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miércoles, 20 de marzo de 2019

La Madre Tierra como principio de vida



En 2017-2018 participé de la 2da cohorte de la Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación "Geopolítica y descolonización del saber". Al finalizar la diplo presentamos un trabajo monográfico en conjunto con dos compañeras. Y me pareció bien compartir aquí aquella parte que escribí en ese trabajo que acaso funciona como un esquema para luego profundizar. 



Nos interesa encuadrar este trabajo en el marco referencial que nos ofrece Nelson Maldonado-Torres (2008) cuando explica qué es el giro decolonial, la actitud des-colonial y la razón des-colonial. Establecer luego que este “giro” puede pensarse desde lo que Boaventura de Sousa Santos (2011) llama “Epistemologías del Sur”. Vamos a retomar algunas nociones sobre la Madre Tierra, la Pachamama, ampliando el tema desde las indicaciones de las clases de María Luisa Rubinelli (2017) y Enrique Tellez (2018).   

            El proceso de descolonización se ha dado a nivel mundial. Maldonado-Torres explica que este proceso puede verse en EEUU desde las comunidades de chicanas/os, puertorriqueños/as y migrantes de América Latina. En América Latina afrodescendientes e indígenas lideran este proceso tanto en Ecuador como en Bolivia y Brasil. También en Europa puede observarse en países tales como Francia, Alemania, Rusia. Otro tanto sucede en Cataluña o Palestina. Por eso, “el concepto de giro des-colonial en su expresión más básica busca poner en el centro del debate la cuestión de la colonización como componente constitutivo de la modernidad, y la descolonización como un sinnúmero indefinido de estrategias y formas contestatarias que plantean un cambio radical en las formas hegemónicas actuales de poder, ser y conocer” (Maldonado-Torres: 2008, 66). La actitud des-colonial y la razón des-colonial son formas de razón y emoción que se desprenden de este giro. Se trata de un tipo de actitud a partir del “horror o espanto ante la muerte” viabilizada por un sistema-mundo moderno/colonial que establece, a partir de la racialización y el capitalismo, procesos de etnocidios, ecocidios, femicidios, etc. No se trataría entonces de “hallar la verdad sobre un mundo” o el “asombro ante la naturaleza o lo usual” sino de “determinar los problemas de un mundo que se le aparece [al sujeto] como perverso y de hallar las vías posibles para su superación” (Idem, 67). 

            La razón des-colonial, por su parte, desde una serie de indicaciones que pueden encontrarse en Aimé Césaire y su Discurso sobre el colonialismo, es una especie de razón en donde los esclavos, los oprimidos, los grupos subalternos, toman conciencia de que los amos, los opresores, los grupos hegemónicos, mienten. Ante la mentira de la “civilización occidental”, ante las mentiras de los procesos de colonización, ante la mentira de la “Teoría del derrame”, ante la mentira de una historia lineal en donde Occidente es el fin deseable de toda civilización, etc.; la razón des-colonial busca alternativas teóricas y prácticas a estos modelos e imposiciones. Ante esta situación, y pensando desde conceptos vertidos por De Sousa Santos y Roda (2012), es posible plantear que esta razón des-colonial va más allá del “pensamiento abismal”. Que la “sociología de las ausencias” que impone la monocultura universal puede superarse desde una “sociología de las emergencias” que debe incluir al giro decolonial. Que es posible construir una “ecología de saberes” desde una epistemología de la solidaridad, desde diálogos de complementariedad que vayan hacia una construcción intercultural, en primer término, desde las periferias (Asia, África y América Latina).

