miércoles, 19 de mayo de 2010

Tres columnas y más

El sin sentido El deber haber La cultura proletaria

una vez aclarado la esperanza la casa obrera

doble oscuridad es la espera el futuro


El velo sordo La abundancia La retórica diaria

opaca tu centro compartida el maíz

te condiciona doble satisfacción el cielo canción


El niño espera El semillero ciego Una mirada cierta

la madre llora una vez planta un abrazo

hace familia vida justo





Trabaja en tradicion

Parece ser que todas son obligaciones. Pero las obligaciones autoimpuestas que gustan dejan de ser obligaciones. Tal vez, al principio eran obligaciones pero ya no. Como lavarse los dientes. Lo mismo pasa en el trabajo.


Si tu trabajo coincide con tu misión, muchas veces notarás que no parece trabajo. Parece que fuera otra cosa. Aún lo forzoso deja de ser forzoso. La mochila se aliviana infinitamente. Aún el trabajo es coincidente con el placer.


El tiempo es cíclico. Las crisis atraen a los clásicos. La imposibilidad de comprensión llama a las viejas voces para que regresen al ruedo del sentido. Trabaja en tradición. Retoma esas viejas voces que son congregadas por la época que vives. Sobre esas voces nacerán nuevas voces.





Todo se parece a nada

Trabaja los siempre eternos sonidos

encumbra, lo olvido, por sobre el quejido.

Desgarra la fuerte alcurnia del nido,

hazte padre volador, hombre aterido,

siembra coyuntural y profana.



Tibio dulce ruiseñor

hembra olvido de ser

saco de todas tus vanidades

calentador, cadalso, sabia,

ben hur, huerta, cansada,

bien de amor; árbol profano y seco.


Si la historia fuese contada por el cielo

todo sería un desde arriba

pintado de largas noches y sus estrellas

todo sería un Sol enorme y fatal

verano de veranos, eterno sol, eterno tibio.



Si la historia se diese cuenta del olvido

de la parte tapada por la manta

que tu ignorancia llama gobierno

y todo lo demás llama farfalia.

Y nada que me miras…

Y poco que me abarcas…

Y que, al fin de cuentas,

todo se parece a nada.






¿Te has mirado al espejo?

Miércoles, Jueves,
y semanas enteras,
yo te he esperado.
Me ves y te haces la sonsa
no me querés ni engañado
preferís andar de gira
silbando con los de abajo.


¿Te has mirado al espejo?
Pareces un gaucho maula
no te acercas a la cana
por miedo de caer preso,
acaso porta sahumerios
de esos que tanto te gustan
le ponen freno a la junta
que es mala para tu chacra.



¡Ahijuna! Madre del Cielo
mejor que viniste a tiempo
ya le decía al pendejo
que es querible, no lo niego,
que se volviera a tus brazos,
que encontraría consuelo.

Te guardas

Mejor un día me guardo.

Me quedo quieto,

en un lugar,

quieto.


Y me escondo de tanto simulador encubierto,

y tanta fuga prevista,

me muevo desde los sin fines del infierno,

hasta la parte chata, la parte niña,

la parte helada; tu parte.


He descubierto la forma de simularte:

sacarte la pena y la decencia,

alejarte de todo lo malo,

todo lo oscuro,

todo lo sabio.

He descubierto la forma de hacerte hacer.

He descubierto la forma de hacerte santo.





martes, 18 de mayo de 2010

Alguien huyó del pelotón de fusilamiento:

