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viernes, 29 de enero de 2021

Una experiencia entre 7.500 millones de experiencias humanas posibles más miles de millones de experiencias de otras especies y seres en un pluriverso de miles de millones de planetas con miles de millones de seres

 


 

6. "Miro al pasado y observo lo que ocurrió a los que vinieron, miro al futuro y
observo lo que ocurrirá a los que tienen que venir. El hombre mortal madura
como el maíz y, como el maíz, brota de nuevo."

Los Upanishads, Kata Upanishad, Primer Valli

 

Y vendrán tres lustrabotas, tres payasos y tres brujos / mis inmortales compinches gritándome "¡Fuerza, che/ nacé, nacé, dale pibe / metéle hermano, que es duro / pero muy bueno el oficio de morir y renacer!"

Preludio para el año 3001 – Música: Astor Piazzolla, Letra: Horacio Ferrer

 

1)      Viajé a Chile hace muchos años. Un amigo estaba atento a los movimientos que se daban en el cielo por la noche. Yo lo escuchaba pero no le creía. Al fin, por aquel entonces, era un marxista-leninista con vocación de ateo. Nada que pudiera significar cierta “metafísica” y/o vida extraterrestre me llamaba mucho la atención. Hasta que una noche decidí observar. Y pasaban las horas y entre charla y charla mirábamos el cielo nocturno con sus estrellas, sus meteoritos, su Luna, sus satélites, sus misterios. Los movimientos estaban ahí. Eran movimientos de las propias estrellas y entre ellas, eran luces que surcaban el cielo.

2)      Como todo en la vida, es cuestión de práctica. Aunque con intervalos, desde 2004 acostumbro mirar el cielo. Al principio lo hacía media hora o una hora. Luego fueron 3 o 4 horas por noche. Hasta que llegó el momento que miraba el firmamento nocturno hasta que amanecía. Las estrellas generan pequeños movimientos. A veces, están divididas en dos con sutiles puntos como centros y rayos que salen de ellos. Una noche al mirar una estrella por mucho tiempo su energía y la mía se sincronizaron. Al respirar, la estrella realizaba el mismo movimiento de inspiración y expiración. En ese instante estábamos en la misma frecuencia.

3)      Me considero una persona más nocturna que diurna. Tengo una natural fijación con la Luna. He visto cómo cambia de formas al ser observada y la manera en que sus rayos indican ciertos lugares en el cielo o estrellas que guardan mensajes particulares.

4)      Desde 2006 me intereso por procesos y culturas vinculados con los pueblos originarios. Primero fue Oaxaca, luego el EZLN, los tojolabales desde Lenskersdorf, etc. Pero en febrero de 2017 realicé una monografía sobre la Pachamama. Busqué centrarla sobre su dimensión material. Sin embargo su voluntad espiritual ha ido ganando mis formas de ver el mundo. La vida desde la tierra, el agua, el Sol, la semilla. Somos hijxs de la Pachamama, una más de sus múltiples manifestaciones.  

5)      Ahora bien, desde Octubre de 2019, al leer textos de espiritualidad de mi viejo –desencarnado en agosto de 2018-, empecé a poner en cuestión mi propio agnosticismo. Mientras avanzaba en la lectura de sus trabajos podía percibir como él me indicaba qué textos leer, qué frases rescatar, cómo ordenar esos textos para hacer un libro. Pude percibir su alma acompañándome en ese proceso, indicándome caminos, opciones. Contándome sobre sus vidas pasadas y también sobre las mías. En ese momento pude constatar lo importante del Karma y el Dharma. La posibilidad de conocer vidas pasadas a través de la meditación natural nos da pautas para entender la vida presente. Las consecuencias del Karma –en no pocas oportunidades- coinciden con el desarrollo del Dharma. Nuestra misión en esta vida tiene que ver con saldar nuestro karma, profundizar nuestro Dharma y no generar nuevo Karma. Eliminar por completo el Karma es la posibilidad de acceder a una nueva dimensión en donde ya no sea necesario reencarnar en esta Tierra. He podido acceder a algunas de mis vidas pasadas. También he reconocido vidas pasadas de personas cercanas, amigxs, conocidxs. Esto me ha vuelto profundamente compasivo.