            En una monografía titulada “Eurocentrismo y ontología indígena. La Pachamama[1] quisimos indicar una serie de problemas y alternativas a esos problemas desde categorías de la Filosofía de la Liberación y el giro decolonial. Nos interesa hacer un breve resumen aquí para luego agregar nuevos elementos a la discusión. En la primera parte de este trabajo abordamos el problema del eurocentrismo. Planteamos que el eurocentrismo nace conjuntamente con la modernidad y el capitalismo. También que es una ideología dominante que buscó –con bastante éxito- universalizarse. Desde el “mito de la modernidad” expuesto por Enrique Dussel y la categoría de “colonialidad del poder” expresada por Aníbal Quijano pudimos explicar, groso modo, en qué consiste el eurocentrismo y la forma en que ha operado en América Latina provocando un proceso de colonización que dura hasta nuestros días. “Epistemicidios” de por medio, la idea de Europa como “centro y fin de la historia”, el ego conquiro que se impone en América, la forma lineal de entender la historia, la distinción entre sujeto y objeto y el dominio sobre la naturaleza, la clasificación social a partir de la racialización del mundo, etc. son los elementos más salientes de esta construcción ideológica[2]. También utilizamos algunos argumentos de Bárbara Aguer y Ramón Grosfoguel para esta primera parte del trabajo. En la segunda parte nos adentramos en el tema de la “ontología indígena” (antes que ontología, tal vez la mejor expresión hubiera sido “fundamento”) y la Pachamama. Allí pudimos hablar sobre la “dualidad” tanto en la filosofía mesoamericana como la andina, los mitos cosmogónicos, Coatlicue y Pachamama, las divinidades femeninas (la Tierra, la Luna, la mujer, el agua), los “hombres de maíz”, los incas y sus interpretaciones de la vida, los pueblos periféricos al Incario y sus creencias, la relación entre el Sol y los seres humanos, el ritual de corpachada a la Madre Tierra, la importancia del calendario ritual y el alimento en las cosmovisiones indígenas, el tema del “valor ecológico”. Para esto nos fue de gran ayuda los trabajos de Luis Alberto Reyes, Matías Ahumada, Mario Vilca y Enrique Téllez. En esta monografía concluimos que, ante la (i)lógica del “dominio sobre la naturaleza” que la modernidad ha llevado al extremo provocando varias calamidades, el amor hacia la Madre Tierra que profesan y explican los pueblos originarios resulta profundamente necesario. 

            María Luisa Rubinelli (2017) nos plantea la necesidad de una “hermenéutica crítica” que dé cuenta de las tensiones producidas por una serie de conflictos contemporáneos que se dirigen hacia la negación de la dignidad humana. Este trabajo hermenéutico debe abrirse a diferentes perspectivas culturales teniendo en cuenta que cada grupo humano tiene diversas cosmovisiones éticas, epistemológicas, filosóficas, etc.[3] Cuando nuestra autora piensa lo humano y lo no humano nos dice: “La vida entera, de los humanos como del universo está tan íntimamente interrelacionada que no es posible pensar (imaginar) que pueda ser mantenida sin participación e implicación activa de humanos y no humanos. La Pachamama nos cría, nos hospeda y nosotros la cultivamos, criando y cuidando nuevas vidas” (Rubinelli: 2017, 2-3). En Bolivia y Ecuador se han dado los avances legislativos y constitucionales más interesantes en torno al cuidado de la Madre Tierra. En Bolivia se encuentra la Ley de Derechos de la Madre Tierra y la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien[4], en Ecuador existen Planes Nacionales del Buen Vivir desde 2007.

            Tomemos como ejemplo la Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra promulgada el 21 de diciembre de 2010 en Bolivia. En su artículo 1º (objeto) nos dice: “La presente ley tiene por objeto reconocer los derechos de la Madre Tierra, así como las obligaciones y deberes del Estado Plurinacional y de la sociedad para garantizar el respeto de estos derechos.” En su segundo artículo (principios) se enumeran seis principios: 1) armonía, 2) bien colectivo, 3) garantía de regeneración de la Madre Tierra, 4) respeto y defensa de los Derechos de la Madre Tierra, 5) no mercantilización y 6) interculturalidad. En el capítulo II titulado “Madre Tierra, definición y carácter”, el tercer artículo nos dice que “la Madre Tierra es el sistema viviente dinámico conformado por la comunidad indivisible de todos los sistemas de vida y los seres vivos, interrelacionados, interdependientes y complementarios, que comparten un destino común. La Madre Tierra es considerada sagrada, desde las cosmovisiones de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos.” En el capítulo III “Derechos de la Madre Tierra” se establecen los siguientes derechos: 1) a la vida, 2) a la diversidad de la vida, 3) al agua, 4) al aire limpio, 5) al equilibrio, 6) a la restauración y 7) a vivir libre de contaminación. En el cuarto y último capítulo titulado “Obligaciones del Estado y deberes de la sociedad”, en el artículo 8 se enumeran 7 obligaciones siendo la primera: “Desarrollar políticas públicas y acciones sistemáticas de prevención, alerta temprana, protección, precaución, para evitar que las actividades humanas conduzcan a la extinción de poblaciones de seres, la alteración de los ciclos y procesos que garantizan la vida o la destrucción de sistemas de vida, que incluyen los sistemas culturales que son parte de la Madre Tierra”. Para finalizar, el artículo nueve define los deberes de las personas y el diez establece la creación de la Defensoría de la Madre Tierra[5].  

