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martes, 14 de febrero de 2012

Primera parte: la arquitectura modernista y posmodernista


Estuve releyendo el primer capítulo de mi tesina en Comunicación Social. Se trata sobre la discusión modernidad-posmodernidad y, como buscaba analizar la obra de un colectivo de artistas, posee varias nociones relacionadas con el arte.

Dividí el capítulo en varias partes para ir publicándolas en el blog. Espero que las disfruten.

… si hubiera una “conciencia posmoderna”, ello será porque hay condiciones
materiales-sociales que la posibilitan y constituyen.
Roberto Follari en Modernidad y Posmodernidad: una óptica desde América Latina

Cuando actúas en una metrópoli sobreedificada tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero. Simplemente voy a seguir construyendo. Puedes hacer todo lo posible por detenerme.
Máximas de Robert Moses – arquitecto modernista

Vamos a comenzar hablando de arquitectura porque es en este ámbito en donde surgirá la noción de “posmodernismo”. Por otro lado, es posible pensar la arquitectura como manifestación artística en conjunto con una directa funcionalidad social. Esas construcciones y formas de habitar, convivir, encontrarse, son las maneras de observar los valores y las pautas dominantes en una sociedad. Queremos ser breves en este punto, para luego poder adentrarnos en la Modernidad como concepto de época.

En un primer momento, podemos decir que lo posmoderno es una época y, también, una actitud que algunas personas toman dentro de ella. La filosofía y las ciencias sociales asumirán esta noción en una segunda instancia. Así lo expresa R.Follari: “Antes que la denominación de 'condición posmoderna' aplicada a lo social por Lyotard, tenía considerable desarrollo el posmodernismo en el arte y la arquitectura. (…) el arte captó una situación social en curso y la 'postuló' como estilo. Recién en la década de los '80 la teoría social dio cuenta de la sociedad como 'posmoderna'. (…) por los cambios sociales reales se modificaron en un mismo movimiento el objeto analizado y la lente epistémica de análisis; afirmamos, entonces, que hay fácticamente una sociedad posmoderna con modalidades de vida cotidiana distinguibles de las modernas.” (Follari, 1990: 14)

Creo que la arquitectura modernista ha sabido mostrar, como parte de la misma tensión que impulsó su desarrollo, su propia positividad y, a la vez, la negación de sí misma. En este sentido, en la época de posguerra, fue el movimiento modernista quien organizó importantes planes de reconstrucción de países que, recordemos, resultaban inhabitables. Había aquí una lógica de cierta masividad pero que, a su vez, contrastaba con los enormes rascacielos, la grandilocuencia de ciertas obras y ese gigantismo que tantas veces hemos destacado y destacaremos porque creemos que, de él, deviene su bajo potencial transformador en época posmoderna. F. Jameson afirma que: “... es en el campo de la arquitectura donde resulta más visible la modificación de la producción estética... (…) Se le atribuye, pues, a la época de esplendor del alto modernismo, la destrucción de la coherencia de la ciudad tradicional y de su antigua cultura de barrios (mediante la disyunción radical del nuevo edificio utópico del alto modernista con respecto a su contexto circundante); al tiempo que se denuncia sin compasión el elitismo y el autoritarismo proféticos del movimiento modernista en el gesto imperioso del Maestro carismático.” (Jameson, 1991: 16)

Por su lado, la arquitectura posmoderna mezcla sin compasión las estéticas de diversas épocas, en una especie de “nostalgia-de-moda” que se repite sin cesar en las grandes ciudades y sus periferias. La proliferación de la fotografía puede ser un signo de historicismo de superficie. La foto, como cierta amalgama de distintos momentos estéticos, no siempre es capaz de practicar la profundidad. El mismo material puede mostrarnos su mayor capacidad para estar “en relieve” que de mirarse “a sí mismo”. La inquietante posibilidad posmodernista de mezclarlo todo, de decirlo todo, de asumir los diversos procesos históricos y sociales y ponerlos todos juntos (tal el caso de ciertos edificios en Valparaiso, Chile, ¡altamente constratados!) de forma indiferenciada, no deja de generar una cierta confusión estética y, por qué no, ideológico-política. Sin embargo, la misma potencialidad de asumir tantos y tan ricos procesos, no deja de posibilitar a buena parte de la población un acceso a cierta “contemplación” estética impensada en otros momentos. La masificación, por su lado, ha tenido y tiene este doble matiz constantemente tensional: la evidente capacidad de llegar a todos lados con productos y conocimientos no siempre de la mejor calidad.