6)      En el cielo, a partir de las estrellas, se forman múltiples triángulos. Es conocida la importancia del triángulo en muchas culturas. Es la posibilidad de encontrar soluciones y alternativas a los desafíos de la vida. Jesús decía: “cuando dos se reúnan en mi nombre, ahí estaré” (3 vértices de un triángulo). El Padre, el hijo y el Espíritu Santo. La dialéctica –tesis, antítesis y síntesis- se resuelve en 3. El llamado 3er ojo se simboliza al interior de un triángulo. Las pirámides de muchas culturas -las de Egipto en particular- se basan en triángulos.

7)      No se pueden percibir correctamente los movimientos del cielo con aparatos y dispositivos. Debe hacerse a simple vista. De esa manera el alma universal se manifiesta.

8)      Durante mucho tiempo he subido las palabras de mis hermanxs al cielo, al lugar de la escucha pluriversal. Luego me di cuenta que no siempre debía hacer eso. Que no era una ley o una regla.

9)      Las casas, la tierra, las plantas absorben la energía que genera el ser humano. Es posible detectar esta energía. En el caso de que la energía sea negativa, el agua puede limpiarla para que no afecte a los seres humanos y no-humanos.

10)  Por la Pachamama, en primer término, recibí energía de la tierra. Una tarde noche, haciendo un asado en el patio de mi casa, recibí energía del cielo. Así quedó compuesto mi cuerpo: energía de la tierra hasta la cintura y energía del cielo desde la cabeza hasta la cintura. La integración de lo femenino y lo masculino. Una posibilidad de lo complementario.

11)  Por las noches cuando estoy acostado energías negativas con forma de rectángulos se acercan a mi cama. Puedo tomar esas energías y enviarlas al centro de la Tierra donde esa energía es sutilizada. Esa energía no desaparece, simplemente hace menos daño que si no fuera procesada.

12)  Cuando visualizo la cabeza de una persona prendida fuego es señal de que se encuentra en un proceso de transformación, en una lucha entre energías positivas y negativas. En cambio, cuando visualizo las cabezas como calaveras significa que las personas se han entregado a energías negativas.

13)   Me sucedió de una forma muy particular. Siempre he sentido una gran simpatía por los perros. Cuando salgo a caminar y veo un perro suelo saludarlo. En una oportunidad pasé cerca de un perro, lo saludo, y luego tuve la sensación de que me iba a morder. Era raro. Me sucedió en una segunda ocasión y allí pude divisar frente a mí una imagen poco clara. La tercera vez que saludé a un perro y pasé cerca de él entendí por qué temía ser mordido. El perro me había aceptado, la Totalidad me había aceptado, y la imagen que veía era la de mis propias piernas por la parte de atrás. O sea, ¡me estaba viendo desde los ojos del perro! Inmediatamente me puse a practicar y he podido verme desde plantas, puertas, paredes, hojas, libros, estrellas, etc. A su vez, todos esos seres pueden verse a través mío. En ese momento somos Uno, la Totalidad del pluriverso. Es solo a partir del amor y la bondad que puede ingresarse en la Totalidad, ver y oír a partir de todos los seres. Las energías negativas densas (envidias, odios, resentimientos, etc) no pueden acceder a ese plano. Habitar la Totalidad solo es posible desde la energía positiva. Alejarse de esa energía es perder la conexión con la Totalidad.

14)   En lo referido a poder mirarse desde otros seres se da una situación muy particular con los espejos: ¡podemos vernos como realmente somos y no invertidos! Y eso asusta a cualquiera.

15)  Además de la vista, el oído también es un sentido muy importante. En los hechos cotidianos puedo escuchar si una planta necesita agua y cuánta agua necesita (es ella quien me lo dice). Al hacerme un té, las plantitas me indican cuánta cantidad debo poner en la taza. En un asado, los leños se señalan a sí mismos para hacer el fuego. También la tierra me habla si acaso necesita agua en un sector en particular para diluir energías negativas.

16)   A partir de 2030 los temas tratados por las Ciencias Sociales críticas, por las filosofías críticas y las espiritualidades conscientes tomarán verdadera centralidad. Para 2050 la especie humana ya no habitará esta tierra. Tristemente continuaremos en un desequilibrio entre lo positivo y lo negativo siendo las energías negativas las que hegemonicen estos últimos 30 años. Sin embargo, cada reforma, cada pensamiento, cada sentimiento, cada acción que vaya en el sentido de las energías positivas serán un avance para mitigar el karma colectivo de la especie humana.  

