorno y Horkheimer, se basa también en la concepción que tiene Heidegger de la razón y va a desarrollar su propia concepción de la razón en dos libros fundamentales: “Historia de la locura en la época clásica” (1961) y “Vigilar y castigar” (1975).     

   
3 ¿Por qué escribe Foucault una historia de la locura?


No hay libro que Foucault escriba que no tenga una clara finalidad. La finalidad de Foucault era erosionar a la razón, sacarla del lugar privilegiado que tenía, cuestionarla. Mostrar que esa razón ha sido instaurada para dominar a los hombres. Entonces escribe genialmente porque el modo de atacarla es genial, escribe una “Historia de la locura en la época clásica”. ¿Por qué? Porque no hay nada que cuestione más a la razón que la locura. No hay nada que la razón necesite ocultar más, para validarse a sí misma, que la locura. La locura es la antítesis de la razón, es la negación de la razón. La razón no quiere admitir que parte de ella es la locura e incluso que este mundo racional en el cual todos creemos vivir –o que se nos vende que vivimos en un mundo racional- genera locura. 

Escribe, entonces, “Historia de la locura en la época clásica” en la cual la figura del manicomio ocupa un lugar importantísimo. El manicomio es el lugar en el cual la sociedad racional pone a los locos, los aparta. Usted no va a ver a los locos. Usted va a andar tranquilo por esta sociedad racional, bien organizada, aunque, digamos, haya embotellamientos, piqueteros, esas cosas que les disgusta a la gente que anda por la calle, pero es una sociedad racional. Y más si pensamos que Foucault en realidad no ha dejado de pensar nunca en la sociedad francesa. Hay incluso una ensayista norteamericana que dice: si ésa es la sociedad disciplinaria, yo quiero vivir ahí. Porque, es cierto, es una sociedad disciplinaria de gran control, pero también es una sociedad disciplinaria de primer mundo.

De todos modos, ahí Foucault dice que esa sociedad disciplinaria es una sociedad racional para dominar a los hombres. Y para dominar a los hombres la razón tiene que apartar de sí a la locura. El manicomio, entonces, cobra una importancia central porque apartar de sí aquello que es diferente. Esto es fundamental para la razón, para su propia afirmación. Porque la locura –atención a esto- es el mayor cuestionamiento a la razón. Entonces, los locos, al manicomio.

Lo otro que analiza Foucault en “Vigilar y castigar” (1975) -que es otro de sus grandes libros- es la delincuencia, digamos. Es la sociedad civil que tiene que ser organizada, transparente, en la cual todos tenemos que poder vivir, que ya Thomas Hobbes en el “Leviatán” (1651) dijo que los hombres librados a sus propios instintos generaban una guerra de todos contra todos y que el hombre era el lobo del hombre y que, por eso, el Estado, el Leviatán, era necesario para armonizar esa guerra de todos contra todos. Entonces todos cedían su voluntad al Estado y el Estado organizaba la sociedad. Bien –dice Foucault- esta sociedad, para organizarse así, necesita las cárceles. Entonces, si a los locos se los amontonaba en los manicomios, a los delincuentes se los va a amontonar en las cárceles. 

Muy bien, ¿qué hay que hacer en la cárcel?, ¿cuál es el elemento fundamental en la cárcel? Foucault se acuerda de una figura de Jeremy Bentham, un teórico inglés del siglo XIX, que había escrito un librito chiquito en el que desarrolla la figura del “panóptico”. ¿Qué es el panóptico? El panóptico es una torre puesta en la mitad de la unidad carcelaria. Toda la unidad carcelaria está construida alrededor del panóptico. Supongamos que yo soy uno de los guardias de la unidad carcelaria –no me gustaría serlo, pero supongamos que lo soy-. Desde el panóptico yo puedo ver todo alrededor y no ser visto, esto es lo fundamental, el control central que ejerce el panóptico es ver a los que están en las prisiones y que los que están en las prisiones no vean a aquellos que los ven desde el panóptico

Entonces, el que ve cosifica al otro, hace del otro un objeto visto pero no un ser humano. Para el guardia del panóptico, el tipo que está en la cárcel es una cosa a vigilar, una cosa a controlar, una cosa a ver pero una cosa que no tiene que verlo a él. Él tiene que ver y no ser visto, y el que está en la cárcel tiene que ser visto y no ver. Este es el esquema del panóptico.