Ahora bien, el análisis que desarrolla F.Jameson en esta temática lo lleva a concluir   que aún no hemos desarrollado sentidos lo suficientemente capaces de percibir aquello que muestra este nuevo movimiento. El objeto habría “avanzado” más que el sujeto:

...lo que he querido plantear es que nos encontramos ante una especie de mutación del propio espacio construido. De aquí colijo que nosotros, los sujetos humanos que ocupamos este nuevo espacio, no hemos mantenido el ritmo de esta evolución; se ha producido una mutación del objeto, sin que hasta el momento haya ocurrido una mutación equivalente del sujeto; todavía carecemos del equipamiento de percepción que corresponda a este hiper espacio –lo denominaré así-, en parte porque nuestros hábitos de percepción se formaron en ese antiguo tipo de espacio al que he llamado el espacio del momento cumbre del modernismo. Por tanto, la nueva arquitectura (...) viene a ser como un imperativo para que creemos nuevos órganos, para que ampliemos nuestros         sentidos y nuestro cuerpo a nuevas dimensiones aún inimaginables y quizás imposibles en última instancia. (Jameson, 1991: 65-66)

El modernismo arquitectónico del “Estilo Internacional” (Le Corbusier, Wright, Mies) propiciaba una lógica de “lo monumental”[1] (Venturi afirma que más que edificios son esculturas), programas de corte utópicos o protopolíticos que buscaban la transformación de la vida social a través de la transformación del espacio, un estilo elitista que incluía el autoritarismo del líder carismático y, finalmente, la transformación de la ciudad fabril a través de edificios altos y cajas de vidrio que generan aislamiento de contextos inmediatos “desperzonalizando” el espacio público en las urbes. Todo lo anterior ha sido sistemáticamente sepultado por parte del posmodernismo que, a través de una prolífica literatura y con programática posición tanto teórica como práctica, ha postulado la 'muerte del modernismo'. F.Jameson nombra a algunas de las obras en donde se puede observar esta posición: Learning from Las Vegas de Robert Venturi, una serie de discusiones de Christopher Jenks y la presentación por Pier Paolo Portoghesi de After Modern Architecture.

En el periodo de entreguerras, el modernismo estuvo directamente vinculado con el positivismo lógico. La técnica como prioridad de sentido era perfectamente asimilable a la práctica de la arquitectura modernista como a la del neopositivimo. En esta época, las casas podían ser pensadas como “máquinas para habitar” (Harvey, 2008). Esta situación se fue modificando con el tiempo. En la actualidad, “la norma es encontrar estrategias 'pluralistas' y 'orgánicas' a fin de encarar el desarrollo urbano como un 'collage' de espacios y mixturas eminentemente diferenciados: descartando los proyectos grandiosos fundados en la zonificación funcional de diferentes actividades. En la actualidad, el tema es la 'ciudad collage', y la noción de 'revitalización urbana' ha sustituido a la vilipendiada 'renovación urbana' como palabra clave del léxico de los urbanistas.” (Harvey, 2008: 57). De lo que se trataría sería de construir para la “gente” y no para el “Hombre”.