            Habíamos retomado la categoría de “valor ecológico” en Enrique Téllez en nuestra monografía sobre la Pachamama que mencionáramos más arriba. Ahora nos gustaría dar un pantallazo general sobre una nueva propuesta de nuestro autor. Téllez nos dice que en un primer momento –positivo- las instituciones se constituyen a partir del orden material, formal y de factibilidad. El orden material a su vez tiene tres componentes: orden ecológico, económico y cultural. “El orden ecológico se refiere a la condición de existencia misma de la humanidad; como la agricultura o la pesca, porque tratan directamente de la producción, reproducción y el aumento cualitativo de la vida humana, en términos del metabolismo entre lo humano y lo natural” (Téllez: 2018, 1). En un segundo momento -crítico negativo- las instituciones se “desgastan”, se fetichizan, cuestión que obliga a su transformación. Por ese motivo se plantean tres transformaciones: 1) ecológicas: la “vida perpetua”, 2) económicas: el “Reino de la libertad” y 3) culturales: el pluriverso transmoderno. En el marco de las transformaciones ecológicas, y basándose en el postulado kantiano de la “Paz perpetua”, Téllez propone el postulado de la “Vida perpetua” entendido como el “fin de toda muerte” en un plano estrictamente material. Un postulado ecológico podría ser: “Actúa ecológicamente de tal manera que el contenido de tus actos sean la permanencia de la vida en medio de la abundancia, desde el horizonte de la carencia cero” (Téllez: 2018, 4).  

            Para finaliza, planteamos la necesidad de continuar construyendo alternativas al sistema-mundo moderno/colonial desde el conocimiento de las tradiciones de América Latina y sus pueblos originarios. Otro tanto harán movimientos de afros, feministas, desocupados, precarizados, etc. Desde una actitud des-colonial y una razón des-colonial, utilizando una hermenéutica crítica que nos ayude a visibilizar el “valor ecológico” y a defender la “vida perpetua”, podremos brindar otros modos de ver e interpretar el mundo. Se trata de un diálogo entre diversos movimientos latinoamericanos además de un diálogo entre las periferias del mundo (África, Asia y América Latina). Aunque este proceso ya se está dando, queda aún mucho camino por recorrer para alcanzar –para decirlo con Dussel- “Una Nueva Edad mundial en la historia de la filosofía” (Dussel: 2015). 

            
Bibliografía

De Sousa Santos, Boaventura (2011),  “Epistemologías del Sur”. Utopía y Praxis Latinoamericana / Año 16. Nº 54 (Julio-Septiembre, 2011) Pp. 17 – 39. Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social. CESA – FCES – Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela.
Dussel, Enrique (2006), “20 tesis de política”. Siglo XXI, México. 
------------------- (2015), “Filosofías del Sur. Descolonización y transmodernidad”. Ediciones Akal, México.
Estermann, Josef (2006), “Filosofía andina. Sabiduría indígena para un mundo nuevo”. 2da edición. La Paz: ISEAT.
Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra. Disponible en web: http://www.bdlaw.com/assets/htmldocuments/Bolivia%20Law%2071-2010.pdf
Maldonado-Torres, Nelson (2008), “La descolonización y el giro des-colonial”. Tabula Rasa, núm. 9, julio-diciembre, 2008, pp. 61-72. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia.
Roda, Héctor Federico (2012), “Justicia cognitiva global. Reflexiones desde la epistemología latinoamericana”, Revista digital Año 1, Nº 1.
Rubinelli, María Luisa (2017), “Construcciones de sentidos de lo humano y lo no humano desde las fronteras”. Clase 9, Módulo III. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.
Téllez, Enrique (2018), “Transformación institucional ecológica, económica, cultural”. Clase 16, Módulo V. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.
Vilca, Mario (2017), “Políticas ctónicas y pensar ch’ixi: un abordaje del espacio surandino”. Clase 8, Módulo III. Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Geopolítica y descolonización del saber. UNJU – AFyL.