A los perdedores los consagra la determinación. Cuando se descubre que se es Nadie (y lo digo en impersonal) probablemente se destaca el Gran Paso, el cambio de línea. Las expectativas se derrumban, entonces la posibilidad de ascenso como sensación, aumenta. Pero es necesario estar absolutamente convencida de que el fracaso ha teñido de negro la sangre que llega al cerebro. El problema principal de los que salvan ilesos de las caídas de los puentes, de los bombardeos de sal, de las detenciones por sospecha, es que siempre queda la duda de si Norman Bates los persigue aún. Por mientras, en el auge adolescente de las vidas con generacionales, la convención de felicidad no pareciera existir. Hay una disgregación bastante grande, un desorden sin propósito, un irrestricto ánimo de aplastar y aplastar. Cuando a mí me dibujaron el reconocimiento como aplausos desnudos en una sala donde el idioma predominante no era el de mi natalidad, me di cuenta de la belleza que tiene el saberse menor, el que lo sepan a una, no digo normal, pero sí tranquila. Y cuando la tranquilidad me la pueden dar los que elevan sus tripas como volantines en septiembre, los busco he intento abrazarlos. Pero cuando para la inacción relativa me hace falta acariciar una sonrisa con las dagas de mis ojos inofensivos, y no logro conseguirlo, me colmo. Entonces ya no tengo posibilidades de gritar agobio. Las conversaciones cotidianas entregan boletas al final de cada hora. Se juntan, se coleccionan, se imprimen, se estampan en las yemas de los dedos. Ya no imito a los cojos. Hoy por hoy, la búsqueda es un estado casi constante de renovación permanente, que conlleva la amargura fría de la soledad que todos dicen haber vivido. Pero ellos, todos los que se creen alguien, junto a sus respectivas femeninas o masculinos, quienes sordos de tonos dispares ven acá el negro antes que el rojo, y en mi aparente seriedad, la fealdad de la cicatriz primero que la profundidad de la herida aún abierta, todos ellos me parecen indefinibles. Y eso, sin ser un insulto explícito, los hace para mí, verdaderamente vacíos.

lunes, 17 de mayo de 2010

Contigo

Prisa, prisa. Todavía hay gente que no se despierta. Y sigue el curso de la vida porque nada importa y todo sí. Amén. Amenazas del pueblo elegido a la generación de mí, llamada mía, mis congéneres de género y generación. Y se juega con las proles como otro día con ladillas de porcelana. Qué potencia, qué distracción del “Oh qué será”, sutil, agregas dos puntos y el fin del paréntesis es la cláusula de alargue para la sonrisa perfecta del siglo veintiuno. Y es por eso, quizás, que se virtualiza el olor a vagina y gónada, que se hacen blogs y fotologs, que mi propia Id es un pedazo de esto, inexistente en el país de las maravillas. Pregúntale al gato y sigue caminando, avanza en la carretera, mírome al espejo ipso facta, es la hora exacta en que debo decir que me queda mal el corte de pelo, que fui yo la causa de las llagas en mi mano izquierda, no el gato y seguir escribiéndome, Dauphine quedó atrás. Y ya no es ayer, tralalá. Sitio en construcción, se aceptan donaciones de tipo AB: la unión no hace la fuerza ni un corazón, americano, a la luz del sol miramos en los cubículos de oficina con un cafecito matinal, la mente vacía pero no en blanco, y unas cositas para picar. Tomen asiento y disfruten la función antes de que se vuelva a quemar la pantalla. La tinta tiene algo que decirte. Bon nuît.

domingo, 16 de mayo de 2010

Domingo

No quiero esconderme más en las palabras. Hoy quiero ser explícita. No es que se nos haya acabado lo que tenemos que decir. No es que no haya necesidad de decirlo. Es que, digamos lo que digamos, nunca va a poder ser lo que queramos que se diga. Ningún símbolo puede ser representado por dos imágenes idénticas en los cerebros de dos individuos que los perciban. No hay homología entre lo que se piensa y lo que se expresa. Toda comunicación es una mentira, una exageración, una sutileza, un error. Todo: todas las palabras, las líneas, los números y cualquier onda que quiera hablar. Wall Street, el amor, la muerte, la guerra civil, el orgasmo, las cuarenta páginas de mi electroencéfalograma. Hasta esto, que ni mucho fuera. Pero el silencio también miente. Ni siquiera callar vale la pena. Por eso hoy quiero ser explícita. Porque siento la necesidad de decir que te quiero. Quiero decir "digamos que te quiero". Con toda la veracidad de una fotografía. Digamos que te quiero con toda la veracidad de una fotografía. Digamos que estoy enamorada de todos los puntos que hay entre dos de tus lunares. Que en todos mis viajes recuerdo el arco de tu espalda. Y me hago parte de él, como cuando tú masticas los alacranes que salen de mis poros. Pensemos que (aun esto un cuadrante: un casillero del ajedrez, del cual nos moveremos en algún momento, quizás juntos, quizás solos) nos desplazaremos; nunca tendremos abandono. Habrá lugares adonde podremos volver un poquito, cuando los relojes suenen todos al mismo tiempo. Varios de esos lugares que sólo existen en la materia como mielina. Y el cuero que calentó nuestros dientes sorbidos, y las plumas que te vistieron cuando eras monstruito, estarán en la electricidad que hoy armamos. A la cual siempre podremos regresar con el triunfo de haber andado juntos un pedazo de la recta(final). Por esta necesidad, hoy me siguen creciendo las uñas y los cabellos. Y quedarme callada sería condenar la energía a esa seriedad que es la condición de estatuas y burócratas. Yo crezco en esta línea, en todas estas líneas que se atenazan a la única recta que es la que nos permite mirarnos entre todos. Y saber, incluso en el solipsismo de la desconfianza, que detrás del mar hay otra tierra, donde también crecen uñas y cabellos, y personas y arroz. Y los colores y los sonidos no son capaces de hacer uno el solo pensamiento.