D.Harvey realiza una distinción entre la concepción modernista y posmodernista, focalizándose en la forma de considerar el espacio. Para él, la arquitectura modernista piensa el espacio a partir de la necesidad de concretar proyectos sociales pensados para la gente; en el caso del posmodernismo, el espacio sería considerado puramente desde principios estéticos en una búsqueda por lo “bello”, “intemporal” y “desinteresado”. En este marco, y teniendo presente la posición del autor, defiende a buena parte de la práctica de los primeros por sobre los segundos, sobre todo en relación al desarrollo urbano de posguerra. En un punto a destacar, sobre todo por la facilidad con que cierto sector de la sociedad podría considerarse a-ideológico, D.Harvey afirma: “[no] puede afirmarse que la hegemonía de los estilos modernistas se debía a razones puramente ideológicas. La estandarización y la uniformidad de la línea de producción en serie, que después sería puesta en tela de juicio por los posmodernistas, estaba tan presente en los suburbios de Las Vegas y Levittown (mal pudo haberse construido con las pautas modernistas) como en las construcciones de Mies van der Rohe”. (Idem: 89)

Al igual que F.Jameson, D.Harvey sostendrá la idea de que la esquizofrenia es la característica principal de la arquitectura posmodernista. Parafraseando a Jenks, nuestro autor expresará que existe un doble código que este estilo debe recrear: uno popular tradicional de lenta modificación, asimilable al lenguaje; y otro moderno, en una sociedad de veloces transformaciones, con sus nuevas tecnologías, materiales, etc. Por eso mismo, es posible afirmar que será el collage, la fragmentación, la ficción y el eclecticismo algunas de las temáticas dominantes de esta época.

Aquí realizaremos un breve “retroceso”. Marshall Berman cuenta, desde una lectura autoreferencial, de qué manera una autopista (y toda una serie de modificaciones) cambió radicalmente el paisaje del Bronx, barrio en donde él vivió su infancia. En algún punto, la experiencia que cuenta Berman va a contrapelo de lo que afirma Harvey en relación a la arquitectura modernista. Robert Moses, arquitecto modernista o Maestro carismático, será quien realizará estos cambios en el Bronx. En buena medida, este relato podría ser trasladado a muchos espacios del mundo, y sería igual. ¿Hasta qué punto nuestro propio abandono hace posible que “lo otro” lo ocupe? ¿Hasta dónde somos responsables del avance de tal o cual lógica?

En un primer momento, Berman asume parte del relato de Rem Koolhass hecho en su libro Delirious New York: “La ciudad del Globo Cautivo (…) es la capital del Ego, donde la ciencia, el arte, la poesía y ciertas formas de locura compiten en condiciones ideales por inventar, destruir y restaurar el mundo de la realidad fenomenal (…). Manhattan es el producto de una teoría no formulada, el manhattanismo, cuyo programa [es] existir en un mundo totalmente fabricado por el hombre, vivir dentro de la fantasía (…). La ciudad entera se convirtió en una fábrica de experiencia hecha por el hombre, donde lo real y lo natural dejaron de existir.”

Para este mundo “ficcional” no existe otra cosa sino la “mano del hombre”. Pero la ficción se convierte rápidamente en realidad, y deja a la fascinación de lado, mostrándonos simplemente que aquello soñado puede ser palpable, “gustable”, bebible.    Y aún, que aquello que se ha transformado en nuestro futuro obstáculo no es otra cosa que lo realmente deseado, ocultado por nosotros mismos. O, peor todavía, aquello que en algún momento formulamos y luego se transformó en arrepentimiento. M.Berman hablará de una autopista pero, ¡de cuántas cosas más está hablando!:

Para los hijos del Bronx, como yo, esta autopista lleva una carga especial de ironía: mientras corremos a través del mundo de nuestras infancias, apresurándonos por salir de él, aliviados a la vista del final, no somos meros   espectadores, sino también partícipes activos en el proceso de destrucción que     nos rompe el corazón. Dominamos las lágrimas y pisamos el acelerador. (Berman, 1989: 305)
¿Cuántos judíos del Bronx, semillero de todas las formas de radicalismos, estaban dispuestos a luchar por el carácter sagrado de “las cosas tal como son”? Moses estaba destruyendo nuestro mundo, y sin embargo parecía estar actuando en nombre de los valores que nosotros habíamos abrazado.  (Idem: 309) 