[1] Monografía presentada en el marco de la Diplomatura Universitaria en Filosofía de la Liberación. Aportes para pensar a partir de la descolonialidad. UNJU – AFyL. Febrero de 2017.
[2] En la clase 8 de Mario Vilca (2017) puede encontrarse, en un párrafo apretado aunque bien indicativo e interesante, algunos de estos elementos.
[3] A propósito de nuestro tema y de la importancia de esta apertura cultural, es muy interesante el libro de Josef Estermann (2006) “Filosofía andina” en donde se trabaja la dimensión “relacional”, de “complentariedad” y de “reciprocidad” en aquellas culturas. La idea de una “pachasofía” nos ayuda a enriquecer nuestros abordajes.
[4] El Vivir bien “significa vivir… en armonía y equilibrio con la Madre Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos de dominación. Es Vivir Bien entre nosotros… con lo que nos rodea… y consigo mismo” (Rubinelli: 2017, 7).
[5] Ley 71-2010 de Derechos de la Madre Tierra. Disponible en web: http://www.bdlaw.com/assets/htmldocuments/Bolivia%20Law%2071-2010.pdf. A partir de estos ejemplos podemos pensar, desde una Política de la Liberación, la categoría de “poder obediencial” planteada por Enrique Dussel desde Evo Morales y el “mandar obedeciendo” zapatista (Dussel: 2006, 34-39) 

viernes, 8 de marzo de 2013

EL MUNDO › OPINION: Chávez, el legado y los desafíos


Por Boaventura de Sousa Santos * 

Murió el líder político democrático más carismático de las últimas décadas. Cuando esto sucede en democracia, el carisma crea entre gobernantes y gobernados una relación particularmente movilizadora, porque reúne a la legitimidad democrática con una identidad de pertenencia y un conjunto de objetivos compartidos que van mucho más allá de la representación política. Las clases populares, habituadas a ser golpeadas por un poder lejano y represor (las democracias de baja intensidad alimentan ese poder), viven momentos en los que la distancia entre representantes y representados casi se desvanece. Los opositores hablan de populismo y autoritarismo, pero raramente logran convencer a los votantes. Es que, en democracia, el carisma permite niveles de educación cívica difícilmente alcanzables en otras condiciones. La compleja química entre carisma y democracia profundiza ambos procesos, sobre todo cuando se traduce en medidas de redistribución social de la riqueza. El problema del carisma es que termina con el líder. Para continuar sin él, la democracia necesita ser reforzada con dos ingredientes cuya química es igualmente compleja, sobre todo en un inmediato período poscarismático: la institucionalidad y la participación popular.

Al gritar en las calles de Caracas “¡todos somos Chávez!”, el pueblo es lúcidamente consciente de que Chávez hubo uno solo y que la Revolución Bolivariana tendrá enemigos internos y externos lo suficientemente fuertes como para poner en cuestión la intensa experiencia democrática de los últimos catorce años. En Brasil, el presidente Lula fue también un líder carismático. Después de él, la presidenta Dilma aprovechó la fuerte institucionalidad del Estado y de la democracia brasileñas, pero ha tenido dificultades para complementarla con la participación popular. En Venezuela, la fortaleza de las instituciones es mucho menor, mientras que el impulso de la participación popular es mucho mayor. Es en este contexto que debemos analizar el legado de Chávez y los desafíos en el horizonte.

El legado

 

n La redistribución de la riqueza. Chávez, al igual que otros líderes latinoamericanos, aprovechó el boom de los recursos naturales (en especial, el petróleo) para realizar un programa sin precedentes de políticas sociales, sobre todo en las áreas de educación, salud, vivienda e infraestructura, que mejoraron sustancialmente la vida de la inmensa mayoría de la población. La Venezuela saudita dio lugar a la Venezuela bolivariana.

n La integración regional. Chávez fue un artífice incansable de la integración del subcontinente latinoamericano. No se trató de un cálculo mezquino de supervivencia o hegemonía. Chávez creía como nadie en la idea de la Patria Grande de Simón Bolívar. Las diferencias políticas sustantivas entre los países de la región eran vistas por él como discusiones dentro de una gran familia. Cuando tuvo la oportunidad, procuró restaurar los lazos con el miembro de la familia más reticente y más pro estadounidense, Colombia. Procuró que las relaciones entre los países latinoamericanos fueran mucho más allá de los intercambios comerciales y que éstos se pautasen por una lógica de complementariedad y reciprocidad, y no por una lógica capitalista. Su solidaridad con Cuba es bien conocida, pero fue igualmente decisiva con la Argentina durante la crisis de 2001-2002 y con los pequeños países del Caribe.