  

                

           

 

domingo, 19 de abril de 2020

Nota sobre la noción de “espíritu” en una charla de café




Marcelo Fernandez Farias

Segúna la RAE (sic) “espíritu” puede definirse como: 1) ser inmaterial y dotado de razón, 2) alma racional y/o 3) principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo. Posiblemente la noción de “espíritu” sea una de las nociones más controvertidas[1]


[1] Al decir “controvertidas” nos referimos a “polémicas” o bien a “discutibles”. También podríamos decir que la noción de “espíritu” es idealista o surrealista o religiosa o esencialista o material. Se sabe perfectamente que las palabras nunca indican lo que parecen indicar. Al fin, los sujetos humanos y no humanos escapan a las palabras. No por eso vamos a dejar de usar palabras. Solamente diremos que es bueno tener en cuenta que hay, allí, en el mundo, en el Universo, un exceso de realidad. (¿Se puede establecer un orden? ¿Hay patrones que se repiten de manera tal que nos habilitan a formular reglas? ¿O es todo un sinfín de fragmentos, pequeños relatos, microhistorias, corpúsculos sin conexión?) Creemos que la vida tiene un orden, un sentido, una lógica. Se lo damos y está allí (¿o está allí y lo descubrimos?). Con esa estructura más o menos frágil nos movemos en la vida. Claro que no faltará el que diga que vivimos en una Matrix. Que todo lo que creemos que existe es en realidad un programa de computadora universal generando “escenarios terrestres”. Que las calles, los árboles, las acequias y todo lo demás son “hologramas concretos”. Que la física cuántica explica lo incierto de la relación observador-observado. (Y tal vez las personas que creen en esto no están tan equivocadas). Nosotros pensamos más bien en cosas “materiales” y, sin embargo, nos encanta encontrarles su lado metafísico. Por ejemplo, creemos que existe un sistema-mundo moderno/colonial (Wallerstein, Dussel, Grosfoguel), que existe el capitalismo, los aparatos ideológicos y represivos del Estado, los bares, las bebidas espirituosas, los cigarros, los libros y los manteles. También intuimos la existencia de un Dios-Capital, templos financieros, estampitas con formas de billetes y sacerdotes con formas de empresarixs, economistxs y banquerxs. (Detalle: los fieles de los bares, por cierto, ya son otra cosa. Van religiosamente a esos lugares con malos libros bajo el brazo y exigen bebidas baratas y ceniceros oxidados. Se sientan en pequeñas mesas cubiertas por manteles manchados y arrugados y empiezan a hablar sobre el primer tema que les viene a la mente. Aunque parece que, en algún momento del amanecer, abandonan ese templo, esa es efectivamente una idea metafísica. Los fieles de los bares jamás se han ido de ninguno de sus lugares predilectos. Es por ese motivo que los bares siempre están llenos, haya o no personas. Y las bebidas se consumen, haya o no bocas)
Pero volviendo al tema que aquí nos convoca, existe la idea del espíritu como entidad trascendente del ser humano. El cuerpo, la materia, es sólo un vehículo circunstancial que queda en la Tierra cuando finaliza una ronda terrestre. El espíritu puede moverse por varias dimensiones, transitar por el Universo, conocer diversos planetas, charlar con Dios. Una propuesta muy actual es aquella que se centra en el individuo, en su percepción de la vida, en su mundo interior, en su psiquis. Se trataría de la forma en que el ser humano ve el mundo. Del tipo de conciencia que permite una interpretación más plena de la propia personalidad, de la propia especie, del mundo y el Universo. Esta perspectiva propone múltiples ejercicios y maneras de vivir en donde una persona puede lograr este avance de conciencia: formas de respiración, meditación, formas de alimentación, cierto tipo de vinculación con la información, etc. Sin embargo, y aunque algunas sugerencias de este modo de ver las cosas y encarar la vida pueden ser atinadas, nos parece que se deja de lado a las estructuras a la hora de analizar cómo se organiza una ideología, un cuerpo, un tipo de conciencia, una estructura psíquica, un cerebro, etc. No cabe duda sobre el hecho de que nacemos en una sociedad fuertemente estructurada. Que, desde pequeños, nos imponen una lengua, una religión y en la escuela nos enseñan los conocimientos supuestamente válidos para el tipo de sociedad en que nos toca vivir. Vamos a diversas instituciones que, con sus sistemas de reglas, van configurando un tipo de ser humano, de personalidad, de manera de actuar. La educación formal y las