Bibliografía General

Berman, Marshall (1988); Todo lo sólido se desvanece en el aire, siglo XXI, Madrid.
Chingo, Juan; Crisis y contradicciones del capitalismo del “siglo XXI”. Disponible en web: http://pts.org.ar/spip.php?article8666. (12/09/10)
Dussel, Enrique (1992); 1492. El encubrimiento del otro, Nueva Utopía, Madrid.
Fernández, Estela (1999); Hegel y el apogeo de la razón moderna, mimeo. La constitución de la razón moderna en la historia. Caracterización y periodización de la modernidad. El debate modernidad-posmodernidad, mimeo. La crítica marxiana al capitalismo como fuente de alienación humana: desde los textos juveniles hasta la obra del pensador maduro, mimeo. (2000) Fredric Jameson: el posmodernismo como pauta cultural dominante del capitalismo tardío. Textos de cátedra de la materia “Problemática Filosófica”, carrera de Sociología, FCPyS, UNCuyo, Mendoza.
Fernandez Farias, Marcelo (2008), La situación actual del zapatismo. Un ejemplo latinoamericano de reivindicación étnica. Disponible en web: http://bdigital.uncu.edu.ar/fichas.php?idobjeto=2767. (12/09/10)
Follari, Roberto (1990); Modernidad y posmodernidad: una óptica desde América Latina, Rei, IDEAS y Aique; Buenos Aires.
Harvey, David (2008); La condición de la posmodernidad, Editorial Amorrortu, Buenos Aires.
Hegel, G.W.F. (1977); Introducción a la Historia de la Filosofía, Aguilar, Buenos Aires. (Págs. 43-45 y 70-82)
Jameson, Fredric (1991); Ensayos sobre el posmodernismo, Ediciones Imago Mundi, Buenos Aires. 
Karl, Marx y Engels, Fredrich (2009); Sobre el arte, Claridad, Buenos Aires.
Lunn, Eugene (1986); Marxismo y Modernismo, Fondo de Cultura Económica, México.
Lyotard, J.F. (1995); “Introducción”, en La condición posmoderna. Informe sobre el saber, Red Editorial Iberoamericana, Buenos Aires.
La Araña Galponera (2008), Librito de postales de La Araña Galponera, Colectivo Ediciones, Buenos Aires.
Pigna, Felipe (2010); 1810. La otra historia de nuestra Revolución fundadora, Planeta, Buenos Aires.
Yarza, Claudia (2000); Perry Anderson y Fredric Jameson: los significados del posmodernismo.  Texto de cátedra de la materia “Problemática Filosófica”, carrera de Sociología, FCPyS, UNCuyo, Mendoza.



[1]    Esta característica resulta directamente asimilable a la necesidad de cierta eternidad en la modernidad. “El modernismo podía abordar lo eterno sólo si procedía al congelamiento del tiempo y de todas sus cualidades huidizas. Esta proposición resultaba bastante simple para el arquitecto, encargado de diseñar y construir una estructura espacial relativamente estable. La arquitectura, escribe Mies van Rohe en 1920, 'es el deseo de la época concebido en términos espaciales'.” (Harvey, 2008: 37) Por esto, puede entenderse que la “reacción” al modernismo como “posmodernismo”, reacción intrinsecamente dialéctica, haya sido planteada y aplicada por la arquitectura; paso del “momento eterno” a la construcción “pop-ular”.




jueves, 10 de noviembre de 2011

Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 13: Los posmodernos



Sumario

1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?
2 La historia, ¿un decurso necesario?
3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?
4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?


En este encuentro nos vamos a ocupar de las filosofías posmodernas del baqueteado, manoseado, ultrajado posmodernismo. Cualquiera cree saber qué es el posmodernismo, cualquiera le dice a uno: “mi película es posmoderna”, “yo respondo a una estética posmoderna”, “mi teatro es posmoderno”, “mi actuación es posmoderna”, “en esa galería exhibo mis cuadros posmodernos”, etc. Bueno, tienen suerte. Aquí le vamos a explicar qué es lo posmoderno.

La posmodernidad no tiene un punto de inicio. En principio analicemos la palabra, la palabra acude al prefijo “post”, o sea que la posmodernidad es algo que viene después de la modernidad. ¿Qué era la modernidad? Definamos rápidamente la modernidad: la historia la hace el hombre, es la etapa de la historia fuerte, de las acciones fuertes, de los imperativos fuertes y el hombre se compromete con la historia. Cuando decimos los imperativos fuertes estamos hablando en serio de los imperativos fuertes, por ejemplo: llevados al campo de América Latina e incluso de la Argentina, un imperativo fuerte sería “la patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”, o “Perón o muerte” o “Patria o muerte”. Ése es un imperativo fuerte. Estos imperativos han cambiado.