sábado, 15 de mayo de 2010

Souvenir

Desde hace 2.592.000 minutos la palabra escrita a la derecha del signo igual (Dios-padre todopoderoso), que a su vez está a la derecha del oxígeno más impuro, tiene otro significado para los diccionarios impresos en órbita con la luna. El pánico se hizo estrecho en la berma de las curvas aceleradas junto a partículas empañadas irresponsablemente. Mi infancia fue triste. De eso me acuerdo, y de que después de mis quejidos obnubilados por la ropa temporal del amanecer inesperado, me despertaste. Me alcancé a cortar las uñas de la mano izquierda antes de correr a la sastrería de la gran tele pantalla a gritar junto al carmesí un Volver definitivamente real, desprendida de los otros colores primarios y secundarios tatuados con énfasis en las pestañas de los erredeanos que lloraron cuando su tela se cortó en dos. Yo había nacido dos o tres meses después (aproximadamente), y K. gritó que la lógica de la historia es la de un sueño o de una pesadilla. Las miradas multitudinarias me ponen nerviosa, y ya no sirvo para ensayar carreras con puntos de más y puntos de menos. Lo que se hizo es difícil deshacerlo, a menos que Manrique reescriba su obra en una dimensión antipara léela. De cualquier forma, los acentos se escriben sobre las vocales y sobre las i-griegas cuando merecen ser leídos por castizos irregulares que viajan de cuando en cuando por las manchegas y ventosas líneas de un pasado cuneiforme. El futuro es un producto de venta y me queda sólo una moneda en el bolsillo. Lo más sensato será aprovechar la tributariedad de las páginas Web y bañarse con agua helada para no ver estallar las bragas sobre una omega que improbablemente se convertirá en el término de la dialéctica. Bauticemos con nombres impropios los lagos de las sábanas, nunca ha sido necesario mentir, porque si hay algo en lo que el mandamás del trapecio con núcleo tiene la razón intergeneracional, es que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. No tengo un fusil a mi lado para fundirlo en la fragua gitana de los lamentos helados, pero sí puedo hacer que alguien como yo en las circunstancias que definen la mitad de mi persona haría. Es decir, decir. Y digo, cuando menos, que el rojo no sobra, que partió como burla y con el destiempo se volvió el cobertor de mi torso. Tus lágrimas se hicieron mi sudor. La P, la J, y la C son mis carcajadas. Afuera hay un peluche que me da más miedo que los camiones de bomberos. Yo creo que esto es arritmia