Fue un entusiasta de todas las formas de integración regional que ayudaran al continente a dejar de ser el patio trasero de Estados Unidos. Encabezó el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), luego ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos), también quiso ser miembro del Mercosur. La Celac (Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe) y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) son otras de las instituciones de integración a las que Chávez dio su impulso.
n Antiimperialismo. En los momentos más críticos de su gobierno (incluyendo la resistencia al golpe de Estado del que fue víctima en 2002), Chávez se enfrentó con el unilateralismo estadounidense más agresivo (George W. Bush), que llegó a su punto más destructivo con la invasión de Irak. Chávez tenía la convicción de que lo que estaba pasando en Medio Oriente pasaría un día en América latina, si la región no se preparaba para esa eventualidad. De ahí, su interés por la integración regional. Pero también estaba convencido de que la única manera de frenar a los Estados Unidos era alimentar el multilateralismo, fortaleciendo lo que quedaba de la Guerra Fría. De ahí, su acercamiento a Rusia, China e Irán. Sabía que los Estados Unidos (con el apoyo de la Unión Europea) continuarían “liberando” a todos los países que pudiesen desafiar a Israel o ser una amenaza para el acceso al petróleo. De ahí, la “liberación” de Libia, seguida por la de Siria y, en un futuro próximo, Irán. De ahí, también, el desinterés de los Estados Unidos y la Unión Europea por “liberar” el país gobernado por la dictadura más retrógrada, Arabia Saudita.

n El socialismo del siglo XXI. Chávez no consiguió construir el socialismo del siglo XXI, al que llamó socialismo bolivariano. ¿Cuál sería su modelo de socialismo, teniendo en cuenta que siempre mostró una reverencia por la experiencia cubana que muchos consideraron excesiva? Me consuela saber que en varias ocasiones Chávez se refirió con aprobación a mi definición de socialismo: “El socialismo es la democracia sin fin”. Es cierto que eran discursos y que la práctica sería sin duda mucho más difícil y compleja. Quiso que el socialismo bolivariano fuera pacífico, pero armado para que no le ocurriera lo mismo que a Salvador Allende. Nacionalizó empresas, lo que causó la ira de los inversores extranjeros, que se vengaron con una impresionante campaña de demonización de Chávez, tanto en Europa (especialmente en España) como en los Estados Unidos. Desarticuló el capitalismo que existía, pero no lo sustituyó. De ahí, las crisis de abastecimiento e inversión, la inflación y la creciente dependencia de los ingresos petroleros. Polarizó la lucha de clases y puso en guardia a las viejas y a las nuevas clases capitalistas, que habían tenido durante mucho tiempo un monopolio casi total de la comunicación social y que siempre mantuvieron el control del capital financiero. La polarización llegó a la calle y muchos consideraron que el gran aumento de la delincuencia era su producto (¿dirán lo mismo del aumento del delito en San Pablo o Johannesburgo?).

n El Estado comunal. Chávez sabía que la máquina estatal construida por las oligarquías que siempre habían dominado el país haría todo lo posible para bloquear el nuevo proceso revolucionario que, a diferencia de los anteriores, nacía con la democracia y se alimentaba de ella. Buscó, por eso, crear estructuras paralelas. Primero fueron las misiones y las grandes misiones, un amplio programa de políticas públicas en diferentes sectores, cada una con un nombre sugestivo (por ejemplo, la Misión Barrio Adentro, para ofrecer servicios de salud a las clases populares), con participación social y ayuda de Cuba. Después fue la institucionalización del poder popular, un ordenamiento territorial paralelo al existente (estados y municipios), con la comuna como célula básica, la propiedad social como principio y la construcción del socialismo como objetivo principal. A diferencia de otras experiencias latinoamericanas que trataron de articular la democracia representativa con la democracia participativa (el caso del presupuesto participativo y los consejos populares sectoriales), el Estado comunal asume una relación de confrontación entre esas dos formas de la democracia. Tal vez ésa sea su gran debilidad.