La filosofía posmoderna se convierte en una moda igual que el existencialismo, igual que el estructuralismo, y comienza a tener un auge muy potente después de la caída del Muro de Berlín que, a decir verdad, estas filosofías habían prefigurado. El libro iniciático de las filosofías posmodernas es un libro del fenomenólogo francés Jean-François Lyotard que se llama “La condición posmoderna”. En “La condición posmoderna” Lyotard empieza diciendo: esto es un análisis sobre el saber en las sociedades desarrolladas, y, a breves páginas concluye que en las sociedades desarrolladas es en donde se acumula más el saber; al acumularse más el saber, se acumula más el poder. Luego Lyotard tiene otro libro que fue comprado por muchos en la década del ’80 porque decían “aquí me aprendo la posmodernidad”, porque se llamaba –y en esto fue bastante maligno Lyotard- “La posmodernidad (explicada a los niños)”. Y el libro era espantosamente difícil, así que muchos de los que lo compraron lo llevaron de nuevo a la librería o lo tiraron por algún lado.

En “La posmodernidad (explicada a los niños)” Lyotard tiene un texto muy importante, axial, que se llama “Misiva sobre la historia universal”. Ahí va a enumerar los grandes relatos que se han impuesto hasta ese momento en la civilización occidental y va a decretar la muerte de los grandes relatos. De aquí, apresuradamente, muchos artistas, muchos cineastas van a deducir: “han muerto las historias, han muerto los relatos, han muerto las tramas, no narremos más”… apresuradamente. Pero, bue’, así ocurrió y nos hemos ligado bodrios inaguantables en los que no pasaba nada; no tiene por qué pasar algo en una película pero, si pasa algo, mejor que pase. Está bien, uno puede ver una película en la que no pasa nada pero no puede ver 10 quizás. La cuestión es que de postulaciones como “la muerte de los grandes relatos”, se crea una estética posmoderna que dice: “los relatos han muerto, las historias han muerto, no se puede narrar, las tramas han muerto”. 

Entonces, ¿qué significa esto de la muerte de los grandes relatos en Lyotard? Lyotard dice que hay 4 grandes relatos: el relato cristiano, que es el relato en el cual Dios manda a su hijo a sufrir y a morir por la redención de los hombres. Esa muerte genera la promesa divina. La promesa divina expresa, justamente, la promesa de que todos los hombres encontrarán el reino de los cielos y habrá entonces un espacio de plenitud. Este espacio de plenitud lo prometen todos los grandes relatos. El segundo gran relato es lo que Lyotard va a llamar “el relato marxista” que es un relato que Lyotard tiene mucho interés en hacer picadillo. Vamos a ver si lo consigue.


2 La historia, ¿un decurso necesario?


El otro gran relato al que Lyotard va a criticar y a tratar de destruir ya lo había hecho Michel Foucault. En realidad –voy a decirlo claro- yo creo que los posmodernos agregan muy poco a lo que había dicho Foucault, Lévi-Strauss, los estructuralistas, Louis Althusser, etc. Pero bueno, adelante, vamos a ver que hay cosas muy interesantes que dicen. 

Lyotard toma el gran relato marxista de la historia que lo hemos visto anteriormente. Esquemáticamente, consiste en  que la burguesía liquida al feudalismo y de la burguesía surge el proletariado y el proletariado derrota a la burguesía y establece el Estado de la plenitud. Aquí vemos de nuevo que el gran relato de la historia lleva a un nivel de plenitud en el cual ya no hay padecimientos. Es una promesa el gran relato. Es una promesa acerca de un destino inexorable de la humanidad de llegar a determinado momento en que ya no va a haber injusticias ni padecimientos.