viernes, 14 de mayo de 2010

Porque el cero es cero, por eso lloro

Alegre de la perdición, alegre de la alegría agreste, del caos irracional, de la indecisión y la sonrisa verdadera definida maternalmente, alegre de tu selvática oscuridad que esconde la luz fecunda del conocimiento gnóstico, abro puertas y abro puertas y abro puertas, y de vez en cuando abro puertas tomando las opiniones de las murallas. Hay nombres y hay palabras que se utilizan para crear, hay naturaleza y para la mala pronunciación de los discos piratas hay naturalezas, también alegres y existentes. El cansancio de los arco iris entroncados por mariposas de corta vida, dura un poco más cuando se mira sin el humo de la claridad. Los huesos se pueden sumar y seguir sumándose, pero cuando se dividen en polvo, es preciso no hacerlos pólvora, sino fluidos. A veces la intimidad pública de los aplausos me obliga a taparme la cara con la capucha anónima de la multitud gregaria que marcha en busca de los puños en flor de bruces al centro de la Tierra Plutón se despide con besos de sus seguidores y la peste bubónica se esparce por los mares interestelares donde no habita sino el dolor desposeído de los que no saben entregar ojos a los árboles en llanto. Diluí la tinta de mi odio óseo en el jarabe para la tos, así cada vez que los heladeros escupen en la calle, puedo respirar sin malestar. Construí con mis venas un puente colgante hasta ti, y mi sangre se acumuló en el corazón cóncavo fluyéndose por orejas y uñas hacia tus brazos desnudos. En la capital desconocen cuánto nos costó, aunque no pagáramos impuestos ni pisáramos aceleradores contra cristales de joyerías, pero es cierto que fue difícil encadenarnos a fuerza de choques de moléculas desorbitadas. Ahora construyes los anillos que uso en el cuello mientras yo tejo banderas sin estrellas y sin soles. En Saavedra los pescadores furtivos salen a repletar sus redes, sin que nos ocultemos. Los portugueses colgaron los claveles en los fusiles al son de fados luminosos. Yo quiero soñar sin prometer y quiero que uno que otro escolar borracho se bañe la barba brava con el cáncer que nunca tuvo, para que las arpas amueblen los techos de las estaciones. Nunca me hizo tanta falta como esta noche, embriagarme de acontecimientos, y agradecerle a los miradores que hayan bajado al subsuelo para poder decirte lo que siento.

jueves, 13 de mayo de 2010

Una Carta Maldita he Inevitable

Recuerdo cuando solía salir del colegio, y me iba corriendo a verte. Nos juntábamos en los escaños del parque, era tan emotivo, sobre todo en invierno. Tu madre te llamaba para que estuvieras abrigado, y le decías "estoy con ella", como si yo alguna vez hubiera sido tu abrigo (nunca). A veces, nos ibamos al pasaje de las ferreterías y nos fumábamos unos porros. Estoy cansada, tan cansada. Me pregunto cómo será la carrera allá. Al menos el trabajo queda cerca de tu casa, si es que seguís viviendo en La Florida, donde solía cebar unos mates, a tí nunca te gustó el mate. Acá yo tengo que caminar veinte minutos para poder llegar a algun sitio, y luego tomar el tren subterraneo. Pero me compré una bicicleta con la plata que Liliana me mandó, y voy a empezar a irme en ella del departamento a todos lados. Mañana va a ser tu cumpleaños, por eso te escribo. En éste momento están dando por décima vez "Las trillizas de Bellaville", ésa película francesa que nunca quisiste acompañarme a ver, y mientras ÉL la mira como un niño, cojo cada palabra que no aparece en la pantalla para recordarte. La Abu de ÉL me tejió una bufanda con los colores de la España Republicana. Ella me quiere mucho y extraña su país tanto como yo. Creo que ésos son dolores que nunca se pueden superar. Los viernes va al cementerio a ver a sus hijas y yo me quedo sola con ÉL. A veces hacemos el amor, o nos ponemos a fumar, o cantamos algo de Billie Holiday, o invitamos a los de la Facultad de Filosofía y cebamos unos mates y ellos se ponen a tocar Fever de Ella Fitzgerald, a vos nunca te gustó Ella. Cuando vienen los amigos de ÉL, nos ponemos a ver unas películas de la Abu, las que tratan de la Guerra Civil Española. El mes que viene, va a venir mi viejo a verme, yo no tengo plata para ir para allá. Si querés mandarme algo, decíle al Turco que te de el teléfono de mi viejo y hablás con él. Yo te voy a enviar unos cedés de Piazzolla, Emir Kusturica, y de Eric Dolphy, también el ensayo de Baudelaire que hice para la Facultad y que publicaremos en la revista. Si querés te envio también los manuscritos de la Segunda Novela, pero tenés que avisarme con tiempo para poder pasarlos a la máquina de escribir, porque sino ÉL se gasta toda la tinta tipeando esos textos de Reich que me revientan de lo cabezones que son. En cambio a vos te encantaba, amabas a Reich sólo porque era Comunista. Cómo somos distintos, eh. Cuídate, monstruito.

