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domingo, 17 de febrero de 2013

Volver a las raíces



Por Osvaldo Bayer 

Desde Bonn, Alemania

El Papa. El gran tema de los últimos días. Se siguen discutiendo las causas de su renuncia. La única explicación es: no tenía otra salida. Los problemas de la Iglesia Católica son innumerables. Y para sanear toda esa antigua estructura de siglos, la única forma de seguir adelante era una sola: cambiar todo. Y para el papa Ratzinger, eso era imposible. El es un ultraconservador nato. La crisis del catolicismo en su propio país, Alemania, es tan grande en la actualidad que para buscar una solución debían aplicarse medidas que iban contra su pensamiento y filosofía de siempre. Repetimos, Ratzinger es un ultraconservador y no podía ahora ir contra esos principios de toda la vida. Y, justamente, los cardenales italianos conservadores lo eligieron Papa a él porque creían que, con sus pensamientos teóricos, el alemán iba a vencer todas las ofensivas de la izquierda católica. Más, con la crisis que está viviendo el catolicismo alemán en estos momentos se hacen necesarias ya mismo medidas de cambio fundamentales. Pero no, el camino de Ratzinger era: ante los problemas, rezar, pedir al Señor su benevolencia, pero seguir el mismo camino. Aunque finalmente, no vio salidas. Tenía que jugarse. Tenía que tomar verdaderamente el poder y modernizar la Iglesia desde sus bases. Más, a su edad y con el cardenalato conservador que lo rodeaba, era imposible. E hizo lo impensado para un Papa; renunció. Y aquí no se equivocó. Deja el caos que no pudo ni quiso sanear desde la base. Y les deja el cadáver a los que vienen. La realidad lo dice: no hay otro camino para la Iglesia Católica actual que modernizarse. Avanzar, acompañar a los que luchan por un mundo sin violencias, injusticias ni guerras. Empezar, para ello, con su organización interna.

Terminar, por ejemplo, con la irracionalidad de la exigencia de la castidad para sus sacerdotes. El amor debe ser el sentimiento fundamental de la vida del ser humano. Acabar con el mito de que sólo los hombres pueden ser los representantes de Dios en la Tierra. Por ejemplo, antes, a las mujeres no se les permitía participar en la vida política. Ahora, sí. Y han demostrado que hasta pueden ser mejores que los hombres. Aquí, en Alemania, ha quedado demostrado que la actual primera ministra, Angela Merkel, es la mejor gobernante que ha tenido Alemania en ese cargo, desde los tiempos de Adenauer. Lástima que sea conservadora, opinan muchos. Y el tercer cambio –entre otros muchos– sería acabar con esas representaciones un tanto fuera de época, con esos disfraces y bonetes cada vez más grandes y esas sotanas que les cubren el cuerpo. Y que sigan el ejemplo de esos curas obreros que vestían como trabajadores comunes, con total sencillez y ninguna pompa. Además, acabar con esos rezos y exclamaciones tan teatrales e irracionales como aquella de “Dios, ten piedad de nosotros” o “Dios, en su infinita bondad”. Porque entonces habría que preguntarse: ¿por qué Dios, en su infinita bondad, permite las guerras y la muerte por hambre de miles de niños en el mundo? No, la Iglesia Católica debe alejarse definitivamente del camino actual. El único futuro de progreso y triunfo sería que tome el camino de aquellos obispos como Angelelli y De Nevares (a quienes conocí mucho y conversé largo con ellos) que dedicaron sus vidas a un verdadero apostolado: luchar desde las bases contra las injusticias sociales. Para que todos tengan trabajo y techo dignos y se acaben las injustas diferencias sociales, los conflictos, las guerras. Es decir, las verdaderas diferencias de total injusticia e irracionalismo que vive actualmente y ha vivido siempre el ser humano. Disminuir lo injusto de todos los días. Ir a las verdaderas enseñanzas de Cristo Jesús, que era un hombre cualquiera pero con los ideales justos y no el hijo de algún Dios y menos de una virgen. (Esto, lo de la virginidad de María, es un insulto al acto de procreación, una de las cosas más hermosas y apreciadas de la vida, siempre que se haga por amor y no por violencia.)