El otro gran relato que analiza Jean-François Lyotard es el relato del Iluminismo, es el relato de Las Luces. El relato del Iluminismo, nosotros lo vimos también –son filósofos de segunda categoría en realidad, pero bueno, sigamos adelante. El relato del Iluminismo es aquel que con el surgimiento de la divinidad de la Razón durante las filosofías de la Revolución Francesa iniciadas por Kant y los Enciclopedistas, pone a la razón como Diosa de la historia. Entonces la Divina Razón va a ser la que va a llevar a todos los hombres a un mundo de profunda racionalidad en el cual ya no va a existir la irracionalidad. Este es un relato del triunfo del capitalismo. Este racionalismo capitalista es el que anuncia la burguesía capitalista del Iluminismo. 

Hay un relato capitalista que está basado en la economía. Está basado en el avance incontenible de la economía que implica una prosperidad para todos. El relato capitalista esencialmente dice que vamos a llegar a un momento de la historia en que la prosperidad va a ser para todos. Este es el gran relato capitalista.

En suma tenemos los 4 grandes relatos que Lyotard analiza. ¿Qué es lo común a todos ellos? Lo común a todos ellos es que expresan una visión teleológica de la historia. La palabra griega thelos implica “fin”, “finalidad”. Teleología es el estudio de los fines, o sea, que tienen una característica teleológica quiere decir que van hacia un fin. Estos grandes relatos de la historia marcan una teleología inevitable de algo que inevitablemente se va a cumplir, esto es una teleología: algo que va hacia su fin y no puede sino cumplirse. Estas son grandes interpretaciones de la historia para legitimar siempre algo. El gran relato marxista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la revolución del proletariado. Es esencial para llegar a la plenitud de la sociedad sin clases. El gran relato capitalista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la economía capitalista, de libre mercado, que es lo esencial para llegar a un estado de plenitud en el que va a alcanzar para todos. El relato Iluminista lo que legitima es la razón: vamos a llegar a un estadio racional en el cual todos vamos a ser plenamente felices. 

Estos son los grandes relatos y que están basados en lo siguiente: la historia tiene un devenir, un decurso necesario, la historia marcha necesariamente hacia un lugar de plenitud. Entonces hay aquí una interpretación metafísica de la historia. Metafísica quiere decir que dentro de los hechos históricos hay algo que se está expresando, que se está desarrollando, internamente a los hechos históricos, ésta es una interpretación metafísica. Porque lo que está dentro de un hecho no es físico, es metafísico, está más allá de lo físico, entonces son interpretaciones metafísicas de la historia contra las cuales Lyotard y todo el posmodernismo –y yo creo que, en este sentido, con gran sagacidad y con gran acierto- van a embestir.


3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?


Esta muerte de los grandes relatos qué es lo que implica, implica que hay pequeños relatos. Lo que va a postular la posmodernidad es el “no relato”, que es lo que en estética teatral, cinematográfica, narrativa o en música se ha utilizado. Voy a dar un ejemplo muy atractivo de la música del “no relato” que prefigura las estéticas posmodernas. Si las estéticas posmodernas hablan de la muerte de los grandes relatos, de la exaltación de los pequeños relatos o –en última instancia- del “no relato”, hubo un músico norteamericano que hizo una pieza absolutamente memorable que todavía se la sigue interpretando o se la tiene como el epítome de la música contemporánea. El compositor John Cage compuso una obra llamada 4’33” que consiste en lo siguiente: está el teatro lleno, hay un piano y hay un reloj sobre el piano. El pianista viene, se sienta, no toca el piano, mira el reloj, y cuando pasan 4’33’’ se levanta y saluda al público. El público aplaude y esa ha sido la sonata de John Cage en tres movimientos titulada 4’33’’.