religiones estructuran la cuestión ideológica. La policía, los militares, los servicios apuntalan la lógica represiva (Althusser). Luego, las instancias de poder están difuminadas por todos los estratos de la sociedad y, a partir de ellas, también se establecen formas de relacionamiento social (Foucault). Por eso, el “individuo”, lejos de vivir un ámbito de libertad mental y físico, más bien se encuentra estructurado por todas estas instancias que indican una forma de “orden”. Entonces, parece que de lo que se trata es de pensar dialécticamente la manera en que un ser colectivo deviene individual y un ser individual deviene colectivo o, mejor dicho, la forma en que una conciencia puede reflexionar sobra la manera en que su esfera individual es a su vez colectiva y viceversa. Ni la estructura es “determinante en última instancia” ni el individuo puede autoconfigurarse en una suerte de libertad absoluta.
“Cuando nos dormimos, ¿dónde va el espíritu?” –podríamos preguntarnos parafraseando el título del último disco de Billie Eilish-. ¿Es posible que exista un espíritu plenamente sabio viviendo trabajosamente en un cuerpo humano? Dejemos estas interrogantes para más al verano. Supongamos que existe un Dios inmanente como planteaba Spinoza –según dicen los que saben-. Y que, no solamente los seres humanos tienen un espíritu, sino que los seres no humanos también lo tienen. ¿Serán todos esos espíritus parte de este Dios inmanente? Muy probablemente sí. Los espíritus serían una manifestación más de este Dios. ¿Y si pensáramos esta cuestión a partir de la Pachamama? ¿No es la Pachamama una forma de Dios(a) inmanente? Esta espiritualidad andina tiene relación con el abajo, con la tierra, con el cielo. Es, efectivamente, el espíritu del agua, de la semilla, de la tierra, del Sol, de la siembra y la cosecha. Es también la sumatoria de la totalidad de los espíritus de cada uno de los seres que habitan este Planeta. La Pachamama son los ríos, el mar, los animales no humanxs, los vegetales, los minerales. Además, al tratarse de una forma de totalidad viva y en movimiento, hay que incluir también la contemplación de los astros –estrellas, planetas, el Sol y la Luna- que conviven en este Pluriverso con el Planeta. Siguiendo este razonamiento, y en el marco de la pandemia de coronavirus en curso, también podríamos preguntarnos: ¿existe un espíritu en cada virus?, ¿son ellos también una manifestación de un Dios inmanente, de la Pachamama, etc.?, ¿es posible superar el egocentrismo y el antropocentrismo a la hora de visualizar la reacción de la Tierra ante la debacle ecológica actual? La inmanencia y la totalidad establecen una situación en donde juzgar es prácticamente imposible. El hecho de encontrar una manifestación de Dios en cada uno de los seres del Pluriverso solo nos puede conducir al silencio y la contemplación.
Ahora, pensemos en la no existencia del espíritu. La no existencia del alma. En la actualidad, la mayoría de los fenómenos son explicados por la Ciencia. La Teoría del Big Bang nos demuestra el origen del Universo y Darwin el origen de las especies. El genoma humano explica nuestro recorrido ancestral, nuestras potenciales enfermedades, etc. Los avances en la medicina ha extendido la esperanza de vida en esta Tierra. La tecnología ha ocupado prácticamente cada uno de los espacios en nuestra vida, para lo mejor y lo peor. La proliferación de mercancías y servicios nos mantiene en la esfera del consumo en un mundo posmoderno. Existen múltiples formas de distracción, de entretenimiento, de pasatiempos, en una sociedad más bien pragmática, concreta, resultadista. ¿Puede la Ciencia “sin espíritu” brindar las respuestas necesarias para esta época? ¿Podrá ocupar efectivamente los espacios del imaginario social brindando formas de creencia que le den un sentido a la existencia? Posiblemente, en un aspecto, se haya logrado. Pero también es verdad que, como decía Goethe, “gris es la teoría y verde el árbol de la vida”.
Como sea, no buscamos respuestas definitivas. Más bien se trata de matar el tiempo mientras la cuarentena pasa, mientras el coronavirus pasa. Porque hay preguntas e inquietudes que posiblemente nos acompañen toda la vida y nunca accederemos a una respuesta que nos convenza, que nos satisfaga. Más bien se trataría, en este caso, de mantenernos en las preguntas. Ya que el Pluriverso es infinito y, nosotros, solo un breve suspiro en la interminable manifestación de la vida.                  
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