4 ¿Cómo logra el poder imponer su verdad?


Esta relación que el poder establece con el detenido o con el hombre que ha confinado en el manicomio es claramente una relación de exclusión. El poder es la razón que ve, la razón que controla, la razón que domina. Esta razón que controla, que ve, que domina, que instrumenta a los hombres. Esta razón que incluso –atención a esto que es muy fascinante en Foucault- desarrolla las ciencias humanas, no para conocer al hombre, sino para conocerlo y dominarlo mejor –esta es una idea brillante de Foucault-. Las ciencias humanas no pretenden estudiar al hombre, pretende conocerlo y dominarlo mejor.

El poder tiene una capacidad enorme, gigantesca. El poder tiene el poder de imponer la verdad. Usted me dirá la verdad es una, podemos decir cosas más extremas –la verdad es la verdad revelada de Dios-, bueno, usted ya sabe que estamos en Filosofía y en Filosofía –como dice Heidegger- Dios queda aparte (porque si no respondería todas las preguntas pero las tenemos que responder los pobres seres humanos que estamos aquí). Entonces, la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿por qué el poder es el que impone la verdad? Porque, por ejemplo, tener todos los medios de comunicación en manos de un poder le permite a ese poder moldear las conciencias de los sujetos de una sociedad. Porque la revolución comunicacional del imperio norteamericano ha sido justamente eso: una revolución comunicacional. Porque por medio de esa revolución condiciona, conforma, forma las subjetividades de los receptores. Hace de los demás un enorme mundo de receptores de la verdad que emite ese inmenso poder comunicacional. 

Entonces, el poder crea la verdad. La verdad, lo siento, no existe. Lo que existe es la interpretación de la verdad y lo que existe es la verdad que el poder puede repetir 30.000 veces, 50.000 veces, 70.000 veces en un día, hasta que usted se la crea. Y crea esa verdad. Ahora bien, hay una frase de Nietzsche tan genial que uno puede pensar largos años sobre ella: “no hay hechos, hay interpretaciones”. O sea, ningún hecho nos va a dar la verdad. Por ejemplo, “Ezeiza”, ¿cuál es la verdad de Ezeiza? La que dicen los que estaban en el palco, la que dice la gente que estaba abajo, la que dice la columna que venía del Sur, la que dice Osinde, la que dice los Montoneros, la que dice Cámpora, la que dice Fabio, ¿cuál es la verdad? Bueno, hay interpretaciones. El hecho es uno: algo terrible ocurrió en Ezeiza, pero la interpretación de ese hecho es múltiple. O sea, no hay hechos, hay interpretaciones.
Si hay interpretaciones entonces el poder tiene el poderío de imponer la suya, esto es el poder. El poder es la capacidad que tiene un determinado grupo de imponer su verdad como verdad para todos. De lo que se trata para el poder es de imponer esa verdad. ¿Cómo lo hace? Lo hace teniendo la mayor cantidad posible de medios para comunicar. Entonces lo que comunica el poder es la verdad del poder, la interpretación que el poder tiene de los hechos y esa interpretación es la que conviene a su beneficio. En última instancia, es la que le hace ganar más dinero porque el objetivo del poder es dominar o ganar más dinero. También dominar para ganar más dinero. El dinero sigue siendo la mercancía que hace mover a este mundo, como decía Sally Bowles –Liza Minnelli en “Cabaret”-: “dinero, dinero, dinero, hace caminar al mundo”. 

En consecuencia el poder tiene que imponer esa verdad suya y sofocar las otras verdades a través de todos los medios posibles: diarios, canales de televisión, radios, teatros, cines; todo lo que pueda conquistar para penetrar en la conciencia de los sujetos y sujetarlos –como va a decir Foucault- “sujetar al sujeto”. Esta es la meta del poder: sujetar la subjetividad de los sujetos, conquistarla, hacerla suya, del poder

Hasta luego.



Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.

 
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