Los desafíos

 

n La unión cívico-militar. Chávez asentó su poder sobre dos bases: la adhesión democrática de las clases populares y la unión política entre el poder civil y las fuerzas armadas. Esta unión siempre ha sido problemática en el continente y, cuando existió, tuvo casi siempre orientación conservadora e, incluso, dictatorial. Chávez, él mismo un militar, consiguió una unión de sentido progresista que le dio estabilidad al régimen. Pero para eso tuvo que darles poder económico a los militares, lo que, además de ser una fuente de corrupción, mañana puede volverse en contra de la Revolución Bolivariana o, lo que es lo mismo, subvertir su espíritu transformador y democrático.

n El extractivismo. La Revolución Bolivariana profundizó la dependencia del petróleo y los recursos naturales en general, un fenómeno que, lejos de ser específico de Venezuela, está hoy presente en otros países administrados por gobiernos que consideramos progresistas, como Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia. La dependencia excesiva de los recursos naturales bloquea la diversificación de la economía, destruye el medioambiente y, sobre todo, constituye una agresión constante a las poblaciones indígenas y campesinas, en cuyos territorios se encuentran esos recursos, contaminando sus aguas, desconociendo sus derechos ancestrales, violando el derecho internacional que exige la consulta a las poblaciones, expulsándolas de sus tierras, asesinando a sus líderes comunitarios. Hace apenas unos días asesinaron a un gran líder indígena de la Sierra de Perijá (Venezuela), Sabino Romero, referente de una lucha con la que me solidarizo desde hace años. ¿Sabrán los sucesores de Chávez enfrentar este problema?

n El régimen político. Aun cuando es votado democráticamente, un régimen político hecho a medida de un líder carismático tiende a ser un problema para sus sucesores. Los desafíos son enormes en el caso de Venezuela. Por un lado, la debilidad general de las instituciones; por el otro, una institucionalidad paralela, el Estado comunal, dominado por el partido creado por Chávez, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela). Si se instaura el vértigo del partido único, será el fin de la revolución bolivariana. El PSUV es un agregado de diversas tendencias y la convivencia entre ellas ha sido difícil. Desaparecida la figura aglutinante de Chávez, es necesario encontrar maneras de expresar la diversidad interna. Sólo un intenso ejercicio de democracia interna le permitirá al PSUV ser una de las expresiones nacionales de profundización democrática que bloqueen el avance de las fuerzas políticas interesadas en destruir, punto por punto, todo lo que fue conquistado por las clases populares en estos años. Si la corrupción no es controlada y si las diferencias internas son reprimidas por declaraciones de que todos son chavistas y que cada uno es más chavista que el otro, se abrirá el camino para los enemigos de la Revolución. Una cosa es cierta: si hay que seguir el ejemplo de Chávez, es crucial que no se repriman las críticas. Es necesario abandonar el autoritarismo que ha caracterizado a grandes sectores de la izquierda latinoamericana.

El gran desafío para las fuerzas progresistas del continente es saber distinguir entre el estilo polemizante de Chávez, ciertamente controvertido, y el sentido político sustantivo de su gobierno, inequívocamente a favor de las clases populares y de una integración solidaria de América latina. Las fuerzas conservadoras harán todo lo posible para confundirlos. Chávez contribuyó en forma decisiva a consolidar la democracia en el imaginario social. La consolidó donde es más difícil que sea traicionada, en el corazón de las clases populares. Y donde también la traición es más peligrosa. ¿Alguien imagina a las clases populares de tantos otros países derramando ante la muerte de un líder político democrático las lágrimas amargas con que los venezolanos inundan las pantallas de televisión del mundo? Este es un patrimonio precioso, tanto para los venezolanos como para todos los latinoamericanos. Sería un crimen desperdiciarlo.

* Doctor en Sociología del Derecho, profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y Wisconsin (EE.UU.).

Traducción: Javier Lorca.

Tomado de aquí.

 
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