Basta a eso de arrodillarse y rezar, no. Hablar en voz alta y denunciar las injusticia de la sociedad. Todo queda demostrado con este hecho cierto e indiscutible: mientras un alemán fue Papa, dejaron de pertenecer a la religión católica miles de alemanes. Y esto se debe precisamente al haberse comprobado los miles de casos de abuso sexual de niños en las escuelas católicas por parte de sacerdotes y “hermanos”. No sólo aquí, sino también en Estados Unidos, Canadá y otros países con esa religión. Hechos que fueron reconocidos por las propias iglesias locales. Además, se sumó, en este país, la negativa de dos hospitales católicos de atender a una mujer violada que había solicitado “la píldora del día después” para impedir un posible embarazo. El motivo de la negativa fue “que un hospital católico se niega a apoyar toda clase de abortos”. El escándalo fue tan grande que tuvo que salir al paso el cardenal de Colonia, Meissner, a declarar que “la negativa había sido un error” y que a partir de ahora se iba a atender a toda mujer violada y, en el caso de comprobarse la violación, se le suministraría la citada píldora. Pero igual, este paso atrás no alivió en nada la indignación de todos los sectores de la sociedad alemana. El cardenal Meissner y otros obispos alemanes salieron entonces a declarar que en Alemania se había preparado una campaña anticatólica que se igualaba al pogrom de la Alemania nazi contra los judíos. Esto agravó más la situación. La reacción fue peor. No se trata de lo mismo. Se considera un deber para la sociedad terminar con los delitos contra la infancia y dar ayuda a la mujer violada. El mismo papa Ratzinger, durante su mandato, fue observando y censurando esos inexplicables casos de pederastia. Y en algunos de sus últimos sermones, insinuó que era necesario debatir el tema y buscar una solución: asumió que la Iglesia, en su futuro, debía adoptar reformas. Aquí se veía que estaba abandonando su posición ultraconservadora. El, que siendo obispo estuvo contra la Teología de la Liberación. Pero luego, en su pontificado, parece que fue aprendiendo la lección.

La Iglesia Católica necesita una total renovación, así no tiene futuro. Ojalá que el próximo Papa comprenda la nueva época que se abre y haga lo que dejó de hacer o no pudo hacer el papa Benedicto. Pero, claro, siguen estando en el poder inmediato los cardenales ultraconservadores. La masa mundial de católicos que quiera un verdadero cristianismo deberá moverse ya mismo y hacer conocer los cambios necesarios. No dar curso a la elección de un Papa elitista sino a la de uno de los tantos teólogos progresistas que fueron surgiendo en las últimas épocas. Sin ellos, no hay futuro para el catolicismo. Que Ratzinger sea la última experiencia del intento de conservar un sistema que se ha quedado en el tiempo. Acercarse a la Teología de la Liberación significaría un paso adelante, una actitud positiva para esa religión y para el progreso del mundo.

Volver a las raíces. Seguir el ejemplo de tantos mártires que dieron su vida por un sentimiento que proclamaba la solidaridad, la convivencia de los seres humanos y la mano abierta como única fórmula de llevar adelante el pensamiento de Jesús, para un mundo de paz y sin injusticias.

Tomado de aquí.

 

sábado, 19 de enero de 2013

¿Qué diría Jesús?


Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

Una muy mala noticia para aquellos católicos que se habían alegrado cuando los obispos alemanes resolvieron convocar a expertos universitarios para hacer una profunda investigación sobre los abusos sexuales de sacerdotes y docentes católicos, cometidos contra menores de edad, alumnos de escuelas, colegios e internados de esa religión cristiana. Esta medida, por primera vez en la historia del catolicismo, había sido resuelta por las máximas cabezas de la Iglesia alemana ante las repetidas denuncias de esos abusos contra niños y adolescentes.

Todos aplaudieron esa medida tan profunda de autocrítica y creyeron que iba a ser el primer paso de la Iglesia Católica oficial para abandonar la obligación de la “castidad” de por vida que deben jurar todos aquellos que eligen el sacerdocio como dedicación de sus vidas. Exigir la castidad es nada menos que poner del lado del mal y del pecado al amor, tal vez lo más preciado en la vida del ser humano. Y, también, una especie de demonización del cuerpo de la mujer.

Todo eso ha llevado a que se produjeran delitos, los cuales nunca se juzgaron oficialmente, pero han subsistido durante siglos entre los sacerdotes, monjes y los llamados hermanos católicos. Aunque siempre, en todos los países católicos del mundo, fue un tema oculto pero del cual se hablaba con vergüenza. Por eso, esa actitud de los obispos alemanes de hace dos meses cayó como un acto de coraje civil al ser la primera de las iglesias del mundo en llevar el tema a la opinión pública.

En estos días, sin embargo, acaba de producirse un vergonzoso retroceso de la investigación que fue encargada al Instituto de Investigaciones Criminológicas de Alemania, entidad que preside el especialista holandés Christian Pfeiffer, consagrado investigador en toda Europa. Cuando la investigación estaba llegando a su término, el obispo alemán de Tréveris, Stephan Ackermann, en nombre de todos los obispos alemanes, acaba de retirar la investigación al instituto oficial que preside Pfeiffer, aduciendo que la “confianza en el instituto ha llegado a su fin” por la “conducta comunicativa del profesor Pfeiffer”. Este ha reaccionado de inmediato diciendo que los obispos comenzaron a censurar su investigación negando las actas internas de la Iglesia por los delitos sexuales cometidos por sus representantes con menores de edad, y que se le comenzó a practicar una censura inadecuada para una investigación absolutamente jurídica, con todos los derechos de defensa de los religiosos acusados.