miércoles, 12 de mayo de 2010

(sin titulo)

El problema de los que se toman las cosas en serio suele ser que las cosas que se toman en serio no son para tomárselas en serio. O sea, jerarquizan mal. O si prefieren, son idiotas. Pienso y pienso y no veo en realidad algo que yo pudiera tomarme en serio, 1) porque soy un poquito egoísta, o más bien floja, sí, eso, floja, no egoísta y 2) porque me tomo buen tiempo, aunque sin darle la categoría de algo serio, en cosas demasiado placenteras. En resumen, hoy estoy conforme con lo mío, de modo que no quiero bombines paternales en mis femeninos ovarios. No quise decirlo con claridad ("no me hinchen las pelotas") porque estoy de buen humor.

martes, 11 de mayo de 2010

14 F

Hace unos días me acordé que los murciélagos son, lo mismo que el resto de la gente, algo tan cercano como asqueroso.

lunes, 10 de mayo de 2010

Analogías.

La violencia responde a las necesidades elementales. Todos tenemos rabia. Yo y ustedes también, solamente que nosotros hemos tenido el "privilegio" de la educación crítica (no me refiero sólo al colegio, para nada) y encontramos otros modos de encausar esa rabia. Hay cosas que no se justifican, pero creo que si todos tenemos una conciencia más o menos acorde a las circunstancias que nos han definido, al menos podemos entender lo que ha sucedido y eternamente seguirá sucediendo: los vidrios rotos de las casas pobres, las joyas robadas de las casas de La Dehesa, La Moneda ardiendo en la retina año a año, los cuerpos que sólo trabajan, y los que han muerto por tomar parte en algo que los identifique, los degollados, los desaparecidos, los guerrilleros, los que ustedes llaman maleantes, los que insultan como "lumpen" excluyéndolos día tras día y marginándolos en el mismo círculo que en el fondo quisieran destruir. Malatesta, ideólogo anarquista, dijo "pagaremos con sangre el hacerle pasar susto a la burguesía", y con la misma sangre que se ha derramado, se riega el cemento de nuestras calles porque ahora el enemigo es la superestructura, invisible para algunos, simbólica para otros, pero finalmente, un sistema culpable de las necesidades y falencias que generan el elemento primordial y básico de la violencia y el desentendimiento: la rabia. La de ustedes, la mía, la de los que sangran y la de los que hacen correr la sangre.

domingo, 9 de mayo de 2010

Monólogo

Te tengo amor, Soledad en mi garganta.
Como una pastilla gruesa te quedaste ahí.
Te tragué religiosamente, con luz verde,
te metiste como un insecto fugaz,
como un obús floreado.
Por eso te quiero, amor, porque estás dentro,
porque aunque salgas a trabajar y te canses,
siempre regresas antes que yo.
Por eso te guardo amor, sagrada y fértil,
porque la comida recalentada siempre es más
sabrosa con la humedad de tus manos
dentro de mi garganta.
Yo sé que no te importa haber perdido la sombra
y que sólo puedas reflejarte
en los espejos rotos.
Pero tienes mi consuelo arduo, el consuelo
del bautizado,
de estar siempre alumbrada
con una lámpara de interrogatorio
que tú misma energizas con el dínamo desgastado.
Estás a salvo en mi garganta
y yo te hablo hacia adentro.
Espérame de nuevo, que ya llego.
Todas las noches me pido permiso
y me meto adentro de mi garganta, me sumerjo
y te beso, te abrazo,
te paso la lengua por tu garganta
para limpiarte toda la rabia.
Quédate balanceándote iluminada,
quédate tranquilita, mi amor.
Yo te salvaguardo y te protejo, por Majestad.
Te hablo, aunque sordomuda.
Tú sabes que afuera es feo todo y todo es sucio,
tú sabes que hay terremotos y que la tierra
se va a acabar. Espérame otra vez esta noche
para besarte, porque aunque grites
sabes que no puedes salir de acá
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