La idea es absolutamente genial. Como idea genial se agota en sí misma pero es la idea del “no relato”. Es lo absoluto del “no relato”. Ahora, lo que van a hacer los posmodernos es que a la muerte de los grandes relatos le van a oponer la exaltación de los pequeños relatos. Entonces surge una fragmentación de la historia. Un caleidoscopismo. Y a esto Gianni Vattimo, un filósofo italiano que hace poco estuvo en la Argentina y que viene con cierta habitualidad a hablar de distintos temas filosóficos y de algunos temas personas que a mí, por lo menos, me importan un pito. Pero bueno, a él le gusta mucho hablar de eso. Prefiero que hable de temas filosóficos. Gianni Vattimo va a proponer una filosofía del dialecto. Como es un buen italiano, Italia es una hermosísima tierra y está caracterizada por una serie de pueblos y en los distintos pueblos hablan distintos dialectos. Entonces lo que dice Vattimo es que la historia es como el dialecto, son distintos dialectos que tienen que comunicarse entre sí pero no hay un gran dialecto como había en el gran relato. No hay un gran relato, hay dialectos, hay montones de dialectos que establecen comunicación, a veces se entiende, a veces no se entienden. Esa especie de fragmentación, de caleidoscopismo, de multiplicidad dionisíaca es la historia, porque la historia para los posmodernos –como para Foucault y para Nietzsche- es una multiplicidad de hechos. No es una historia única que se desarrolla dialécticamente como en Hegel y en Marx. Es una multiplicidad de hechos que cada uno tiene su centro en sí. Esto es muy importante y es muy valioso. Porque todo esto va a dar lugar al multiculturalismo, al respeto por los géneros diversos, al respeto por las etnias diversas, al respeto por todas las minorías, las minorías sexuales, las minorías raciales. Es por esto que Vattimo viene a la Argentina y como el posmodernismo tiene un enorme respeto por la particularidad, por la singularidad que él expresa que es la de su condición gay, habla –para mí- excesivamente de su condición gay. Pero él tiene todo el derecho del mundo de hablar de eso que para él debe ser muy constitutivo.

Efectivamente, esta multiplicidad da lugar al multiculturalismo. Respetemos al feminismo, respetemos a las mujeres, respetemos a los negros, respetemos a los gays, a las lesbianas, a todo lo que sea distinto. Hay una estética de la diferencia. Hay una exaltación de lo diferente. Y esto también está expresando la democracia liberal de mercado. No es casual que estos filósofos surjan y tengan un éxito poderosísimo luego de la caída del Muro de Berlín y también antes como preanunciando el triunfo del neoliberalismo. El mercado es una pluralidad de intentos dentro del campo económico. El mercado se ordena a sí mismo y la democracia es la pluralidad por excelencia en la cual todos los sujetos políticos de la democracia valen lo mismo y deben ser todos tratados con el mismo valor. Todo esto es un amplio movimiento que tiene que ver con la economía, con la historia, con el feminismo, con el respeto a los modos de sexualidad diferenciados y con el multiculturalismo que en este momento reina en las academias norteamericanas. 

Nosotros ya volvemos.


4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


En verdad, no estamos diciendo todas las cosas que querríamos decir pero vamos a profundizar y desarrollar muchos de los temas que hemos tratado más adelante. Por ahora estamos dando lo que consideramos esencial, lo que no puede no ser dicho de entrada pero hay análisis que vamos a hacer más adelante como el análisis que hace Foucault de “Las Meninas” –por ejemplo-, que es fundamental, el análisis que hace Baudrillard y Vattimo. Queremos entrar en ellos. Pero tenemos tiempo porque esto no va a terminar aquí. 

¿Qué es la crítica que se le puede hacer al posmodernismo? Las críticas más contundentes que se le han hecho es la de una excesiva deconstrucción de la historia. El posmodernismo deconstruye la historia porque también se hermana con Jacques Derrida, el campeón de la deconstrucción. Y Jacques Derrida es un discípulo directo de Heidegger y en Heidegger está el concepto de destrucción. Todo esto viene de Heidegger. Por eso Heidegger es el filósofo más importante de la filosofía contemporánea, porque los ha marcado a todos, porque le han robado todo a Heidegger. El concepto de deconstrucción viene del concepto de destrucción heideggeriano. Y como verán, lo que hacen los posmodernos es deconstruir la historia, partiendo de la totalización de la historia que hay en Marx, que hay en Hegel e incluso que hay en la “Crítica de la razón dialéctica” de Sartre (que es un monumento genial a la destotalización de las totalizaciones - o sea que habría evitado la necesidad de la deconstrucción). Pero la deconstrucción viene para mostrar que la historia está absolutamente fragmentada, la historia es como un caleidoscopio, la historia es una multiplicidad. Entonces nos preguntamos: ¿cómo vamos a transformar la historia si la historia es un caos vertiginoso de multiplicidades que no podemos comprender? (porque esas multiplicidades terminan por marearnos).