Así quedó lo que parecía un paso adelante de la Iglesia Católica, a siglos de su creación. Ultimamente comenzaron a salir a la luz todos los delitos cometidos por los religiosos en el caso de los niños. Los hechos tomaron estado público cuando llegaron las denuncias de los padres de los alumnos del Colegio de Jesuitas “Canisius” en Berlín. Luego, lo cometido por religiosos con miembros del coro de niños Domspatzen von Regensburg (“Los gorriones de la Catedral de Regensburgo”) y en el Aloisiuskolleg de Bad Godesberg. Esto último produjo la renuncia del arzobispo de Augsburgo a pedido del Papa. Varios sacerdotes fueron pasados a retiro y hasta en Tréveris se los despojó del título de sacerdote que abusaba. La Iglesia trató siempre de cubrir todos esos delitos ofreciendo dinero a los padres de las víctimas. Hasta que la opinión pública exigió una línea oficial antidelictiva contra los abusadores. De allí que la Iglesia aceptó esta investigación académica que ahora acaba de rechazar.

Ante esta medida oficial de la Iglesia reaccionó la ministra de Justicia del gobierno alemán, Sabine Leuheusser-Schnarrenberger, quien declaró: “Es una lástima que la Iglesia Católica haya rechazado esta investigación científica”. Esto podría haber ayudado a los católicos de todo el mundo porque era el inicio contra un silencio culpable. Lo que necesitábamos era saber la verdad a través de esa información científica. Esto destruye la confianza en la Iglesia Católica”.

Claro, son palabras bien justas, pero la misión del Ministerio de Justicia es comenzar él mismo una investigación sobre cada caso de violación que es un delito. ¿Por qué no participan ante crímenes cometidos por las iglesias? Todavía hay un temor que viene de siglos, y se sigue teniendo miedo al poder de tales instituciones construidas sobre bases denominadas espirituales, con el único respaldo de la denominada fe.

De cualquier manera, esta actitud negativa de la Iglesia va a tener sus consecuencias. El tema ha llegado a la mayoría de la sociedad. Ya no será posible ocultar. La Iglesia Católica deberá aprender de todo esto y debatir por fin en su interior si es lo mismo seguir exigiendo la castidad a sus representantes o permitirles el matrimonio, como ya lo exigió Lutero en el siglo XV. Y también deberían dejar de lado tener a su cargo establecimientos de enseñanza para niños y adolescentes, que han sido siempre el foco de esos delitos. Pero es la grey católica la que tiene que terminar de tratar esos temas como intocables y comenzar el gran debate interno en congresos, principalmente en las reuniones de la juventud.

La reacción de la opinión pública alemana ha sido tan grande que el obispo Ackermann tuvo que salir a explicar –mediante una conferencia de prensa– que se va a continuar con la investigación. En ese sentido abrió una línea telefónica adonde pueden llamar todos aquellos que han sufrido abuso sexual con religiosos de esa creencia. Además presentó informes donde se detallan 1800 casos de abuso sexual de niños por parte de docentes. También informó que se ha llegado a comprobar que muchos de los culpables usaron para sus actos la “autoridad de sus cargos”, al haber empleado sistemáticamente la confesión o las plegarias para vencer los “mecanismos de autodefensa” de los niños, para “ganar poder sobre los sentimientos de esos menores y jóvenes para entrar en su intimidad”. Palabras textuales. En muchos casos hacían aparecer los delitos como “expresión de amor por Cristo o del mismo Dios. En el 90 por ciento de los casos, las víctimas son niños y adolescentes varones”. Prometió por último el obispo “continuar con toda intensidad y consecuencia la investigación profunda de los hechos”.

Ojalá que este propósito se imite en todas las iglesias católicas de los diferentes países del mundo y se llegue por fin a debatir en su seno el tema de la “castidad” obligatoria.

Otro hecho de total irresponsabilidad y falta de moral acaba de ocurrir en Alemania. Dos hospitales de Colonia rechazaron la atención de una joven mujer que acababa de ser violada y se presentó para ser atendida y pedir también que se le diera la “píldora del día después”. Los directivos católicos de los dos hospitales se negaron a atenderla, diciendo que ellos estaban en contra de toda tentativa de aborto. El hecho se hizo público y la reacción fue tan grande que las autoridades del hospital llamaron a una conferencia de prensa para pedir disculpas y prometer que algo así nunca más volvería a ocurrir. Increíble. Un llamado más de atención ante la deshumanización de las religiones. ¿Qué hubiera pensado Jesús ante un hecho así?


Tomado de aquí.

 
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