Lo que uno les dice a los posmodernos es: bueno, chicos, paren la pelota. Acá hay que hacer, aunque sea, síntesis parciales. Acá hay persistencias históricas. No hay una linealidad histórica pero evidentemente hay persistencias históricas, hay conexiones históricas, hay síntesis históricas y –como diría Sartre- hay totalizaciones históricas que se destotalizan y que dan lugar a otras totalizaciones que también se destotalizan. Y la historia es un juego constante de totalización, destotalización, retotalización. Es muy compleja la historia, por supuesto, la historia está ocurriendo en América Latina, en Estado Unidos, en Europa, en el Islam, etc. Y el golpe al posmodernismo se lo da justamente el imperio que ampara a las academias en las cuales el posmodernismo triunfa: el imperio norteamericano, con la idea de la globalización.

De pronto, un día, los teóricos del Pentágono amanecen y dicen: muchachos, el imperio necesita globalizarse. Y alguno dirá: eh, pero los posmodernos se van a enojar porque los posmodernos están hablando constantemente contra la idea de una globalización, están exaltando lo fragmentario, de ahí deducen el mercado, de ahí deducen la democracia liberal de mercado… No, no, no. Hay que globalizar, esto es un imperio y necesitamos globalizar. Pero, lo peor, es que hace su aparición en la escena el -hasta ahora- malo de la película: el Oriente. Hegel había dicho: el Oriente va a dormir, siempre, eternamente, su siesta, porque está fuera de la historia. Sin embargo, de ahí, de ese territorio negado, desconocido para Occidente, llega el atentado a las Torres Gemelas. El atentado a las Torres Gemelas barre con la fragmentación posmoderna porque establece un acontecimiento universal, porque expresa que hay hechos que son universales. Ahí la diversidad, la fragmentación, la caleidoscopización murió: hay un hecho universal.
Entonces, los posmodernos empiezan un eclipse ya sin retorno, salvo en algunos que más o menos quizás duren pero el siglo XXI acaba con ellos, porque el siglo XXI lo que está mostrando es que el belicismo necesita totalizar. Y que la lucha es lucha de civilizaciones, tal como lo dice Samuel Huntington en su libro “El choque de civilizaciones”. Si hay choque de las civilizaciones nosotros tenemos, en principio, las dos civilizaciones que Huntington plantea: el Islam y el Occidente. Lo Uno y lo Uno. Y aparecen los fundamentalismos. Los fundamentalismos son la negación de los pluralismos. Todo fundamentalismo es la exaltación de “una verdad”. El fundamentalismo islámico es la exaltación de la palabra de Alá y el fundamentalismo Occidental es la exaltación del cristianismo Occidental, de Dios. Y Bush en una de sus frases más excepcionales dice: “Dios no es neutral. Dios está con nosotros”. O sea, hay un exceso de religión bélica en el siglo XXI. Murieron todas las pluralidades. Hay fundamentalismos religiosos por todas partes, todos están armados con bombas atómicas, resurge China, resurge Rusia, Pakistán, Corea, tienen bombas atómicas. Hay una multipolaridad nuclear pre-apocalíptica. Así yo califico a este momento de la historia. Lamento que no sea una visión muy optimista, pero tampoco podemos regalar caramelos.

Este momento es un momento en el cual cualquiera puede apretar un botón. Ya no es la Guerra Fría, la bipolaridad: la Unión Soviética y Estados Unidos. No. Hay un montón de irracionales, imprudentes, armados hasta los dientes con ojivas nucleares.

Vamos a profundizar todo esto, sobre todo la entrada en el siglo XXI. Este choque de civilizaciones y el terrorismo. El terrorismo es un tremendo totalizador.



Podés ver o descargar este Encuentro de aquí.



         
  
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